Réplica Carpena VS Ortiz-Cavañate.

Ayer se publicó una interesante octavilla en una conocida web dedicada al mundo del waterpolo. Unas líneas donde se desgranaba, a tenor de las inminentes elecciones de la RFEN, cuál sería el mejor candidato para nuestro deporte.

El texto sin firma, está presumiblemente escrito por alguien que conoce la situación del waterpolo. Quizás, exiliado en otro tiempo, como los afrancesados a principios del XIX.

Poco que añadir a lo dicho por el autor ilustrado. Su análisis es correcto en la mayoría de los casos. Comenzando por la situación deportiva del waterpolo en este país. Decadencia evidente la que estamos padeciendo cuando los grandes jugadores del ámbito estatal miran fuera de sus fronteras un mejor futuro deportivo y económico dada la falta de profesionalización de este deporte en España. Se hace mención también de la llegada a la liga de internacionales de un nivel limitado en comparación de atletas con una calidad mayor en años anteriores. El grave problema de empobrecimiento que están pasando los clubes también es citado.

El texto continúa con la poca afluencia de público en las gradas durante los partidos, la faltavisibilidad en prensa escrita y la retransmisión televisiva que brilla por su ausencia. Restricción de los internacionales para hablar con la prensa, el ‘caso Pareja’ o la norma que obliga a disputar los partidos en piscina olímpica completan los agravios que el autor va citando.

Unas observaciones acertadas que no tienen réplica alguna. Pero hay algún apartado que nos ha llamado poderosamente la atención: la composición de la Asamblea. 119 personas que elegirán al próximo presidente de la RFEN. Una mayoría abrumadora de nadadores que condena al resto de las disciplinas.

El cambio: ¿Desde arriba o abajo?

Como se ha visto en las recientes elecciones del Brexit y USA, los votantes de más de 40 años han sentenciado a los jóvenes. Es decir, una generación o un colectivo han impuesto al otro una visión no compartida. En nuestro caso, un deporte condena a otro dentro de un mismo clan.

Pero como en todas las familias llega un momento en el que un hijo se hace mayor y tiene la necesidad de emanciparse para atender sus necesidades. Y ahí es donde diferimos con el análisis del texto señalado.

Para que este deporte salga de la penumbra, la independencia respecto a las otras disciplinas es ahora, más que nunca, necesaria. Un movimiento arriesgado que nos haría perder peso político traducido en subvenciones por parte del Consejo Superior de Deportes (CSD) pero un paso adelante para atender los asuntos que nos urgen y dar un golpe de timón en la buena dirección.

El cambio, una palabra reiterada en el texto que estamos tratando, viene dada al amparo de unas estructuras que son las mismas que nos están causando esta situación. La revolución –el cambio- que necesitamos, no será dada por el aparato imperante, y por supuesto no será televisada como dijo Gil Scott-Heron. Mucho menos por Teledeporte.

El cambio -este caso reformas-, que se sugiere en el texto se hace con una visión elitista y moderada respetando el marco actual. De arriba abajo. Es decir, desde la Alta Competición (se habla de División de Honor, Copas, televisones, etc.), sin atender al resto. Sobre todo, a aquellos clubes o federaciones modestas que hacen grande este deporte cada día superando todo tipo de obstáculos en sus pequeñas regiones y con las penurias económicas que atraviesan.

Por ello, creemos que ambos candidatos destilan en sus programas la misma esencia con diferentes fórmulas. Uno ofrece patrocinios, presumiblemente destinados a la Natación que es el mundo que conoce y del cual sus hijos han formado. El otro introduce algunas novedades deportivas pero en general, trata de seguir el mismo camino haciendo hincapié en la gestión económica.

¿Cuál es el mejor para el waterpolo? Probablemente ninguno, aunque habrá que elegir el mal menor y ahí cada uno tendrá que reflexionar sobre su voto o posición.

Es una vieja aspiración del waterpolo tener una federación propia. Compartimos organismo con deportes que no se asemejan en nada al nuestro. Simplemente tenemos en común unas instalaciones y un medio, el acuático. Nada más. En los países con más tradición en este deporte el waterpolo atiende a sus propios problemas con una entidad que les representa. Lástima que el ruido de sables en este país solo sea eso, un ruido.