Colas de zorro: la mala hierba que nos llegó de la Pampa

Creo que solía ser mayo -¿Corpus Christi?- cuando se alfombraban las calles antiguas de Markina con ramas, hierbas, cañas y otras plantas efímeras de ribera. Sólo algunas de ellas eran lo suficientemente sólidas como para hacer daño en la pelea que seguía al paso de la procesión, calle contra calle, los de Goen Kale contra los de Erdiko Kale y ambos contra los de Okerra Kalea, que hacían honor a su nombre y eran los más temibles.

No sé si hoy se sigue paseando el Santísimo por las calles de Markina, desde luego precedido y rodeado por la Guardia Civil en uniforme de gala, como entonces, no. No sé si se siguen cubriendo las calles de hierbas, ramas, arbustos, cañas. No sé si los niños siguen montando peleas durísimas entre calles y cuadrillas tras el paso de la procesión. Pero si hubiera que adornar hoy con los criterios de antaño, se adornaría además, con seguridad, con unas palmas que se han aposentado en nuestras riberas y humedales, unas hierbas que alguien debió traer de adorno y que han echado raíces entre nosotros hasta constituirse en plaga.

Se trata de la hierba pampera, abundantísima en la Pampa argentina, y en Uruguay y en Chile, y en toda la cornisa Cantábrica desde hace unos años. La llaman allí, en el Cono Sur, colas de zorro. No hay excursión de gentes de la capital al campo, me cuentan, que no termine con una carga de colas de zorro en el maletero del auto: ¡son tan lindas! En efecto, son bellas, airosas, erguidas y ondulantes. A contra luz, parecen … colas de zorro. Pero, ¡ojo!, terminarán hartos de ellas, y antes habrán dispersado sus semillas por todos los rincones, por ojos, orejas y hocicos, cuando no por oquedades más recónditas de personas y animales.

Se trata en realidad de una plaga, una planta invasora que acaba en nuestra tierra con las especies autóctonas y que acaba con la paciencia de la gente también en sus lugares naturales. ¡Tendría gracia, mala, que terminaran convirtiéndose en la compañía más compartida de vascos y pampeanos! ¡Nada de robles y ombús: colas de zorro para todos!

0 pensamientos sobre “Colas de zorro: la mala hierba que nos llegó de la Pampa

  1. kuki

    Yo que vivo en un pueblo de Urdaibai ya he visto esas plantas (además hace bastante). Supe de su procedencia por mi prima que es argentina y que se vino a vivir con nosotros a Euskal Herria después de lo del corralito. Ella me lo contó, si no, no me hubiese parado a pensar la invasión que supone algo que a primera vista parece tan inofensivo. a lo mejor a ella ver la planta le hace añorar menos su tierra…

  2. Pedro Maria

    No es posible controlar su multiplicacion con glifosato ??
    Aquie en Argentina no creo que lo tomemos con tanta preocupacion, realment es tan complicado ?? Agur

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