El ataque caníbal a Iván Pérez

Iván Pérez llevaba una semana sin poder tirarse al agua para entrenar; ayer lo hizo por primera vez desde el pasado miércoles. La causa, una fea herida en la nariz de cuya gravedad habla una cicatriz aún tierna. Al boya internacional español de origen cubano todavía se le calienta la sangre cuando recuerda cómo se la hizo: un mordisco salvaje, y con toda la intención, del italiano Fabrizio Buonocuore.

Sucedió el miércoles pasado, en Nápoles, donde se enfrentaban el Possilipo local y el Atlètic Barceloneta, un duelo vital para ambos con vistas a alcanzar los cuartos de final de la Euroliga. Iván pugnaba por ganar la posición con su defensor cuando Buonocuore decidió olvidarse del armamento convencional, con el que no podía reducir al español, y recurrir a las armas de destrucción masiva: abrió la boca todo lo que pudo y le mordió salvajemente la nariz mientras lo sujetaba por debajo del agua. Resultado: la nariz reventada por el lado izquierdo y un reguero de sangre tiñendo el agua.

“El waterpolo es un deporte de mucho contacto y son normales hasta cierto punto las patadas, los puñetazos y los codazos, forman parte del juego y todos lo sabemos y lo aceptamos. Pero lo de morder es una moda nueva, muy italiana. Es desagradable y no debería permitirse”, recordaba ayer Iván Pérez, todavía indignado y sin hallar explicación al comportamiento de Buonocuore. “Creo que fue resultado más de la impotencia que de otra cosa, pero no entiendo cómo se puede llegar a esos extremos”.

Iván, como es normal, se revolvió y le propinó un golpe al italiano. Resultado: Pérez expulsado cuatro minutos sin cambio, Buonocuore sin sanción y el Barceloneta empatando a 12 y quedando definitivamente fuera de los cuartos de final. “Sí, le di un manotazo –reconoce el boya– pero la cosa no fue a más porque enseguida vinieron todos los compañeros a separarnos. Cuando vi que el árbitro me expulsaba a mí y dejaba alitaliano sin sanción fui a protestar, con la nariz abierta y lleno de sangre. Se limitó a encogerse de hombros y a preguntarme ‘¿qué quieres que haga?’. Más tarde, después del partido, vino a disculparse y a explicarme que pitó lo que vio, pero a mí me la soplan sus disculpas, yo ya estaba expulsado. El árbitro era ruso, ahí lo dejo”.

Iván Pérez se quedó en la piscina, negándose a que le llevaran a un hospital, hasta que terminó el partido. Luego fue atendido y le pusieron un pegamento quirúrgico para cerrarle la enorme brecha de la nariz. Buonocuore ni siquiera se le acercó a pedirle disculpas. “Mejor así –asegura el español– porque si se cruza en mi camino, seguramente ahora yo estaría en un calabozo”.

Fabrizio Buonocuore, defensor, ha sido 217 veces internacional por Italia, así que él e Iván Pérez se han enfrentado en multitud de ocasiones. Y había alguna cuenta pendiente de por medio. “En el año 2001 le partí la nariz de un puñetazo –admite el jugador del Barceloneta– y supongo que no lo ha olvidado y que ésta es su manera de vengarse. Hemos jugado el uno contra el otro en multitud de ocasiones, pero jamás hubiera pensado que sería capaz de hacer una cosa así. Ya lo he dicho antes, es una táctica que últimamente emplean mucho los italianos, la ‘mordidita’. Y eso es algo que los árbitros tienen que atajar porque es intolerable”.

En este mismo Posillipo-Barceloneta, pocos minutos después del incidente con Iván, otro jugador del equipo napolitano, Domenico Mattiello, intentó morder el hombro del otro boya del equipo catalán, el también internacional Xavi Vallès. El árbitro ruso, curiosamente, tampoco lo vio