Inteligencia emocional

imagínate que tú también eres naturalista

Goethe es un naturalista que introduce en su vida el arte de la observación,

que puede aplicarse en diversos ámbitos, también en la escucha del otro y en la conversación,

conversación que iniciamos desde nuestro ser animal, con la empatía prendida,

para que la conversación se eleve,

y dejemos hablar de datos, y de tanto yo – yo – yo,

conectando con lo que tu historia mueve en mí,

para que lo nuevo, y el nivel ser humano, surja en la conversación,

sí, qué bueno,

imagínate que tú también eres naturalista, y te unes a esta conversación.

en el proceso de proponer unas mesas redondas para enlazar conversaciones que interesan a la comunidad, en las que participan personas como tú y yo, a las que no les encanta precisamente la situación de las cosas,

ya estemos hablando de salud o de educación, de participación ciudadana o de igualdad y desarrollo del tema de género, por no hablar del contubernio montado entre los poderes político, judicial y económico,

empezamos a contactar con aspectos fundamentales para que las conversaciones se desarrollen desde el respeto, y el cuidado por lo que puede surgir, por lo que es especialmente importante el tono con el que empezamos la conversación,

y el cuidado en nuestros comentarios hacia las personas que ahí nos juntamos, es por eso que buscamos una fórmula que vendría a propiciar una conversación empática, del tipo de

según mi experiencia personal …

yo siento que …

fórmulas sencillas que facilitan que aparezca una historia personal, una historia de vida, en vez de la teoría de la cosa, lo que yo sé porque he leído, o porque hay un estudio en tal universidad o centro de innovación que dice que,

ya que las conversaciones que desarrollamos en el futuro emerge tienen su base en la experiencia de vida y en la emoción, no en los datos, a nivel del corazón, no a nivel de la cabeza,

es por eso que el primer aspecto a cuidar en estas conversaciones es el tono,

que está asociado con el desde dónde desde el que operamos, cuál es nuestra intención de fondo, la intención más allá de nuestras palabras y de nuestra presencia en la conversación,

segundo aspecto a considerar,

y en eso estamos, recapitulando sobre la conversación que mantenemos el día anterior en Madrid, al olor de la lluvia, y nos preguntamos qué hacer cuando surge un tertuliano que es muy simpático, sí, muy ocurrente, sí, muy divertido, sí,

pero que se va continuamente a la cabeza, y enlaza una ocurrencia con otra ocurrencia, una historia con otra historia, y empieza a monopolizar la conversación, seguramente no nos hayamos dado cuenta, pero la cabeza está tomando su sitio,

no es ya el corazón el que interviene, o si interviene el corazón no es el corazón que respeta al otro, y deja que lo mío haga efecto, para que surja lo que lo mío influye en ti, es lo mío y más de lo mío,

por lo que es necesario introducir un factor corrector a estas situaciones, tal vez un tiempo pactado de antemano, del que las personas no se pueden pasar, y que limite la expresión de mi historia personal,

o un número de intervenciones de diferencia entre las personas que están en la mesa, calentando la conversación, imagínate el caso de que una persona ha intervenido 5 veces y otra no ha hecho acto de aparición,

¿cómo animamos a que no se dé el efecto espectador?,

porque buscamos que sean 5 personas las que inicien esta conversación, y se pueda extender a un colectivo mayor, 13 o 29 personas, imagínate un colectivo de estas características, calentando y tejiendo historias que dejan de hablar de lo mío,

y tienen en cuenta también lo que lo tuyo sugiere en mí,

y lo que to tuyo me hace sentir,

buen punto para que lo nuevo, lo que no es tuyo ni es mío, lo que forma parte del campo en movimiento, ese nosotros que va tomando forma, desde el respeto, desde el cariño compartido, pueda emerger.

   así lo vimos…

estas conversaciones, que podemos denominar generativas, tienen su principio en Goethe, un naturalista al que tal vez conoces por su obra literaria, Fausto, un naturalista que observa la naturaleza, y sus procesos de TRANSformación,

y promueve esa forma de estar en el mundo, imagínate que eres naturalista, y que observas la realidad a tu alrededor, y observando lo que a tu alrededor ocurre eres capaz de contactar con tu interior,

y de observar cómo te TRANSforma la conversación, porque no es sólo yo, yo, yo, también es lo que tú y tu vida, y todo lo que me rodea me toca, me conmueve, obrando la magia de la TRANSformación,

de ese se trata, personas que juntas llegan a un ajá, a una nueva comprensión, cada una la suya, a un punto diferente desde el que moverse en el mundo, algo nuevo ha surgido en la conversación que no estaba en el inicio,

no soy la misma persona, es la magia de la vida, llámale causualidades enlazadas, que obra milagros a mi alrededor, y en mi interior.

si tienes interés en este tipo de conversaciones, puedes revisar una entrada en la que introducimos los 4 reinos (el reino mineral, con el ser piedra, el reino vegetar, con el ser planta, el reino animal, con el ser animal, y el ser humano),

4 reinos con 4 niveles de atención, escucha y conversación bien diferenciados, qué interesante es observar que cada vez que conectamos con la cabeza y los datos el ser que habla por nosotros es el vegetal, tan cercano al ser piedra,

no es el ser más inteligente sino el más vegetal que vive en mí, que nos lleva a niveles inferiores en nuestra comunicación, ya que desde los datos y las teorías pocas veces conectamos con las otras personas (nivel animal, por medio de la empatía),

y con nosotras mismas, por medio de nuestra imaginación creativa, de nuestra intuición, y con la energía del campo (nivel ser humano), con nuestro propósito, y el propósito del grupo.

si tienes interés por el futuro emerge, tú también eres parte, puedes seguir este enlace.

7 emociones es un modelo de responsabilidad emocional creative commons inspirado por la teoría U de Otto Scharmer y por la teoría del color de Goethe que compartimos desde este enlace.

Ansiedad y perplejidad social

Enlace a la imagen, https://monsieurdevillefort.wordpress.com/2015/11/Vivimos en una época de incertidumbre. En sociedades anteriores a la nuestra, los seres humanos han vivido con un futuro tal vez más sombrío, pero la estabilidad de sus condiciones vitales – por muy negativas que fueran- les permitía pensar que el porvenir no les iba a deparar demasiadas sorpresas.  Podían pasar hambre y sufrir la opresión, pero no estaban perplejos. La perplejidad es una situación propia de sociedades en las que el horizonte de lo posible se ha abierto tanto que nuestros cálculos acerca del futuro son especialmente inciertos.

Así se expresa Daniel Innerarity en su último libro, Política para perplejos. Según Innerarity, nos hemos pasado mucho tiempo intentando racionalizar el diálogo y la convivencia, mientras lo ignorábamos casi todo acerca de cómo se estaban configurando los nuevos espacios emocionales.

El tema es serio, además de Innerarity, está concitando la atención de diversos pensadores y autores que han publicado La era de la perplejidad . Repensar el mundo que conocíamos.Y otros hasta han preparado Pedagogías para tiempos de perplejidad. De la información a la sabiduría con el desafío de empoderar a los sujetos humanos para que elijan y desarrollen su propio proyecto vital en los contextos complejos y singulares en los que viven.

Lo cual quiere decir que, como sociedad, seguimos en el empeño racionalizador de la modernidad, no hemos aprendido que todo lo que acontece en la vida social, las guerras, la economía, la política, la convivencia son como plantea Innerarity, y yo lo comparto, cada vez más asuntos primordialmente emocionales, espacios sentimentales donde se despliega la ansiedad, la ira o la confianza. Estas emociones y estados de ánimo son al mismo tiempo fuente de conflicto y vectores de construcción social.

Construcción social en el sentido de que son sentimientos y emociones colectivas con enorme fuerza transformadora, no arrebatos irracionales. Esta es una cuestión que desde este blog venimos narrando con insistencia, las emociones se configuran como fuerzas de transformación.

Innerarity, afirma sabiamente que debemos utilizar el gobierno de las emociones colectivas dado que contiene una fuerza que es clave para la transformación democrática de nuestras sociedades.

Estas reflexiones me llevan a recordar a Victoria Camps y su Gobierno de las emociones,  cuyo fundamento radica en la ÉTICA, en mayúsculas. Aunque Innerarity aquí no la menciona está muy presente en su obra.

Lo que sí menciona es que el aumento del desconcierto y la perplejidad viene aparejado a una disminución en la capacidad de comprensión de la sociedad, a la vez que se incrementa el poder de los afectos y las emociones como variable explicativa de la conducta social.

En este sentido, para él, el desconcierto y perplejidad política de nuestra época tienen que ver más con la incapacidad de reconocer y gestionar nuestras pasiones que con el orden de los conocimientos. No le falta razón, a nivel de emociones, la perplejidad se asocia con la permanente sorpresa para la que no estábamos preparados, nos descoloca y al no contar con las habilidades necesarias no sabemos reaccionar a tiempo, nos paraliza, y este no saber qué y cómo decidir nos sume en el sufrimiento de la ansiedad.

Alabo el acierto y astucia de Innerarity al utilizar la palabra perplejidad porque refleja fielmente el actual transcurrir de los acontecimientos de nuestra sociedad. Según la RAE, significa irresolución, confusión, duda de lo que se debe hacer en algo. Por otra parte, en la teoría de la información representa medida utilizada en la distribución de una probabilidad desconocida relacionada con la entropía, aquí la usaré como medida del desorden o desequilibrio de un sistema social, de capacidad de transformación y evolución.

Esto es lo que caracteriza a esta sociedad nuestra llena de incertidumbres e inseguridades. Pero tengamos en cuenta que cada sociedad, en cada época y contexto, genera su propia estructura emocional.

A este respecto, Innerarity identifica la ansiedad colectiva como uno de los sentimientos, personales y colectivos característicos de nuestras sociedades. Nuestro mundo parece ser más incierto, más inseguro y, por consiguiente, más ansioso que el anterior.  Los sentimientos son de las personas, pero los hay también en las sociedades, en las que se producen constelaciones emocionales, atmósferas afectivas, sentimiento generalizados que explican buena parte de los sentimos, expresamos o hacemos.

Sobre este tema recomiendo la siguiente lectura:», Eduardo Bericat¿Sienten las sociedades? Emociones individuales, sociales y colectivas en P. Fernández y N. Ramos (Coords.), Corazones inteligentes, Kairós 2002, pp. 121-144).

Sobre este tipo de ansiedad hemos hablado mucho en este blog, porque hay otro tipo de ansiedad que produce lágrimas que son perlas que caen al mar, que canta Nat King Cole al amor ausente.

Innerarity nos recuerda que el panorama actual es muy distinto, las condiciones inciertas del trabajo, el desconcierto que produce la volatilidad de los cambios, la dificultad de gestionar la información, la naturaleza de los nuevos conflictos como el terrorismo que representan una amenaza difusa e indiferenciada. Todo esto produce irritación, inseguridad y ansiedad. Sobre todo, por la dificultad de identificar los daños y protegerse contra ellos.

Un panorama en el que la ansiedad acerca del futuro personal y colectivo se convierte en una forma de miedo que carece de objeto de referencia, porque según Innerarity, hoy tenemos riesgos indeterminados y promesas de seguridad que funcionan como placebos, se mantienen las mismas viejas prácticas de seguridad que hoy tienen una eficacia limitada.

La perplejidad que todo esto produce es lo que explica el tono negativo que se ha apoderado de la política. Los agentes políticos nos cuentan historias de descontento y frustración, los discursos y mensajes transmiten con insistencia el supuesto de que va a ocurrir un desastre. La prevención se ha convertido en una estrategia clave.

Campañas de seguridad, sospechas hacia el emigrante, hacia el refugiado, detenciones indiscriminadas, vetos a la libertad de expresión y un largo etcétera que normalizan la desconfianza y la sospecha. Es este incremento de la sospecha el que acentúa la ansiedad en un bucle que se cierra sobre sí mismo, la vigilancia incrementa la sospecha, la sospecha, a su vez, impulsa a aumentar la vigilancia.

La desconfianza se encumbra como actitud generalizada detrás de la sospecha hacia los extraños. Este es un concepto que siempre me remite al fallecido Zigmun Bauman, que centró su último libro “Extraños llamando a la puerta” en la crisis de los refugiados, la perdida derechos y la política de construcción de muros en lugar de puentes.

En él culpa a los políticos de aprovecharse del miedo de los inmigrantes y pobres y escribe: “Esa crisis es, en el momento presente, una especie de nombre en clave políticamente correcta con el que designar la fase actual de la eterna batalla que los creadores de opinión libran sin descanso en pos de la conquista y el sometimiento de las mentes y los sentimientos humanos…”.

¿Qué podemos hacer para detener estos círculos infernales que desgarran el equilibrio emocional de las personas y las sociedades?

Es una buena pregunta que lanza Innerarity y buena es la repuesta que ofrece: Probablemente lo más revolucionario sea la serenidad, un valor que deberían cultivar nuestros gobernantes y deberíamos cultivar también entre la ciudadanía, o simplemente, en tanto que seres humanos.

Una reflexión de Innerarity que me ha llamado poderosamente la atención, y con la que estoy absolutamente de acuerdo, es que la ansiedad como emoción, fija a los sujetos en el momento presente y desmonta los sueños e ilusiones por un futuro mejor, además, con el aumento de la información disponible y su actualización impulsiva, podemos creer que estamos exonerados de ejercer la reflexión personalA la indignación suele faltarle reflexividad, está más interesada en denunciar que en construir, lo que limita su capacidad para generar iniciativas políticas.

Estoy de acuerdo, en la reflexión personal fallamos, invito a que desde la serenidad ejercitemos la reflexividad personal y colectiva y nos dotemos de una opinión crítica propia, estoy convencido de que con ello nos preparamos para afrontar la sorpresa y la perplejidad sin tanta ansiedad personal y social.

De Bilbao a Belbin vía Madrid

Hay viajes y viajes. De unos vuelves como te fuiste. Recolectas souvenirs en tu maleta y polvo en las zapatillas. Nada más. Sin cambios. Instalado en modo descarga.

Otros, sin embargo, te actualizan. Te ayudan a instalarte una nueva versión de ti mismo. Cambias.

Algo similar ocurre con las formaciones. Unas te dejan indiferente; otras te ayudan a cambiar. Mi último taller ha sido ejemplo de las segundas.

Cambiar soporta mal el imperativo. Dile a alguien ¡cambia! y el resultado será nulo. Hagamos la misma operación con “profesionalizar”. Mismo resultado. Comparten la aversión por el imperativo. Ambos requieren compromiso personal, energía y esfuerzo.

Esta semana he tenido oportunidad de profundizar en el modelo Belbin de trabajo en equipos gracias a la excelente facilitación de Eduardo Dulanto en Madrid (Eskerrik asko, Edu). Y me ha movido. Tomar distancia de la cotidianidad, te permite reflexionar con la ayuda de tus compañeras/os sobre el funcionamiento de los equipos y tus roles sean éstos preferidos, gestionables o evitados. Compartir espacio y tiempo con un grupo de 12 magníficas personas y profesionales, es una garantía (gracias a todas y todos).

Me acerqué a Belbin hace ya algunos años de la mano de Sabino Ayestaran, Olga Gómez,  e Innobasque mientras participábamos en un proyecto de formación-acción que dio lugar a “Equipos de Innovación: Motores de transformación social y económica en las organizaciones” https://www.innobasque.eus/uploads/documentos/Biblioteca/Transformación%20Empresarial/00E74F008DA939DC641D40778CBD2FECF50C6C08.pdf

Con este planteamiento participé de un equipo con muy buenos resultados.

Me sedujo su simplicidad: las personas en los equipos tenemos cierta predisposición a comportarnos conforme a determinados patrones (nueve roles según Belbin) que se sitúan en tres grandes categorías: roles sociales, roles mentales y roles de acción.

Entre los roles más sociales, se sitúan el coordinador/a (Maduro, seguro de sí mismo, identifica el talento), cohesionador (Cooperador, perceptivo y diplomático) e investigador/a de recursos (extrovertido, entusiasta, comunicativo).

Otros están más orientados a la acción, como los roles del impulsor/a (retador, dinámico), implementador/a (Práctico, de confianza, eficiente) y finalizador/a (esmerado, concienzudo).

Por último, otra gran categoría integra roles mentales como cerebro (creativo, imaginativo), monitor/a evaluador/a (perspicaz, estratega) y especialista (entregado, estudioso).

Todas las personas tenemos algo de todos ellos, en diferentes dosis, de la misma forma que todas compartimos las 24 fortalezas de las que nos habla Seligman en mayor o menor medida.

Hace ya unos años, de la mano de Marian Albaina en Bilbao, accedí al módulo básico Belbin gracias a un regalo de cumpleaños. Todavía recuerdo las risas de Markel y Nagore. “Ya te vale, Aita. Mira que pedir de regalo de cumple un cursillo …” -me decían-. Entonces pude completar el cuestionario de autopercepción y conocer mejor cuáles eran mis preferencias comportamentales.

Esta vez, en dos intensos días, nos hemos enrolado en Belbin. Nos hemos conocido mejor, hemos aprendido un lenguaje común, hemos accedido a herramientas y útiles para trabajar en equipos con mayor rigor y mejore resultado. En una palabra: hemos disfrutado de una experiencia de aprendizaje más allá de la formación clásica.

La propuesta de Belbin parece sensata: si los equipos son la clave para el desarrollo de las organizaciones, si la diversidad y complementariedad son puentes hacia un futuro “no escrito”. ¿por qué entre todas y todos estamos creando equipos que a nadie satisfacen? ¿por qué no aplicar método que mejore su eficiencia?

Quizá te parezca reiterativo. Quizá esté solemnizando lo obvio. Pero resulta evidente que nuestro funcionamiento en equipos tienen un amplio margen de mejora. El esfuerzo inútil conduce a la melancolía; y algo de esto nos ocurre cuando ponemos nuestro empeño en equipos que siguen el principio de Peters hasta conseguir el máximo nivel de incompetencia.El método no lo es todo; pero sin método, sin rigor, no llegaremos a nada. Tampoco en nuestros equipos.

Escape

Facebook: El Sótano Juegos

 

– Ahora entraréis todos juntos. Tendréis 60 minutos para encontrar la salida… o no… Nosotros estaremos observando en todo momento y veremos qué y cómo lo hacéis. Si se os hace más difícil de lo normal, podremos daros pistas y ayudas para que podáis continuar. ¡No perdáis ni un segundo! El tiempo vuela…

Esta introducción, junto con algunos avisos prácticos relativos al cuidado de las instalaciones y elementos decorativos, recomendaciones en cuanto a no forzar ninguno de ellos a sabiendas de que todo lo necesario para continuar se  podría encontrar sin necesidad de utilizar la fuerza, precedió a nuestra entrada en una  habitación octogonal que quedaría cerrada por fuera en cuanto el último, que era yo, cruzase el umbral.

Era domingo. Habíamos comido en un restaurante-asador en el que el txuleton es el protagonista estelar y donde el resto de la oferta gastronómica no le desmerece lo más mínimo. Celebrábamos el cumpleaños de mi hijo. A su novia se le había ocurrido la idea de que, como regalo, terminásemos la jornada juntos, haciendo algo diferente y original. Para él sería una sorpresa inesperada. Para el resto, la espera, un juego de malentendidos esquivos y disimulos cómplices para mantener la intriga del homenajeado y desviar su atención lo más posible. Finalmente lo logramos: él no consiguió adivinar qué íbamos a hacer, ni dónde, y los demás no sabíamos muy bien cómo iba a acabar la cosa.

Inmersos en la cuarta revolución industrial (Industria 4.0) las salas de escapescape rooms en inglés – se han desarrollado en sentido inverso a la tendencia actual de los últimos avances tecnológico-digitales. Su origen se remonta a la transportación a la realidad de los consolidados videojuegos. Un salto de lo virtual a lo real. Una versión narra que Takao Kato, estudiante japonés en 2006, echó un vistazo a la pantalla del ordenador de su compañera de clase y vio cómo jugaba dentro de una habitación virtual, buscando pistas con el ratón y resolviendo acertijos que la ayudasen a encontrar el utensilio necesario y definitivo que abriese la puerta que le impedía salir del recinto en el que estaba y así terminar la partida. El juego se llamaba Room Escape. Un año después, Kato lanzó su Real escape game y creó la compañía SCRAP CO.,LTD. (también SCRAP Entertainment, Inc.). Uno y otra, el juego y la empresa, son marcas registradas y se han expandido por  los cinco continentes desde el archipiélago nipón. Tanto que la página web que recogía el directorio de salas de escape en el mundo (escaperoomdirectory.com) ha dejado de actualizarse por falta de recursos y capacidad material de mantenimiento debido al incremento exponencial de estos locales. (Podemos hacernos una idea de cómo era este catálogo hasta su cierre entrando en el siguiente enlace:  http://escaperoomdirectory.com/old.html – versión de datación desconocida -, en el que se recoge un total de 105 países, 1.445 ciudades, 3.176 webs y 7.721 salas).

Según otras fuentes se atribuye el origen del juego a un grupo de informáticos de Silicon Valley en 2006, y el formato conocido en Europa a un húngaro residente en Budapest, Attila Gyurkovics, creador del juego Parapark en 2011, quien a su vez,

Se basó en la Teoría del Flow que había desarrollado Muhály Csíkszentmihályi, un psicólogo húngaro. Esta teoría está relacionada con el aprendizaje a través de los juegos y la felicidad. Esta teoría señala que si estás volcado en una actividad para tu propio disfrute, cuando hay un equilibro entre tus habilidades y los retos que te plantean, entras en un estado mental, donde todo fluye.

En ese momento, el tiempo vuela y las ideas van surgiendo libremente en tu mente.

Después de buscar pistas, encontrar y resolver acertijos y objetos varios que más tarde necesitaríamos, conseguimos abrir la puerta de la habitación octogonal que nos condujo a un nuevo espacio y este a otro, y a otro, y a otro… en los que encontramos entornos inesperados y sorprendentes, cancelas metálicas cerradas por cadenas con candados, puertas ocultas y pasadizos secretos a los que accedíamos tras resolver nuevos acertijos y recopilar distintas cosas que primero había que localizar. Finalmente, podríamos salir cuando el segundero del cronómetro estaba rozando el último segundo del último minuto que nos habían dado.

¿Pero qué es exactamente una sala de escape?

Básicamente, un grupo de personas se encierra voluntariamente en una habitación donde tienen que resolver una serie de acertijos para poder escapar dentro de un límite de tiempo establecido.

La diversión radica en que se ponen a prueba la inteligencia, capacidad de observación y el trabajo en equipo. En el caso de EE UU, pueden ingresar en la sala participantes que no se conocen entre sí, mientras que en Europa las reservas, de momento, son cerradas. (20 minutos).

 Aun teniendo su origen y orientación dirigidos al gran público para uso y disfrute lúdico, pronto algunos expertos supieron ver las oportunidades que brindaban a otros campos. La versión digital del diario Expansión da cuenta del ámbito empresarial:

(…) la rapidez mental y, sobre todo, el trabajo en equipo son las mejores llaves para descifrar el acertijo y conseguir escapar. Ahora los escape room llegan a los despachos de los ejecutivos para trabajar el liderazgo, aprender a delegar y a gestionar los distintos talentos. Es una de las tendencias que se está practicando en las empresas en materia de gamificación, una práctica que se lleva a cabo en el 70% de las compañías de la Global 2000 List, según Gartner. De hecho, la consultora asegura que el 50% de las empresas integrará el juego en sus procesos en los próximos años.

 Al margen de la fagocitación de estos juegos por parte de las áreas de selección y formación empresarial, el mundo educativo también se ha subido al tren con un enfoque lúdico-didáctico. Ya sea por Takao Kato, los informáticos de Silicon Valley o el nuevo Attila, esta versión enclaustrada de las tradicionales yincanas, ha venido para quedarse.

Provistos de nuestros sombreros de fantasía, una cabeza de muñeca, un flamenco, un corazón-almohadón y un colosal reloj de bolsillo las sonrisas traslucían nuestro estado de ánimo. ¡Cuánto puede acercarnos y enriquecernos disfrutar por sesenta minutos de una aventura que nos hace buscar, pensar, descifrar, solucionar y cooperar para, juntos, avanzar! Y, sobre todo, experimentar y sentir.

Escape Rooms – Salas de Escape en Euskadi

 

El peso de la vida

Recientemente he visto una película, Siete Almas (Seven Pounds), que me ha dado mucho que pensar. La sinopsis de FILMAFFINITY dice lo siguiente:

“Ben Thomas (Will Smith), un inspector de Hacienda de Los Ángeles, se pone en contacto con algunas personas para ayudarlas, pero las razones que lo mueven a actuar así son un misterio. Sin embargo, cuando conoce a Emily Posa (Rosario Dawson), una joven enferma investigada por hacienda y empieza a sentirse atraído por ella, sus inconfesables planes se tambalean”.

Quien no quiera que le ‘destripe’ la película que no siga leyendo (tengo fama de spoiler), aunque merece la pena verla en cualquier caso. El título original, Seven Pounds, parece que hace alusión a la obra El mercader de Venecia de Shakespeare.

El suicidio hoy en día sigue siendo un tabú porque supone el traspaso de muchas fronteras. Para empezar implica ir en contra de nuestra programación biológica de preservar la vida. Socialmente supone un cierto estigma, conlleva un silencio culpabilizante. Éticamente genera muchas preguntas. Legalmente tiene reconocimientos diversos… “El suicidio en España no está penado aunque sí lo está en otros países donde se considera a la persona como un bien o propiedad del Estado. Lo que sí está castigado por el Código Penal (CP) en su artículo (Art.) 143.1 y 2 es la inducción al suicidio (4-8 años de prisión) y la cooperación al suicidio, siempre que se haga con actos necesarios (2-5 años de prisión)” (Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, 2012, p.279).

Además, en torno al suicidio hay asociados muchos mitos y falsas creencias, como que es fruto de una enfermedad mental; que es hereditario; que no se puede prevenir; que la persona con una conducta suicida desea morir; que quien lo ha intentado nunca dejará de hacerlo; que quien habla de ello nunca lo realizará; que quien lo quiere hacer de verdad no lo contará; que es un acto de cobardía (o de valentía); etc. (Alastuey, 2015). Los medios de comunicación tienen una poderosa herramienta pedagógica social en este tema. “Por su influencia en la opinión pública, los medios de comunicación pueden ser una herramienta muy útil para la normalización a la hora de hablar de la muerte por suicidio, porque, en primer lugar, pueden ayudar a romper el tabú y la estigmatización que se crean tanto respecto a la persona que muere como en relación con sus familiares y entorno, así como para combatir estereotipos” (Consejo del Audiovisual de Cataluña, 2016).

El duelo por suicidio es muy complejo. Quienes sobreviven al suicidio, las personas cercanas, tienen que hacer frente a muchas emociones. Quizá lo más difícil de manejar sea, por un lado, la culpa y, por otro, la rabia. “Para los supervivientes, la aceptación tarda más en llegar. Y puede hacerse más evidente el estado de enfado y de rabia por no poder evitar la pérdida. Se buscan razones causales y culpabilidad, y es ahí donde puede aparecer la rabia, e instalarse; y quedarse…” (Tiana Sastre, 2017, p.4)

Seguramente es difícil aceptar que no siempre se puede evitar ni prevenir. “El suicidio es un acto individual, que forma parte de la conducta humana y que en muchas ocasiones desgraciadamente, no se puede evitar precisamente porque se produce por un acto voluntario y definitivo de la persona que lo acomete, se encuentre o no en un estado de claridad mental” (Alastuey, 2016, p. 10).

Todo lo relacionado con el principio y el final de la vida son los grandes temas de la bioética. Hay mucho debate al respecto. Diego Gracia, que es un gran referente en este campo, en una entrevista, a la pregunta de si llegado el caso de que le diagnosticaran na enfermedad degenerativa pediría ayuda para morir, responde que: “Las personas que lo piden me merecen el máximo respeto, siempre y cuando hayan tenido antes todos los medios para evitar el sufrimiento. Porque en cuidados paliativos se suele decir, y tienen bastante razón, que cuando una persona que sufre dice que quiere morir, lo que está diciendo es que quiere vivir de otra manera”.

Según DSAS (Después del Suicidio – Asociación de Supervivientes) “el suicidio es el resultado de un terrible sufrimiento emocional interno. Nadie quiere morir y los que mueren por suicidio tampoco, si hubieran encontrado otra salida en su mente a su sufrimiento”. Esta es la razón por la que he titulado esta entrada El peso de la vida, podría añadir y de la culpa. El protagonista de Siete Almas lleva un sufrimiento tal que la única salida que ve es ‘dar la vida’ a siete buenas personas como reparación de las siete muertes que ha causado por su negligencia al volante. Su acción puede ser cuestionable pero está claro que es fruto de una decisión meditada y planificada. Actúa en conciencia, haciendo lo que cree que debe de hacer… ¿quién puede juzgar esto?

Bibliografía

LOS PADRES Y MADRES ROBOTS

Después del último post  que escribí que llevaba por título Los niños y niñas robots, un comentario que hizo un compañero del CIE sobre el mismo, me llevó a una reflexión que expreso aquí.

Serian mejores padres y madres ¿unos adultos humanoides que puedan crearse en el futuro? No al estilo de la película Yo Robot que protagonizó Will Smith, sino al estilo de la película Inteligencia Artificial a la que hacía alusión en el artículo anterior. Siguiendo con estas referencias cinematográficas, también podemos ver alguna idea al respecto, en la película: El hombre Bicentenario que protagonizó el ya fallecido Robin Williams.

Pensemos por un momento, si lográsemos crear unos humanoides que pueden esbozar algunas emociones, aunque sea de forma primitiva y básica (parece que se está logrando) y esto lo unimos a la racionalidad de un excelente sistema operativo. Esta combinación no generaría mejores decisiones y por lógica, ¿no se evitarían de esta manera los errores que comentemos los progenitores actuales con los más pequeños?

Cuando un padre y una madre toma una decisión, lo hace siempre tomando como referencia dos polos: uno es el que tiene que ver con las emociones radicadas en nuestras propias experiencias vividas como hijos. El otro extremo de este supuesto péndulo se encuentra en la información que vamos adquiriendo: artículos que leemos, experiencias que conocemos, la propia evolución socio cultural, etc. En ese movimiento pendular (que yo denomino Movimiento Emoin), radica la base de toma de decisiones en relación con la crianza de nuestros más pequeños. A modo de ejemplo: si nos situamos más en la parte de las emociones asociadas a nuestros recuerdos y poco en la información que tenemos, puede ocurrir que, como padre, le compre todos los caprichos que quiere a mi vástago, porque sentí de pequeño que mis amigos tenían más cosas que yo y eso me hacía sentir inferior, aunque a la vez sé que, como educador, esta decisión (cuando el péndulo se sitúa en la parte de información) puede generar un niño o niña egoísta con un pobre manejo de su frustración. Esa decisión que yo tomo influirá de una manera determinante en el comportamiento de ese menor. Si por el contrario, nuestra toma de decisiones educativas se basa demasiado en la información que tenemos y poco en nuestras experiencias emocionales como hijos e hijas, esto nos llevaría  a conectar y empatizar muy poco con las emociones de los menores.

La idea de una buena toma de decisiones, es encontrar el equilibrio y la cadencia del Movimiento Emoin adecuada y que nos permita tomar las mejores decisiones posibles. Al menos eso, es lo que parece que en un futuro no muy lejano nos ofrecerá la I.A. Esos humanoides, podrán manejarse de una manera mucho más acertada, generando un   equilibrio Emoin perfecto y que por esto mismo tomarán las mejores decisiones posibles en la crianza de los niños y niñas. Si esto fuese así, nuestro papel quedaría relegado a meros creadores de vida ya que de forma acertada (incluso seguro que habría una legislación al respecto) se trasladaría la responsabilidad de la educación de los más pequeños, a estos robots del futuro.

Si esto sucede así, esta educación robótica evitaría todos los problemas de comportamiento, violencia, inmadurez…en definitiva de salud mental  que nos encontramos en nuestros días con lo más jóvenes y por ende en su yo adulto. Se acabaría también con las consecuencias que producen esos progenitores negligentes y poco capacitados para educar. En definitiva, ¿serían mejores los niños y niñas criados así? ¿Serían más felices? ¿Lo seriamos nosotros? ¿Tendríamos una sociedad emocionalmente y comportamentalmente más sana?

 

La perfección no existe, es una trampa emocional.

Este post no me gusta, lo repetiré, y una vez escrito tampoco me gustará y lo volveré a escribir, y así sucesivamente, y posiblemente no lleguéis a leerlo.

Esto podría ocurrir si yo fuera un maníaco perfeccionista, un perfeccionista patológico.

Afortunadamente no padezco ese mal, me gusta hacer las cosas lo mejor posible dadas las circunstancias del momento, me gusta poner atención a los detalles y que lo que hago tenga sentido y armonía, no me obsesiono con la perfección, por eso este post está escrito como está y podéis leerlo.

¿Existe la perfección? ¿La ha visto Usted? ¿Ha podido sentirla? ¿Puede describirla? ¿Cómo es? Ante preguntas como estas, cada persona responderá de diferente manera por la sencilla razón de que cada cual mide la perfección de diferente manera. Depende de las vivencias y experiencias particulares. Este párrafo forma parte de un reciente artículo de Luis Llorente en RRHHDigital.

En mi opinión la perfección forma parte de los males que aquejan a nuestra sociedad. Es un dictamen, un mandato cultural -y empresarial- por el cual se nos ha exigido buscarla sin descanso en la consideración de que siempre se puede mejorar más y más y más,….lo cual sólo genera ansiedad y frustración. La perfección total no existe, su búsqueda es un camino al infinito. Una trampa del capitalismo consumista que promete la perfección y la felicidad.

Sobre esta cuestión escribe con amplitud Gilles Lipovetsky. En su libro La sociedad de la decepción analiza las sociedades hipermodernas:  Aparecen como sociedades de inflación decepcionante. Cuando se promete la felicidad a todos y se anuncian placeres en cada esquina, la vida cotidiana es una dura prueba. Más aún cuando la «calidad de vida» en todos los ámbitos (pareja, sexualidad, alimentación, hábitat, entorno, ocio, etc.) es hoy el nuevo horizonte de espera de los individuos. ¿Cómo escapar a la escalada de la decepción en el momento del «cero defectos» generalizado? Cuanto más aumentan las exigencias de mayor bienestar y una vida mejor, más se ensanchan las arterias de la frustración. Los valores hedonistas, la superoferta, los ideales psicológicos, los ríos de información, todo esto ha dado lugar a un individuo más reflexivo, más exigente, pero también más propenso a sufrir decepciones. Después de las «culturas de la vergüenza» y de las «culturas de la culpa», como las que analizó Ruth Benedict, henos ahora en las culturas de la ansiedad, la frustración y el desengaño.

Ante esta cultura del cero defectos y búsqueda de la perfección, la persona perfeccionista nunca estará satisfecha, no parará en su empeño de buscar algo mejor, y al no lograrlo se frustrará y sufrirá.

Bien es cierto que podemos ir mejorando aquello que hacemos basándonos en los conocimientos y experiencias que vamos adquiriendo en el proceso, pero sin la pretensión de alcanzar la perfección, porque no existe. Además, éste empeño nos hará perder la atención en la armonía del conjunto y disfrutar del camino, de la elaboración de cualquier tarea que emprendamos.

La búsqueda de la perfección no sólo es una lucha interna, también lo es con quienes nos rodean. Se convierte en una obsesión, Llorente la define con acierto como trampa emocional. Para la persona con obsesión perfeccionista, siempre habrá algo mejor, lo que hace, siempre será mejorable, lo que tiene nunca será lo perfecto, las personas que le rodean siempre cometerán errores, serán inútiles, torpes, y querrá cambiarlas, al no conseguirlo sólo sentirá dolor y sufrimiento.

La perfección -como acción insistente y repetitiva- tiene una curiosa paradoja, puede producir parálisis. La persona perfeccionista entrará en un bucle cognitivo de  pensamiento y creencia de que aquello que hace se puede hacer mejor, repitiendo el proceso una y otra vez, y no avanzará.

Las personas perfeccionistas pueden querer ocultar con su auto exigencia y en su búsqueda de la perfección, su incapacidad para aceptarse tal como son, sus debilidades, sus limitaciones, su inseguridad, su insuficiencia ante sus retos, en definitiva, su vulnerabilidad. Y no es cosa baladí, porque la perfección patológica puede generar un sinfín de malestares emocionales, problemas de salud y de relación social, de tal manera que suelen verse atrapadas por comportamientos prepotentes y de desprecio a los demás, incluso pueden convertirse en personas agresivas.

Decepción, frustración, tristeza, rabia, estrés, ansiedad, culpa, vergüenza y miedo, son algunos de los estados emocionales escondidos en su trampa emocional.

La frustración debida a no conseguir la perfección puede estar provocada por la falta de adecuación de objetivos y expectativas, y a no contemplar la realidad temporal y del entorno. Es el camino “perfecto” (¿existe algún camino perfecto?) para la permanente queja y la desilusión.

¿Cómo poder evitar esa frustración y decepción? Con optimismo. Apoyarse en la autenticidad, en la humildad, en la constancia, y sobre todo, tratando de revisar y recalibrar los objetivos y expectativas. Con la idea de que para muchas situaciones y problemas de la vida no existe la solución ideal. Valorar lo que se tiene y lo que se hace, bien o mal.

Perfeccionista, disfruta de lo que haces, de lo que tienes, no busques la perfección, sí hacer lo que hagas lo mejor posible, dadas las circunstancias, de manera digna.

Bueno, como veréis, ni estas recomendaciones son perfectas, ni este post es perfecto, ni tiene por qué serlo.

Mendizale Eguna. Elkartasunean Mendia Bide

Afirmaba Gioconda Belli que “La solidaridad es la ternura de los pueblos” ¡Qué gran verdad! ¡Cuantas veces la he escuchado en boca de los Celtas Cortos.!

El viernes 4 de mayo se volvió a hacer realidad. La gente del Mendizale Eguna lo organizó en el Txoko Eutsuna donde más de 20 personas vivimos por un tiempo en baltí. Akhon Ishaq con sus confidencias, sus lecciones de vida y sus guisos lo hizo posible. Juanlu nos convocó: sus colegas engrandecen su figura recordándole año tras año desde hace catorce, su última cumbre.

Lo hicimos de otra manera. Akhon nos acercó Karakorum a Patxi Bengoa y Etxebarri se hizo Etxebaltí. A ocho mil kilómetros de distancia de la tierra de los ochomiles. Entre fogones, rompimos la barrera de la distancia y superamos “males de altura”. Disfrutamos de otras miradas sobre otras realidades, chapoteando entre chapati y gestos de ternura, entre solidaridad y arroz, aderezados con especias y cariño. Compartiendo relatos. Escuchando vivencias baltíes. Experiencias en primera persona entre grandes montañas en una tierra gigantes.

Hablamos de ascensiones en precario, y de la vida del porteador al servicio de expediciones -a veces- sin escrúpulos. De glaciares y de mitos ochomilescos. De relatos que dulcifican una realidad a veces cruel, y otras dramática. De peregrinar todos los días por más de una hora hasta escuelas sin profesorado en la esperanza de tener algún día clase. De lo que significa terminar la escolaridad sin saber escribir tu nombre. De lo difícil que es ser mujer donde serlo significa menor esperanza de vida, menos oportunidades de aprender, abandono escolar y matrimonio temprano.

Compartimos anécdotas y emociones mientras amasábamos harina de trigo. De la incredulidad general cuando se construyó la tubería que llevaría agua potable, por fin, a las casas de un Valle a 3.000m sobre el nivel del mar. “No les creáis -decían algunos-. Os quieren engañar. El río siempre ha bajado el agua desde la montaña. ¿Cuándo has visto que la suba?” De las ventajas de disponer de agua potable. Y de la pérdida de un espacio de libertad y confidencias para las mujeres como era la recogida de agua.

De la alegría primaveral porque las manos de las niñas y niños vuelven a su ser abandonando la roja hinchazón producto del frío invernal.

De valores de la montaña. De no abandonar a su suerte a quien te necesita, a pesar del instinto de supervivencia. Del dolor de perder amigos. De optimismo respecto al futuro, de fortalezas presentes, de la capacidad de sobreponerse.

Sobre la educación como palanca para el cambio y del cambio de la educación para transformar la sociedad. Sobre el empoderamiento de las mujeres del Valle.

Más tarde, ya entre arroces y pollo, nos asombramos con el 8 de marzo, cuando las mujeres del Valle se unieron a la movilización feminista global, celebrando por primera vez en su historia el día internacional de la mujer.

Y de la creación de la Asociación de Mujeres del Valle como instrumento para reivindicar sus derechos. Nos alegramos con las mujeres baltíes que comienzan a ocupar espacios e incorporarse a la vida pública

Mendizale Eguna. Sentitu Pentsatu Ekin. En la cabeza. Y en laspiernas. Para escalar. Y en las manos para luchar. Y en el corazón. La ternura de los pueblos …

Redes Sociales: emociones a flor de piel

A estas alturas de la película, parecería anacrónico preguntarnos qué son las redes sociales (social media). Pero, ¿sabemos realmente qué son, quién está detrás de ellas y de qué modo influyen en nuestro día a día?

Sabemos que son sitios o plataformas de internet que nos permiten conectarnos con amigos y familiares, entablar nuevas relaciones de un modo virtual y compartir e interactuar con todos ellos intercambiando información, datos y contenidos en diferentes formatos (texto, audio, fotografía, vídeo). También creamos comunidades sobre intereses comunes: trabajo, tiempo libre, lecturas, juegos, amistad, aficiones, relaciones amorosas, relaciones comerciales, etc.

Si nos detenemos un momento, podemos hacernos estas preguntas:

  • ¿Qué redes sociales uso?
  • ¿Qué comparto en las redes?
  • ¿Con quién?
  • ¿Para qué?
  • ¿Cuánto tiempo estoy conectado?

Una característica de estas herramientas de comunicación que las diferencia de las precedentes es su grado de transmisión de información de quien las utiliza. Si me acerco a un quiosco – especie en peligro de extinción – a comprar una revista, saludo a la persona encargada, elijo mi revista, la cojo, la pago, me despido, me la llevo y ya buscaré el momento para leerla. La persona que me la ha vendido me conocerá si soy cliente habitual o se olvidará de mí en breve. Y hasta ahí todo intercambio de información sobre mí.

Si leo la versión digital de esa misma publicación desde cualquier dispositivo con conexión a internet (teléfono inteligente, tablet, ordenador, etc.) estoy transmitiendo sin apenas darme cuenta quién soy, dónde vivo, dónde estudio o trabajo, dónde estoy, con quién, cómo voy, qué me gusta y qué no, a qué hora y qué leo, cuándo duermo, quiénes son mis amigos y familiares, cuál es mi orientación sexual, religiosa, política…

Habremos oído también hablar de Big Data. Big data (en español, grandes datos o grandes volúmenes de datos) es un término evolutivo que describe cualquier cantidad voluminosa de datos estructurados, semiestructurados y no estructurados que tienen el potencial de ser extraídos para obtener información.

Todos estos datos se:

  • Capturan. A través de Móviles, páginas Web, Wi-Fi, Bluetooth, GPS, Smart TV, cámaras de vigilancia de tiendas, bancos, en la calle…
  • Transforman. A través de Plataformas que organizan la información: extraer, transformar y cargar (ETL – Extract, Transform, and Load)
  • Almacenan: en gigantescas Bases de Datos
  • Analizan. Asociación y combinación de datos
  • Visualizan. A través de mapas ordenados y perfectamente clasificados según los criterios que se deseen aplicar

Son innegables y obvios los usos positivos que se pueden dar en beneficio de la población, el progreso y el bienestar a esa ingente acumulación de información. En el campo de la investigación: medicina, ciencia espacial, todo tipo de tecnologías, maquinaria, medio ambiente, y en el ámbito comercial, con publicidad y marketing a la carta, ajustada a nuestras necesidades y posibilidades. Pero no podemos pasar por alto que, como en otros ámbitos, los amigos de lo ajeno, delincuentes, piratas informáticos – hackers – , grupos de poder, grupos de influencia anónimos (= manipuladores de opinión: noticias falsas – fake news , cadenas xenófobas o discriminatorias de minorías, etc.), pederastas, proxenetas, traficantes de personas, drogas y armas, etc., también se frotan las manos con las posibilidades que les brinda esta acumulación de datos.

Recientemente, las noticias se han hecho eco del escándalo protagonizado por Facebook y la transferencia ilegal (¿vendidos?) de datos de más de 50 millones de sus usuarios a la consultora Cambridge Analytica, que posteriormente fueron utilizados (¿vendidos?) para uso del actual inquilino de la Casa Blanca en su campaña presidencial, y durante la campaña del referéndum del Brexit británico: publicidad política a la carta (¿manipulación?). Anteriormente, en 2015, también se había dicho que Barack Obama había hecho uso de este tipo de datos en su campaña electoral.

En lo tocante a la difusión de rumores, noticas falsas (fake news) y cadenas de todo tipo para manipular la opinión pública es flagrante la utilización torticera de la información para incidir directamente en nuestras emociones, comenzando por la sorpresa, para después hacerlo sobre todo en las denominadas como negativas: tristeza, miedo, asco e ira.

En el mensaje que el Papa Francisco ha preparado para la 52 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebrará el próximo 13 de mayo, titulado “«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32). Fake news y periodismo de paz”, reflexiona sobre estos temas y recalca que la tergiversación de la verdad no es un fenómeno moderno. Es tan antigua como la propia humanidad. Han cambiado las formas y los medios, pero la responsabilidad no deja de ser individual. La alteración intencionada de la verdad, la transmisión de medias verdades, mentiras disfrazadas de verdades, o el uso injusto de la misma constituyen la esencia fundamental de este modelo de manipulación.

Los efectos que provocan en nosotros, y que nos pueden ayudar a intuir o detectar si nos encontramos frente a una noticia falsa, son siempre negativos: ansiedad, odio, hostilidad, discordia, división, guerra…

Tomar algunas medidas preventivas podría ayudarnos a no dejarnos avasallar por manipuladores externos. Entre otras:

  • Cuidado con lo que publicamos
  • Cuidado con nuestra privacidad
  • Cuidado con los permisos de las aplicaciones
  • Cuidado con los virus
  • Cuidado con nuestra identidad digital
  • Actuación frente a los acosadores

(Para más información a este respecto, es aconsejable visitar la web de la Oficina de Seguridad del Internauta).

Utilicemos con libertad las nuevas tecnologías, sin miedos pero con precaución, y asumamos nuestra responsabilidad personal en el uso de las mismas. Seguramente, a través del conocimiento y la especialización en el manejo de estas herramientas, también podremos contribuir a la creación de un mundo mejor.

¡Tropezar no es malo! ¡Y caer no es peor!

El pasado 24 de abril di una charla para el AMPA de un colegio que llevaba por título el que encabeza esta entrada. El mensaje central de la misma fue que no hay que tener miedo al error, al fracaso, ya que es lo que nos hace crecer y fortalecernos. Hay que aprender de los errores y de la frustración que nos genera no conseguir algo a la primera o tras varios intentos. Así se trabaja la resiliencia, la capacidad de salir reforzado de las dificultades.

Preparando la charla me encontré con un titular que da qué pensar: “Si su hijo pertenece a la Generación F (de flojos), la culpa es de usted”. Muchas veces los padres y madres sobreprotegemos a nuestros hijos e hijas, queremos evitarles sufrimientos y lo que les estamos haciendo es impacientes, intolerantes, poco flexibles, tendentes a la radicalidad, con baja tolerancia a la frustración… Les mantenemos dentro de una burbuja de cuidados que es irreal y puede ser dañina. Lejos de prepararles para el mundo les hacemos creer que son tan especiales que son muy frágiles. Muchos se sienten y actúan como si fueran el ‘centro del universo’. Es muy buena una parodia que hay en la red de una entrevista de trabajo a una millenial.

En el portal Faros dan algunas pautas que aquí releemos para desarrollar el hábito, la actitud, de tolerar la frustración que es como un músculo, se desarrolla con el ejercicio:

  • Dar ejemplo. Nuestros hijos e hijas aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos. Si nosotros actuamos con impaciencia o intolerancia ¿qué podemos esperar?
  • No darles todo hecho. Muchas veces es más fácil y rápido darles las cosas hechas pero así no les dejamos aprender. A mí me suele gustar decir que no hay otra forma de aprender responsabilidad que en la práctica. Libertad y responsabilidad son las dos caras de la misma moneda.
  • Educarles en la cultura del esfuerzo. Valoramos más aquello que nos ha supuesto un esfuerzo, aquello que hemos ‘sudado’. Cuando las cosas nos vienen dadas, ‘regaladas’, no siempre valoramos lo que suponen.
  • No excusarles permanentemente. Recuerdo que cuando mis hijos eran más pequeños en más de una ocasión me han pedido que les hiciera un justificante por una falta o por una tarea no realizada. En eso he solido ser tajante: “No, es tu responsabilidad y eso supone que tú respondes de ello. Si no has hecho/ido, asume las consecuencias. Como dice la canción: Acción, reacción, repercusión”.
  • No ceder ante sus rabietas. Ceder a una rabieta supone que el niño o niña te ha ganado la partida, y no es un buen aprendizaje sobre cómo se logran las cosas. No puedo evitar acordarme del genial anuncio de Vicks
  • Marcarles objetivos realistas y razonables. Los logros van generando confianza y seguridad en uno mismo. Por eso es importante que fijemos objetivos adaptados a la capacidad y madurez de nuestros hijos e hijas.
  • Convertir la frustración en aprendizaje. No hay emociones buenas o malas, todas nos dan una información importante para nuestro aprendizaje y crecimiento.
  • Enseñarles a ser perseverantes. La perseverancia es una gran virtud que forja carácter. Yo tengo una lema para mí que da nombre a mi blog personal, “Querer es Poder, Creer es crear”. Hay que tropezar y levantarse muchas veces para hacer algunos aprendizajes fundamentales.
  • Enseñar a identificar el sentimiento de frustración cuando aparezca. La clave de la inteligencia emocional, parafraseando a Mayer y Salovey, está en Identificar, Comprender, Usar y Regular las emociones propias y ajenas.
  • Enseñar al niño cuándo debe pedir ayuda. Es muy bueno hacer las cosas por uno mismo, ser autónomo; pero también es muy importante saber cuándo pedir ayuda porque nosotros solos no podemos enfrentar una situación o problema.
  • Enseñarle técnicas de relajación. Saber acallar el cuerpo y la mente es de gran ayuda cuando nos encontramos ante una situación adversa. Nos ayuda a pensar y actuar con mucha más claridad y serenidad.

Como educadores el gran legado que podemos dejar a nuestros hijos e hijas son raíces y alas. Nuestro amor incondicional y los valores que les transmitamos les servirán de ancla pero sin expandir sus alas no podrán seguir su propio camino.

Para terminar un extracto de una conferencia de Carles Capdevilla en el que nos habla de Educar con cinco sentidos (1. Sentido común; 2. Sentido del ridículo; 3. Sentido del deber / responsabilidad; 4. Sentido moral y 5. Sentido del humor).