Raúl Castro desacredita al Che en su propia casa

Acabo de leer en Página 12 una crónica sobre la visita de Raúl Castro a la Casa del Che, a la casa que habían armado en el stand santafesino de la Feria del Libro de La Habana. Se muestra ahí un Raúl muy ocurrente, con sentido del humor, capaz de decir que Fidel “ya abusaba de su poder” desde que le obligaba a jugar nuevas partidas de ajedrez hasta quedar de ganador, desde cuando le obligaba a nuevas “revanchas” -así se le dice en el frontón: exigir la revancha- para no quedar de perdedor.

Se trataba de hablar del Che, pero Raúl termina hablando maravillas de su hermano. Del Che, con gracia, dice que desde que vio cómo había cosido los intestinos a una gata en lugar de su matriz, nunca se fió de sus conocimientos médicos. Todo lo más, aceptó de él una cafiaspirina. Cuenta que sacaba muelas en Sierra Maestra pero que sólo sabía anestesiar la parte de abajo.

  

No le hubiera importado mucho al Che que le descalificaran como médico, pero seguro que, como argentino, se hubiera enfadado y mucho si hubiera sabido que Raúl lo estaba descalificando como asador de vacas. Contó de Guevara “en su casa” de la feria que una vez trató de hacer el asado como en las pampas, “con una cruz -a la estaca- y yo comí unas vísceras que quedaban allí, pedacitos…, pero comimos como dos días de la vaca; ya al final, le estaban saliendo unos gusanitos y teníamos que rasparlos para poder comer”. Nunca más. Nunca más le dejaron al Che oficiar de asador.

Nunca se lo debió perdonar. En Argentina y en Uruguay he conocido unos cuantos “mejor asador del mundo”. El asado es un rito. Cosa de hombres. Mientras se toman tragos. Mientras se conversa. Entre hombres. Y hay que hacer los honores al asador, más que al asado, empezando por qué bien te quedó el fuego, cómo armaste la parrilla, qué carne tan sabrosa, qué buenos los acompañamientos… Y la verdad es que suele estar bueno, todo.

Contó esto Raúl Castro en la casa del Che de la Feria del Libro en La Habana. En el último viaje que hizo Fidel al exterior, antes de hacerse públicos sus achaques, visitó junto a Chávez la casa en la que el Che vivió su adolescencia y primera juventud, en Alta Gracia, cerca de Córdoba. Allí es donde se produjo ese diálogo tan curioso para los vascos. Allí es donde Fidel, fijándose en una foto de la mamá de Ernesto, una mujer de armas tomar, le dice al venezolano: “¡Mira qué cara de vasca tiene!”. Allí es donde Chávez le responde: “¡Tú si que tienes cara de vasco, Fidel”.

Sabido es que los Castro son bien gallegos. Sabido es que el Che tenía ascendencia vasca por parte de padre, pero De la Serna… Cómo cambian las cosas: hace cuarenta años le decías a un zurdo latinoamericano que eras vasco, y te ponía de inmediato la etiqueta de burgués y represor; hoy, por lo visto, si le caes bien a un zurdo, te atribuye nacionalidad vasca de inmediato. Algo debe querer decir.

 

0 pensamientos sobre “Raúl Castro desacredita al Che en su propia casa

  1. FRAGE

    Mientras España no solucione su “problema vasco” y Euskadi no soluciones su problema español, y mientras no tengamos gudaris descarriados que se dejen utilizar por los yanquis contra Europa, sean declarados por vascos todos los perseguidos y amantes de la libertad. Con la salvedad de saber que, aún en la utopia anarco-socialista realizada, siempre existirá la casta privilegiada de los nacidos en Bilbao.

Deja un comentario


A %d blogueros les gusta esto: