REPORTAJE | Guillermo Molina, el adiós al gran capitán, por Rafael Peña

Ha querido que sea en su ciudad natal y ante sus paisanos para reafirmarse en un pensamiento e intención dicha en la previa de los Juegos Olímpicos: deja la selección española. Su capitán Guillermo Molina, Willy para sus amigos, ha decidido concluir su trayectoria con el combinado nacional.

Después de quince años entrando en las convocatorias de los diferentes seleccionadores, Guillermo Molina ha optado por decir adiós y ha elegido la piscina del Club Natación Caballa de Ceuta -su primer equipo- para hacerlo oficial. “No hay marcha atrás”, ha dicho el capitán nacional.

Guillermo Molina (Ceuta, 16 de marzo de 1984) se marcha después de una trayectoria que comenzó en 2001 en el Mundial de Fukuoka con 17 años y que concluye en Río de Janeiro, en sus cuartos Juegos Olímpicos.

17_molinaLos fríos números están ahí para la historia: un oro (Fukuoka 2001), una plata (Roma, 2009) y un bronce (Melbourne, 2007) en los Mundiales, un bronce en el Campeonato de Europa de Belgrado en 2006, una ‘Champions’ con el Pro Recco y varios títulos de Liga y Copa en España y Italia avalan la trayectoria del ceutí, convertido en el primer referente de la selección nacional.

Aunque no quiere que sea una “espina”, lo cierto es que los Juegos Olímpicos le han negado una medalla, tras caer siempre en el cruce de cuartos de final. Un sexto puesto en Atenas, quinto en Pekín 2008, sexto en Londres 2012 y séptimo en Río de Jainero. “Es lo que hay”, ha declarado a en el borde de la piscina del Club Natación Caballa.

A pesar de su excelente aportación anotadora -19 goles-, Guillermo Molina se marchó de Río sin su anhelada medalla y teniéndose que conformar con la séptima plaza. “Fue una pena tenernos que cruzar con Serbia pero así es la competición”, ha reflexionado resignado.

Y el pasado también tuvo las mismas consecuencias con el cruce con un equipo balcánico y derrotas, primero en Atenas 2004 (9-7 para Serbia y Montenegro), en Pekín 2008 (9-5 para Serbia) y en Londres 2012 (11-9 para Montenegro), además del 10-7 del pasado fatídico día 16 de agosto.

Desde esa piscina, donde comenzó a nadar de pequeño y en la que empezó a jugar en 1997 con el club ceutí, dio el salto al Real Club Mediterráneo de Málaga (1997-1999), luego se enroló en el Club Natació Barcelona (1999-2001) y en 2001 empezó su aventura italiana en el Pescara, donde estuvo un año.

Regresó a su país para jugar nuevamente en el Club Natació Barcelona (2002-2007) y a partir de ahí abrió definitivamente la puerta italiana: Brixia Leonessa Brescia (2007-2009), Pro Recco (2009-2012), Rari Nantes Florentia (2012-2013), AN Brescia (2013-2015) y en Ceuta ha anunciado que acaba de firmar esta semana por tres años con el Pro Recco, donde presumiblemente pondrá fin a su carrera deportiva.

Sin embargo, Guillermo Molina se va con la puerta grande: ha sido el santo y seña de la selección desde que con 17 años se proclamó campeón del mundo siendo el benjamín de la selección entrenada por Joan Jané.

Después de quince años, muchos veranos perdidos por concentraciones y competiciones de máximo nivel, Guillermo Molina ha decidido priorizar el tiempo con su familia: su mujer y sus dos hijos pequeños, de dos y cuatro años. “Ellos son mis nuevos ‘managers'”, sonríe.

Y aunque le cueste decirlo, Willy tiene claro que su futuro seguirá en Italia, donde jugará tres años más con el Pro Recco y luego quiere seguir como entrenador allí. “Me veo entrenando más a la selección de Italia que a la de España”, ha declarado, al entender que en tierras transalpinas ha labrado su presente y su futuro y que es más factible seguir allí que hacer las maletas para buscar el mejor clima español.

Los Juegos de Río de Janeiro han sido los últimos de otros mitos como el nadador estadounidense Michael Phelps y el velocista jamaicano Usain Bolt “y los de Guillermo Molina”, ha apuntado el waterpolista en la piscina.

Mientras, su mujer y sus dos hijos pasean por la playa de la Ribera, por donde tantas veces corrió de pequeño Guillermo Molina; no puede evitar mirarlos. Es el adiós del gran capitán.