Lo que significa el marcador

EDUCACIÓN EN EL DEPORTE, desde ‘A pie de piscina‘ para Waterpolo, el Blog:

Estos días me he enfrentado a una serie de reflexiones en el seno de nuestro equipo técnico y también venidas de los chavales de nuestro equipo infantil. Chavales que con 11,12 y 13 años empiezan a ser muy autónomos y asumir que gran parte de su trabajo consiste en analizar lo que hacen, ser críticos consigo mismos y mejorar en aquellas cosas que han errado, dentro y fuera del agua. Hablamos mucho y esperamos que ellos mismos encuentren las respuestas. Ayer mismo, en una charla con todos en la que buscábamos el feedback de los últimos partidos, nos hacían llegar una comentarios muy interesantes sobre uno de los encuentros de la semana pasada. Se referían a un partido en el que ganaron con una gran diferencia frente a chavales que acaban de empezar…y cito textualmente sus opiniones:

“El partido no nos sirvió para nada, nos aburrimos mucho, jugamos a la contra y cada uno estaba preocupado de marcar su gol. Hubo gente que marco su primer gol y eso estuvo bien, pero nos fuimos mal del partido porque no es justo hacerle a otros lo mismo que nos han hecho a nosotros siempre.”

“No tiene que volver a pasar, si vamos ganando hay que aprovechar para jugar mejor todavía, hacer entradas, jugar con la boya y probar cosas nuevas. No tenemos que mirar el marcador. Porque ayer, en un partido que podíamos ganar, nos paso lo mismo. Cada uno estaba pendiente de hacer lo suyo y marcar su golito. Esto no puede volver a pasar. Tenemos que ser el mismo equipo ganemos de mucho o vayamos perdiendo. No podemos hacer a los demás lo que no nos gusta que nos hagan a nosotros, porque así no aprendemos. El marcador no importa, lo que importa es jugar bien”.

Repito, tienen 12 años.

Y esto, junto con algunas conversaciones con entrenadores de otros equipos, me ha llevado a pensar mucho acerca de lo que significa el marcador. Todos, alguna vez, nos hemos enfrentado a marcadores muy abultados en nuestros partidos. 15-0, 31-1, 1-23, 48-2, 28-5, 4-35… números que a todos nos suenan y que normalmente el perdedor tiende a querer olvidar.

Pero estos resultados, que pueden parecer malos, no son más que una imagen de lo que somos. Bajo mi punto de vista, estos resultados tan desiguales, tan poco uniformes, tan irregulares, son la fotografía de un deporte que está creciendo, en el que hay muchos equipos tratando de sacar a flote grupos en categorías y en deporte escolar, absolutos empezando desde 0 o nuevos proyectos de club, que arrancan con mínimos. Es decir, es la fotografía de algo que está intentando avanzar.

Nuestra tarea, general, es saber entender y analizar esos resultados como el retrato de lo que es nuestro waterpolo e intentar marcar una serie de líneas de actuación a partir de ellos. Es decir, todos tenemos que saber lo que significan esos marcadores, más allá de lo que marcan… debemos ir más allá. Debemos preguntarnos si además de ser un retrato aportan algo a toda esa energía positiva que hace que crezcamos como deporte o si, por el contrario, están poniéndonos piedras sobre nuestro propio tejado.

Estos resultados son la evidencia de una diferencia muy importante entre dos equipos, no siempre fruto de una desigualdad técnica…sino de tiempo. Equipos jóvenes que empiezan contra jugadores más experimentados, chavales que acaban de empezar contra otros que llevan años jugando. Y la cuestión es que un resultado tan desigual no sirve para mucho…

Está claro que puede ser tan irrespetuoso -o más- con el rival marcar 100 goles en su contra como no hacerlo. Es decir, suponer que el rival es “más débil” también es una falta de respeto hacia nuestro rival y no salir a morder desde el primer minuto puede ser el peor gesto de humillación. Hay que salir siempre a por todas, suponiendo que el rival hará lo propio. Esa cultura de la superación es algo que tenemos que fomentar. Sin embargo, eso no va reñido con el hecho de que “facilitemos” el poder sacar cosas positivas de un partido con una diferencia de goles tan grande al equipo contrario.

En Cataluña, que suele ponerse como modelo de muchas cosas, hace años que tienen claro que en categorías el resultado no es lo más importante y que lo mejor, de cara al futuro de sus jugadores es que no acumulen experiencias de impotencia y frustración. La impotencia y la frustración en un chaval de 11 años impide que sea un campeón cuando tenga 20. Esa sensación de fracaso produce heridas que pueden cicatrizar y hacerle más fuerte o por el contrario destruirlo lentamente (recordemos que están en momentos muy complicados a nivel de desarrollo). Dentro del equipo que pierde frente a un rival superior con una diferencia de 80 goles puede haber un chico o una chica con grandes capacidades que se pierda por el camino porque tales resultados mellan su autoestima o sus ganas. Nosotros, en nuestro waterpolo, no nos podemos permitir perder ni un sólo deportista por este motivo, ni uno solo. Ni una sola. Nuestro contexto waterpolístico, que es mayoritariamente amateur, está creciendo poco a poco con el esfuerzo de todos. Pienso que “moderar” esos marcadores nos ayudará a todos a ir más lejos y más rápido.

En caso de las ligas absolutas esa “moderación” simplemente debe estar en el sentido común y en la gestión tanto de los árbitros como de los entrenadores, responder a la naturaleza del partido. Por ejemplo, un equipo puede estar perdiendo de 30 pero mantener intactas sus ganas de jugar y de seguir adelante…en ese caso, no entendería que el rival no continuase dándolo todo. Pero si veo razonable que -sin dejarse ganar- el rival acompañe, ayude en el camino del aprendizaje y aproveche esa superioridad en su favor (para probar cosas nuevas) evitando pases largos, contras, tiros de puerta a puerta, tiros desde más de 5 metros, etc..

En caso de categorías es distinto porque todos estamos en formación y no podemos pedir a los chavales que moderen su juego porque de esa manera estamos impidiendo su desarrollo como jugadores. Es más, en muchos casos necesitamos esa sensación de “gol” o la posibilidad de cambiar estructuras de juego para que aprenden otras cosas si vemos que la dinámica del partido nos lo permite. Porque el objetivo es aprender. Sin embargo, a otro nivel y pensando en ese rival más débil (porque le falta tiempo, simplemente), deberíamos encontrar una solución para limitar los conceptos de éxito/fracaso y poder transformar nuestra noción de quién ha ganado en favor del “cómo” ha ganado.

En Cataluña, volviendo a ese ejemplo (aunque hay otros), la normativa de las ligas Benjamín, Alevín e Infantil regula la forma en que se anotan los goles y se utiliza el marcador. De tal forma que el marcador se bloquea cuando hay una diferencia de más de 15 goles a favor de algún equipo y se dejan de anotar los tantos. O se gana o se pierde, se suman 3, 1 o 0 puntos… pero no se mira el resultado más allá, no importa cuantos goles se haya marcado. Esto también se hace en baloncesto y en otros deportes, incluso aquí en Euskadi. Pienso que nuestras ligas deberían poder estar reguladas de la misma forma de tal manera que a partir de un momento el marcador dejase de sumar y a los chavales no se les fijase en la cabeza la “goleada” (ni a favor, ni en contra).

Creo que esto nos puede dar un nuevo marco, en el que dar más importancia al juego que al resultado, acentuando la dinámica de las jugadas y restándole importancia al “gol”, situándolo como la consecuencia de un buen juego colectivo y no como una meta personal. Muchos equipos, y seguro que esto a más de un entrenador le suena, pecan de que sus jugadores -en determinado punto- se centran en alcanzar metas individuales, se producen piques internos por la búsqueda de estadísticas de gol o se rompe la dinámica interna (lo que rompe a su vez las estructuras tácticas diseñadas) porque alguien “se lo chuta todo”. Todo eso, que tenemos claro que ocurre, es una manifestación de una mala gestión de los resultados en las etapas de formación. La reglamentación, basada en el sentido común y un análisis ambicioso de lo que significan los resultados, debe ir encaminada a romper estas dinámicas desde abajo.

Pienso que los entrenadores deberíamos pensar, discutir, reflexionar mucho acerca de como valoramos los resultados con los chavales y en qué términos lo hacemos. Las Federaciones, en un ejercicio de responsabilidad y amplitud de miras (pensando en el proyecto de nuestro waterpolo a largo plazo) debería plantearse analizar nuestro modelo y ver en qué se puede mejorar. Pienso que el sistema catalán, en muchas cosas, es positivo y se puede adaptar. Miremos a los mejores, a ver como lo hacen y aprendamos de ellos. De todo esto, entre otros muchos asuntos, depende nuestro futuro y el futuro de nuestro deporte. Que se haya hecho siempre de una manera no quiere decir que esa manera sea la mejor para lo que queremos conseguir.

La normativa reguladora de las ligas catalanas se puede ver en el siguiente enlace: