El papá de Héctor era doctor y olía a limpio

Siempre leo las columnas del escritor Héctor Abad Faciolince en la revista colombiana Semana. También leo las de Abel Caballero, pero con Héctor siempre sintonizo, y con Abel sólo a veces. Ambos, y en general el semanario, son excelentes. De Abad siempre recuerdo que escribió que “los adoloridos somos malos consejeros”.

Lo recuerdo cada vez que veo que se usa a las víctimas, casi siempre a las víctimas de ETA, para dictar cómo se debe proceder, para decidir lo que es conveniente, además de ético, en el campo político y social. Esta mañana leo una entrevista que le hace El País de Madrid -hay otros, del mismo nombre, en otros países- para publicitar su reciente libro El olvido que seremos, en vísperas de editarse en España.

  

Después de mucho resistirse, el antioqueño ha escrito sobre su padre, un médico progresista y comprometido -“Como era liberal, se decía cristiano y comunista porque amaba a los pobres, por sufría con su sufrimiento”-, y sobre las circunstancias en las que los paramilitares lo mataron en Medellín cuando se aprestaba a homenajear a otro hombre de bien que habían ultimado los mismos paras.

En 1999 le había dedicado un Memento que iniciaba con “Mi padre era doctor y olía a limpio./ Me gustaba el recuerdo de su olor/ sobre la almohada/cuando se iba de viaje,/ y miraba hechizado/ cuando estaba en la casa/ su brocha de afeitar”. La entrevistadora de El País María Luisa Blanco dice del libro que se trata del testimonio del hijo, “al que en las fotos en los periódicos de entonces se le ve arrodillado en el charco de sangre donde yacía su padre”.

También yo tengo la foto del periódico de entonces y de mi memoria viva otra imagen de una hija arrodillada en el charco de sangre donde yacía su padre, al que le toma la mano y le dice algo, que no debió ser muy distinto de yo seguiré, aita, el camino que tú empezaste a caminar. Tengo la imagen de un hombre bueno y generoso, muerto por los paras de aquí, mercenarios por cuenta de los verdaderos paramilitares en la sombra.

Tengo la imagen de Javier Galdeano, muerto por mercenarios del GAL, aquel 30 de marzo de 1985, en Urdazuri, tumbado en la calle al lado de su casa, a la vista de su familia y amigos. No estoy seguro de que cuando algunos hablan de víctimas y adoloridos estén hablando también de Javier, su familia, sus amigos.

0 pensamientos sobre “El papá de Héctor era doctor y olía a limpio

  1. R.B.

    Tampoco estoy seguro yo,Jose Felix, que la campaña que se esta realizando desde el Gobierno Vasco, con Marixabel Lasa y Urquijo al frente,incluya a Javier Galdeano, y a otros….Porque ¿a santo de qué tenemos que pedir perdón los vascos institucionalmente? ¿a quienes debemos pedir perdón?¿a los civiles asesinados?¿a los guardias civiles,militares y uniformados en general?¿qué pecados hemos cometido de forma colectiva?¿tenemos que purgar todos los vascos por los crímenes de ETA?¿purgamos también por los del GAL?.Abandonemos nuestros complejos, y no pidamos perdón por los pecados que no hemos cometido,ni en nombre de personas como mis padres que salieron del bombardeo de Gernika con una mano delante y otra atrás.Como ellos otros muchos que,respecto a ésto, todavía estan esperando a que el Gobierno de España solicite perdón ,al igual que el Gobierno Alemán,quien si tuvo el valor de hacerlo.¿Y los Jauregui,Damboronea,Barrionuevo,Vera,Gonzalez,etc van a pedir perdón también?¿ó lo hacemos nosotros en su nombre?

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