Anno Dómini 2000. Días de gloria en España: Presupuestos y suelos

El waterpolo español está viviendo momentos difíciles actualmente en el plano económico. Es imposible pronosticar su futuro pero muchos clubes y, por ende, jugadores están en la cuerda floja. ¿Estamos ante la muerte de la profesionalización en este deporte? Una pregunta cuya respuesta es compleja. El último caso es Poble Nou que día a día aparecen noticias nuevas o rumores que no hacen más que añadir más dudas al asunto. Ya lo mencionó el presidente del Atlétic Barceloneta Julián García en una entrevista que concedió a Enfermos del Balón Amarillo, “Hoy es el Poble Nou mañana quien sabe…”.

Pero no siempre ha sido así. Durante la etapa de oro del waterpolo español y, sobre todo, cuando todavía estábamos en la etapa de las vacas gordas en este país, los sueldos y presupuestos de clubes y jugadores eran bastante llamativos. Hacía el año 2000, después de haber alcanzado el oro en Atlanta y el Mundial de 1998, el waterpolo español vivían tiempos felices. ¿Todos? No. Como en Asterix y Obélix había unos ‘galos’ que resistían los embistes de contratos profesionales. El Real Canoe bicampeón de Liga en 1999 y 2000 que, con jugadores exclusivamente nacionales logró desplazar el peso del poder de Barcelona a la Villa y Corte. Un espejismo que no pudo continuar dado que las estrellas que militaron en aquel equipo acabaron por sucumbir ante las cifras que vinieron desde la ciudad condal. Veamos algunos ejemplos de sueldos y presupuestos.

Manel Estiarte, la estrella del waterpolo internacional que se retiraba ese año, ganaba en el Barceloneta alrededor de 30 millones de pesetas en ficha, financiada en su totalidad por Adecco. Con poco más del sueldo de Estiarte sobrevivía todo el Real Canoe. Los jugadores madrileños tenían fichas tipo salario mínimo. “Entre 10.000 pesetas, que sólo les da para el bonobús, y 200.000 pesetas, las estrellas”, contaba a el diario El País Santiago Fernández, el entrenador en aquel instante. Los jugadores de los 10 equipos catalanes que militaban en la Liga nacional ganaban al menos un 40% más que los del Canoe. Los que poseían la etiqueta de internacionales rondaban el medio millón de pesetas al mes y muchos de ellos, además, disponían de la beca ADO que les correspondía por ser medalla de oro en los Juegos Olímpicos. Los jugadores tipo medio cobraban unas 250.000 pesetas.

Las cifras más altas las manejaba –y todavía persiste esa hegemonía- el Barceloneta, que aquella temporada invirtió 100 millones en hacer un gran equipo, en repescar a Estiarte y a Sans, dos de los grandes del waterpolo. Desde 1990 hasta 2000, la Liga se la repartieron el Barcelona y el Catalunya. También superaban al del Real Canoe.

El Club Natación Barcelona disponía de unos 52 millones, el Barceloneta de 85 millones y el Catalunya de 50 millones. Este mayor poder adquisitivo del waterpolo catalán permitió a estos clubes hacerse con algunos de los mejores jugadores de Madrid, como Jesús Rollán que fichó por el ‘Cata’; Pedro ‘Toto’ García, que lo hizo por el Terrassa, y Salvador Gómez, Chava, en el 2000 en el Barceloneta.