Un documental revive el sangriento duelo de waterpolo entre húngaros y soviéticos

Corría la tarde del 6 de diciembre de 1956, ya en la recta final de los Juegos Olímpicos de Melbourne, cuando lal aguas de la piscina olímpica llegaron a teñirse de rojo en un duelo de waterpolo que la historia finalmente bautizó como el partido de “La sangre en el agua”.

Hungría y la Unión Soviética se enfrentaban por las semifinales de la competencia, poco después que los soviéticos invadieran a los húngaros dando fin a la Revolución Húngara de 1956, una espontánea revuelta en contra del gobierno comunista que regía el país y que acabó de forma sangrienta el 10 de noviembre del ’56.

Esta batalla es el objeto del documental “Freedom’s Fury” (2006), que esta noche emite la señal de cable HBO (23:45 horas). La producción, dirigida por los estadounidenses Colin K. Gray y Megan Raney, es una mirada a esta justa que traspasó los límites deportivos.

La temperatura del encuentro comenzó incluso antes de que los jugadores se lanzaran a la piscina. La delegación húngara retiró la bandera comunista de su país en la Villa Olímpica, reemplazándola por una que representaba a la Hungría libre.

Ervin Zádor, una de las jóvenes figuras del equipo húngaro, anotó dos veces para su equipo en un partido donde los intercambios verbales y golpes fueron la tónica. Cuando al encuentro le restaban sólo dos minutos, los magyares vencían por 4-0 y llegó el momento de la sangre: Zádor recibió un violento golpe de puño que lo dejó ensangrentado y lo obligó a retirarse de la piscina.

El público enardecido dejó las galerías para acercar sus insultos en contra del equipo soviético, obligando a la policía a intervenir y suspender definitivamente el encuentro, que fue concedido a Hungría ante su ostensible ventaja. El equipo de Zádor luego vencería por 2-1 a Yugoslavia para obtener la cuarta medalla de oro en su historia.

Ante la restauración del comunismo en su país, la mitad de la delegación húngara optó por no retornar a su país y asilarse. Entre ellos, Zádor, quien luego se convertiría en el preparador de uno de los más grandes nadadores de la historia: el estadounidense Mark Spitz, quien prestó su voz como narrador para este documental producido por Quentin Tarantino y Lucy Liu.