De ir montados en barriles a llevar braga náutica

El waterpolo, ese deporte tan desconocido, tiene sus orígenes en Gran Bretaña, aunque hoy en día en las islas sólo se conoce este deporte porque lo practica el príncipe Guillermo. Fue en 1869 cuando montados en barriles (se desconoce el contenido de los mismos) y armados con mazos (de madera, dicen), los jugadores buscaban a base de golpes a un esférico marcar gol. Desde entonces, la evolución ha sido abismal, hasta el punto que la tecnología se ha convertido en algo clave para el waterpolo de alto nivel. Cámaras subacuáticas para analizar los movimientos del cuerpo, cámaras aéreas para ver los movimientos con distinta perspectiva, etc. Además de ser “superhombres” que entrenan seis horas diarias, hoy en día un entrenador debe ser experto en los nuevos avances para poder aprovecharlos. Quizá, por eso, es alto nivel, y sólo unos privilegiados pueden utilizar tal tecnología. El resto, la sustituímos por ilusión.

Es un deporte minoritario durante todo el invierno hasta que llega el verano y las piscinas se llenan de niños y balones, que involuntariamente, sin saberlo, juegan a waterpolo. De ir vestidos y en barriles por la piscina a las sofisticadas bragas náuticas han pasado muchos años y parece que la progresión de este deporte no tiene fin. Bragas náuticas es el término oficial. Antes los jugadores llevaban dos bañadores por el riesgo de ir con uno y perderlo en una acción. La verdad, ocurría a menudo y no era muy recomendable cubrir a un jugador sin bañador y con su ‘aleta’ en total libertad de movimientos. En la actualidad, sólo visten uno. A principios de los 90, los bañadores eran de látex y muy gruesos para que fueran resbaladizos. En nuestros días son de algodón o poliéster. Por otra parte, las uñas deben estar correctamente cortadas. El árbitro tiene la potestad de revisar las uñas de los jugadores y obligar a cortarlas si rebasan el límite de lo razonable. También deben comprobar que ningún jugador haya utilizado vaselina o cualquier otro producto que lo haga resbaladizo. En fín, antes de entrar al agua, cuanto más metrosexual, mejor. Pero, al margen de modas y modales en la piscina de competición, falta por solucionar un tema importante: el de las infraestructuras. Piscinas hay pocas y menos libres para la práctica del waterpolo. Los que estamos metidos de lleno en este deporte seguimos luchando, frente a problemas grandes y menores, por hacer cada vez más grande a la familia acuática.
Isusko Arias
Artículo publicado en la http://www.apdbizkaia.com/

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