A Pío Uribe lo enterraron en Pisagua, el cementerio más seco, más triste, más muerto

En junio de 2005 estuve en Iquique -sí, el de la cantata-, estuve en su universidad y aproveché para conocer lo que queda de las salitreras, su historia, sus historias; para asomarme a la pampa desértica, para visitar Pisagua. Pisagua es una pequeña caleta surcada de corrientes espumosas el día en que me asomé allí. Se encuentra a doscientos kilómetros de Iquique. Para llegar allí hay que atravesar un desierto total, asomarse y bajar por una cuesta pronunciada.

Fue Perú, es Chile. Fue un puerto importante, exportador de salitre. Tuvo hasta un teatro, una iglesia y unos restaurantes. Fue desde horas tempranas un lugar muy adecuado para concentrar presos, porque no había a dónde ir y se podía cazar fácilmente a quien estuviera tentado de correr monte -¿monte?- arriba. Tras el golpe de Pinochet en 1973, albergó -¿albergó?- un campo de concentración, un campo de tortura, un campo de tiro al hombre.

  

En Pisagua hay un cementerio, el más seco, el más triste, el más muerto, el más inimaginable. Con dos tipos de vecinos sobre todos: los trabajadores de las salitreras, que morían jóvenes, y jóvenes militantes de izquierda, reconocidos unos y descubiertos luego otros, fusilados, enterrados en una enorme, larguísima fosa -¿fosa?- común. ¿Común? A comienzos de los 90, en este indescriptible cementerio de tumbas de madera sequísima, sin un rastro de vida, sin unas lagartijas que corran entre los arbustos, porque no hay arbustos, no hay hierba, no hay nada, ni mosquitos, se encontraron una veintena de cadáveres desaparecidos el día del golpe. Vecinos de Iquique. Gentes de izquierda. Todavía no han aparecido todos.

En el equipo que llegamos a Pisagua en junio del 2005 venía el hermano de un desaparecido, que está convencido de que los huesos de su hermano andan por allí. Por allí anduvo buscando. No encontró lo que buscaba, pero quedó en volver. Y seguir. Venía con nosotros un profesor universitario que conoce bien la historia de Iquique y las historias de Pisagua. Y estaba yo, revisando tumbas, inscripciones.

Allí encontré a Pío Uribe: “Aquí yacen los restos del que fue Pío Uribe. Falleció el 7 de octubre de 1887 a los 31 años, Nacionalizado, ESPAÑOL”. ¿Quién fue Pío Uribe, enterrado en el cementerio de Pisagua, en cuya lápida alguien sobreescribió “español”, lo que nos dice que nació en la Euskadi? Seguramente un trabajador salitrero que murió joven, un emigrante vasco, que fue a quedarse en el cementerio más triste, seco, sin vida del mundo.

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