Inteligencia emocional

urrungorarte, Madrí

camino de Alicante, por algún extraño motivo, voy a cruzar Madrid por superficie, evitando la M-50, tan funcional, la M-40, con menos vuelta, y los túneles de la M-30, y me encuentro en la A-6, en plena zona universitaria, grabando un video raro, junto a la casa de Brasil,

ese espacio amigo en el que este año he hecho el curso introductorio al portugués, y observo cómo el portugués y Brasil se han introducido en mis sueños, el objetivo último del estudio sobre la confianza en el entorno organizativo va a ser abarcar la península ibérica, y algo más,

si es posible todo el continente latinoamericano, Brasil incluida, empezando por México y Argentina,

y me encuentro en ese ejercicio de cruzar Madrid por superficie a las 9 de la mañana, hora imposible en otros tiempos, pasando por Pintor Rosales, el parque del oeste, Príncipe Pío, para llegar al puente de Segovia y a Madrid Río,

a ese barrio en el que comenzamos a vivir en la capi hace ya 21 años, a un lado y al otro del Manzanares, muy cerquita del Vicente Calderón, difunto campo del Atlético de Madrid, primero de alquiler y luego de paganinis de la correspondiente hipoteca,

y siento por un momento que esta ciudad no ha sido pródiga para mí, pensamiento que muta al de nada, si soy honesto Madrid no ha sido pródiga en el terreno económico, pero ha sido pródiga en experiencias,

con una familia que crece, Gorka llega con un año y Maitane va a tardar 3 años más en llegar, con el encuentro con un diagnóstico de TDAH, hiperactividad que no es tal, y nos lleva a cambiar de vida, y de sistema educativo,

en un entorno en el que voy a encontrarme con la antroposofía y la triformación social, que van a conformar poco a poco una nueva forma de mirar y sentir el mundo, y en el que me queda todavía un fracaso empresarial y una rotura familiar, años ásperos,

con el año tras el naufragio, con la separación de mis hijos mexicanos, de Guatemala a Gautepeor,

y ahí estoy, cruzando esta ciudad que ha sito tan poco pródiga en lo económico y tan generosa en el campo de la experiencia de vida y en el desarrollo personal, dicen que tiempos buenos provocan caracteres débiles,

son ya 21 años en esta ciudad, 7 para el bebé, 7 para el niño, 7 para el adolescente, ya soy un madrileño más mayor de edad, buen tiempo para salir a otros campos y otros rumbos, algún día volveré aquí, pero mientras tanto vuelvo a casa de mi madre,

pasando de tanto por Alicante, por la casa de Silvia, y no puedo evitar una sonrisa, sin quererlo soy de nuevo bilbaíno, un poco de Bilbao, Bilbao y su gran bacalao, y otro poco de Castro Urdiales o la Rioja, Alicante o Cádiz,

la cabra tira al monte, y los peces no deberían dejar la mar.

así lo vimos…

en el ejercicio de dar al César lo que es del César y a los peces lo suyo, cabe una distinción más, los peces de mar no deberían dejar la mar, y los de río el río, el Manzanares, sin ir más lejos, pongamos que hablo de Madrid.

el azul clarito en el código de 7 emociones corresponde con el orgullo sano y humilde, ya lo sé, un oximorón, como el correo español / el pueblo vasco.

y vuelvo a casa con la mirada abierta del chico de pueblo que ha conocido la gran ciudad, ésta y BCN, Buenos Aires y CDMX, es que 21 años dan para crecer y para viajar, para apreHender y TRANSformar, que de eso va la vida,

y siento un poco de ese orgullo humilde y sano del que tan necesitadas estamos con este video que grabo en la A-6, un día que no sabía para qué cruzaba Madrid por superficie, con lo cómodo que es esquivarlo, cuanto más lejos más rápido y mejor,

orgullo humilde de este proyecto que lanzamos desde TRIODOS bank, esta organización que se desarrolla con los fundamentos de la antroposofía y la triformación social, muy cerquita de esta casa que ahora dejo, si es que yo tenía que pasar por aquí.

si quieres colaborar en el desarrollo de el estudio sobre la confianza en el mundo organizativo, en el País Vasco, ese sitio en el que los caseríos se compraban y vendían con un apretón de manos, en España, y más allá de ese mar ancho, en LATAM,

o conoces alguna organización interesada, no dejes de pasarle el link a este proyecto bueno, bonito y necesario, porque estamos necesitadas de más confianza, en casa y en el trabajo, convertido en espacio de apreHendizaje y desarrollo personal y profesional.

 

 

 

Educa la tribu

El sábado 12, escuché una entrevista a Francesco Tonucci, reconocido pedagogo y dibujante cuyo pseudónimo es Frato, en la que le preguntaban por qué defiende que si los niños salen a la calle, ésta es más segura. Reproduzco su respuesta: “Los niños tienen esta capacidad de obligar a los adultos que se encuentran a hacerse cargo de ellos. Es que, a pesar de malos que somos, queremos a los niños”. Basa su respuesta en la experiencia comprobada en barrios marginales de Buenos Aires, a principios de los 2000. Allí donde los niños iban solos a la escuela la criminalidad bajaba a la mitad. La presencia de los niños en la calle no solo es “simpática, bella… consigue efectos que no se conseguirían ni con más policía ni con cámaras”. Tonucci es el creador del proyecto La ciudad de los niños, que tiene una red internacional en la que participan más de 100 ciudades en todo el mundo.   [Para escuchar esta parte de la entrevista pinchar aquí, a partir de 24’50’’].

He de reconocer que las palabras de Tonucci me conectaron, automáticamente, con una experiencia cotidiana. No siempre cruzo los semáforos en verde para peatones, pero el hecho de que haya un niño suele ser un freno para no hacerlo. Siempre me acuerdo del día que mi amigo Roge me preguntó cómo se pueden transmitir valores y yo le dije que se enseñan en la práctica, con el ejemplo. Los valores no se cuentan, se practican. Mis hechos hablan más alto de mis valores que mis palabras. El problema es que no hay una única fuente de influencia. Todas las personas tenemos múltiples influencias: nuestra historia, nuestros educadores, nuestros mayores, nuestros iguales, los medios de comunicación, las redes sociales, etc.

Resultan muy esclarecedoras las palabras de otro gran educador, José Antonio Marina: “Ni los padres, ni los docentes, ni siquiera la unión de las familias y las escuelas puede educar. Es la sociedad entera la que continuamente está educando – bien o mal – a través de interacciones múltiples y de múltiples canales. Por esta razón intento poner en funcionamiento una movilización educativa de la sociedad, que tiene dos lemas principales. El primero es un proverbio africano que dice: ‘Para educar a un niño, hace falta la tribu entera’. El siguiente, añade: ‘Para educar bien a un niño, hace falta una buena tribu’. Queremos explicar a los adultos que consciente o inconscientemente están transmitiendo a los niños y jóvenes patrones de conducta, cuyas consecuencias, después, van a horrorizarlos. Estamos intoxicando a nuestros jóvenes de irresponsabilidad, estamos dándoles una imagen del ‘todo vale’, de ‘coge el dinero y corre’, de ‘a vivir, que son dos días’”.

Ahora que estamos en el inicio de un curso extraño, complejo, con muchas incertidumbres en el que la responsabilidad individual y grupal son vitales para avanzar en la solución me surgen muchas preguntas: ¿Qué están viendo los niños y niñas? ¿Qué imagen estamos dando los adultos, y también los jóvenes? ¿Qué transmiten los y las responsables de todos los ámbitos? ¿Estamos siendo una buena tribu?

Tomás Elorriaga: una apuesta por personas y organizaciones conscientes.

Nos conocimos en septiembre 2007 en el edificio Barco del Parque Tecnológico. ¿Motivo? La primera edición del “Plan de formación de consultoras para desarrollar Inteligencia Emocional en empresas”.

Una experiencia inolvidable (¿Irrepetible?) impulsada por el añorado “Clúster del Conocimiento”. Personas. Conexiones. Aprendizajes. Los cariñogramas y las huchas modelo buzón de correos. Y las risas.

Desde entonces, 13 años de “tertulias emocionales”, cientos de conversaciones, el Consorcio de Inteligencia Emocional … Tiempo vivido, tiempo sentido.

“Organizaciones desde la Consciencia: hacia la sociedad ética y espiritual” (T. Elorriaga www.triunfacontulibro.com) ha sido una de mis lecturas veraniegas. No me ha defraudado.

Es un sopapo de espiritualidad y propósito, un relámpago de humanismo, una declaración de principios -como recoge en el subtítulo- tajante, esencial “desde la raíz”. En la que profundiza en su particular “desde dónde” actúa con todas y cada una de las personas y organizaciones a quienes apoya. Siete capítulos a bocajarro, breves, intensos, directos. Sin eufemismos. Sin circunloquios. Una reivindicación valiente en tiempos de relativismo e incertidumbres (¿acaso alguna vez no lo fueron?).

Hay algo aquí que va mal. Las organizaciones están enfermas. El descompromiso, la desconfianza, los “reinos de Taifas” … son algunos síntomas. La felicidad y los resultados, sus víctimas. La respuesta de Tomás: más consciencia, más “eco” menos ego. No hay actualización disponible para esta realidad organizacional “egoica”. No basta con tunear. Necesitamos, con urgencia, un nuevo sistema operativo que sustituya al anterior, desde otro nivel de consciencia. “Más amable, más humano, menos raro”

Surfeando entre sus páginas me he encontrado su experiencia como consultor en cientos de empresas de “carne y hueso”, junto con sus referentes: Javier Elorriaga -eternamente presente en cuanto hace Tomás-, con Sri Aurobindo y Seligman, con Watzlawick y Wilber, con Laloux y Scharmer y algunos más en generativa conversación hacia las organizaciones del futuro.

Si buscas una caja de herramientas, explora otros territorios. Si quieres indagar en un enfoque humanista de las organizaciones, esta lectura es para tí. Porque de esto trata: de caminar hacia organizaciones con alma frente a tantas entidades alexitímicas, “desalmadas”, del “ego”.

Su razonamiento es simple.

Si somos personas intentando ser personas:

tu, tus compañeras de trabajo, tus clientes a quienes entregas tu propuesta de valor, las alianzas en las que te apoyas. Todas somos personas.

Si las personas podemos cambiarlo todo: desde los pequeños detalles hasta las grandes revoluciones están conectadas con nuestra vida interior.

¿No será más sensato, más humano, mejor, PONERNOS en el CORAZÓN -además de en las manos y en la cabeza- de las ORGANIZACIONES QUE HABITAMOS?

Sin las personas no somos nada. Si no les entendemos, si no nos entendemos, no comprendemos nada: ni quienes somos, ni la sociedad donde vivimos. Tampoco el mercado donde operamos. Ahí está la clave para salir de esta nueva encrucijada: situarnos conscientemente en el centro de este ring para conseguir una sociedad más ética y espiritual.

Molicie

CALLICLES. Ya hace tiempo que te lo dije. Por de pronto, por los más poderosos yo no entiendo, ni los zapateros, ni los cocineros, sino los hombres entendidos en los negocios públicos y en la buena administración del Estado; y no solo entendidos, sino valientes, capaces de ejecutar los proyectos que han concebido, sin cejar por molicie y debilidad de alma. (Platón, Gorgias)

Según el Diccionario de la Real Academia, en su segunda acepción, molicie es el abandono invencible al placer de los sentidos o a una grata pereza. Familiar, conocida y actual, ya que resulta ser una actitud bastante generalizada y muy común durante nuestras vacaciones, y, por lo que parece, no tan moderna: hace unos 2420 años, Platón ya aplicó el término en sus diálogos como algo a evitar por parte de las personas entendidas en los negocios públicos y en la buena administración del Estado.

En la réplica final de Sócrates a Callicles, la preciosa historia que imagina que su interlocutor va a tomar por fábula y que él cree que es una verdad, resulta ser una parábola conmovedora, que la fe cristiana no elimina, sino que acoge y valora plenamente (Ratzinger, 2005. P. 98). En pocas palabras, cada mortal va dejando en el alma huella de su actitud y sus actos y, sabedor/a de que finalmente tendrá que rendir cuentas y ser juzgada/o por ellos por Radamanto (población de Asia), Éaco (Europa) y, en última instancia – en caso de dudas, como tribunal de apelación -, Minos, deberá elegir si vivir en la injustica, la mentira, la molicie, la intemperancia, la insolencia y pasar la eternidad en el Tártaro… o bien procurar ser fiel a la verdad, llevar una vida recta y justa y pasarla en las Islas Afortunadas (no confundir con el archipiélago canario).

Esta apelación platónica a la responsabilidad individual podría verse seriamente afectada por la sempiterna cuestión que un alto porcentaje de la ciudadanía, mayormente occidental capitalista, nunca termina de hacerse, tanto si se trata de su vida laboral cuanto si se refiere a su tiempo de ocio: ¿Por qué nunca tengo tiempo?

Francesc Miralles cita las leyes de Parkinson (1957) que aluden a nuestro uso del cronos:
“El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización”
“Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos”
“El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia”

Y subraya las afirmaciones de Cristina Benito, autora de Time Mindfulness (2020), en las que la economista pone de relieve que la falta de tiempo es en realidad una falta de prioridades que tiene su origen en la comodidad, llevando a cabo en primer lugar lo que nos resulta más sencillo. A la percepción equivocada de la productividad y la obligación autoimpuesta de complacer siempre a los demás debemos sumar

El miedo al encuentro con uno mismo. Trabajar y atender compromisos llenan toda la agenda y nuestro espacio mental, lo cual nos impide pensar. Esto nos libera de hacernos preguntas incómodas que se pueden resumir en una: ¿es esta la vida que quiero llevar? (Miralles, 2020)

La ética y sus especialistas nos recuerdan constantemente la importancia de asumir individualmente las responsabilidades y cómo esta actitud influye en el conjunto de la sociedad:

Desde el punto de vista de la ética, cada acto es importante y puede ser bueno o malo. Más importantes son las actitudes, que son predisposiciones que vamos desarrollando por la repetición de actos. Y lo verdaderamente significativo es cómo es nuestro carácter, esa segunda naturaleza, ese modo de ser adquirido que vamos construyendo con nuestras elecciones y que puede tender hacia el bien o hacia el mal. (Echaniz Barrondo, 2020)

Cada acto es importante para definir nuestras actitudes: el negacionismo, la irresponsabilidad, la dejadez, la ceguera al kairós, el apego patológico al cronos… no usar la mascarilla, no guardar las distancias, no seguir las indicaciones de las autoridades sanitarias… no reciclar, tirar un papel al suelo, derrochar agua… mentir, traicionar, no pensar en las y los demás… la crítica desinformada, la manipulación y tergiversación intencionada de las noticias… ¿Es este el estilo de vida que quiero vivir?

SÓCRATES (…) Ningún mal te resultará, si eres realmente hombre de bien, y te consagras a la práctica de la virtud. Después que la hayamos cultivado en común, entonces, si nos parece conveniente, tomaremos parte en los negocios públicos; y cualquiera que sea aquel sobre que tengamos que deliberar, deliberaremos con más acierto que podríamos hacerlo ahora. Porque es una vergüenza para nosotros, que en la situación en que al parecer estamos, presumamos como si valiéramos algo, siendo así que mudamos de opinión a cada instante sobre los mismos objetos, y hasta sobre lo que hay de más importante; ¡tan profunda es nuestra ignorancia! Por lo tanto, sirvámonos de la luz que arroja esta discusión, como de un guía que nos hace ver que el mejor partido que podemos tomar es vivir y morir en la práctica de la justicia y de las demás virtudes. Marchemos por el camino que nos traza, y comprometamos a los demás a que nos imiten. (Platón, Gorgias)

Bibliografía de referencia
Diccionario de la Real Academia. Molicie. Recuperado de https://dle.rae.es/molicie?m=form

Echaniz Barrondo, Arantza (2020, 17 de agosto) Si pudieras volver el tiempo atrás… Recuperado de: http://echanizbarrondo.blogspot.com/2020/08/si-pudieras-volver-el-tiempo-atras.html

Gil Lugo, Wolfgang (2020, 2 de junio). A los que niegan la existencia del coronavirus. Prodavinci, Perspectivas. Recuperado de: https://prodavinci.com/a-los-que-niegan-la-existencia-del-coronavirus/

Miralles, Francesc (2020, 23 de agosto). ¿Por qué nunca tengo tiempo? El País Semanal. Recuperado de: https://elpais.com/elpais/2020/08/17/eps/1597678357_478707.html?fbclid=IwAR3ZsaF-q89czgedthLc_prCEwKIwb5baRG6OEe334_qDIXXh4E700NOZyg

Platón. Gorgias. Recuperado de: http://www.filosofia.org/cla/pla/img/azf05115.pdf

Ratzinger, Joseph, Benedicto XVI (2005). EUROPA, raíces, identidad y misión. Madrid: Ed. Ciudad Nueva

Si pudieras volver el tiempo atrás…

Hace unos días escuchaba, después de mucho tiempo de no hacerlo, el tema Sueños de Diego Torres, cantautor y actor argentino, muy conocido, además, por Color esperanza. El vídeo comienza con una pregunta, que más de una vez me he hecho… Si pudieras volver el tiempo atrás ¿harías lo mismo?

Hacerse esa pregunta es una gran tentación porque encierra la ilusión de que cambiando una sola decisión cambiaríamos completamente el rumbo de nuestra vida… ¡Como si existieran máquinas del tiempo que nos permitieran volver a ese punto y ya todo sería perfecto! Ciertamente, hay momentos en los que tomamos decisiones de gran trascendencia o que pueden tener unas consecuencias muy relevantes. Hay elecciones que cruzan líneas de no retorno (como, por ejemplo, matar a una persona), pero cada acto y cada decisión nos marcan y nos modelan.

En clase de Ética, me gusta insistir en la relación entre actos, actitudes y carácter. Ninguna persona nace distinguiendo el bien del mal. Es algo que vamos aprendiendo por lo que nos enseñan nuestras personas de referencia y lo que vamos experimentando en carne propia. Desde el punto de vista de la ética, cada acto es importante y puede ser bueno o malo. Más importantes son las actitudes, que son predisposiciones que vamos desarrollando por la repetición de actos. Y lo verdaderamente significativo es cómo es nuestro carácter, esa segunda naturaleza, ese modo de ser adquirido que vamos construyendo con nuestras elecciones y que puede tender hacia el bien o hacia el mal.

Para mí, quizá sea por mi momento vital, el sueño más destacado es aquel en el que visualizo a la persona que quiero ser, que muestra la imagen con la que quiero que me recuerden quienes me hayan conocido. Me mueve más la pregunta: ¿Es así como quieres que te recuerden? ¿Esto te acerca a la persona que quieres ser? No se trata tanto de pensar cómo hubiera sido mi vida de haber elegido otros caminos, sino de ver cómo recorro el camino que me queda partiendo del lugar en el que estoy y teniendo siempre presente cuál es el ideal de persona al que quiero acercarme.

Me quedo con los versos finales de la canción…

Deja que tus sueños sean olas que se van

Libres como el viento en mitad del mar

Creo que la vida es un tesoro sin igual

De los buenos tiempos siempre quiero más

Deja que tus sueños sean olas que se van

Creo que la vida es un tesoro sin igual

Me dejo llevar.

 

 

 

Mindfulness o meditación

Si estás leyendo este blog, lo más probable es que en algún momento de tu vida te haya picado el gusanillo de la meditación o el mindfulness y hayas practicado en alguna ocasión. Y si estás al tanto de las actividades formativas para empresas, te habrás dado cuenta que el mindfulness está entre el top ten de la oferta formativa.

¿En que se diferencian la meditación del mindfulness?

La línea que separa ambas prácticas es sumamente delgada, podríamos decir que tiene que ver con su origen, ya que la meditación es una práctica milenaria que proviene de las tradiciones espirituales en el que el objetivo, por definirlo de alguna manera, es simplemente SER. Mientras que el mindfulness es una una traducción de la palabra “Sati” de la lengua Pali en la que se encuentran escritas las colecciones más antiguas de los textos budistas. Sati, en la terminología budista, y en la mayor parte de los casos, se refiere al presente y como término psicológico, se le suele traducir como atención, o conciencia plena y su término se ha popularizado gracias a John Kabat Zinn  El integró sus conocimientos sobre budismo y prácticas meditativas con conocimientos occidentales con el objetivo de reducir el estrés  y el manejo del dolor en técnicas complementarias a la medicina. Así que podríamos decir, que el mindfulness es la occidentalización de la meditación, para una cultura donde impera la razón y que busca reducir y estrés y aumentar el bienestar, alejándose de toda connotación espiritual.  John Cabat Ziinn lo define como “prestar atención de forma intencionada al momento presente, sin juzgar”.

“El mindfulness es meditación, y está tanto en el budismo como en el hinduismo. Es la primera técnica de meditación que se aprende, a la que se llama ´shamata´ en sánscrito o ´shiné´ en tibetano, y tras la que se va hacia prácticas más avanzadas. Se ha extraído del contexto espiritual y se ha acercado con un lenguaje psicológico a Occidente. Se ha hecho muy accesible porque se ha sabido presentar bien…El asunto, para mí delicado, es que el mindfulness se entiende en algunos ámbitos de un modo únicamente materialista. En ellos se aplica la atención plena a la eficacia y a automatizar procesos. Y es triste que se popularice más para sacar un rendimiento y como un producto de consumo, que para estar al servicio del desarrollo pleno de la persona”.

.Lama Tashi Lhamo

Hay varios tipos de meditación, pero las principales son dos,

  • Concentrarse en algo (un mantra, o un objeto como una vela, el mar, una imagen etc..  De tal manera que cuando se pierde la concentración en el objeto, hay que volver a redirigirla hacia el mismo.
  • Permitir que la conciencia pase de un estímulo a otro, aquí entrarían más específicamente la meditación Vippasana o el mindfulness, permitiendo que la conciencia se abra a la experiencia, incluso a aquellos aspectos que están cerrados.

Tanto la meditación como el mindfulness son prácticas muy beneficiosas, pero son eso, prácticas, algo que tiene que formar parte de la rutina diaria para recibir sentir los efectos, pero ojo, con las expectativas de aquellas personas que quieran fórmulas rápidas e inmediatas… Con este tipo de prácticas tienes que estar dispuesta/o a que forman parte de tu día a día y a contemplar, y sostener, lo que aparece, y esto, no es siempre maravilloso.

 

“Prestar atención de un modo particular: a propósito, en el momento presente y sin establecer juicios de valor” (Jon Kabat‐Zinn, 1990).

Fuente:

https://www.efesalud.com/diferencia-meditacion-mindfulness/

¿Nueva normalidad o realidades paralelas?

Realidades paralelas

A veces se ponen de moda conceptos que aceptamos con facilidad. Creo que uno de los que se ha impuesto recientemente es del de “nueva normalidad”. Es evidente el deseo de dejar atrás esa sensación de temor, de falta de control, de dolor derivado de la alarma sanitaria que estamos viviendo aun pero de la que nos vamos alejando. Pero más allá de la necesidad de normalidad que todos tenemos, más allá del deseo de recuperar parte de las rutinas personales y sociales perdidas, incluso dejando de lado todo lo hablado sobre el cambio que ha venido para quedarse y el que hemos vivido y deberíamos conservar, más allá de todo eso está la constatación de las realidades paralelas escondidas en la normalidad.

La realidad no solo es compleja sino que, además, es multidimensional. A medida que nos hacemos adultos tomamos conciencia de que nuestro universo, aquel que protagonizamos, se amplia. Para un niño de un año solo existe lo que ve, mas tarde aprende a inferir que hay vida más allá de lo que sus ojos pueden contemplar. De alguna forma siempre, no solo en nuestro proceso de crecimiento, sino en la propia historia de la humanidad, hemos convivido con estas realidades que se entrelazan. Pero sucede que nunca hasta ahora las fronteras entre esas dimensiones han sido tan fáciles de ver, de observar y traspasar y tan difíciles de diferenciar.

Tal vez deba aclarar que cuando uso la palabra mundo en este contexto me estoy refiriendo al conjunto de situaciones y escenarios que identificamos como propios. Claro, es una metáfora. Pero también nos permite reflexionar en torno a como se construye nuestra realidad, la que percibimos. Y me interesa especialmente este tema porque conecta con una cuestión clave para el proceso de desarrollo o involución humana y que no es otra que la conciencia de oportunidad.

Planos clásicos.

Hay algunos vectores que generan dimensiones paralelas entre personas que habitamos la misma realidad.  Los planos clásicos serían los que nos han acompañado como especie la mayor parte de nuestra historia. Son percepciones diferentes de la misma realidad originadas por características individuales específicas. Por ejemplo una de ellas sería la edad que es un prisma que hace que observemos la realidad a través de la perspectiva de nuestras experiencias y necesidades. Otros son la cultura y/o la educación que nos aportan un código con el que entender la parte más social de la realidad que nos rodea. Por último señalaré los distintos roles que adoptamos, asumimos e interiorizamos en los distintos escenarios de la realidad por los que transitamos y que, también, añaden perspectivas diferentes de la realidad.

La realidad desde la construcción de los planos clásicos parece de dos dimensiones, en la que siempre nos encontramos con un mismo sujeto frente a una misma realidad. Esto suponía que si uno tenía el conocimiento suficiente podría conducirse con cierto éxito por la vida. Mirar a los ojos, dedicar tiempo de conversación, compartir tareas eran herramientas básicas para poder conocer a los demás, a uno mismo, y a la realidad que nos circunda.

Planos tecnológicos.

¿Nueva normalidad?

Hemos sumado desde hace unas pocas décadas un nuevo espacio de realidad a través de la tecnología. Esto supone una novedad que genera un conjunto de nuevos planos que están formando parte de nuestras vidas. En cada uno de ellos, en cada red social, en cada interacción virtual se puede generar un nuevo contexto diferente, lo que nos puede llevar a usar diferentes identidades (avatares) con distintas personalidades que multiplican exponencialmente la complejidad de la realidad observada desde los planos exclusivamente clásicos. Nos comunicamos con personas que no conoceremos nunca en persona, y pronto no sabremos si estamos interactuando con otro ser humano o con un robot. La realidad digital abre un número ilimitado de posibilidades, que se convertirán también en virtuales, y que van a hacer que nuestro universo pase del plano bimensional clásico al multidimensional.

Implicaciones psicológicas y emocionales.

Nuestra percepción de la realidad siempre ha sido un asunto complejo. Son muchos los procesos psicológicos básicos afectados por esta tarea, pero también es fundamental el papel de la ética o el de los valores. La primera realidad que conocemos y en la que nos desarrollamos es la familia y/o a un grupo origen. Necesitamos un punto de referencia desde el que adquirir una identidad inicial, desde el que educar nuestra empatía y nuestra capacidad de conexión emocional con los demás. A medida que logramos este primer peldaño habría que aprender sobre otras identidades diferentes, sobre otras referencias culturales distintas (en la medida de lo posible desde una mirada apreciativa). Y así poder llegar a un tercer estadío de conocimiento de las distintas identidades que conforman el ser de uno mismo. Alcanzar un cierto grado de autoconocimiento en el que observemos nuestra propia realidad de forma polidimensional.

Mundos diferentes, normas distintas.

La cuestión es que la capacidad que tenemos de crear nuevas realidades nos permite moldear espacios con normas de nuestro gusto. Solo con cambiar de plano de realidad, cambia mi papel y la forma en la que debo interactuar con el entorno. Puede formar parte de un ejercicio de creatividad o de autoexploración pero también de huida o de aislamiento. Es aquí donde la ética juega un papel complementario imprescindible a la hora de navegar por estos espacios multidimensionales de la realidad. En tiempos de alerta sanitaria ha habido una necesidad de reubicarnos ante nuestras prioridades con respecto de la realidad que han puesto a prueba tanto

nuestra fortaleza psicológica como nuestras convicciones éticas. Creo que hemos vuelto a tomar conciencia de que todos los planos del complejo mundo en el que vivimos tienen un orden de prioridades que habíamos olvidado. Tanto jugar y recrearnos en construir realidades paralelas mucho más interesantes y satisfactorias nos ha hecho alejarnos de la realidad primigenia, la primera capa de ésta. La nueva normalidad, así vista, tiene también algo de recolocar, de redescubrir la importancia de dar un orden a las distintas dimensiones de la compleja realidad.

desde el fin de la tierra a la tierra nueva de la confianza

con la resaca de las elecciones autonómicas, vasconas y gallegos se levantan a un nuevo día laborable, con las velas al viento de la confianza, y me sonrío al ver cómo se gesta la entrada de hoy, una entrada que crea un puente entre el mundo viejo y el nuevo,

entre Finisterre y Terranova, Euskadi, Galicia y Latinoamérica, en un mundo que gira del miedo viejo a la confianza, un nuevo ingrediente que es fundamental en estos tiempos de incertidumbre,

en el que nos pueden inducir a pensar que la tierra es plana, hay mucho tierraplanista por ahí, que sigue pensando que el mundo se acaba donde se acaba mi pueblo, mi comarca, ni región, mi nación,

tierraplanistas que nos pueden inducir a una vida en competición, no vaya a ser que se nos ocurra pensar un día que la confianza es mejor que el miedo, y que podemos florecer desde la colaboración.

son ya unos cuantos años que conozco a Jorge Villalobos, presidente del Centro Mexicano de Filantropía, y en el camino hemos compartido alguna que otra conversación, algún que otro cafecito y desayuno,

es una pena que no podamos participar en este encuentro que celebran este año para grandes empresas, como tampoco podemos participar en la inauguración del nuevo centro de la ciudad de México,

en este año tan raro del COVID, en el que las reuniones se cancelan, los contactos personales se minimizan y los vuelos y viajes internacionales se cancelan, va a ser que no hay viaje este año a México, ni en marzo ni en mayo,

un año raro raro en el que, curiosidades de la vida, sigo mirando hacia latinoamérica, apoyado por las tecnologías de la información, en el grupo de 7 emociones en curso hay 4 personas que nos acompañan desde México y 2 desde Argentina,

no es extraño que el siguiente paso con el CEMEFI sea un webinar, salvando esas 7 horas de diferencia, en el que podemos explorar las facetas de la confianza, tan necesarias en un mundo abierto a la colaboración.

   así lo vimos…

en el proceso de preparar la imagen visual de la presentación, el logo del CEMEFI, 3 cuartas partes de un círculo naranja que se abren al texto, en negro, con un punto en la i, se solapa con el mundo que soportan unas pocas manos,

esta imagen que hemos utilizado para vestir el estudio sobre la confianza en el mundo organizativo en Latinoamérica, un estudio que tiene 3 polos desde los que se desarrolla, España, Argentina y México,

quién me iba a decir que esta relación que inicio con base en la responsabilidad social hace casi 20 años con Jorge nos iba a brindar esta posibilidad nueva, en la que un arco iris cruza el océano atlántico,

esa mar grande que nos lleva más allá de Finisterre, del fin de la tierra, a la tierra nueva, y me río al recordar esta conversación con mi amigo Bernardo, mi primer mentor cuando inicio  en el mundo laboral,

esa mente siempre despierta y afilada que me habla esta misma semana de los terraplanistas, sí, que todavía los hay, esas personas que siguen afirmando, en su respectivo ámbito del saber, convertido en des-conocer,

que la tierra es plana,

a los que les deberíamos animar a que nos lleven al borde, a esa esquinita en la que si nos pasamos nos vamos al abismo, el concepto que nos venden en Finisterre, ese acantilado precioso desde el que se divisa el ancho mar.

y tú, ¿sigues pensando que la tierra es plana y que competir es mejor que colaborar?

cuando abrimos la mente y cambiamos una creencia arraigada, nuestra vida cambia, es lo bonito que tiene conectar con nuestro niño natural, que ve posibilidades inmensas donde el ser adulto sólo ve una pared,

un viaje que vamos a denominar el camino del juego y del dis-fruT, un camino abierto tmbn, cómo no lo va a estar, a tu imaginación.

y me imagino una relación con el CEMEFI en la que nos ayudan a lanzar el estudio sobre la confianza en las organizaciones latinoamericanas, un ejercicio coral que florece desde Euskadi (mira que es bonito ponerse a imaginar) desde la energía de la colaboración

desde organizaciones con espíritu y corazón estamos comprometidas en el desarrollo del 3ple camino de las personas, los grupos y las organizaciones, con 3 conjuntos de capacidades que quedan representadas por 3 palabras,

curiosidad– compasión– coraje,

3 palabras que sintetizan 3 aperturas, apertura de mente, de corazón y de voluntad, 3 palabras que resumen 3 grupos de características, relacionadas con 3 ámbitos de desarrollo personal, de los grupos y de la organización, ya que

  1. la curiosidad es la llave de la creatividad grupal en organizaciones innovadoras,
  2. la compasión es puerta de los grupos saludables y de organizaciones sanas,
  3. el coraje es la llave de la responsabilidad en organizaciones excelentes.

7 emociones es un modelo de responsabilidad emocional cc inspirado en el arco iris, en la teoría del color de Goethe, en la teoría U de Otto Scharmer, un modelo que compartimos desde este enlace.

te deseamos amor y orgullo sano para el desarrollo de entornos de confianza,  y te mandamos 3 abrazos, plenos de curiosidad, compasión y coraje, que el camino nos encuentre,

feliz 2020 y buen camino.

La aceptación

¿Puede haber algo más frustrante que tener que aceptar una situación cuando se estás en pleno maremágnum emocional? Todo el mundo hemos pasado por algún que otro momento de negación de realidad, un situación de lucha contra lo que está ocurriendo, es como darse contra un muro una y mil veces porque nos empeñamos en que el muro no debe estar ahí.

El dolor de la no aceptación

La no aceptación genera dolor, es evitar la realidad y atentar contra nuestro bienestar. Cuando negamos algo no podemos transformarlo y estamos perpetuando el malestar intentando evitar lo inevitable. Cuando hay dolor activamos nuestros mecanismos de defensa para evitarlo, pero sigue ahí.

Aún así, la no aceptación puede tener una función protectora necesaria para la persona, bien sea por que es una manera de protección contra un dolor más grande (aunque a largo plazo sea un autoengaño), o bien porque es necesario para el propio desarrollo personal.

Tratar de cambiar las situaciones o a las personas es una pérdida de tiempo y energía, si hay algo que queremos cambiar es porque no lo aceptamos tal cual es, y de ahí viene la queja, el juicio, la descalificación, y dolor. Por tanto, la mejor pregunta cuando algo nos perturba mucho es, ¿qué es lo que no estoy aceptando? Y eso que te está molestando o incomodando ¿te impide estar en la vida de la manera que tu quisieras?

 

Aceptación Vs. Resignación

Aceptar es ver las cosas tal y cómo son, y desde ahí, solo desde ahí puede haber adaptación, cambio o evolución, requiere de comprensión y de una actitud activa. Significa de permitir que las cosas ocurran y poder “soportar” lo que hay, a corto plazo hay que aguantar la incomodidad, frustración, ganas de salir corriendo, pero a la largar aporta mucha libertad y presencia.

Resignarse es adquirir una postura sumisa donde el cambio no es posible y conduce a una secuencia de excusas que justifican el comportamiento pasivo (para que voy a reclamar nada si no hacen caso, para que intentarlo si total…), esto además hace que el foco de atención esté puesto en lo negativo.

La aceptación también tiene mucho que ver con la compasión porque ésta permite aflorar una mirada amorosa cuando aparecen los juicios internos, lo que nos lleva a comprender el porqué de las situaciones o entender que motiva las personas actúan de determinada manera.

La auto aceptación

“La aceptación no es amor. Amas a una persona porque él o ella tiene rasgos dignos de ser amados, pero aceptas a todo el mundo porque están vivos y son humanos”.

Albert Ellis

La aceptación va de la mano de la autoestima, Alber Ellis propone que las personas debemos tener una aceptación incondicional hacia nosotros mismos ya que el solo hecho de vivir ya es un valor en si mismo.

Ellis argumenta que las personas tienden a desarrollar su autoestima valiéndose de tres actitudes que están bajo una mirada distorsionada, y que no aceptamos ni perdonamos no cumplirlas, ya que, si no las cumplimos, no nos aceptamos.

  • Las personas se evalúan de acuerdo a como actúan y en función de si se sienten aceptadas o no según sus rasgos. Confundiendo lo que hacen con lo que son.
  • La capacidad de tener éxito en la vida. ¡Como si hubiese una única definición de éxito!
  • Pensar que es necesario sentir que valemos para aceptarnos y respetarnos. Cuando la aceptación es algo que debería ser connatural al ser humano.

La aceptación, en definitiva, es un derecho innato orientado a la valoración y el compromiso personal, es dejar de pelear y empezar a tratarnos con amor y respeto tanto los aspectos que más nos gustan como los que menos, para mi, el reto está en aceptar en aquellos aspectos de nosotras/os mismas/os que menos nos gustan:

  • A pesar de sentir vergüenza, me quiero y me acepto
  • A pesar de sentir miedo, me quiero y me acepto
  • A pesar de reaccionar de manera descontrolada con mis hijos, me quiero y me acepto
  • ….

Solo así es posible la transformación y renovación

 

“A lo que te resistes persiste, lo que aceptas te transforma” Proverbio budista

 

¿Tienes alguna experiencia de alguna situación que sólo has podido transformar después de aceptarla?

 

Preferiría no hacerlo

Gracias a un hallazgo en linkedinn, hace unos días descubrí a “Bartleby, el escribiente”. Relato corto que comparte autor -no fama- con Moby Dick, la obsesiva persecución del célebre cachalote.

1800, en una oficina cualquiera de Wall Street. Herman Melville nos narra la singular historia de Bartleby, solícito y ejemplar copista de textos legales. Remedo de “photocopier man” con precisión y diligencia maquinal.

Bartleby es contratado por “circunstancias de la producción” en un despacho poblado por excéntricos personajes. Su laboriosidad le hace acreedor de la confianza del narrador, un tranquilo abogado y sin ambiciones. Comparte funciones con dos copistas apodados Turkey (rechoncho y mutante, rosado de mañana y exaltada “parrilla llena de brasas” tras el almuerzo) y Nippers (ambicioso, amarillento y joven “cantinero de sí mismo”, nervioso de nacimiento). Personajes de irritabilidad consecutiva a mayor gloria del equilibrio emocional en este bufete: cuando uno se muestra enérgico, el otro permanece tranquilo y viceversa en sesiones de mañana y tarde. Junto a ellos, Ginger, estudiante de derecho ejerce de recadero.

Hasta aquí, lo que podría ser el aburrido argumento protagonizado por una tediosa vida laboral en un anodino lugar. Hasta que el relato atrapa tu curiosidad cuando un día Bartleby -parapetado tras su biombo-, responde con un lacónico “Preferiría no hacerlo” a una orden del abogado.

Su primera reacción es de incredulidad. ¿Habré oído mal? Atónito, reformula la pregunta obteniendo la misma respuesta. Desconcierto ¿No me habrá entendido? Irritación. Cada vez más airado recibe -una y otra vez- la misma respuesta: Un “Preferiría no hacerlo” que se convierte en particular mantra por los siglos de los siglos.

“I would prefer not to”. Sin más explicaciones, sin aclaraciones. Cada vez más frecuente, cada vez más generalizado, hasta impregnarlo todo.

A lo largo del relato, el abogado transita entre la cólera y la exasperación por la resistencia pasiva del empleado con momentos de compasión hacia este afanoso copista que nunca salía. Ni a almorzar. Ni a nada. Bartleby se convierte en parte del mobiliario, en eterno y fiel inquilino del despacho que renuncia a todo excepto a la inacción, a la quietud, en una misteriosa y sedentaria actitud de rebeldía.

Al principio porque prefiere no hacer nada que le mueva de su “zona de alcanfor”. Después, por hábito. Finalmente, por adicción.

Bartleby me ha recordado al protagonista de otro relato corto El artista del hambre, de Frank Kafka quien también sucumbe de inanición, en soledad, en el olvido.

Víctima de sí mismo su comportamiento ha sido interpretado como un acto de rebeldía de quien no quiere seguir ejerciendo su función social; como síntoma psicopatológico de esquizofrenia, como muestra de la falta de propósito y sentido. Incluso como ejemplo frente a la alienación.

Es un relato curioso, abierto a interpretaciones diversas. Cada lectora, cada lector, la suya. ¿La mía? “Preferiría no hacerla” …