Inteligencia emocional

Un Universo de Posibilidades

“El que ha llegado tan lejos como para dejar de confundirse,

ya ha dejado también de trabajar.” Max Planck

 

Suspendí con machacona insistencia física en 2º de BUP. Hasta que un ochentero día de junio se alinearon los astros y conseguí superar este reto en “suficiencia”. ¡Bendita adolescencia! No me considero especialmente supersticioso, pero sólo puedo atribuir aquel éxito a algún tipo de intercesión sobrenatural. ¿Chuletas? Ni pensarlo: me paralizaba la idea de que me pillaran “in fraganti”

Recibí el aprobado con desbordante alegría y -como no podía ser de otra forma-en una maniobra de escapismo digna de Houdini, me abracé a las letras con pasión.

Quizá pueda atribuir a un intento de reconciliación con esta disciplina la razón de algunas de mis últimas lecturas. Comenzó con un gato zombi y “Cómo explicar la física cuántica … la ciencia más loca explicada de forma sencilla” (Varios autores. Alfaguara 2016). Siguió con “CuestionesCuánticas” de Ken Wilber (Kairós, 2014).

Perdido el pasado sábado en una librería de Bilbao, me crucé con “El principio de posibilidad: cómo la física cuántica puede mejorar tu forma de pensar, vivir y amar” Mel Schwartz (Sirio, 2017). Como no podía ser de otra forma, caí en la tentación.

Su tesis: nuestra cosmovisión influye en todas y cada una de nuestras interacciones con el mundo. “Así como vemos el universo así actuamos en él” en palabras de Henryk Skolimowski”. Si aplicamos este axioma al modelo mecanicista, el mundo funciona como una máquina gigante llena de objetos separados, desconectados unos de otros que interactúan mediante relaciones de causa-efecto. Causalidad y determinismo son el santo y seña de este paradigma. Así se predetermina una flecha de tiempo que va del pasado al presente y al futuro según la cuál las condiciones actuales determinan las circunstancias del futuro. Nuestra adicción a la certidumbre y la ansiedad que esperamos ante lo incierto son su conclusión lógica. No podía ser de otra forma.

Más recientemente, la visión cuántica del mundo (su cosmovisión) encierra un discurso más optimista sin caer en la candidez, que nos permite repensar la realidad. Schwartz lo sintetiza en tres principios:

  • El universo está repleto de incertidumbre.¡Abracémosla! Heisenberg demostró que cuando se intentaba medir la posición y el momento de una partícula al mismo tiempo aparecían incertidumbres o imprecisiones. Las certidumbres tienen sus límites. Ahí residen las nuevas posibilidades. El futuro no está escrito. ¡Afortunadamente!
  • El universo se encuentra en un estado de puro potencial. ¡Estupendo! Mientras no sepamos cuál es el estado de un objeto cualquiera, en realidad éste existe en todos los estados posibles simultáneamente, siempre y cuando no volvamos nuestra atención hacia él para comprobarlo. Ya que la observación reduce el potencial a algo concreto. La incertidumbre implica potencialidad, ya que todos los resultados son posibles. Se trata, pues, de un proceso de creación de la realidad.
  • El universo es fundamentalmente inseparable.Un todo profundamente interconectado. Cada uno de nosotros somos extraordinarios en nuestra propia singularidad y unicidad y, al mismo tiempo, también somos parte de una totalidad inseparable y continua. El universo no está ahí fuera: somos parte de él.

“Los principios de la física cuántica nos permiten liberarnos del pasado del modo que elijamos hacerlo. La incertidumbre, la potencialidad y la inseparabilidad nos proporcionan la plataforma desde la que poder empoderarnos. Si estamos interconectados y el universo es incierto y se encuentra en un estado de cambio y flujo constante, ya no nos aprisionan las fronteras limitantes de la predictibilidad y abrimos puertas a nuevos potenciales”

Creo en el poder inspirador de las analogías para generar nuevas ideas y espacios a explorar. Llamémoslo metáfora, sinéctica … Lo he comprobado en el funcionamiento de grupos cuando superamos bloqueos relacionando conceptos aparentemente inconexos. Y el modelo cuántico me parece muy sugerente.

¿Decía inconexos? Para nada. Todo está conectado con todo.

Termino como empecé: ¿Cómo no podía ser de otra forma? Sí, podría haber sido de infinitas formas. Todo un universo de posibilidades a crear.

Algo poco conocido de las personas migrantes

Según el Diccionario de la Real Academia de la  lengua española, migrante es un adjetivo, también usado como sustantivo, aplicado a personas, cuyo significado es que migra. Y migrar, según la misma fuente, es trasladarse desde el lugar en que se habita a otro diferente. Esto es, dejar de estar en un lugar para estar en otro.

Puestos a extrapolar, podríamos decir que migrantes somos todas las personas cuando vamos a trabajar o estudiar cada día – habitamos durante un gran número de horas fuera de nuestro entorno más íntimo -, cuando participamos en algún viaje nacional o internacional – vacaciones, períodos de intercambio, bien por estudios, bien por trabajo, voluntariado, misiones, etc.-, cuando abandonamos el hogar familiar para emanciparnos o independizarnos, cuando hacemos mudanza por cambio de domicilio, etc.

Dentro de este grupo destacan de forma bien definida cinco colectivos con denominaciones específicas: quienes se desplazan por estudios (estudiantes en programas de movilidad), para disfrutar de sus vacaciones (turistas), quienes lo hacen por motivos profesionales: prácticas o misiones laborales en empresas u organismos internacionales (personal expatriado – los deportistas ocuparían un subgrupo con características propias), quienes colaboran en proyectos de cooperación y ayuda al desarrollo sobre el terreno (voluntariado) y aquellas personas que dedican su vida a la solidaridad y a la difusión de un mensaje religioso (misioneras y misioneros). Disponer de un sustantivo para definirlos e identificarlos, además del hecho de que tarde o temprano y, fundamentalmente cuando lo deseen, siempre podrán volver, los aleja del concepto de migrante. En el resto de los casos – desplazamientos cotidianos cortos, mudanzas, independización familiar, etc. – ni siquiera se nos plantea considerarlos como tales.

Una característica común a los cinco grupos diferenciados y etiquetados, y otros afines, aparte de tener un nombre propio, es la planificación y organización de sus desplazamientos – despedida y acogida incluidas -, de su regulación y cobertura legal, de sus  tiempos de estancia en destino, de las tareas a realizar, así como de su alojamiento y manutención, seguros médicos, de accidente, etc. con la correspondiente dotación económica mínima indispensable – habrá quien, no sin razón, desearía puntualizar más en detalle este aspecto – para hacer frente a todos los gastos derivados.

En este sentido, hasta el Foro Económico Mundial (World Economic Forum) recoge en un breve artículo las 11 cosas que se aprenden viajando y lo inicia con un viejo proverbio chino: Quien regresa de un viaje no es la misma persona que partió. Los consejos básicos que da resultan interesantes y útiles para el tipo de desplazamientos descritos.

Hechas las aclaraciones previas, si por el contrario aplicamos un criterio reduccionista, de orden geográfico con dimensiones difusas, denominaremos como migrantes exclusivamente a aquellas personas que se desplazan desde su lugar de origen – pueblo, ciudad, región, territorio, país, estado, continente – a otro en el que permanecerán durante un tiempo indeterminado, más largo que corto, y con escasas – o nulas – posibilidades de retorno.

En este caso también encontramos algunos sustantivos para definir subgrupos, entre otros: inmigrantes, emigrantes, apátridas y refugiados, cada colectivo a su vez subdividido en legales e ilegales. Los legales, aunque con dificultades, consiguen finalmente integrarse en mayor o menor medida en alguno de los grupos presentados más arriba. Los ilegales son triste portada de nuestros medios de comunicación día tras día, además de vergonzante arma arrojadiza de políticos de cualquier signo, reflejo de la irresponsabilidad colectiva de estados y sus asociaciones y, para colmo, pasto de las mafias que se aprovechan de su desgracia para obtener pingües beneficios traficando con vidas.

Homero consagró en la antigüedad la figura del migrante en Ulises (Odiseo). El rey de Ítaca, tras veinte años alejado de su hogar, los diez primeros como combatiente triunfante en la guerra de Troya y los restantes superando problemas y difíciles obstáculos y pruebas mientras intentaba regresar, ha inspirado a la psicología de finales del siglo XX (Joseba Achotegui Loizate en la década de los 90) para definir el trastorno de estrés crónico y múltiple, específico de la población migrante, asociado a las cuantiosas y variadas experiencias de duelo a las que se ve sometida, así como a las dificultades que debe superar para adaptarse a los nuevos contextos vitales: el síndrome de Ulises. (Recomiendo la lectura de Regreso a Ítaca de Arantza Echaniz Barrondo).

Adela Cortina ha acuñado un término que recoge magistralmente nuestra actitud frente a los distintos tipos de migrantes y despacha de un plumazo los prejuicios populistas que presuntos mal llamados políticos modernos pretenden inculcarnos: Aporofobia, el rechazo al pobre (Ediciones Paidós, 2017). Lo que nos aterroriza no son los migrantes, sino los pobres. Migrantes, al fin y al cabo, somos todas las personas del planeta.

Cuando nos vamos, nuestra vida continúa lejos de nuestra gente, pero la suya también, sin nosotros. Cuando volvemos no somos quienes se fueron. Tampoco quien se quedó permanece igual. En nuestro recuerdo lo que fue no es más que eso, un recuerdo – seguramente idealizado – de algo que no volverá a ser. Lo que todo migrante acaba experimentando lo reflejó Facundo Cabral en su canción:

No soy de aquí, ni soy de allá
No tengo edad, ni porvenir
Y ser feliz es mi color
De identidad

 

Lo que aprendí del perdón y la reconciliación

Cuando a principios de año recibí la invitación de Manu Arrue, sj para participar en el proyecto las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPERE) que la Compañía de Jesús quiere iniciar en el Loiola Zentroa del Santuario de Loiola algo me empujó a decir que sí, a pesar de que éste está siendo un curso especialmente duro con muchas clases, una asignatura nueva, etc. La formación inicial sonaba atractiva. Se nos decía que eligiéramos una herida que no estuviera muy sangrante para iniciarnos en la metodología. Se insistía en que no se trataba de una formación teórica sino de algo experiencial. Una conoce sus cicatrices y siempre queda la ligera duda de si están tan bien cerradas como crees… En cualquier caso, estoy convencida de que profundizar en el perdón es la mejor medicina…

Al acabar la formación inicial a quienes estamos dispuestos a acompañar talleres se nos dio la posibilidad de complementar la experiencia con un curso online de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya . Cada lectura, cada vídeo, cada tarea ha aportado un granito. Me ha mostrado una cara sobre el tema. Me ha hecho plantearme o replantearme alguna cuestión. Voy a destacar aquí algunos de los principales aprendizajes para mí, o los que me resultan más relevantes en este momento vital. Me voy a centrar, sobre todo, en el perdón.  Sobre la reconciliación únicamente diré que no es posible sin el perdón. Son procesos diferentes y no se pueden forzar; el perdón no necesariamente lleva a la reconciliación pero sí es un requisito imprescindible.

El perdón no es un acto, un suceso, es un proceso, sobre todo con uno mismo. Exige tiempo, mucha valentía y sinceridad con uno mismo y con los demás. Al igual que sucede con el duelo no hay un tiempo estándar, no hay tiempos máximos ni mínimos. Depende de la persona, de la ofensa, de quien la ha infligido, del momento, de las circunstancias… de tantos factores… Y no siempre son los mismos ni en la misma medida… Me ha resultado muy enriquecedor escuchar o leer experiencias de personas que han sufrido ofensas muy importantes, han seguido su proceso y han logrado perdonar e incluso se han acercado a la persona ofensora.

Casarjian (s/f, p.56)nos da unas interesantes claves:  “Perdonarnos a nosotros mismos es el proceso de: 1) reconocer la verdad; 2) asumir la responsabilidad de lo que hemos hecho; 3) aprender de la experiencia reconociendo los sentimientos más profundos que motivaron ese comportamiento y los pensamientos que hacen que nos sintamos culpables y continuemos juzgándonos; 4) abrirnos el corazón a nosotros mismos y escuchar compasivamente los temores y las peticiones de ayuda y valoración que hay en el interior; 5) cicatrizar las heridas emocionales atendiendo a esas peticiones de maneras sanas, amorosas y responsables, y 6) poniéndonos del lado del Yo y afirmando nuestra inocencia fundamental. Puede que seamos culpables de un  comportamiento determinado, pero nuestro Yo esencial es siempre inocente y digno de amor”. Somos personas dignas de amor, el amor es la clave. Y el amor empieza por el amor a uno mismo. Al decir esto pienso en una escena de la película Angel-AMira en el espejo, ¿qué es lo que ves?

Todas las ofensas son importantes porque han causado una herida. Una herida mal curada puede causar muchos problemas, aun siendo aparentemente muy pequeña. Ofendemos y somos ofendidos. Nos causan dolor y causamos dolor y no siempre es por maldad. Hay ocasiones en las que ni siquiera somos conscientes del mal que hemos hecho o de lo que ha supuesto para la otra persona. Las ofensas dejan cicatriz pero hay belleza en las cicatrices. Al fin y al cabo… qué es la belleza. Las personas más bellas, para mí, son aquellas que lucen sus cicatrices, sin exhibicionismo, sin rabia, sin rencor, con elegancia y serenidad.

Quien perdona es la víctima. Como dice Etxeberria (2001: 14): “Quien perdona, en su sentido más estricto, es, según se acaba de avanzar, la víctima, quien ha sufrido injustamente un daño (corporal, psíquico, simbólico-cultural o material) provocado intencionadamente por otra persona a la que, en genérico, llamaré ‘victimario’. Nadie puede perdonar a éste por delegación no otorgada, sustituyendo a quien ha recibido la ofensa “. Hay ofensas que son imperdonables porque son irreparables: el asesinato, la tortura, el genocidio, etc.

Hannah Arendt acuñó la expresión de la “banalidad del mal” haciendo referencia a que el mal es algo en lo que todos podemos caer; cualquiera puede cometer la brutalidad más tremenda, no es necesario un corazón cruel o unas intenciones perversas, basta con dejar de preguntarse y discernir.  Morgado Bernal (2018) añade una visión interesante, “acostumbrarse a vivir con el mal no necesariamente significa banalizarlo. Si así fuera, quienes vivimos en países desarrollados también lo haríamos al aceptar con cierta normalidad el estado de pobreza y calamidad en otras partes del mundo e incluso en nuestro propio entorno, pues no dejamos de tomar un café caliente con tarta de manzana en una cafetería porque haya un pobre mendigo muriéndose de hambre y frío junto a su puerta. Lo hacemos, no porque creamos que eso no es algo malo, sino porque remediarlo es algo que en general consideramos fuera de nuestro alcance”.

Perdón no es olvido. El perdón lo que nos trae es una nueva visión sobre los hechos y las personas. Para cambiar el relato hay que trabajar, además de con la memoria, con el pensamiento y las emociones. Y una vez más, para esto la clave es el amor. Me gusta mucho la viñeta de Gibi y Doppiaw (Autor: Walter Kostner) que abre este escrito. Para mí representa lo que es el perdón: transitar por el dolor para llegar al amor (a uno mismo y a los demás).

García Higuera (2010) señala unas etapas que hay que recorrer (puede que sea necesario volver hacia atrás y pasar de nuevo por alguna de ellas) para perdonar: 1) análisis y reconocimiento del daño sufrido; 2) elegir la opción de perdonar; 3) aceptación del sufrimiento y de la rabia; 4) establecer estrategias para autoprotegerse; y 5) una expresión explícita de perdón.

Para terminar, me quedo con uno de los primeros vídeos del curso “Perdonar. 7 mil millones de Otros”, , en el que se muestran testimonios muy diversos de personas de diferentes países.. Cada uno somos un mundo. A unos les cuesta más perdonar a otros menos. Todos tenemos heridas, todos causamos heridas. ¿Qué elijo yo aquí y ahora? ¿Perdono o alimento mi herida? ¿Me aferro a la rabia, la culpa, el miedo, la tristeza, etc. o me doy y doy una nueva oportunidad? ¿Estoy dispuesta a transitar por el dolor para llegar al amor?

Bibliografía

¿Y si dejas para mañana lo que tienes que hacer hoy?

Hace unos años compré un libro sobre la procrastinación, ese comportamiento que nos lleva a actuar de forma opuesta al conocido “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. La dependienta de la librería no conocía el término y en el momento del cobro leyó la sinopsis y me dijo, “este libro tengo que leerlo yo”.

En parte todos somos procrastinadores, aún cuando no usemos esta palabra que tiene su origen en época romana, todos postergamos algo, dejamos algunas tareas para para más tarde, como cuando aparece en la pantalla el mensaje que nos avisa de las actualizaciones de software  y respondemos “ahora no, avísame mañana”.

Lo cierto es que siempre he cumplido los plazos, más en cuanto soy consciente de que mi trabajo y mi tarea afectan a terceros, soy responsable, estricta, exigente y cumplidora. Pero ¿qué pasa con aquellas tareas que no tienen plazo marcado, o cuyo plazo depende sólo de mi, del inicio de las mismas? Cuidarme más, acudir a esa revisión del dentista pendiente, dar forma a ese libro esbozado en mil y un borradores, tener más tiempo para mi…

¿Se es procastinador por falta de voluntad, por perfeccionismo, por falta de visión y metas claras…?

En la mente de un procrastinador, Tim Urban. Charla TED.

 Hay incluso manuales, como el de John Perry,  que abogan por la Procrastinación eficiente, guía para dar largas, pensar en las musarañas y posponer todo de manera productiva.

Leía hace mucho tiempo un trabajo, un pequeño manifiesto,  que confesaba haber hecho un descubrimiento muy, muy sencillo, pero que era la solución a muchas de nuestras insatisfacciones diarias: “Haz lo que toca”…

En vez de dispersarte y preocuparte por todo lo que no puedes hacer, ponte manos a la obra con lo que tienes que hacer, con lo que puedes hacer ahora.

Esto de ponerte a hacer lo que toca y que parece tan sencillo, esa Inteligencia ejecutiva que toma los mandos y nos invita a hacer, sin distracciones, aquello que tenemos que hacer hoy, en ocasiones se ve “distraída”, cuando no boicoteada,  y entonces:

… no termino de encontrar el tema para esta entrada en el blog, o bien, teniendo claro el tema, no terminan de fluir las palabras para darle forma. Mi diálogo mental me explica que no es falta de trabajo o de esfuerzo, he buscado y encontrado material más que de sobra, he leído artículos, visionado videos, entrevistas y tengo referentes y libros que me pueden ayudar con los argumentos y ejemplos, conectan con mi experiencia profesional y personal… tengo varios borradores posibles, pero llega el momento de publicar y no está el definitivo. ¿qué sucede?

Parece que programarse para crear contenido no es tan sencillo, es entonces cuando hay que apelar a la motivación interna,  por qué hacemos lo que hacemos, “La motivación se refiere a los mecanismos que nos hacen desear y decidir hacer las cosas que nuestro trabajo requiere” , esta definición es del libro “la máquina de motivar” que este año ha editado Euskalit.

 Un compañero de viaje me solicitaba hace algún tiempo herramientas para reducir la procastinación. Dejar de posponer y traducir a soluciones, de retosproyectos, ¿consiste todo en organizarse mejor?. Antes las propuestas para el procrastinador tomaban forma de talleres de gestión del tiempo, hoy en día este parece un paradigma anticuado y todo  gira alrededor de la efectividad; la clave está en la gestión de la atención. Hay una persona que lleva mucho tiempo en esto y es Jose Miguel Bolivar del blog optima infinito, un referente, del que por supuesto le hablé a mi compañero, y en el que encuentro muy bien definido uno de los motivos para seguir escribiendo aquí: “para aprender hay que pensar y escribir te obliga necesariamente a pensar”

 La curiosidad es mi motor, mi deseo de aprender y aprender a decidir mejor es un reto diario al que enfrentarme.

Tomamos decisiones constantemente, qué desayunar, hacer o no esa llamada de teléfono, que ropa llevar hoy, que compras hay que hacer al volver del trabajo, que tareas priorizamos, cuales podemos posponer.. Decidimos, hacemos y encontramos pequeñas gratificaciones que refuerzan nuestras conexiones neuronales para que esa acción se repita en el futuro. A veces no nos cuesta nada, es ya un hábito, y otras veces,  nos supone un gran esfuerzo ponernos a la tarea. Algunas decisiones son fruto de la reflexión y otras son inconscientes. Nuestro cerebro construye toda una línea argumental en base a la decisión tomada. Tenemos siempre a nuestra disposición una completa librería, en forma de bolsa de experiencias e información acumulada, que nos sirve para justificarnos. De esta forma siempre encontramos una elaborada excusa para eso que hemos dejado sin hacer.

Hay investigadores y metaanálisis de la procrastinación, y resulta curioso saber que Leonardo da Vinci o el Dalai Lama entran en la categoría de procrastinadores. Se me ocurren conexiones con  la sorprendente verdad sobre que nos motiva de Daniel Pink o con la importancia de trabajar dentro de mi círculo de influencia y no en el de preocupación, propuesta de Stephen Covey… , pero ahora toca decidir, terminar a tiempo, descartar, publicar, y eso requiere saber poner el punto final.

¿procrastinas o encuentras los motivos para hacer lo que toca?

imagínate que tú también eres naturalista

Goethe es un naturalista que introduce en su vida el arte de la observación,

que puede aplicarse en diversos ámbitos, también en la escucha del otro y en la conversación,

conversación que iniciamos desde nuestro ser animal, con la empatía prendida,

para que la conversación se eleve,

y dejemos hablar de datos, y de tanto yo – yo – yo,

conectando con lo que tu historia mueve en mí,

para que lo nuevo, y el nivel ser humano, surja en la conversación,

sí, qué bueno,

imagínate que tú también eres naturalista, y te unes a esta conversación.

en el proceso de proponer unas mesas redondas para enlazar conversaciones que interesan a la comunidad, en las que participan personas como tú y yo, a las que no les encanta precisamente la situación de las cosas,

ya estemos hablando de salud o de educación, de participación ciudadana o de igualdad y desarrollo del tema de género, por no hablar del contubernio montado entre los poderes político, judicial y económico,

empezamos a contactar con aspectos fundamentales para que las conversaciones se desarrollen desde el respeto, y el cuidado por lo que puede surgir, por lo que es especialmente importante el tono con el que empezamos la conversación,

y el cuidado en nuestros comentarios hacia las personas que ahí nos juntamos, es por eso que buscamos una fórmula que vendría a propiciar una conversación empática, del tipo de

según mi experiencia personal …

yo siento que …

fórmulas sencillas que facilitan que aparezca una historia personal, una historia de vida, en vez de la teoría de la cosa, lo que yo sé porque he leído, o porque hay un estudio en tal universidad o centro de innovación que dice que,

ya que las conversaciones que desarrollamos en el futuro emerge tienen su base en la experiencia de vida y en la emoción, no en los datos, a nivel del corazón, no a nivel de la cabeza,

es por eso que el primer aspecto a cuidar en estas conversaciones es el tono,

que está asociado con el desde dónde desde el que operamos, cuál es nuestra intención de fondo, la intención más allá de nuestras palabras y de nuestra presencia en la conversación,

segundo aspecto a considerar,

y en eso estamos, recapitulando sobre la conversación que mantenemos el día anterior en Madrid, al olor de la lluvia, y nos preguntamos qué hacer cuando surge un tertuliano que es muy simpático, sí, muy ocurrente, sí, muy divertido, sí,

pero que se va continuamente a la cabeza, y enlaza una ocurrencia con otra ocurrencia, una historia con otra historia, y empieza a monopolizar la conversación, seguramente no nos hayamos dado cuenta, pero la cabeza está tomando su sitio,

no es ya el corazón el que interviene, o si interviene el corazón no es el corazón que respeta al otro, y deja que lo mío haga efecto, para que surja lo que lo mío influye en ti, es lo mío y más de lo mío,

por lo que es necesario introducir un factor corrector a estas situaciones, tal vez un tiempo pactado de antemano, del que las personas no se pueden pasar, y que limite la expresión de mi historia personal,

o un número de intervenciones de diferencia entre las personas que están en la mesa, calentando la conversación, imagínate el caso de que una persona ha intervenido 5 veces y otra no ha hecho acto de aparición,

¿cómo animamos a que no se dé el efecto espectador?,

porque buscamos que sean 5 personas las que inicien esta conversación, y se pueda extender a un colectivo mayor, 13 o 29 personas, imagínate un colectivo de estas características, calentando y tejiendo historias que dejan de hablar de lo mío,

y tienen en cuenta también lo que lo tuyo sugiere en mí,

y lo que to tuyo me hace sentir,

buen punto para que lo nuevo, lo que no es tuyo ni es mío, lo que forma parte del campo en movimiento, ese nosotros que va tomando forma, desde el respeto, desde el cariño compartido, pueda emerger.

   así lo vimos…

estas conversaciones, que podemos denominar generativas, tienen su principio en Goethe, un naturalista al que tal vez conoces por su obra literaria, Fausto, un naturalista que observa la naturaleza, y sus procesos de TRANSformación,

y promueve esa forma de estar en el mundo, imagínate que eres naturalista, y que observas la realidad a tu alrededor, y observando lo que a tu alrededor ocurre eres capaz de contactar con tu interior,

y de observar cómo te TRANSforma la conversación, porque no es sólo yo, yo, yo, también es lo que tú y tu vida, y todo lo que me rodea me toca, me conmueve, obrando la magia de la TRANSformación,

de ese se trata, personas que juntas llegan a un ajá, a una nueva comprensión, cada una la suya, a un punto diferente desde el que moverse en el mundo, algo nuevo ha surgido en la conversación que no estaba en el inicio,

no soy la misma persona, es la magia de la vida, llámale causualidades enlazadas, que obra milagros a mi alrededor, y en mi interior.

si tienes interés en este tipo de conversaciones, puedes revisar una entrada en la que introducimos los 4 reinos (el reino mineral, con el ser piedra, el reino vegetar, con el ser planta, el reino animal, con el ser animal, y el ser humano),

4 reinos con 4 niveles de atención, escucha y conversación bien diferenciados, qué interesante es observar que cada vez que conectamos con la cabeza y los datos el ser que habla por nosotros es el vegetal, tan cercano al ser piedra,

no es el ser más inteligente sino el más vegetal que vive en mí, que nos lleva a niveles inferiores en nuestra comunicación, ya que desde los datos y las teorías pocas veces conectamos con las otras personas (nivel animal, por medio de la empatía),

y con nosotras mismas, por medio de nuestra imaginación creativa, de nuestra intuición, y con la energía del campo (nivel ser humano), con nuestro propósito, y el propósito del grupo.

si tienes interés por el futuro emerge, tú también eres parte, puedes seguir este enlace.

7 emociones es un modelo de responsabilidad emocional creative commons inspirado por la teoría U de Otto Scharmer y por la teoría del color de Goethe que compartimos desde este enlace.

Ansiedad y perplejidad social

Enlace a la imagen, https://monsieurdevillefort.wordpress.com/2015/11/Vivimos en una época de incertidumbre. En sociedades anteriores a la nuestra, los seres humanos han vivido con un futuro tal vez más sombrío, pero la estabilidad de sus condiciones vitales – por muy negativas que fueran- les permitía pensar que el porvenir no les iba a deparar demasiadas sorpresas.  Podían pasar hambre y sufrir la opresión, pero no estaban perplejos. La perplejidad es una situación propia de sociedades en las que el horizonte de lo posible se ha abierto tanto que nuestros cálculos acerca del futuro son especialmente inciertos.

Así se expresa Daniel Innerarity en su último libro, Política para perplejos. Según Innerarity, nos hemos pasado mucho tiempo intentando racionalizar el diálogo y la convivencia, mientras lo ignorábamos casi todo acerca de cómo se estaban configurando los nuevos espacios emocionales.

El tema es serio, además de Innerarity, está concitando la atención de diversos pensadores y autores que han publicado La era de la perplejidad . Repensar el mundo que conocíamos.Y otros hasta han preparado Pedagogías para tiempos de perplejidad. De la información a la sabiduría con el desafío de empoderar a los sujetos humanos para que elijan y desarrollen su propio proyecto vital en los contextos complejos y singulares en los que viven.

Lo cual quiere decir que, como sociedad, seguimos en el empeño racionalizador de la modernidad, no hemos aprendido que todo lo que acontece en la vida social, las guerras, la economía, la política, la convivencia son como plantea Innerarity, y yo lo comparto, cada vez más asuntos primordialmente emocionales, espacios sentimentales donde se despliega la ansiedad, la ira o la confianza. Estas emociones y estados de ánimo son al mismo tiempo fuente de conflicto y vectores de construcción social.

Construcción social en el sentido de que son sentimientos y emociones colectivas con enorme fuerza transformadora, no arrebatos irracionales. Esta es una cuestión que desde este blog venimos narrando con insistencia, las emociones se configuran como fuerzas de transformación.

Innerarity, afirma sabiamente que debemos utilizar el gobierno de las emociones colectivas dado que contiene una fuerza que es clave para la transformación democrática de nuestras sociedades.

Estas reflexiones me llevan a recordar a Victoria Camps y su Gobierno de las emociones,  cuyo fundamento radica en la ÉTICA, en mayúsculas. Aunque Innerarity aquí no la menciona está muy presente en su obra.

Lo que sí menciona es que el aumento del desconcierto y la perplejidad viene aparejado a una disminución en la capacidad de comprensión de la sociedad, a la vez que se incrementa el poder de los afectos y las emociones como variable explicativa de la conducta social.

En este sentido, para él, el desconcierto y perplejidad política de nuestra época tienen que ver más con la incapacidad de reconocer y gestionar nuestras pasiones que con el orden de los conocimientos. No le falta razón, a nivel de emociones, la perplejidad se asocia con la permanente sorpresa para la que no estábamos preparados, nos descoloca y al no contar con las habilidades necesarias no sabemos reaccionar a tiempo, nos paraliza, y este no saber qué y cómo decidir nos sume en el sufrimiento de la ansiedad.

Alabo el acierto y astucia de Innerarity al utilizar la palabra perplejidad porque refleja fielmente el actual transcurrir de los acontecimientos de nuestra sociedad. Según la RAE, significa irresolución, confusión, duda de lo que se debe hacer en algo. Por otra parte, en la teoría de la información representa medida utilizada en la distribución de una probabilidad desconocida relacionada con la entropía, aquí la usaré como medida del desorden o desequilibrio de un sistema social, de capacidad de transformación y evolución.

Esto es lo que caracteriza a esta sociedad nuestra llena de incertidumbres e inseguridades. Pero tengamos en cuenta que cada sociedad, en cada época y contexto, genera su propia estructura emocional.

A este respecto, Innerarity identifica la ansiedad colectiva como uno de los sentimientos, personales y colectivos característicos de nuestras sociedades. Nuestro mundo parece ser más incierto, más inseguro y, por consiguiente, más ansioso que el anterior.  Los sentimientos son de las personas, pero los hay también en las sociedades, en las que se producen constelaciones emocionales, atmósferas afectivas, sentimiento generalizados que explican buena parte de los sentimos, expresamos o hacemos.

Sobre este tema recomiendo la siguiente lectura:», Eduardo Bericat¿Sienten las sociedades? Emociones individuales, sociales y colectivas en P. Fernández y N. Ramos (Coords.), Corazones inteligentes, Kairós 2002, pp. 121-144).

Sobre este tipo de ansiedad hemos hablado mucho en este blog, porque hay otro tipo de ansiedad que produce lágrimas que son perlas que caen al mar, que canta Nat King Cole al amor ausente.

Innerarity nos recuerda que el panorama actual es muy distinto, las condiciones inciertas del trabajo, el desconcierto que produce la volatilidad de los cambios, la dificultad de gestionar la información, la naturaleza de los nuevos conflictos como el terrorismo que representan una amenaza difusa e indiferenciada. Todo esto produce irritación, inseguridad y ansiedad. Sobre todo, por la dificultad de identificar los daños y protegerse contra ellos.

Un panorama en el que la ansiedad acerca del futuro personal y colectivo se convierte en una forma de miedo que carece de objeto de referencia, porque según Innerarity, hoy tenemos riesgos indeterminados y promesas de seguridad que funcionan como placebos, se mantienen las mismas viejas prácticas de seguridad que hoy tienen una eficacia limitada.

La perplejidad que todo esto produce es lo que explica el tono negativo que se ha apoderado de la política. Los agentes políticos nos cuentan historias de descontento y frustración, los discursos y mensajes transmiten con insistencia el supuesto de que va a ocurrir un desastre. La prevención se ha convertido en una estrategia clave.

Campañas de seguridad, sospechas hacia el emigrante, hacia el refugiado, detenciones indiscriminadas, vetos a la libertad de expresión y un largo etcétera que normalizan la desconfianza y la sospecha. Es este incremento de la sospecha el que acentúa la ansiedad en un bucle que se cierra sobre sí mismo, la vigilancia incrementa la sospecha, la sospecha, a su vez, impulsa a aumentar la vigilancia.

La desconfianza se encumbra como actitud generalizada detrás de la sospecha hacia los extraños. Este es un concepto que siempre me remite al fallecido Zigmun Bauman, que centró su último libro “Extraños llamando a la puerta” en la crisis de los refugiados, la perdida derechos y la política de construcción de muros en lugar de puentes.

En él culpa a los políticos de aprovecharse del miedo de los inmigrantes y pobres y escribe: “Esa crisis es, en el momento presente, una especie de nombre en clave políticamente correcta con el que designar la fase actual de la eterna batalla que los creadores de opinión libran sin descanso en pos de la conquista y el sometimiento de las mentes y los sentimientos humanos…”.

¿Qué podemos hacer para detener estos círculos infernales que desgarran el equilibrio emocional de las personas y las sociedades?

Es una buena pregunta que lanza Innerarity y buena es la repuesta que ofrece: Probablemente lo más revolucionario sea la serenidad, un valor que deberían cultivar nuestros gobernantes y deberíamos cultivar también entre la ciudadanía, o simplemente, en tanto que seres humanos.

Una reflexión de Innerarity que me ha llamado poderosamente la atención, y con la que estoy absolutamente de acuerdo, es que la ansiedad como emoción, fija a los sujetos en el momento presente y desmonta los sueños e ilusiones por un futuro mejor, además, con el aumento de la información disponible y su actualización impulsiva, podemos creer que estamos exonerados de ejercer la reflexión personalA la indignación suele faltarle reflexividad, está más interesada en denunciar que en construir, lo que limita su capacidad para generar iniciativas políticas.

Estoy de acuerdo, en la reflexión personal fallamos, invito a que desde la serenidad ejercitemos la reflexividad personal y colectiva y nos dotemos de una opinión crítica propia, estoy convencido de que con ello nos preparamos para afrontar la sorpresa y la perplejidad sin tanta ansiedad personal y social.

De Bilbao a Belbin vía Madrid

Hay viajes y viajes. De unos vuelves como te fuiste. Recolectas souvenirs en tu maleta y polvo en las zapatillas. Nada más. Sin cambios. Instalado en modo descarga.

Otros, sin embargo, te actualizan. Te ayudan a instalarte una nueva versión de ti mismo. Cambias.

Algo similar ocurre con las formaciones. Unas te dejan indiferente; otras te ayudan a cambiar. Mi último taller ha sido ejemplo de las segundas.

Cambiar soporta mal el imperativo. Dile a alguien ¡cambia! y el resultado será nulo. Hagamos la misma operación con “profesionalizar”. Mismo resultado. Comparten la aversión por el imperativo. Ambos requieren compromiso personal, energía y esfuerzo.

Esta semana he tenido oportunidad de profundizar en el modelo Belbin de trabajo en equipos gracias a la excelente facilitación de Eduardo Dulanto en Madrid (Eskerrik asko, Edu). Y me ha movido. Tomar distancia de la cotidianidad, te permite reflexionar con la ayuda de tus compañeras/os sobre el funcionamiento de los equipos y tus roles sean éstos preferidos, gestionables o evitados. Compartir espacio y tiempo con un grupo de 12 magníficas personas y profesionales, es una garantía (gracias a todas y todos).

Me acerqué a Belbin hace ya algunos años de la mano de Sabino Ayestaran, Olga Gómez,  e Innobasque mientras participábamos en un proyecto de formación-acción que dio lugar a “Equipos de Innovación: Motores de transformación social y económica en las organizaciones” https://www.innobasque.eus/uploads/documentos/Biblioteca/Transformación%20Empresarial/00E74F008DA939DC641D40778CBD2FECF50C6C08.pdf

Con este planteamiento participé de un equipo con muy buenos resultados.

Me sedujo su simplicidad: las personas en los equipos tenemos cierta predisposición a comportarnos conforme a determinados patrones (nueve roles según Belbin) que se sitúan en tres grandes categorías: roles sociales, roles mentales y roles de acción.

Entre los roles más sociales, se sitúan el coordinador/a (Maduro, seguro de sí mismo, identifica el talento), cohesionador (Cooperador, perceptivo y diplomático) e investigador/a de recursos (extrovertido, entusiasta, comunicativo).

Otros están más orientados a la acción, como los roles del impulsor/a (retador, dinámico), implementador/a (Práctico, de confianza, eficiente) y finalizador/a (esmerado, concienzudo).

Por último, otra gran categoría integra roles mentales como cerebro (creativo, imaginativo), monitor/a evaluador/a (perspicaz, estratega) y especialista (entregado, estudioso).

Todas las personas tenemos algo de todos ellos, en diferentes dosis, de la misma forma que todas compartimos las 24 fortalezas de las que nos habla Seligman en mayor o menor medida.

Hace ya unos años, de la mano de Marian Albaina en Bilbao, accedí al módulo básico Belbin gracias a un regalo de cumpleaños. Todavía recuerdo las risas de Markel y Nagore. “Ya te vale, Aita. Mira que pedir de regalo de cumple un cursillo …” -me decían-. Entonces pude completar el cuestionario de autopercepción y conocer mejor cuáles eran mis preferencias comportamentales.

Esta vez, en dos intensos días, nos hemos enrolado en Belbin. Nos hemos conocido mejor, hemos aprendido un lenguaje común, hemos accedido a herramientas y útiles para trabajar en equipos con mayor rigor y mejore resultado. En una palabra: hemos disfrutado de una experiencia de aprendizaje más allá de la formación clásica.

La propuesta de Belbin parece sensata: si los equipos son la clave para el desarrollo de las organizaciones, si la diversidad y complementariedad son puentes hacia un futuro “no escrito”. ¿por qué entre todas y todos estamos creando equipos que a nadie satisfacen? ¿por qué no aplicar método que mejore su eficiencia?

Quizá te parezca reiterativo. Quizá esté solemnizando lo obvio. Pero resulta evidente que nuestro funcionamiento en equipos tienen un amplio margen de mejora. El esfuerzo inútil conduce a la melancolía; y algo de esto nos ocurre cuando ponemos nuestro empeño en equipos que siguen el principio de Peters hasta conseguir el máximo nivel de incompetencia.El método no lo es todo; pero sin método, sin rigor, no llegaremos a nada. Tampoco en nuestros equipos.

Escape

Facebook: El Sótano Juegos

 

– Ahora entraréis todos juntos. Tendréis 60 minutos para encontrar la salida… o no… Nosotros estaremos observando en todo momento y veremos qué y cómo lo hacéis. Si se os hace más difícil de lo normal, podremos daros pistas y ayudas para que podáis continuar. ¡No perdáis ni un segundo! El tiempo vuela…

Esta introducción, junto con algunos avisos prácticos relativos al cuidado de las instalaciones y elementos decorativos, recomendaciones en cuanto a no forzar ninguno de ellos a sabiendas de que todo lo necesario para continuar se  podría encontrar sin necesidad de utilizar la fuerza, precedió a nuestra entrada en una  habitación octogonal que quedaría cerrada por fuera en cuanto el último, que era yo, cruzase el umbral.

Era domingo. Habíamos comido en un restaurante-asador en el que el txuleton es el protagonista estelar y donde el resto de la oferta gastronómica no le desmerece lo más mínimo. Celebrábamos el cumpleaños de mi hijo. A su novia se le había ocurrido la idea de que, como regalo, terminásemos la jornada juntos, haciendo algo diferente y original. Para él sería una sorpresa inesperada. Para el resto, la espera, un juego de malentendidos esquivos y disimulos cómplices para mantener la intriga del homenajeado y desviar su atención lo más posible. Finalmente lo logramos: él no consiguió adivinar qué íbamos a hacer, ni dónde, y los demás no sabíamos muy bien cómo iba a acabar la cosa.

Inmersos en la cuarta revolución industrial (Industria 4.0) las salas de escapescape rooms en inglés – se han desarrollado en sentido inverso a la tendencia actual de los últimos avances tecnológico-digitales. Su origen se remonta a la transportación a la realidad de los consolidados videojuegos. Un salto de lo virtual a lo real. Una versión narra que Takao Kato, estudiante japonés en 2006, echó un vistazo a la pantalla del ordenador de su compañera de clase y vio cómo jugaba dentro de una habitación virtual, buscando pistas con el ratón y resolviendo acertijos que la ayudasen a encontrar el utensilio necesario y definitivo que abriese la puerta que le impedía salir del recinto en el que estaba y así terminar la partida. El juego se llamaba Room Escape. Un año después, Kato lanzó su Real escape game y creó la compañía SCRAP CO.,LTD. (también SCRAP Entertainment, Inc.). Uno y otra, el juego y la empresa, son marcas registradas y se han expandido por  los cinco continentes desde el archipiélago nipón. Tanto que la página web que recogía el directorio de salas de escape en el mundo (escaperoomdirectory.com) ha dejado de actualizarse por falta de recursos y capacidad material de mantenimiento debido al incremento exponencial de estos locales. (Podemos hacernos una idea de cómo era este catálogo hasta su cierre entrando en el siguiente enlace:  http://escaperoomdirectory.com/old.html – versión de datación desconocida -, en el que se recoge un total de 105 países, 1.445 ciudades, 3.176 webs y 7.721 salas).

Según otras fuentes se atribuye el origen del juego a un grupo de informáticos de Silicon Valley en 2006, y el formato conocido en Europa a un húngaro residente en Budapest, Attila Gyurkovics, creador del juego Parapark en 2011, quien a su vez,

Se basó en la Teoría del Flow que había desarrollado Muhály Csíkszentmihályi, un psicólogo húngaro. Esta teoría está relacionada con el aprendizaje a través de los juegos y la felicidad. Esta teoría señala que si estás volcado en una actividad para tu propio disfrute, cuando hay un equilibro entre tus habilidades y los retos que te plantean, entras en un estado mental, donde todo fluye.

En ese momento, el tiempo vuela y las ideas van surgiendo libremente en tu mente.

Después de buscar pistas, encontrar y resolver acertijos y objetos varios que más tarde necesitaríamos, conseguimos abrir la puerta de la habitación octogonal que nos condujo a un nuevo espacio y este a otro, y a otro, y a otro… en los que encontramos entornos inesperados y sorprendentes, cancelas metálicas cerradas por cadenas con candados, puertas ocultas y pasadizos secretos a los que accedíamos tras resolver nuevos acertijos y recopilar distintas cosas que primero había que localizar. Finalmente, podríamos salir cuando el segundero del cronómetro estaba rozando el último segundo del último minuto que nos habían dado.

¿Pero qué es exactamente una sala de escape?

Básicamente, un grupo de personas se encierra voluntariamente en una habitación donde tienen que resolver una serie de acertijos para poder escapar dentro de un límite de tiempo establecido.

La diversión radica en que se ponen a prueba la inteligencia, capacidad de observación y el trabajo en equipo. En el caso de EE UU, pueden ingresar en la sala participantes que no se conocen entre sí, mientras que en Europa las reservas, de momento, son cerradas. (20 minutos).

 Aun teniendo su origen y orientación dirigidos al gran público para uso y disfrute lúdico, pronto algunos expertos supieron ver las oportunidades que brindaban a otros campos. La versión digital del diario Expansión da cuenta del ámbito empresarial:

(…) la rapidez mental y, sobre todo, el trabajo en equipo son las mejores llaves para descifrar el acertijo y conseguir escapar. Ahora los escape room llegan a los despachos de los ejecutivos para trabajar el liderazgo, aprender a delegar y a gestionar los distintos talentos. Es una de las tendencias que se está practicando en las empresas en materia de gamificación, una práctica que se lleva a cabo en el 70% de las compañías de la Global 2000 List, según Gartner. De hecho, la consultora asegura que el 50% de las empresas integrará el juego en sus procesos en los próximos años.

 Al margen de la fagocitación de estos juegos por parte de las áreas de selección y formación empresarial, el mundo educativo también se ha subido al tren con un enfoque lúdico-didáctico. Ya sea por Takao Kato, los informáticos de Silicon Valley o el nuevo Attila, esta versión enclaustrada de las tradicionales yincanas, ha venido para quedarse.

Provistos de nuestros sombreros de fantasía, una cabeza de muñeca, un flamenco, un corazón-almohadón y un colosal reloj de bolsillo las sonrisas traslucían nuestro estado de ánimo. ¡Cuánto puede acercarnos y enriquecernos disfrutar por sesenta minutos de una aventura que nos hace buscar, pensar, descifrar, solucionar y cooperar para, juntos, avanzar! Y, sobre todo, experimentar y sentir.

Escape Rooms – Salas de Escape en Euskadi

 

El peso de la vida

Recientemente he visto una película, Siete Almas (Seven Pounds), que me ha dado mucho que pensar. La sinopsis de FILMAFFINITY dice lo siguiente:

“Ben Thomas (Will Smith), un inspector de Hacienda de Los Ángeles, se pone en contacto con algunas personas para ayudarlas, pero las razones que lo mueven a actuar así son un misterio. Sin embargo, cuando conoce a Emily Posa (Rosario Dawson), una joven enferma investigada por hacienda y empieza a sentirse atraído por ella, sus inconfesables planes se tambalean”.

Quien no quiera que le ‘destripe’ la película que no siga leyendo (tengo fama de spoiler), aunque merece la pena verla en cualquier caso. El título original, Seven Pounds, parece que hace alusión a la obra El mercader de Venecia de Shakespeare.

El suicidio hoy en día sigue siendo un tabú porque supone el traspaso de muchas fronteras. Para empezar implica ir en contra de nuestra programación biológica de preservar la vida. Socialmente supone un cierto estigma, conlleva un silencio culpabilizante. Éticamente genera muchas preguntas. Legalmente tiene reconocimientos diversos… “El suicidio en España no está penado aunque sí lo está en otros países donde se considera a la persona como un bien o propiedad del Estado. Lo que sí está castigado por el Código Penal (CP) en su artículo (Art.) 143.1 y 2 es la inducción al suicidio (4-8 años de prisión) y la cooperación al suicidio, siempre que se haga con actos necesarios (2-5 años de prisión)” (Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, 2012, p.279).

Además, en torno al suicidio hay asociados muchos mitos y falsas creencias, como que es fruto de una enfermedad mental; que es hereditario; que no se puede prevenir; que la persona con una conducta suicida desea morir; que quien lo ha intentado nunca dejará de hacerlo; que quien habla de ello nunca lo realizará; que quien lo quiere hacer de verdad no lo contará; que es un acto de cobardía (o de valentía); etc. (Alastuey, 2015). Los medios de comunicación tienen una poderosa herramienta pedagógica social en este tema. “Por su influencia en la opinión pública, los medios de comunicación pueden ser una herramienta muy útil para la normalización a la hora de hablar de la muerte por suicidio, porque, en primer lugar, pueden ayudar a romper el tabú y la estigmatización que se crean tanto respecto a la persona que muere como en relación con sus familiares y entorno, así como para combatir estereotipos” (Consejo del Audiovisual de Cataluña, 2016).

El duelo por suicidio es muy complejo. Quienes sobreviven al suicidio, las personas cercanas, tienen que hacer frente a muchas emociones. Quizá lo más difícil de manejar sea, por un lado, la culpa y, por otro, la rabia. “Para los supervivientes, la aceptación tarda más en llegar. Y puede hacerse más evidente el estado de enfado y de rabia por no poder evitar la pérdida. Se buscan razones causales y culpabilidad, y es ahí donde puede aparecer la rabia, e instalarse; y quedarse…” (Tiana Sastre, 2017, p.4)

Seguramente es difícil aceptar que no siempre se puede evitar ni prevenir. “El suicidio es un acto individual, que forma parte de la conducta humana y que en muchas ocasiones desgraciadamente, no se puede evitar precisamente porque se produce por un acto voluntario y definitivo de la persona que lo acomete, se encuentre o no en un estado de claridad mental” (Alastuey, 2016, p. 10).

Todo lo relacionado con el principio y el final de la vida son los grandes temas de la bioética. Hay mucho debate al respecto. Diego Gracia, que es un gran referente en este campo, en una entrevista, a la pregunta de si llegado el caso de que le diagnosticaran na enfermedad degenerativa pediría ayuda para morir, responde que: “Las personas que lo piden me merecen el máximo respeto, siempre y cuando hayan tenido antes todos los medios para evitar el sufrimiento. Porque en cuidados paliativos se suele decir, y tienen bastante razón, que cuando una persona que sufre dice que quiere morir, lo que está diciendo es que quiere vivir de otra manera”.

Según DSAS (Después del Suicidio – Asociación de Supervivientes) “el suicidio es el resultado de un terrible sufrimiento emocional interno. Nadie quiere morir y los que mueren por suicidio tampoco, si hubieran encontrado otra salida en su mente a su sufrimiento”. Esta es la razón por la que he titulado esta entrada El peso de la vida, podría añadir y de la culpa. El protagonista de Siete Almas lleva un sufrimiento tal que la única salida que ve es ‘dar la vida’ a siete buenas personas como reparación de las siete muertes que ha causado por su negligencia al volante. Su acción puede ser cuestionable pero está claro que es fruto de una decisión meditada y planificada. Actúa en conciencia, haciendo lo que cree que debe de hacer… ¿quién puede juzgar esto?

Bibliografía

LOS PADRES Y MADRES ROBOTS

Después del último post  que escribí que llevaba por título Los niños y niñas robots, un comentario que hizo un compañero del CIE sobre el mismo, me llevó a una reflexión que expreso aquí.

Serian mejores padres y madres ¿unos adultos humanoides que puedan crearse en el futuro? No al estilo de la película Yo Robot que protagonizó Will Smith, sino al estilo de la película Inteligencia Artificial a la que hacía alusión en el artículo anterior. Siguiendo con estas referencias cinematográficas, también podemos ver alguna idea al respecto, en la película: El hombre Bicentenario que protagonizó el ya fallecido Robin Williams.

Pensemos por un momento, si lográsemos crear unos humanoides que pueden esbozar algunas emociones, aunque sea de forma primitiva y básica (parece que se está logrando) y esto lo unimos a la racionalidad de un excelente sistema operativo. Esta combinación no generaría mejores decisiones y por lógica, ¿no se evitarían de esta manera los errores que comentemos los progenitores actuales con los más pequeños?

Cuando un padre y una madre toma una decisión, lo hace siempre tomando como referencia dos polos: uno es el que tiene que ver con las emociones radicadas en nuestras propias experiencias vividas como hijos. El otro extremo de este supuesto péndulo se encuentra en la información que vamos adquiriendo: artículos que leemos, experiencias que conocemos, la propia evolución socio cultural, etc. En ese movimiento pendular (que yo denomino Movimiento Emoin), radica la base de toma de decisiones en relación con la crianza de nuestros más pequeños. A modo de ejemplo: si nos situamos más en la parte de las emociones asociadas a nuestros recuerdos y poco en la información que tenemos, puede ocurrir que, como padre, le compre todos los caprichos que quiere a mi vástago, porque sentí de pequeño que mis amigos tenían más cosas que yo y eso me hacía sentir inferior, aunque a la vez sé que, como educador, esta decisión (cuando el péndulo se sitúa en la parte de información) puede generar un niño o niña egoísta con un pobre manejo de su frustración. Esa decisión que yo tomo influirá de una manera determinante en el comportamiento de ese menor. Si por el contrario, nuestra toma de decisiones educativas se basa demasiado en la información que tenemos y poco en nuestras experiencias emocionales como hijos e hijas, esto nos llevaría  a conectar y empatizar muy poco con las emociones de los menores.

La idea de una buena toma de decisiones, es encontrar el equilibrio y la cadencia del Movimiento Emoin adecuada y que nos permita tomar las mejores decisiones posibles. Al menos eso, es lo que parece que en un futuro no muy lejano nos ofrecerá la I.A. Esos humanoides, podrán manejarse de una manera mucho más acertada, generando un   equilibrio Emoin perfecto y que por esto mismo tomarán las mejores decisiones posibles en la crianza de los niños y niñas. Si esto fuese así, nuestro papel quedaría relegado a meros creadores de vida ya que de forma acertada (incluso seguro que habría una legislación al respecto) se trasladaría la responsabilidad de la educación de los más pequeños, a estos robots del futuro.

Si esto sucede así, esta educación robótica evitaría todos los problemas de comportamiento, violencia, inmadurez…en definitiva de salud mental  que nos encontramos en nuestros días con lo más jóvenes y por ende en su yo adulto. Se acabaría también con las consecuencias que producen esos progenitores negligentes y poco capacitados para educar. En definitiva, ¿serían mejores los niños y niñas criados así? ¿Serían más felices? ¿Lo seriamos nosotros? ¿Tendríamos una sociedad emocionalmente y comportamentalmente más sana?