Rockeando por La Paz

Queridos todos!

Después de un interminable trayecto en un bus, que tendría aproximadamente la edad de mi abuela, y cargadito con lo más variopinto de La Paz,  estuvimos decidiendo si pasar la tarde del viernes en un concierto de rock boliviano, o en otro de música folclórica andina. Lo tradicional ganó por goleada, así que me vestí bella cual estrella y más chula que un ocho me fui al Teatro Municipal de La Paz para escuchar a Savia Andina.

El bolo empezó con puntualidad boliviana, sólamente 40 minutitos de retraso, y con un ambiente, que más que teatral, parecía de verbena de barrio. El público estaba entregado, eso sí, a sus palomitas, a sus ganchitos, a sus ahora me levanto y ahora me siento, y a sus charletas con el “celular”. Una vez acostumbrada a tanta interferencia, decidí sumergirme en los sonidos coloristas, raciales y vibrantes de Savia Andina. Tocaron durante más de dos horas, con descanso incluido, y me gustó. Fue más correcto que apabullante, pero me gustó. Lo mejor de todo fue el zampoñero, es decir, el músico que toca las quenas bolivianas: esas flautas que a mi me fascinan y me trajeron a Bolivia.   El tipo llevaba 4 ó 5 instrumentos diferentes colgados de su torso redondito, y los tocaba de dos en dos, sin apenas parar para coger aire. Impresionante, de verdad!. La velada se completó con dos parejas bailando cueca sobre el escenario, y un montón de ovaciones del respetable, entregado a su manera, pero entregado.

El sábado, para no quedarme con las ganas, me fui a un concierto de rock boliviano. Me pinté los morretes de rojo pasión y me dejé caer por la cuna de la escena paceña, el Equinoccio (la sala de conciertos más importante de La Paz). El local era bastante moderno, o eso pensé yo al principio. Me senté con los colegas en una mesa VIP y miré a mi alrededor, en plan exploradora. Pues bien, fue entonces cuando descubrí que en el garito más cool de La Paz, el techo de todo el local estaba insonorizado con cajas de huevos de cartón. Muy grande, de verdad.

Y entonces empezó el concierto. El grupo se llama Llegas. Se trata de unos rockeritos que llevan más de 20 años haciendo música en La Paz, y que cuentan con la admiración,  la venia y el beneplácito de todos los asistentes, y de los bolivianos en general. La música que hacen molaba, ahora, la calidad del sonido… ejem, ejem, podríamos discutirla durante horas. En fín, así es Bolivia. Lo mejor de todo, tal y como habría aseverado mi amigo Kanikorro, era ver a la cantante, una larguirucha y lánguida Boliviana, vestida cual punky en Trafalgar Square y rockeando sin parar en un antrucho de La Paz. No tuvo desperdicio.

Híjole, así fue, no más, que dirían por aquí.

Buen día y mucha suerte!

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3 pensamientos sobre “Rockeando por La Paz

  1. Oscar Cubillo

    Esa Rocío rechula!!! Un retraso de 40 minutos en el folk, igual que en Bilbao, pues… Yo estaré contento cuando prohíban fumar aquí el 2 de enero… ¡Iré a bolos sin humo! Oye, y yame habría molado ir con vos a la mesa VIP del concierto roquero, pero tengo miedo a volar… Un beso sonoro cerca de esos morretes de rojo pasión. Muakkkkkk…

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