Se encierran en el corralito amurallado de Cartagena para reflexionar la lengua española

Estamos viviendo momentos de gloria y homenaje para Gabriel García Márquez en su Cartagena de Indias, en ese corralito fortificado en el que su casa, la de la foto, llama la atención por extemporánea. Oí que la quiere vender, si no la ha vendido ya. Oí, qué horror, que tal vez la compraba Julio Iglesias. Le vi ayer andar a Gabo con paso vacilante ante Juan Carlos I, y no quiero pensar que fuera por la emoción de tenerle allí, como se lo habría pedido, si es verdadera la “indiscreción” calculada del presentador. No quiero pensar tampoco que fuera por sus ochenta años bien vividos y bebidos.

Ya conté otro día le versión “vasca” del puñete de Vargas Llosa a Gabo. Andan ahora algunos en amigarlos, lo que, de producirse, puede resultar tan falso como aquel abrazo de Oteiza y Chillida. Recojo la versión del diario Página 12 de Buenos Aires que dice que el ex presidente colombiano Belisario Betancur aseguró en el Congreso de la Lengua que es posible que haya reconciliación y como argumento relató esta anécdota reciente: “A cada uno de los dos escritores se le preguntó si no tenía problema en incluir un viejo ensayo de Vargas Llosa en la edición homenaje de Cien años de soledad. El Nobel de Literatura dijo: ‘No tengo inconveniente, pero no se lo voy a pedir’. A su vez, el peruano respondió: ‘No tengo inconveniente pero no se lo voy a ofrecer’ ”.

  

Que quieren que les diga. Me parece bien. Me parece bien que cada gallo siga siéndolo hasta el final. Un buen contendiente se merece el respeto de no abdicar ni pedirle que abdique. Son esos aduladores de pacotilla que rodean siempre a los afamados los que se empeñan en estas operaciones de imagen, que sólo trata de mejorar la de quienes ofician de intermediarios no solicitados.

Los especialistas que están estos días en Cartagena de Indias, casi mil, se están dando a reflexionar sobre el Presente y futuro de la lengua española, que es como hay que llamarla, porque así lo quieren casi todos entre los más de 400 millones de hablantes. No sé a quién atribuir finalmente la afirmación de que la lengua es la única diferencia entre peninsulares y americanos. Me gustó ponerla en boca de Lezama Lima, tal vez para explicar(me) por qué nunca pude con su Paradiso. Pero también se pone en boca de Joyce para explicar la verdadera diferencia entre británicos y norteamericanos. Esto, al menos, no se atribuye a Borges, que da para todo.

El dicho quiere poner de relieve las diferencias entre hablantes europeos y americanos del español, pero también serviría para subrayar las diferencias entre hablantes de Extremadura, Canarias o Soria, por ejemplo. Y también para remarcar las de andinos, llaneros o costeños grancolombianos entre sí, o de porteños, salteños, guajiros…. El dicho es ocurrente, socorrido, pero no fiel, porque América Latina, de momento, sólo ha compartido la lengua normalizada, esa sí, y los opresores.

0 pensamientos sobre “Se encierran en el corralito amurallado de Cartagena para reflexionar la lengua española

  1. Iturralde

    Seguramente porque Santillana presentaba allí a “sus mejores escritores”, Bernardo Atxaga estuvo el otro día en Cartagena de Indias como representante de las “otras lenguas españolas”. Pues no: el euskera no es español ni francés. O es ambas cosas. Estoy seguro de que Atxaga lo haría saber, así fuera a costa de que lo bajen de Santillana…

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