Corea del Norte y el legado de Bush


El ex embajador de Estados Unidos ante la ONU, el combativo John Bolton, lleva dos días apareciendo en los programas de las cadenas de TV estadounidenses -ayer lo hizo también en la BBC británica– asegurando que el acuerdo alcanzado con Corea del Norte es un mal acuerdo y que envía una señal equivocada a la propia Corea, a Irán y a otros países deseosos de entrar en la carrera armamentística nuclear. El ex embajador estadounidense mantiene además que se premia a Corea por su mal comportamiento.

  

El presidente Bush se empeñó en que Bolton siguiera siendo como embajador de su país en Naciones Unidas pero al final, y ante la falta de apoyo en el Senado, desistió. El portavoz de Bush, Tony Snow, dijo ayer que el presidente se mostraba "complacido con el acuerdo alcanzado en las negociaciones a seis bandas" y que "estas conversaciones representan la mejor oportunidad para usar la diplomacia para atajar el programa nuclear de Pyongyang".

La secretaria de Estado, "Condie" Rice, dijo después que "una diplomacia contundente ha logrado resultados", si bien reconoció que es sólo "el principio" y que "queda mucho partido por jugar".

¿A qué vienen pues las declaraciones de Bolton que parecen contradecir la línea oficial de la Administración Bush?

La única explicación es que, dado el caos en que se encuentra sumido Irak, la única estrategia posible para desviar la atención de los estadounidenses de esa guerra cuyo final nadie ve cercano, es obtener alguna victoria, por pequeña que sea, para demostrar que no sólo los ataques preventivos "funcionan" y que también pueden recurrir con éxito a la vía diplomática para solucionar los problemas del mundo.

Y es que Bolton tiene razón. El acuerdo es muy parecido a uno alcanzado por la Administración Clinton en 1994, que el líder norcoreano se saltó a la torera, algo que podría volver a hacer cualquier día que se levante de mal humor.

Según el acuerdo, Corea del Norte, uno de los países más pobres del mundo, queda obligada a revelar todos los detalles de su programa nuclear, se compromete a cerrar su principal reactor nuclear (sí, solamente el principal), en Yongbyon, en un plazo de 60 días, y a permitir el acceso de los inspectores del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), que deberán certificar que Pyongyang pone fin a su programa de producción de armamento atómico.

En el momento más bajo de su popularidad, Bush necesita mostrar a su gente que está obteniendo resultados con los países, que según él, forman el Eje del mal, la expresión utilizada en su discurso del Estado de la Unión el 29 de enero de 2002 para describir a los regímenes que apoyaban el terror, Irak, Irán Y Corea del Norte.

El gobierno estadounidense aplaude hoy un "mal acuerdo", el mismo que ha rechazado durante meses, y es que, como reconoce la propia Condie, todavía queda mucho por hacer, o por utilizar su mismo juego de palabras, el resultado del partido puede dar la vuelta en cuestión de minutos.

A Bush le quedan poco menos de dos años al frente de la Casa Blanca y piensa desde hace tiempo en su legado. Tras 6 años como presidente, si dejara hoy su puesto, su legado no podría ser peor en materia internacional. De la política nacional (doméstica, como la llaman por aquí) hablamos otro día.

Lo curioso del caso es que a la mayoría de los estadounidenses, la política exterior, a menos de que afecte directamente a sus bolsillos, se la trae completamente floja.

El informativo nacional de la cadena CBS abrió ayer con la tormenta de nieve que afecta a 30 estados y que a última hora de la noche, en el momento de redactar esta crónica, se acercaba hacia Nueva York. ¡Que Dios nos coja confesados!

Foto: Dean Calma/IAEA

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