El gato de Puri o la Puri del gato

Ayer por la mañana, desahuciamos al gato de su rincón preferido.

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Era una cama metálica de esas que hay que subir con escalera. Estamos de reformas, otra vez; la cama ya no la necesitamos, de hecho hace ya tiempo que era un estorbo, pero al gato le encanta subirse y pasarse las horas allí, sobre todo cuando hay visita.
Son infinitas las veces que ha asomado la pata y ha enganchado coletas, moños y cabezas del incauto o incauta que ha pasado por debajo.
Son infinitas las veces que he jugado a lanzarle su pelotita desde el suelo y él la ha devuelto con un resto que el mismísimo Rafa Nadal envidiaría.
Para subirse a ella, a un metro setenta y pico del suelo, utilizaba unas cajas apiladas en la pared de enfrente, a un metro veinte, mas o menos. Era un espectáculo verlo volar desde las cajas a la cama.
Son infinitas las veces que lo hemos escuchado maullar quejoso cuando se ha encontrado algún objeto encima de las cajas que le impedian hacer su escala al rincón o ha venido a buscarme para que le despeje el camino.
La cara del gato, ayer por la mañana, cuando se subió a las cajas pero no había cama, era todo un poema.
Se iba de la habitación, volvía, como para cerciorarse de que no podía ser verdad, nos miraba y se lamentaba mirando al espacio vacio de su rincón preferido.
Hemos estado tentados, en varios momentos lastimosos del gato, de volver a montarla.
He cogido su colchón y despejando la cómoda que hay en otra habitación le he habilitado otro rincón en las alturas,
De momento no es lo mismo, pero ya ha pegado un sueñecito.
Ayer por la tarde se dedicó a buscar otro rincón donde aislarse cuando le apetezca.
Ha probado encima de la secadora y debajo de un banco que guarda cajas con zapatos, le he quitado una caja para que tenga más espacio… Bueno, parece que lo ha apuntado en su lista de rincón alternativo.
Pero aún sigue volviendo a la habitación.
Anoche quitamos las cajas y vino otra sesión de lamentos y otra tentación a montarle la cama.
Ahora, desvelados los dos, yo escribiendo y el mojando su pata en mi café,.. si, en serio, le gusta el café,
No puedo más que mimarlo.
Asomarlo, en brazos, al balcón el rato que quiera (me ha salido vieja del visillo, ¡que le vamos a hacer!);
Doblar la ración de juego con el puntero láser.
Darle más menudillos de pollo y tirar más veces de la cisterna, que le encanta el agua fresquita y renovada del inodoro.
Rascarle la barriga hasta la extenuación…
Lo que sea, hasta que su memoria le haga el favor de borrar el hábito.

    1. ¡Que dura es la empatía, hóstia!
    1. Relato de Purificación Massa Moreno, enviado por el gato que vive con ella el 11 de agosto del 2013. Fotografías de Purificación Massa.
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3 pensamientos sobre “El gato de Puri o la Puri del gato

  1. Montse G.

    Tengo muy buenas referencias de la autora, así que el protagonista del escrito seguro que es igual de social que la dueña. Un abrazo para ella y un meeeewwwww bien grande para mister gato.

  2. Xabi

    Sí es dura, sí!!!!!!
    Mi gato roía siempre unas plantas que tenía la vecina. Supongo que le irían bien para el estómago o simplemente le gustaban… Incluso una puede que lo “colocara” un poco. Al final, para evitar broncas (tampoco se las destrozaba tanto, pero entiendo a mi veci), le cerramos el camino a ellas, por la terraza. Primero logró saltar los obstáculos. Después, llegaron los maullidos apenados, los insistentes por la noche y la tomó al tapizado del sofá.

    Ahora tenemos unas macetas con alguna planta para él. De vez en cuando, aún intenta pasar a la terraza de la veci, pero está más conformado…

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