Partiendo de cero

En esta sección no quiero enseñar a nadie, solamente quiero aportar mi granito de arena, está claro que cada maestrillo tiene su librillo y que la metodología y el entrenamiento perfecto no existe. Sabiendo eso y teniéndolo muy claro, espero poder aportar ideas y conocimientos a todos los que empezáis en este maravilloso mundo del balón amarillo.

Todo entrenador tiene sus inicios… Acostumbra a ser en categorías base. En mi caso, recuerdo que estuve realizando una sustitución, la cosa fue muy bien, los chavales disfrutaron y eso me permitió que al año siguiente se contara conmigo como un entrenador más de la casa.

Tenía 17 años y me tocaba llevar a los alevines e infantiles. Hasta ahí todo parecía muy bonito pero todo tenía su trampa. Sino conseguía chicos yo no podía dirigir al equipo, ya que éste no sería inscrito.

Sin jugadores no hay equipo y sin equipo, mi ilusión no tenía ningún sentido. No sólo eso, todo aquél que empezara nuevo tenía que realizar las dos disciplinas del club, natación (hasta los 15 años) y el waterpolo en cuestión. Ahí fue cuando empecé a temerme lo peor, no desistí e intenté captar el mayor número de chavales (a pesar de toda la letra pequeña que lo acompañaba) busqué aprovechar lo bueno que tenía aunque fuera poco, y encontrar soluciones, opciones, ideas.

Tiré en muchos casos de ingenio. Aquí debo decir que fue cuando empecé a darme cuenta que muchas de las titulaciones que ya tenía y que me tenía que sacar en los años, no me iban a servir de mucho… ¡Nadie me enseñó a captar chicos!

 

¿Os cuento que cosas hice para captar chicos?

Organice campeonatos sociales, busqué entre familiares de familiares, entre amigos de amigos, realicé unas camisetas con un logo atrayente (os parecerá absurdo pero las lucían con orgullo y trajo a nuevos, ¡Funcionó!) Obligué a los chavales a acudir a los partidos de los mayores (hicimos así como una grada joven). Meriendas colectivas. Recuerdo que llegué a hablar con algún médico de mi localidad pidiéndole que me “enviara” a los 'gorditos' y chicos con problemas de espalda. También recuerdo que llegué a conseguir en verano un espacio en la hora de “máxima audiencia” la piscina exterior, fue otro acierto. Mil cosas…

Conseguí hacer dos soberanos equipos de la nada, los padres vieron una progresión gigante y acabaron siendo los fans nº1. Los hice míos, tuve apoyo.

Esos primeros años me puse la nariz de payaso y dejé el silbato y los gritos a un lado. Aprendí, ejerciendo.

Ellos nadaron y nadaron sin darse cuenta muchas veces, yo solo quería que les encantara y tenía claro que primero los tenía que hacer “acuáticos” una vez fueran del mundillo, creceríamos hasta no tener fin. Qué bien me lo pasé esos años, siempre me he considerado entrenador de base aunque me requieran a otros niveles. Soy de los que se mojan los pies, pierden la voz y sudan por las piscinas. Sigo siendo entrenador de base y nunca perderé esa ilusión de los más pequeños.

Mensaje1: Siempre que empieces un proyecto de base, analiza la situación busca y lucha por lo que te manca y conserva lo bueno que tengas. ( Cada club es una historia distinta, ¡piensa!)