Mochileros de manual

Queridos todos,

Como bien sabéis, decidí dedicar el mes de junio a Perú y al amor, que no es poco. Y la verdad resultó un buen cóctel. Pato y yo comenzamos nuestro paseíto a medio camino entre la tensión electoral que vivía el país por las presidenciales y los ya más que habituales bloqueos que colapsan Bolivia. Así, después de atravesar la frontera andando y esquivar piedras de esas que asustan, logramos llegar a la parte peruana del Titicaca. Dimos un garbeo por las Islas Flotantes de los Uros, compartimos un par de noches en casa de una familia de Amantaní, y compramos gorros a mansalva en la increíble Taquile.  Peru 590

Tras familiarizarnos un poco, sobre toto Pato, con el entorno y la peculiar cultura andina, conseguimos llegar a Cuzco, cuna de todo mochilero que se precie. Sí, queridos, nos habíamos convertido en backpackers de manual. Cuzco es bonita, imponente, digna y muy señora. Ahora, todo se empaña un poco cuando de día y de noche los cazaturistas te persiguen para que compres, para que comas, para que contrates, para que gastes. Qué tedio, carajo!

Finalmente llegamos a Machu Picchu. Las ruinas: estupendas. Las vistas: sin palabras. La caminata que nos pegamos para hacer cumbre: un infierno. Sufrí mucho. Mucho, mucho. Pataleé como una niña. Sentí vértigo. Quise darme la vuelta. Blasfemé. Lloré. Me faltó el aire. Y lo logré. Yo, la Ro, fumadora empedernida y licenciada en vagancias varias, conseguí llegar. Y de premio, pues eso, me escupió una llama. Así soy yo.

A partir de ahí, ya casi nada podía sorprendernos. O sí. Decidimos celebrar mi hazaña por todo lo alto, así que buscamos un bar decente, música en vivo y una buena botella de vino. Aquella atmósfera de cuento, amor y perfección se truncó cuando una señora disfrazada de policía me quitó la copa de la mano increpándome: “Señorita, la Ley Seca prohíbe beber la noche antes de las elecciones. No me queda otro remedio que retirarle la copa”. Yo, que no salía de mi asombro, no sabía si llorar como una posesa o reir a carcajadas. Opté por lo segundo. En ese preciso momento, Ollanta (el candidato de la izquierda y hoy presidente) dejó de caerme tan bien.
Peru 427Como todo esto no nos había parecido suficiente, nos subimos a un bus y acabamos en Nazca. Nos montamos en una avioneta de dudosa seguridad y del tamaño de un carricoche y sobrevolamos las famosas líneas.

Aún me pregunto cómo diablos consiguieron dibujarlas. Tan perfectas. Tan misteriosas. Tan raras. Y de ahí a la Reserva Natural de Paracas, que me dejó sin palabras. Y a Arequipa. Y al Cañón del Colca, que me regaló un increíble sabor de boca.

De regreso a Bolivia, no podíamos hacerle un feo a la colonial Sucre y a la decandente Potosí. No sé si por curiosidad, por osadía o por una mezcla de ambas, sin pensarlo ni un minuto nos disfrazamos de mineros y entramos al Cerro Rico. Quería enseñarle a Pato lo que aquí entienden por trabajo. Y no es que sea duro. Es mucho peor. Es indecente, arriesgado, triste. Es más que terrible. Es una de las minas más peligrosas del mundo. Con eso, lo digo todo.

En La Paz nos despedimos. Nos dimos besos de repuesto y para variar, nos juramos reir de esto por mucho, mucho tiempo.

Buen día y mucha suerte a todos!

Peru 1130

2 pensamientos sobre “Mochileros de manual

  1. Jnkl

    No se como lo haces pero consiges transmitir la esencia de cada viaje con lo que escribes y por ello, no dejo de leerte y de reirme contigo, en este caso con los dos, y tengo que deciros…Pero que viajaco que os habeis pegado! Un abraazoo

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