Flexiones y reflexiones en derredor de la final de pelota

El domingo fue la final de parejas. En el Ogueta de Gasteiz. Ganaron Xala y Eulate. Contra el pronóstico de la “cátedra”, que es como llaman los periodistas deportivos a los apostadores profesionales. A los “puntos”, que se llamaba antes y que ahora no oigo nombrar. Viendo cómo andaba Xala, no sé por qué la cátedra se empeñaba en dar como favoritos a Olaizola y Beloki.

Bueno, ustedes ya saben esto y mucho más, a nada que se hayan asomado a esta Casa. Saben también que hubo mucho ambiente en las gradas, bastantes chicas guapas entre el público, como insitían en mostrar nuestras cámaras, y bastante fumador de cigarros puros todavía, a pesar de la prohibición. Muchos anuncios en la pared izquierda también, que son, junto a las apuestas, los que de verdad pagan todo esto.

  

He de confesar que al principio me molestaban los anuncios, casi tanto como esa moda de algunos por jugar con pantalones tres cuartos, piratas o como se llamen, pero he terminado acostumbrándome. Antes de pasar a lo que de verdad me interesa compartir con ustedes, sólo añadiré que hubo muchos fallos pero que son normales en las finales, que hubo muy buenos pelotazos también, y algunos tantos excelentes.

Miguel Gallastegui, que debe andar por los noventa, sigue iendo al frontón, al menos a los grandes momentos. Y, naturalmente, le piden su opinión. Ayer, mediado el partido, dijo en su euskera de eibarrés de siempre que el “francés” (frantsesa) era su favorito e hizo alguna referencia a las boleas de Xala, las propias de quien se hizo en el trinquete. Luego, el entrevistador trató de enmendar aquello, pero, como siempre sucede, ni hizo sino agravarlo.

La generación de Gallastegui, y su entorno, nunca debió pensar que alguien de Iparralde no fuera francés, francés de la misma categoría que el Ximun Haran que se enfrentó a Ogueta, que era en su tiempo el mejor en trinquete. Teníamos en la rotativa de Egin, en los ochenta, dos excelentes korrikolaris de Oiartzun, uno, alto y espigado, y pequeño y cuadrado el otro. Me estaban contando un año que habían participado en el Cros del Contrabandista que se celebraba en Sara y que habían quedado muy bien, porque nunca se separaron de un francés que tomaron como referencia.

Me contaba Gregorio que fue hablando todo el tiempo con el francés, para aunar fuerzas y ganar. Francés arriba y francés abajo, le preguntaba yo cómo se entendía con el francés. “Te estoy diciendo que era francés: ¿cómo no nos íbamos a entender?”. Gregorio de impresión sabía mucho, pero de idioma francés, nada. Gregorio y Artola hablaban con los otros en euskera, que era el idioma común de todos ellos. Todos los franceses que ellos conocían eran euskeldunes. No quiero decir con esto que Gallastegi y Gregorio y Artola no sepan que haya franceses de verdad, pero a esos nunca les van a tratar.

Aprovecho esta oportunidad para recordar al Ubilla, no sé si segundo o tercero, que le comentó a mi padre, mientras compraba esparadrapo para reforzar las manos -los tacos de ahora, no se usaban-, que los empresarios de Eibar iban a terminar con ellos por aupar a uno de su pueblo que tenía manos de hierro. El de las manos de hierro, que luego fue campeón durante muchos años, era este Miguel Gallastegui que traigo hoy a colación y que aguantaba pelotas que otros no aguantaban. En el frontón, como en los probaderos de arrastre de piedra, había entonces muchas “trampas”. Luego, no sé. Por cierto, Xala ha hecho unos progresos admirables en euskera.

0 pensamientos sobre “Flexiones y reflexiones en derredor de la final de pelota

  1. rafael aparicio

    Un saludo muy cordial para D. Miguel con quien hice algunos negocios en el cine que tuvo (y no sé si seguirá teniendo) en Eibar. Es un hombre excepcionalmente valioso y humano.

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