Las lágrimas de un padre

Miguel Angel Piña De León estaba muy afectado el miércoles (16 de mayo) al mediodía. Se enteró de las muertes de su hija, Elena Piña Mateo, y de su nieta, Keila, por una llamada que recibió desde Madrid el martes, a eso de las 10 de la noche (hora local). “¡Ay, Dios!”. Sus lamentos se escuchan del otro lado de la línea telefónica. “Intenté suicidarme”, dice entre sollozos desde su vivienda, ubicada en el sector El Almirante, en el municipio de Santo Domingo Este, a escasos kilómetros de Santo Domingo, la capital de la República Dominicana.

  

El martes pasado, en la medianoche, un turismo Daewoo Lanos en el que viajaban siete personas, chocó con un autobús que iba a cocheras en las inmediaciones de Madrid. Cinco de los ocupantes, entre ellos dos niños, murieron. Las otras dos personas, una de ellas resultaron heridas de gravedad. Cuatro de las víctimas mortales eran dominicanas. Entre ellas, Andy Medina (24 años), Elena Piña (21 años) y Keila Medina Piña, la hija de ambos, de 18 meses.  

Gerinerdo Piña De León, es hermano de Miguel Angel. Tío de Elena. Ha llegado a acompañar a su pariente horas antes desde su pueblo, Cabeza de Toro, Tamayo, provincia de Baoruco, unos 200 kilómetros al oeste de la capital, dónde había nacido su sobrina . “No me he separado de él. Está muy dolido, muy afectado, muy triste”. Explica que Miguel Angel quería mucho a su hija, quien había partido hacia España hacía ocho años y no había regresado nunca.

“Yo quiero mucho a mis hijos, nunca los he abandonado. Cuando su madre fue a España los tuve que atender, y dejaba de trabajar cuando me necesitaban. Soy un hombre pobre que lo ha dado todo por ellos”, dice un padre dolido por una doble pérdida. A su nieta sólo la vio una vez en la vida. “Un tío suyo la trajo, con un poder, en enero, y el 9 de mayo se la llevaron de vuelta con sus papás”. Llora desconsolado. La voz se le entrecorta. Y cuando recuerda a su hija, habla de que “siempre le tenía que dar comida de la mía, porque le gustaba, y así sus hermanos no la molestaban”.

El embajador dominicano en España, Alejandro González Pons,  confirmó el miércoles por la noche que los cuerpos sin vida de los cuatro dominicanos muertos -también el de la joven de 28 años Sugei Altagracia Valdez- serán repatriados cuando finalice el proceso burocrático que implica su traslado a la República Dominicana. “Me las traen el sábado para enterrarlas”. dice un lloroso Miguel Angel antes de devolver el teléfono móvil a su hermano.

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