Polonio, te ailoviu

IMG_2465Queridos todos,

Este año, y a pesar de que los carnavales en Bolivia son archifestejados, decidí, junto con otras 4 Maripilis (Aida, Chilvi, Maca y Amayayi) hacer una incursión en Uruguay. Así que, tras un periplo interminable de taxi, avión, barco y bus llegamos a nuestro destino final, Cabo Polonio. El tedioso trayecto mereció la pena. Y mucho. Ubicado dentro de una reserva natural, en donde felizmente no pueden entrar los coches, y por tanto, tampoco los ruidos, Cabo Polonio es un auténtico espectáculo para los sentidos. Es un lugar en donde la naturaleza de verdad hace gala de su nombre, es un pueblo encantado, es un paraje con encanto. Las dunas colapsan la vista, la luz ciega, el mar compone melodías. Es un lugar donde el viento atormenta, donde la vida es vida. Es un escenario de peli, es calma, sosiego, es inspiración… es alegría.

Y allí estábamos nosotras. En la nada y en el todo. IMG_2606
Un camión en plan safari nos dejó en el centro del pueblo, es decir, unas 10 casuchas apiladas. Apenas sin coger aire y aún un poco alucinadas por lo que nuestra vista nos deparaba, llegó nuestro chófer particular que nos llevaría hasta nuestro hogar; Casa Paula. El tipo, de nombre Popeye, apareció sonriente y liviano con su bólido: un carro minúsculo y su caballo. Y allí nos subió a todas, y así nos paseó por todo el pueblo, gritando a los cuatro vientos su hazaña del día: portaba a cinco mozas, gringas, gringas. Sin comerlo, ni beberlo, nos habíamos convertido en sus chicas preferidas.
A partir de aquí, todo lo que podía suponerse surrealista inmediatamente dejó de serlo. Como si hubiésemos nacido para ello, sacábamos agua del pozo, avistábamos focas, iluminábamos con velas, paseábamos la playa, nadábamos con poca ropa, bueno, unas más que otras. Leíamos a Benedetti, disfrutábamos la duna, el paisaje, la luz increíble, la música en directo, las noches de mil y una estrellas, y su rica luna. Habíamos encontrado el paraíso, coño. Sin agua, ni luz, pero el paraíso.
IMG_2769Las noches eran otra cosa. Vestidas con nuestras mejores galas, vamos arreglás pero informales con el chándal y la sudadera, hacíamos expedición al pueblo. Cenábamos como marquesas. Y es que después de 4 meses en Bolivia, donde el mar brilla por su ausencia, deleitarnos con un buen pez, era mucho más que un privilegio. Era gloria para la panza, el paladar y ¡arriba la lorcita!. Y claro, como no podía ser de otro modo, vino, y vino y más vino. Y más vino, y alguna copita, que para algo estábamos de vacaciones, ¿no?.
El regreso a la cabaña estaba a medio camino entre una juerga desenfrenada y una odisea griega. Caminar a oscuras, bueno, con un par de linternas de los chinos y atravesar una duna, con la fantástica orientación de las 4 Maripilis, no tiene desperdicio. Perderse es francamente fácil. Y así cada noche de nuestra aventura nos extraviábamos en la duna. Y algunas además perdían los nervios, y otras reían… , y otras eras las super pros de la orientación… y otras de pensarlo se mareaban. Bueno, y de los vinos también.
Por esto y por todo,  ¡Polonio, yo te ailoviu!

Buen día, y mucha suerte a todos.

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4 pensamientos sobre “Polonio, te ailoviu

  1. Silvia

    Esta aventura daría para un libro entero me da a mi: lo increible del paisaje, “Rantanplan XIII, te tienes que marchar”, Bernardo y sus encantos, froting cebolleting…definitivamente, Polonio yo tb te ai lof yu!

  2. alfredo

    jo do muxaxa pero que palabrerias tienes encima, esas dunas en mitad de la nada me recuerda a la famosa playa de bolonia (conil). Con estos relaticos ya te veo recibiendo el premio PLANETA o algun PULITZER o lo que sea ja ja ja hala a pasarlo bonito alf

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