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Francia. El Museo de Quimper presenta la exposición De Turner a Monet

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El Museo de Bellas Artes de Quimper exhibe desde el pasado 1 de Abril y hasta el 31 de Agosto, la exposición “De Turner a Monet”. Una muestra de 80 lienzos y 50 diseños y litografías procedentes de 40 colecciones públicas y privadas de Francia, así como de Alemania, Países Bajos, Reino Unido, Suiza y Estados Unidos.

La selección artística hace un repaso desde los primeros descubridores artísticos de Bretaña, que quedaron prendidos de sus monumentos megalíticos y profunda naturaleza, desde finales del siglo XVIII, hasta la etapa del impresionismo, a caballo entre los siglos XIX y XX.

Bretaña, la tierra de los menhires, de las ciudades medievales, de la costa de granito rosa…, sedujo a grandes artistas como: Turner, Coignet, Corot, Isabey, Jongkind, Gudin, Daubigny, Boudin, Lansyer, Pelouse y Monet.

Estos pintores, cuyas obras se podrán admirar estos meses próximos en el Museo de Quimper, quisieron plasmar la belleza salvaje, indómita y virgen de Bretaña a través de cientos de pinturas. Todo un desafío cromático para estos genios, que quisieron inmortalizar la verde naturaleza y el antiquísimo patrimonio bretón en sus lienzos.

El Romanicismo es uno de los movimientos artísticos que más valor da a Bretaña. Una época de efervescencia de los nacionalismos y de la identidad de los Pueblos. Todos echan la mirada hacia sus orígenes, hacia el Medievo, y ahí está Bretaña.

En las obras se presenta una Bretaña singular, supersticiosa, de ambientación druídica, de casillos en ruinas, de villas medievales, de murallas con hiedra. Se respira un ambiente heredado de su pasado celta, fuera de la omnipresencia grecolatina  que abundaba durante la etapa anterior. Ciudades y monumentos como salidos de época, como sacados de un cuento. Un estilo sobrio, sereno, a veces lúgubre  y decadente.

La exposición va a pasar por diversas etapas. Se podrá ver el cambio de la temáica a lo largo de los años. Las expresiones románicas, darán paso a las realistas o naturalistas y de ahí, a las impresionistas. Corot, en sus obras establece el nexo especial entre la naturaleza y la población. La Bretaña pintoresca, los trajes tradicionales,

La vida cotidiana, llama la atención del visitante por la obra. Es quizá la pintura más cercana a las postales costumbristas de otros autores y que tanto se ha usado en postales.

LUCE La Pointe de Toulinguet

La obra más antigua que se podrá admirar en la exposición es ‘Vista del Casillo de Josselin’, de Jean-Lubin Vauzelle, exhibida por primera vez en 1819. A parir de esta pintura se podrán observar los cambios que se han ido dando a lo largo de los años en cuanto al estilo y la forma.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, ya los puertos de guerra y las ciudades amuralladas van dando paso a la plasmación de costas salvajes, como lo hará Isabey. Ahora, los pintores comienzan a explorar todo el litoral buscando el acantilado, la cala o el islote más adecuado para su obra. Así se crea la primera colonia artística

en la región de Bretaña. Un grupo de pintores deseosos de seguir encontrando lugares que pintar se van instalando en las costas. Ahora el océano Atlántico tendrá testigos de su fiereza, de su ímpetu en las bellas costas de la península armórica. La naturaleza al servicio del arte.

La última etapa es la Bretaña simbólica. Es un momento clave, y es que aquí se plantea otro concepto: el abstractismo.

Las leyendas del Rey Arturo y el bosque sagrado vuelven a ganar peso en este momento. La leyenda de esta región como una tierra mágica, encantada, llena de misticismo irá ganando peso. Sus colores entre vivos y apagados ayudarán a comprender más la complejidad paisajística de Bretaña.

Monet, el gran genio impresionista, es el último de los grandes aristas, y quizá el más significativo, que se sumerge en el halo mágico de Bretaña. Llega en 1886 a la Costa Salvaje. Un desino estupendo para seguir con su proyección. Llegará al siglo XX. Una vez aquí, marca una nueva etapa en la pintura: instintivo y desordenado será su estilo. Una pintura con alma, con sabor, que marcará tendencia en otros grandes artistas

como Matisse.

Pont-Aven, el puerto del arte

A parir de 1860 Pont-Aven, un pequeño pueblo junto a un estuario donde se encuentra el casillo de Hénan y las ruinas del casillo de Rustéphan plasman la atención de los amantes de lo pintoresco. En 1864, jóvenes pintores americanos descubren el pueblo y quedan seducidos por el lugar, los molinos, su perfil rocoso. Una villa bucólica y costumbrista, que ha sido el reclamo y fiel ejemplo de un tipo de arte que envolvía a todos los artistas venidos de París y el extranjero.

En 1879, Pelouse decide ir con sus alumnos a la colonia de Cernay-la-Ville. Estamos ante el inicio de una etapa de creatividad enorme y de gran valor que ha ido ganando adeptos con los años. Más de un siglo después, los paisajes bretones, sus formas de vida y su cultura singular sigue llamando la atención a aristas y visitantes de todo tipo.

Tarifa de entrada: 6 euros – Tarifa reducida (12 a 26 años): 3 euros – Gratuito (menores de 12).    + INFO

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