Inteligencia emocional

Aprender con el ejemplo

Imagina, por un instante, que sólo aprendiéramos de la experiencia en primera persona. Que esa “lección barata y buena que es escarmentar en cabeza ajena” no fuera más que un refrán ingenioso pero incierto …

Sería mucho más que peligroso. Nuestra supervivencia se vería comprometida. Nos habríamos extinguido. Gracias -entre otras- a la selección natural, a tusneuronas espejo y al aprendizaje vicario estamos aquí y ahora. Somos tan inteligentes que aprendemos también de la experiencia de los demás. ¡Que alivio!

Es más, la mayor parte de lo aprendido lo has adquirido del ejemplo, al seguir a un modelo. Al imitar. Que “de los escarmentados nacen los avisados”.

Gracias a las investigaciones del psicólogo Albert Bandura y a sus desarrollos de la teoría cognitiva social hoy somos más conscientes de la importancia del aprendizaje por observación.

En su clásico estudio con el muñeco bobo demostró cómo niñas y niños expuestos a modelos adultos de conducta agresiva imitaban su conducta de manera significativa. Quiénes habían visto como modelos agresivos golpeaban e insultaban al muñeco imitaban el comportamiento violento de manera sistemática. Aprendían por observación.

Tres son los factores de los que depende que imitemos o no el comportamiento de los demás. En primer lugar, de las características del ejemplo: será más imitable cuanto más se parezca a nosotros. En segundo lugar, de los atributos del observador: las personas con una baja autoestima o que se autoevalúan como “incompetentes” son más proclives a imitar que quienes gozan de buen autoconcepto. Por último, de las consecuencias y efectos percibidos en la conducta del ejemplo: si éste es recompensado por su acción, el observador le imitará con mayor probabilidad.

Para Bandura “El aprendizaje es bidireccional: nosotros aprendemos del entorno, y el entorno aprende y se modifica gracias a nuestras acciones” De manera continua interactuamos con nuestro ambiente en “recíproca y continua” interacción entre factores personales, conductuales y ambientales. El entorno nos determina y a su vez nosotros le modificamos. Nos influye y le influimos. Somos causa y efecto alternativamente como en los pasos de baile.

Y, si la mayor parte de lo aprendido se debe a la observación, a la imitación, ¿estamos condenados a cometer los mismos errores-por los siglos de los siglos-? ¿Es esta la razón de que siga -con Juan Perro- “obstinado en mi error” ?

Afortunadamente, no. El aprendizaje por observación va más allá de la simple imitación: también aprendemos de los errores y aciertos del prójimo más allá del “copy paste”. Lo que explica que seamos potencialmente innovadores y creativos. Con permiso de creaticidas “abogados del diablo”

Así que, hay lugar para la esperanza. Porque “la originalidad es una imitación juiciosa” como nos decía Voltaire. Y “Bienaventurados sean nuestros imitadores pues de ellos serán nuestros errores” (Jacinto Benavente) Y, gracias a ellos, seguiremos aprendiendo del ejemplo.

Segunda oportunidad

Foto de Motoki Tonn en Unsplash

Los japoneses inventaron a mediados del siglo XV el arte kintsugi (o kintsukuroi), consistente en aplicar generosamente una pasta de resina – fruto de la mezcla de barniz de resina con polvo de oro, plata o platino – en las zonas fisuradas o fracturadas de piezas de cerámica no con el ánimo de restaurarlas a su forma original, sino de repararlas ensalzando la belleza de sus cicatrices. El resultado final no es la pieza original tal como era, sino esa misma pieza rota, recompuesta y embellecida por el metal precioso.

Todas y todos, tarde o temprano, acabamos rompiéndonos: enfermedad, traición, infidelidad, abandono, rechazo, separación, odio, acoso, abuso, fracaso, desastres naturales, guerra, muerte… Cada una de estas causas, por mencionar algunas porque más haberlas haylas, y sus respectivas consecuencias pueden hacer añicos por dentro y por fuera la preciosa y delicada vasija que somos. Y para estas fracturas no hay kintsugi. Más aún si quien las produce es un victimario que nos convierte en víctimas.

Recientemente he visto la película Maixabel, estrenada el pasado 24 de septiembre, dirigida por Icíar Bollaín y protagonizada por Blanca Portillo, Luis Tosar, Urko Olazabal y María Cerezuela, en los principales papeles, y galardonada con el Premio Cine Vasco en el Zinemaldia de San Sebastián. En ella se refleja el proceso interior de Maixabel Lasa (viuda de una víctima mortal de ETA – Juan María Jáuregui – y convertida ella también en víctima) cuando dos de los victimarios piden encontrarse cara a cara con ella. Superando las dudas y el inmenso dolor que le provocan estos encuentros, finalmente accede[1].

Obviando la excelente factura de la cinta, he de reconocer que en muchas ocasiones no pude contener las lágrimas. Haber vivido cuarenta años en la Euskadi que refleja el film hace que broten muchas emociones muy intensas.

Como afirma Joan-Carles Mèlich Sangrà,

Somos finitos porque heredamos una tradición, una gramática, esto es, un conjunto de signos, símbolos, valores, actitudes, ritos, mitos… que configuran, sin querer, la imagen que tenemos del mundo, de los demás y de nosotros mismos. No es posible, precisamente porque somos finitos, construirnos o crearnos a voluntad, sino solo «desde y en» la gramática que hemos heredado y que nunca podremos abandonar (al menos del todo)[2].

Zambullirse en el drama real reflejado en esos 115 minutos cinematográficos permite palpar los procesos existenciales de las personas reales representadas y ser testigo de su desarrollo y evolución individual. Constatar que el diálogo, el respeto interpersonal, la profunda reflexión, la revisión de la gramática individual son posibles, es una bocanada de aire fresco para una sociedad aún herida. Hace soñar que para algunas fracturas sí existe algo parecido al kintsugi. Pero como todo arte requiere disciplina, concentración, paciencia y preocupación por dominarlo.

Quiero que Maixabel Lasa sea quien termine estas líneas:

El perdón es una palabra que para mí tiene muchísimas connotaciones religiosas. Y yo no soy religiosa, soy agnóstica. Yo creo que dar una segunda oportunidad a una persona quiere decir lo que quiere decir, ni más ni menos. Yo se la quiero dar a quienes han solicitado estar conmigo y han hecho un recorrido personal. Puede haber alguien que no lo entienda y que lo disfrace diciendo que cómo he podido perdonar. Pero esto es algo mayor que eso y queda entre ellos y yo[3].

[1] Filmaffinity (2021, 24 de septiembre). Maixabel. Recuperado de: https://www.filmaffinity.com/es/film375190.html

[2] Mèlich Sangrà, Joan-Carles (2012). Paradojas (Una nota sobre el perdón y la finitud). Ars Brevis, Barcelona. P. 123. Recuperado de: https://ddd.uab.cat/pub/artpub/2012/196670/arsbre_a2012n18p122.pdf

[3] Zas Marcos, Mónica (2021, 27 de septiembre). Maixabel Lasa, víctima de ETA: “Perdonar tiene una connotación religiosa y yo soy agnóstica”. elDiario, Entrevista. Recuperado el 28/09/2021 de https://www.eldiario.es/cultura/maixabel-lasa-victima-eta-perdonar-agnostica_1_8341694.html

Somos lo que podemos experimentar

Silencio… suena un metrónomo… Así comienza Los acordes de la Memoria, un documental de 114’ hecho desde el corazón y desde la cabeza, en el que se unen arte y ciencia y muestra la fuerza de esa unión. Gira en torno a 8 familias que comparten la experiencia de tener en su seno a una persona con alzhéimer. Cuenta con el testimonio y conocimiento de múltiples especialistas en música, artes escénicas, neurología, psiquiatría, geriatría, etc. Está producido por Raúl Madinabeitia y dirigido por Fernando Vera, quienes estuvieron presentes en el pase en Bilbao al que asistí y se prestaron a un coloquio posterior.

El documental gira sobre tres ejes fundamentales: la ciencia, la música y la Clínica Josefina Arregui de Alsasua (Diario de Navarra, 2021). Su intención es transmitir optimismo ante una enfermedad dura para quienes la sufren y quienes acompañan y que, como la mayoría de las enfermedades mentales, arrastra un fuerte estigma social.

La base del documental es el proyecto La música de tu historia cuyas conclusiones “se centran en el papel mediador de la música para promover espacios de expresión, creación, comunicación y colaboración, proporcionando experiencias estéticas y de convivencia muy enriquecedoras en el contexto de las personas con deterioro cognitivo. También ponen de manifiesto la capacidad de la música para promover no solo bienestar sino también el arraigo e identidad en las personas con demencia. De este modo, la música comunitaria se ha revelado como una herramienta muy eficaz para el bienestar emocional y la integración social de las personas que padecen Alzheimer y otro tipo de demencias, así como de sus cuidadores y familiares” (Lorenzo de Reizábal, 2020). Como señala Ricardo Insausti, Doctor en Medicina, neurocientífico y catedrático, este es un proyecto profundamente ético porque devuelve la dignidad a las personas.

Quiero destacar en estas líneas algunas de las ideas que he recogido sobre el alzhéimer y otras demencias y que provienen de algunos de los especialistas que participan en el documental, como son: Vicente Madoz, Psiquiatra, miembro fundador de la Fundación Argibide y cofundador de la Clínica Josefina Arregui;  Pablo Martínez-Lage, Neurólogo y Doctor en Medicina, del equipo científico de la Fundación CITA-alzhéimer; y Bárbara Pérez Peña, Médico Geriatra y Directora Clínica Josefina Arregui.

La autobiografía está formada por momentos, unos se verbalizan y otros no, que se van almacenando en nuestra memoria con unas etiquetas que ayudan a volver a acceder a los mismos. Las personas que desarrollan algún tipo de demencia van perdiendo esas etiquetas y tienen una gran dificultad para recuperar la información.

El alzhéimer supone un impacto profundo, tanto para la persona que recibe el diagnóstico como para su entorno. No es curable y tiene una progresión. Es importante un diagnóstico temprano y un enfoque positivo para planificar el futuro mientras se puede tomar decisiones, como la de hacer el testamento vital o dejar los asuntos importantes en orden. En las etapas iniciales también se puede intentar aminorar el deterioro funcional y para ello es importante trabajar afectivamente. Una gran tarea es la desestigmatizar esta enfermedad. Nadie tiene la culpa, son muchos los factores que influyen, no es algo que se elige.

Y otra gran y necesaria labor es el apoyo a las y los cuidadores principales. Es un proceso largo y que supone mucho desgaste. Entre estas personas se dan casos de depresión y angustia. Necesitan ser escuchadas y contar con apoyo para normalizar muchos sentimientos. Como expresa una familiar en el documental: “Cuando no está te das cuenta de que te ha ocupado todo”. La evolución de la enfermedad en parte va a depender de la persona que es la cuidadora principal. Es necesario que relativice la importancia de que la persona enferma reconozca su cara. Sería muy bueno que la persona cuidadora tuviera tiempo para escribir y compartir sus experiencias. El alzhéimer es un drama compartido, la persona enferma pierde los recuerdos y las personas cuidadoras (normalmente pertenecientes al entorno cercano) dejan de ser recordadas.

Me he dado cuenta con el documental, y al pensar en personas que sufren o han sufrido algún tipo de demencia, que me sobrecoge la mirada de estas personas porque muestra cómo han perdido la conexión con el mundo y con quienes les rodean. Su mirada es fría, vacía y no suele tener nada que ver con la mirada antes de desarrollar la enfermedad. Sin embargo, se ve claramente cómo con la música les cambia la cara, la expresión, y por un momento más o menos corto (o largo) se reconectan. Emocionar el cerebro de la persona con alzhéimer es el modo de estimularlo. Y la música lo consigue. La música no se borra, está grabada muy dentro de cada persona. Como reza el cartel del documental: “Somos aquello que podemos recordar experimentar” y la música es pura experiencia.

En varias ocasiones, antes de ver el documental, mi marido me ha dicho que si alguna vez su cabeza se desconecta le lea y le cante o le ponga música. Una gran intuición. ¡Qué bueno sería conocer los acordes de la historia de las personas que nos importan para poder tener siempre una ruta de conexión!

Referencias

Emokude, plataforma de educación emocional para adolescentes.

A punto de terminar el mes clave del verano, Agosto, llega el momento de retomar proyectos y regresar a la actividad. Los chicos y las chicas de Educación Secundaria están exprimiendo los últimos días antes de regresar a los espacios educativos. Ya sabemos que, para ellos más que para los demás, la vida está principalmente fuera de las aulas, los libros, los proyectos y demás obligaciones académicas.

Este año varios centros educativos de Bizkaia van a tener una novedad relacionada con la educación emocional. Un pequeño consorcio de entidades lideradas por la Fundación Troconiz Santa Coloma, acompañados por Isea, y en el que hemos participado el equipo de T-Empathy junto con la gente de Irekisoft, hemos desarrollado esta plataforma gracias a una subvención del Área de Promoción Económica de la Diputación Foral de Bizkaia.

 

EMOKUDE.

Emokude es una plataforma “on line” personalizada de formación en competencias emocionales para alumnos de secundaria. La versión 1.0 que estará en su versión de pruebas a finales de Septiembre en euskera y castellano tiene dos sistemas de personalización de los itinerarios de aprendizaje. El primero tiene que ver con el desempeño en las actividades que plantea, lo cual permite ofrecer nuevas actividades de profundización o de refuerzo. El segundo sistema está relacionado con un perfilado generado a través de un cuestionario que han de rellenar los alumnos.

El itinerario de aprendizaje comprende tres módulos.El primero de ellos es sobre las emociones en general con temas como “¿qué es una emoción?”, “emociones básicas”, o “cómo identificar emociones”. El segundo está centrado en las emociones de los participantes, así como en su autoestima. Y  el tercero tiene que ver con el manejo de las emociones en situaciones habituales para ellos: conflictos con amigos, primeras relaciones sentimentales, la fiesta y los consumos, etc… El contenido está compuesto por vídeos de propia creación (gracias Yeray) y a casi un centenar de actividades generadas a través de Educaplay. El itinerario se completa en 3 horas aproximadamente. Podéis ver un pequeño vídeo de la plataforma:

 

UN PASO HACIA LA ACCIÓN.

En este blog hemos hablado mucho sobre la importancia de aumentar los recursos para promover la educación emocional en las aulas. Y más en este contexto en el que se ha producido un fuerte impacto emocional relacionado con la pandemia del COVID-19. Esperamos que esta versión de Emokude aporte algo en esta dirección. Es, sinceramente, el anhelo con el que hemos trabajado un equipo de personas que lo estamos desarrollando desde hace meses.

Si alguna persona desea testar la herramienta tan solo debe escribirnos un mail (pablo@t-empathy.com) y les facilitaremos un modo de acceder.

Y tú, ¿Cómo lo llevas?

Como es costumbre, también este agosto lo estamos viviendo a orillas del Cantábrico. ¡Qué positivos sus iones negativos para tu estado de ánimo y tu serotonina! ¡Qué necesarios! Parar para reparar…

Una vez más, la climatología ha querido ponerle un interrogante. Para añadir suspense a nuestra volátil realidad y no dar tregua al veraneante. Frente a su carácter otoñal, nos atrincheramos en la playa donde surfea nuestra esperanza en que el verano nos visite por agosto.

Entre salitre y arena, acompañado por el comandante Verhoeven, llega a mis manos el último informe Gallup “2021. Global Emotions Report”

Termómetro del estado de ánimo global, el informe GALLUP describe y evalúa -año tras año, desde 2006- cómo nos sentimos los habitantes del planeta. Con esta finalidad, mide el capital de preocupación, estrés, el dolor físico, tristeza e ira que atesoran 115países. Conclusión: necesitamos con urgencia nuevos fondos que contribuyan a nuestra recuperación emocional. El equivalente psicológico del “next generation EU”

Si 2019 fue el año de las protestas, 2020 ha sido un año estresante. Sonreímos menos. Las experiencias gratificantes han menguado y han estado peor repartidas. Nos sentimos más tristes (1 de cada 4 personas habían experimentado tristeza y/o enfado el día anterior a la encuesta). Más irritables. 190 millones de personas más militan -militamos- en la legión de estresados. Iraq y Líbano encabezan el ranking por países.

Previsible, ¿No? Un virus -la COVID 19- nuevo (desconocido hasta Wuhan), global y complejo (sindémico), y peligroso (letal para 4,3 millones de personas) frente al que no disponemos de estrategias eficaces de afrontamiento. Como resultado: indefensión y desamparo.

Hans Selye, médico vienés del S.XX describió con claridad estas sensaciones al hablar del “Síndrome General de Adaptación”: tras la alarma inicial al percibir la amenaza, y resistir ante el peligro, caemos en el agotamiento si los esfuerzos no han sido eficaces. ¡El esfuerzo inútil lleva a la melancolía!

Sin embargo, no podemos cargar toda la responsabilidad sobre las espaldas del virus. El SARS-Cov no es culpable de todo, ni puede ser su chivo expiatorio. Tiempos pasados no fueron tan idílicos como añoran los vendedores de nostalgia.

El estresante 2020 ha sido un paso más en una deriva que crece -al menos- desde hace una década (ver serie histórica). Un paso más que profundiza en la brecha emocional, que se retroalimenta con otras brechas que crecen por doquier: de género y social (desigualdades, aislamiento, soledad no buscada, suicidio, malestar social), medioambiental (cambio climático de cuyos fenómenos extremos somos en gran medida responsables) digital, tecnológica …

Y, una vez más, entre nubes y claros, afloran las mismas preguntas:

¿Por qué estamos produciendo resultados que nadie desea?

Y tú ¿Cómo lo llevas?

La edad…

Foto[1]: Cada día…

Aunque Quote Investigator[2] revela otras fuentes, se le atribuye a John Lennon la frase la vida es eso que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes.

Cuando ya son muchas las hojas caídas de otros tantos calendarios, disfrutando de un merecido descanso estivo – espero -, el parón me ayuda a hacer dos viajes: uno físico, alejándome de la realidad cotidiana – ejercicio más que necesario, si es posible – y otro hacia adentro – si uno quiere -.

En este último una primera parada es el agradecimiento. Estoy aquí y ahora gracias a muchas personas y circunstancias. Sigo siendo importante – ¡perdón por la petulancia! Al menos, algo relevante – para algunas de ellas, entre éstas tú lectora, tú lector, por seguir mis palabras al viento -. Creo que también lo fui para otras que desgraciadamente ya no están a mi lado, o que dejaron de estarlo porque ellas o yo así lo decidimos. A todas ellas, ¡gracias por hacerme sentir así! – o por hacer que me lo crea -, ¡por hacerme ser quien soy!

Una segunda escala es pedir disculpas. Seguro que serán muchos – demasiados – los errores cometidos. Unos, quiero creer, inintencionados. Otros, puro fruto de la desidia o la debilidad… Por ignorancia, arrogancia, prepotencia o mil carencias que jamás seré capaz de identificar, reconocer… Errores pasados, presentes y futuros. Algunos tan arraigados, que seguirán ahí sin que ni siquiera pueda verlos… Creo humildemente que nunca he pretendido cometer ninguno con la aviesa intención de hacer daño a nadie… Aun así, ¡perdón por unos y otros!

La tercera estación es tomar conciencia del presente. El ser humano (…) nace sin que intervenga su voluntad y ha de morir contra su voluntad (…), morirá antes que los que ama, o éstos antes que él (…)[3]. Mirando los calendarios caídos, en mi caso, resulta más que evidente que los que queden por consumirse serán ya considerablemente menos que aquellos. ¡Y todos rebosantes de tantos momentos presentes…! Presente que, al fin y al cabo, es lo único que tengo. El pasado, aunque lo recuerde, ya se fue… El futuro, por mucho que lo planifique, nunca sabré si llegará y, si lo hace, seguramente diferirá mucho de cómo lo imaginé… ¡La realidad nunca dejará de sorprenderme! Parece ser la esencia de, según muchas y muchos expertos de – y en – la vida, física y espiritual, eso que nos pasa mientras gastamos el tiempo planeando lo que desconocemos si algún día será.

La conclusión es que querría dedicar cada presente que me quede a vivirlo sin prisa, haciendo que el tiempo dure, mirando a los ojos a quien esté a mi lado, zambulléndome en su presente y compartiéndolo con delicadeza, acogiendo ese misterio, ese tesoro, ese universo, como me gustaría que lo hicieran conmigo… O estando solo, prestando atención a mi entorno y hacer lo mismo con él…

En la serena noche de La vall d’Aro[4] miro hacia arriba, a las estrellas titilantes incrustadas en la ingrávida y oscura cúpula teñida hoy por nubecillas gris blanquecino, y siento calma… Por un momento se me ha pasado por la cabeza que desearía que mi alma tuviese la misma edad que la edad del cielo…


[1] Reflexiones para El Mundo – https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=337971794624629&id=100052354339270

[2] Quote Investigator (2012, 6 de mayo). Life is What Happens To You While You’re Busy Making Other Plans. Recuperado de: https://quoteinvestigator.com/2012/05/06/other-plans/

[3] Fromm, Erich (1980). El arte de amar. Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Barcelona. 19.

[4] https://www.catalunya.com/la-vall-daro-24-2-54?language=es

Jorge Drexler – La edad del cielo https://youtu.be/wcASVErTfzw

La edad del cielo
Jorge Drexler

No somos más
Que una gota de luz
Una estrella fugaz
Una chispa, tan sólo
En la edad del cielo

No somos lo
Que quisiéramos ser
Solo un breve latir
En un silencio antiguo
Con la edad del cielo

Calma
Todo está en calma
Deja que el beso dure
Deja que el tiempo cure
Deja que el alma
Tenga la misma edad
Que la edad del cielo

No somos más
Que un puñado de mar
Una broma de Dios
Un capricho del Sol
Del jardín del cielo

No damos pie
Entre tanto tic tac
Entre tanto Big Bang
Sólo un grano de sal
En el mar del cielo

Calma
Todo está en calma
Deja que el beso dure
Deja que el tiempo cure
Deja que el alma
Tenga la misma edad
Que la edad del cielo

Fuente: LyricFind
Autores de la canción: Jorge Abner Drexler / Jorge Abner Drexler Prada
Letra de La edad del cielo © Warner Chappell Music, Inc

Sobre los miedos que nos persiguen y atrapan

Hace ya unos cuantos años mi buen amigo Rogelio Fernández escribía en este blog una entrada titulada Miedos en la que en pocas líneas describía muchos de los miedos a los que nos enfrentamos en nuestra vida, bien de forma puntual o recurrente… Reproduzco aquí algunos de los que señalaba y que son “viejos conocidos” por los que más de una vez me he dejado atrapar y arrastrar: “Miedo a que descubran cómo somos realmente y miedo también a que no lo hagan nunca. Miedo a estar solos y miedo a comprometernos para siempre con alguien o con algo. Miedo a morir y a vivir (que no es otra cosa que envejecer, que crecer). […] Miedo de cambiar y también de no hacerlo. Miedo de mirarte profundamente y hacerte responsable de lo que ves”.

La cantante, compositora y comunicadora Sheila Blanco, en Pájaros negros (recomiendo vivamente escuchar la canción), transmite de una forma desgarradora qué son los miedos. Como ella misma dice en la descripción del vídeo: “Los pájaros negros son una metáfora de mis miedos. Miedos que de pronto me abordan y se me agarran por dentro. El miedo, ese sentimiento que brota libremente y aprisiona. En este poema están concentrados el vértigo y la incertidumbre que siento en ocasiones a la hora de mostrarme, que es lo que para mí supone enseñar algo que he creado. Gracias a la admiración que tengo hacia estas autoras [las poetas del 27] y a lo tremendamente inspiradoras que han sido todas ellas para mí, he logrado, al menos por unos instantes, espantar a esos pájaros negros”. El estribillo de la canción es tremendamente gráfico:

Ahí vienen los pájaros negros a picotearme.

Ahí vienen los pájaros negros a pisotearme.

Ahí vienen graznando sus gritos a perturbarme

que se haga la luz y el silencio a salvaguardarme.

Esos “pájaros negros” que cada uno tenemos y que nos sobrevuelan y perturban seguramente nunca van a desaparecer y se pueden manifestar de formas diferentes a lo largo de la vida, como me dijo una psicóloga hace muchos años. Lo que tenemos que hacer es aprender a vivir con ellos y a no dejar que nos paralicen. Si algo he aprendido en esta pandemia es que vivir desde el miedo es no vivir, sobre todo, porque nos aleja del contacto con los demás y nos desconecta de las relaciones. Pero vivir de espaldas al miedo tampoco es lo más aconsejable. El miedo nos da información, nos prepara para responder a una situación que percibimos como peligrosa. Aunque hay muchos miedos que nuestra mente construye y alimenta y que no son reales. El miedo nos puede llevar a ‘lugares’ no deseados.

En el Episodio I La Amenaza Fantasma de StarWars, Yoda le dice una frase memorable a Anakin Skywalker: “El miedo es el camino hacia el lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Percibo mucho miedo en ti”. Jorge Drexler en su canción La Guerrilla de la Concordia (bonito oxímoron) señala que: “El odio es lazarillo de los cobardes”.

¿Cuál puede ser el antídoto del miedo? Creo que el mejor para ese miedo que nos puede llevar al lado oscuro es el amor. Por eso, siguiendo el consejo de Jorge Drexler, “¡Armémonos de valor, hasta los dientes! El miedo salió de su fosa y hoy ¡amar es cosa de valientes!”.

Referencias

 

Homeostasis, el equilibrio de nuestra salud

La homeostasis es la capacidad que tiene cualquier organismo para equilibrarse, de tal manera que permite a cualquiera entrar una dinámica constante de autorregulación en la que compensa los cambios que se dan en el entorno.

Queremos mantener nuestro status quo

Todos los sistemas tienen un instinto conservacional que hacen que se resistan a los cambios y ante cualquier forma de transformación, o bien nos resistimos a ella, o bien nos adaptamos, generando así un nuevo equilibrio, Ya sabemos esa típica frase de “a lo que te resistes, persiste”, pero una cosa es saberlo y otra interiorizarlo, salir fuera de lo conocido produce miedo, frustración, rabia y un desasosiego muy grande en muchos casos, por lo que muchas veces se evade, se minimiza o se resiste al mismo. Son los llamados “mecanismos de defensa” que obstaculizan el poder satisfacer las necesidades y que en muchos momentos aparecen cuando aún no se está preparada/o para afrontarlas.

Homeostasis y sentimientos

La homeostasis psicológica, tiene que ver con tratar de balancear las necesidades, es decir, la capacidad que tiene el ser humano para satisfacer sus propias necesidades a través de las conductas que realiza. Si la necesidad se ve satisfecha, el resultado serán sentimientos de valencia positiva y si no son satisfechas, sentimientos de valencia negativa.

Pongamos por caso que te das cuenta que tienes sed, simplemente te levantas, vas a por un vaso de agua, lo bebes y después de ver si es suficiente para calmar la sed, te retiras para proseguir con tus cosas, el resultado será el de haber completado una necesidad, pero esto es más complicado de ver en otros ámbitos, por ejemplo, llevas tiempo durmiendo mal, con cansancio y con necesidad de bajar el ritmo de trabajo, puede que seas consciente de ello, pero que haya algo que interrumpa el ciclo de satisfacción de necesidades, esto puede ser por ejemplo: no darte ni siquiera cuenta del cansancio acumulado, actuar bajo alguna creencia fuertemente arraiga tipo “el trabajo es lo primero y no puedo descansar”, pensar que si te cuidas estás siendo egoísta etc.

El resultado, a la larga, de sostener esa necesidad no satisfecha, será una enorme insatisfacción que agota e incluso puede enfermar.

Perls, Hefferline y Goodman, en el libro: “Terapia Gestalt”, afirmaban lo siguiente sobre la definición de emoción: “La emoción es la consciencia inmediata e integradora de la relación entre el organismo y el entorno

La restauración del equilibrio

A los procesos que restauran el equilibrio, se les denomina desde la psicoterapia Gestalt, autorregulación organísmica, donde la persona recupera la capacidad de ponerse en contacto con sus necesidades internas, tanto físicas como psicológicas, y desde ahí se restablece la salud.
Pero como la única constante es el cambio, estamos todo el tiempo adaptándonos al entorno, y esta capacidad depende de muchos factores, tanto externos: condiciones socioeconómicas y socioculturales, como internos (carácter y recursos personales), y o bien se cambia la causa del malestar o restauramos el equilibrio. Para ello algunas pautas son:

– Aceptar el cambio sin oponerse a el, dilatarlo genera sufrimiento
– Averiguar qué cual es la necesidad prioritaria
– Averiguar que interrumpe la satisfacción de esa necesidad
– Tener una visión completa de la situación sin polarizar ninguna de las partes
– Pedir ayuda en el caso de que sea necesario

Privatizar lo emocional

Privatizar lo emocional

Privatizar lo emocional

Son muchas las ocasiones que en el espacio de este blog ciencia y ética se han estado dando de la mano. El punto de vista humanista de la aplicación de los conocimientos científicos nos lleva a buscar un uso de éstos que sirvan para el avance tanto individual como colectivo.

Aprovechando el calor de las tardes de este verano quiero compartir con todos vosotros algunas reflexiones en torno precisamente a esto, al uso ético de los conocimientos sobre la inteligencia emocional. Para ello y, todo hay que decirlo, causado por ello, me basaré en algunos trabajos que me han interesado mucho del filósofo surcoreano Byung-Chul Han. Dentro del conjunto de frases que me han impactado me quedo con las siguientes:

“La escucha tiene una dimensión política. Es una acción, una participación activa en la existencia de otros, y también en sus sufrimientos.”

“La alborotadora sociedad del cansancio es sorda.”

“La actual crisis temporal no es de aceleración, sino la totalización del tiempo del yo. El tiempo del otro no se somete a la lógica del incremento del rendimiento y de la eficiencia, la cual genera una presión para acelerar.”

“La estrategia del dominio consiste en privatizar el sufrimiento y el miedo, ocultando con ello su sociabilidad, es decir, impidiendo su socialización, su politización”.

Os invito a seguir leyendo sus reflexiones en su libro “La expulsión de lo distinto” en la Editorial Herder.

 

ESCUCHA

La primera reflexión que me viene es acerca de la escucha. El tiempo que nos dedicamos tengo la impresión de que disminuye cada vez más, así como la calidad de éste. Quedamos con otras personas, sí, a tomar algo, a hacer deporte o para ir de compras.  Pero no puedo dejar de ver en ellos un modelo más parecido a reuniones con guiones predeterminados, que a encuentros entre congéneres o hermanos (tomando prestada la acepción religiosa de la palabra).

En nuestras sociedades urbanas y tecnológicas sospechamos del azar de lo fortuito. De hecho, cuando se da de manera inevitable, nuestra inseguridad (o miedo a los desconocido) genera una actitud que no suele permitir la escucha, salvo que haya ciertos elementos que favorezcan la identificación del otro como “uno de los nuestros”. La escucha, así, se convierte en una transacción necesaria para mi propio beneficio o el de mi grupo. Pierde la gratuidad, la espontaneidad del que forma parte de una comunidad con el otro, ese prójimo que no conozco pero con el que me se conectado.

Sanitarios doblando la curva

La crisis reciente derivada de la pandemia nos ha ayudado a entender un poco mejor esa dimensión comunitaria. Ha sido a través del reconocimiento del valor de miembros de nuestra comunidad que han tenido un papel destacable como los sanitarios, los servicios de limpieza o las personas del sector de la distribución.

 

¿NOS HEMOS OLVIDADO DE LA DIMENSIÓN INTERPERSONAL DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL?

La segunda reflexión tiene que ver con la dimensión interpersonal de la inteligencia emocional. Creo que hemos olvidado que tan importante es la aplicación individual del autoconocimiento, la autonomía emocional o el autocontrol como el conjunto de habilidades que me permiten conocer, conectar y actuar en relación con las situaciones emocionales de los demás. Se habla mucho de las habilidades blandas en la empresa, o de métodos para la reducción de la violencia en las aulas pero seguimos sin aprender a trabajar en equipo, resolver problemas grupales o colectivos, entender el liderazgo como algo contextual para lo que todos deberíamos estar preparados.

Una de la claves que me hacen dudar de que como sociedad estemos dando el valor que tiene esta dimensión de la inteligencia emocional tiene que ver con que no hay sistemas que premien las ocasiones en las que las personas demostramos habilidades emocionales con los demás. Es más, es muy posible que lo que se premie sea justo lo contrario. Me gustaría aclarar que el sujeto de este sistema de premios y castigos es la propia sociedad.  Creo que puede resultar clarificador el ejemplo del uso de ciertas redes sociales, como Instagram, en la que el premio del “me gusta” suele estar vinculado con expresiones un tanto histriónicas de la propia individualidad.

 

DEL “YO CON MIS EMOCIONES” AL “EMOCIONES COMPARTIDAS”

Por último me gustaría señalar el resultado de este mercadeo privatizador que no es otro que el de la individualización que lleva al egocentrismo. La atención de mis necesidades emocionales por encima de lo demás como una incapacidad de entender la importancia del balanceo de mis situaciones con respecto de las de los otros. Esta individualización nos aísla, nos asoma al abismo de la soledad a través de la ficción de la autarquía personal, también en el plano emocional.

Soy plenamente consciente de que un párrafo no es espacio suficiente para desarrollar esta cuestión, pero sí para apuntarla.

Privatizar lo emocional tiene que ver con la falsa interpretación de una inteligencia emocional exclusivamente centrada en su dimensión individual. También tiene que ver con el mercadeo de la escucha, con sentirse con el derecho de no atender nunca las necesidades emocionales de los demás. Se trata, en definitiva, de primar mis necesidades a las comunes, mi comodidad al bien común. Pero, curiosamente, no se trata solo de priorizar mis emociones, sino específicamente aquellas que me hagan sentir bien, en una especie de espiral hedónica sin espacio para el malestar o para el sentido. Y todo ello a través de un sistema que nos hace creer que no hay espacio para el dolor, y mucho menos si es el ajeno.

Recuperar tiempo para el encuentro, para la escucha parece hoy un camino imprescindible de ser recorrido en una especie de itinerario silencioso, una nueva suerte de revolución de la reconexión comunitaria. Aprovechemos el calor de este verano para acercarnos emocionalmente a los demás y descubrir en nuestra escucha el espacio que nuestro entorno necesita…y que nosotros también.

 

Y se llama tristeza

Una simple llamada marca un surco imborrable.

Y el vinilo entra en bucle. Y la aguja de tu tocadiscos vital, patina. Intentas levantarla para saltar al siguiente tema, pero ella se agarra obstinada a ese surco.

Y la canción suena rayada. Una y otra vez te habla de “paraísos perdidos” (Ivan Ferreiro).

Un triste “ring” -a destiempo-, te despierta de tu anestesiante hiperactividad diaria.

Y se llama tristeza.

Resulta irónico. “Cuán presto se va el placer, cómo, después de acordado, da dolor”. ¿Verdad? Las creías paralelas, y resultaron ser vecinas, puerta con puerta, en tu día a día y en tu corteza cerebral (cuerpo cingular).

Y, de repente, todo se enlentece. Se aquietan tus pensamientos. Tus músculos y sus movimientos. Tu corazón y sus latidos. Y todo se repite, en bucle. Disco rayado.

Y lloras, porque estás triste. Y estás triste, porque lloras.

Y tu tono se hace más grave. Tu volumen vital, más bajo. Y se extiende el gris.

Y te repliegas y con ella te arropas. Y te preguntas qué sientes, y qué es para ti la tristeza. Y te duele porque-con esa respuesta- respondes a quién eres.

E intentas salir del barro tirando de tu propia coleta. Hacia arriba. Como el barón de Münchhausen. Porque quieres pasar página. Porque esa sensación de amargura te incomoda. Y te sientes frágil en este mundo de “likes” y de positividad. Y no tienes vacuna.

Intentas descifrar su código QR pero no tienes la app necesaria. Y rebuscas en tu “Google play” sin encontrarla. Porque no hay app disponible. Sólo versiones “beta”. Y tendrás que crear tu prototipo, y probar, y fallar para poder acertar. Do it yourself!

Pasar página… Pero no puedes hacerlo, sin leer la anterior. Sin ella, no hay forma de dar sentido al relato. Te perderías en tu trama.

Y tienes que leer esa página completa. Y con las arrugas, como surcos de lo leído, escribir la siguiente. Con grandes signos de admiración.

Porque el futuro, no está escrito.

Porque vivir es jugar.

Y mañana también saldrá el sol.

Confianza online