Inteligencia emocional

The narcissist

Mi amigo Oli es visitante asiduo de este blog. Se lo agradezco. Sin gente como él, este espacio no tendría razón de ser. No tendría su “por qué”.

Me dice que las referencias musicales son la parte que más le gusta de mis posts. Compartimos pasión por la música. ¡qué sería de nosotros sin “just breathe” y tantos otros temazos! Sin melodía no hay relato.

Este post debe su título a “The narcissist” adelanto del último álbum de Blur. Porque sobre narcisismo, salpimentado de soberbia, van las siguientes líneas.

Dice la mitología que Narciso fue el apuesto hijo de una Ninfa. Bello, altivo y engreído, Eco fue una de las víctimas de su vanidoso desprecio por los demás. Incapaz de amar a nadie, Eco fue cruelmente rechazada. Desolada, se desvaneció en el bosque dejando en el aire el eco de su voz.

Más tarde Narciso encontró en su soberbia, su penitencia.

Estaba advertido: años antes, la trágica profecía de un vidente le anunció que llegaría a viejo siempre que “no se conociese a sí mismo”. (Vaya: vidente anti- “conócete a ti mismo”. Al parecer, también en la Antigua Grecia followers y haters se repartían el agora …)

Fue premonitoria su revelación. Profecía autocumplida. Porque borracho de sí mismo, de su propia imagen en un estanque se enamoró. Y, víctima de su amor por sí mismo, en sí mismo se ahogó. Y en el estanque quedó.

Una verdadera lección en tiempos “egosistémicos”. Donde la “gestión del ego” se ha convertido en desmedida voracidad por acumular y consumir evidencias de indicadores vanidosos. En los que siempre sales mejorado. Siempre guapo. Siempre en tu más mejor versión.

Ego y algoritmo se confabulan para saciarte con “lo que quieras oír

Y entre la extensa oferta de productos de la “industria de la felicidad”, no hay lugar para “pepitos grillos“, nada que te refute.

Nadie que te recuerde, victorioso general montado en su cuadriga gloriosa, que también tu eres humano, frágil, y no un dios.

Que la victoria, también la belleza, es efímera.

También para “the narcissist”.

(*) Imagen creada con https://openai.com/dall-e-2

Redes Sociales. Constructoras de Fraternidad Universal.

Foto de Gerd Altmann en Pixabay

Me han pedido que imparta un taller sobre el uso de las Redes Sociales a un grupo de voluntarias y voluntarios del Movimiento de los Focolares (Focolares, Web oficial) provenientes de distintos puntos de España. Primero, me siento agradecido y halagado. Después, tengo un poco de pudor. No soy un experto en el tema. Como en tantas otras cosas, solamente soy un usuario habitual, quizás avanzado, y publico lo que escribo en distintas plataformas. Agradezco a quienes me invitan a expresarme en ellas y me atrevo hoy, con cierto reparo, a compartir qué tengo en cuenta cuando tengo que acometer esa labor.

Reparo, porque creo honestamente que puedo aportar en las redes lo que pienso y siento, pero como en cualquier otra experiencia de comunicación, soy consciente de que si bien habrá quienes compartan total o parcialmente mis opiniones, otras personas no pensarán lo mismo y tendrán otras tan válidas como las mías, o más, aunque pudieran ser antagónicas.

Y es en este punto en el que quisiera detenerme un momento.

Las Redes Sociales se han convertido, en cierta medida, en la plaza del pueblo. Y en las plazas de los pueblos coincidimos personas de toda clase, formación, profesión, habilidad, ideología, creencia, virtud o ausencia de alguna o de todas las antedichas. También personas bienintencionadas, las más, y otras con aviesas intenciones, no tantas, pero muy dañinas.

En la plaza real, con sus bancos, fuentes, farolillos, árboles y jardines, a una determinada hora —pueden ser varias a lo largo de la jornada— se reúne el vecindario. Encuentro a alguien con quien hablar e inicio una conversación o reacciono y respondo si quien da el primer paso es la otra persona. Casi con total seguridad será conocida —de lo contrario podrían tomarme por loco— y nuestra charla pasará desapercibida para el resto de ocupantes del espacio circundante, salvo para quienes estén a nuestro lado y no estén hablando con nadie, u otras personas, también conocidas, que podrían querer sumarse a nuestro coloquio.

El tono de éste será cordial en la medida en que el tema tratado no genere discordancias o acabará con una abrupta subida de volumen de las voces y correspondiente engrosamiento de las palabras en caso contrario. Algunos —subrayo aquí mayoritariamente el masculino—, incluso, llegado el caso, podrían evocar su vena pugilística e intentar liarse a guantazos para dirimir diferencias. Cómo acabe esta historia dependerá del grado de proximidad, relación afectiva, educación y contención de las personas implicadas.

En la nueva plaza virtual no hay diferencia en cuanto a la tipología de las personas participantes antes descrita. Sin embargo, sí en cuanto al número. Aquí son miles o cientos de miles. A esta plaza, además, puedo acceder en cualquier momento y desde cualquier sitio, con solo activar mi teléfono inteligente, mi tablet o mi ordenador. Y estas son las puertas de acceso al mundo de las redes sociales, que son “… sitios o plataformas de internet que nos permiten conectarnos con amigos y familiares, entablar nuevas relaciones de un modo virtual y compartir e interactuar con todos ellos intercambiando información, datos y contenidos en diferentes formatos (texto, audio, fotografía, vídeo). También creamos comunidades sobre intereses comunes: trabajo, tiempo libre, lecturas, juegos, amistad, aficiones, relaciones amorosas, relaciones comerciales, etc.” (Duque, 2018).

Pero en estas interacciones entra en juego algo que pasa absolutamente desapercibido, y que toma buena nota de todo, DE TODO. Al conectarme a internet, a través de cada red social que utilizo “… estoy transmitiendo sin apenas darme cuenta quién soy, dónde vivo, dónde estudio o trabajo, dónde estoy, con quién, cómo voy, qué me gusta y qué no, a qué hora y qué leo, cuándo duermo, quiénes son mis amigos y familiares, cuál es mi orientación sexual, religiosa, política…” (Duque 2018).

Esta información que se recoge y almacena cuidadosamente en una gigantesca base de datos (Big Data) que será analizada, ordenada y clasificada para ser utilizada convenientemente para ofrecerme lo que decida que se ajusta a mi perfil y beneficie a las empresas que patrocinan la red social correspondiente. En pocas palabras, para controlarme y manipularme contando con mi consentimiento. “Juntos, libre y voluntariamente, estamos haciendo realidad parte de la distopía del 1984 de George Orwel: Big brother is watching you! (¡El Gran Hermano te vigila!). E insisto: diaria, libre y voluntariamente, sin preocuparnos lo más mínimo” (Duque, 2021).

Foto de Gerd Altmann en Pixabay

Por otra parte, ¿cuántas veces nos habremos encontrado con noticias, imágenes, comentarios, vídeos, audios o textos que nos han hecho experimentar sentimientos de ansiedad, odio, hostilidad, discordia, división? Muy probablemente gran parte de ellas, si no todas, serían noticias falsas (fake news), ya que esos son los efectos que provocan.

¿Cuántas nos hemos resistido a reaccionar del mismo modo y volcarlo en las redes?

Teniendo todo esto en cuenta, que puede asustar un poco, ¿qué podemos hacer?

En 1997, en su Lección con motivo de la concesión del doctorado honoris causa en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Católica St. John, Bangkok, hablando del uso de los medios de comunicación de ese momento por parte del Movimiento de los Focolares por ella fundado, Chiara Lubich decía:

… Es verdad que actualmente se los critica por el mal, la violencia, el erotismo, etc., que transmiten. Por eso, dado el mal uso que se suele hacer de ellos, nos podemos preguntar si nos alineamos con los que los maldicen, o bien con los que los exaltan.

Nosotros queremos estar entre los que quieren hacer buen uso de ellos e invitan a los demás a hacer lo mismo (…) Precisamente ahora, cuando se requiere un mundo más unido y se reclama la fraternidad universal, ahora es cuando la humanidad dispone de estos potentes medios de comunicación (…) Espero que, gracias a él (el doctorado honoris causa) muchos adquieran mayor conciencia de lo que pueden llegar a ser en nuestras manos estos dones de la técnica moderna. (Clariá, Dal Rì, 2000:514).

Como vemos, las redes sociales pueden contribuir tanto a la construcción de un mundo mejor como a entorpecer este proceso. Si nuestra apuesta es la primera, esforcémonos por conocerlas bien y utilizarlas adecuadamente, cuidando qué y cómo dejamos nuestra huella en ellas.

Tengo en mi mesa un pequeño cartel en inglés que me recuerda una clave que me ayuda a ello: antes de hablar —o de escribir, de compartir por las redes…—: PIENSA (Before you speak: THINK), transformando el verbo pensar en inglés (think) en un acrónimo:

T – Is it true? (¿Es cierto?)
H – Is ti helpful? (¿Es útil?)
I – Is it inspiring? (¿Es motivador?)
N – Is it necessary? (¿Es necesario?)
K – Is it kind? (¿Es amable?)

Referencias
Clariá, Carlos y Dal Rì, Claretta (2000). Unidad y medios de comunicación. En Como un arco iris. Madrid: Ciudad Nueva, 509-596.
Duque, Juan Carlos (2018, 11 de mayo). Redes sociales: emociones a flor de piel. Recuperado de https://blogs.eitb.eus/inteligenciaemocional/2018/05/11/redes-sociales-emociones-a-flor-de-piel/
Duque, Juan Carlos (2021, 16 de febrero) El dilema de la mensajería digital. Recuperado de
https://blogs.eitb.eus/inteligenciaemocional/2021/02/16/el-dilema-de-la-mensajeria-digital/
Duque, Juan Carlos (2022, 17 de mayo). No a la inversa. Recuperado de https://blogs.eitb.eus/inteligenciaemocional/2022/05/17/no-a-la-inversa/
Duque, Juan Carlos (2022, 15 de julio). Erótica de la negatividad. Recuperado de https://blogs.eitb.eus/inteligenciaemocional/2022/07/15/erotica-de-la-negativdad/
Focolares, Movimiento de los (Web oficial). Voluntarios. Recuperado de https://www.focolare.org/espana/es/focolares/scelte-e-impegno/volontari/

 

Las amigas te salvan

Recientemente he visto una película, Las chicas están bien (Elastica Films, 2023), que, una vez más, me ha recordado uno de los mejores activos de mi vida: mis amigas. Aunque son muchas mis personas refugio —mi marido, mis hijos, mis mayores, mis hermanas, mis amigos…—, esas personas que te hacen sentir en casa, que te conectan con aprendizajes importantes de tu vida, algunas presentes otras ya en otra dimensión, hoy me voy a centrar en las amigas, esas hermanas que he elegido para mi camino. Con las amigas compartes confidencias como las que se ven en la mencionada película: “Cuando tienes un hijo es como que haces un pacto con la vida, como que no te puedes morir”. Las amigas te salvan de malas experiencias, malas compañías e incluso de ti misma. Te conectan y te reconectan.

“La amistad se diferencia de otras relaciones interpersonales por ser un descubrimiento inesperado, gratuito. Los amigos no nos vienen dados, pero llegan a formar parte de nosotros: no seríamos los mismos sin ellos. Establecen el espacio y el tiempo de nuestras coordenadas existenciales” (Alonso-Stuyck, 2020). Las amigan son la mayor serendipia (“hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual”, RAE, 2023).

Katz (2023), nos recuerda tres lecciones de Aristóteles sobre la amistad: 1. La amistad es recíproca y reconocida. Sin embargo, hoy en día, por efecto de las redes sociales, parece más difícil distinguir las amistades de las relaciones parasociales. 2. Existen tres tipos de amistad. “La amistad basada en la utilidad, la amistad basada en el placer y la amistad basada en el carácter. Cada una surge de lo que se valora en el amigo: su utilidad, el placer de su compañía o su buen carácter”; el última tipo es el más elevado. 3. La amistad es como estar en forma, hay que ejercitarse. La amistad se construye y se fortalece compartiendo tiempo y vida, aunque no estemos físicamente juntas.

Holst (2023) nos da otra clave importante, aprendida de otro autor clásico: “Sócrates llegó a la conclusión de que los que son iguales no tienen nada que aportarse el uno al otro. Si son idénticos, difícilmente serán buenos amigos. En el polo opuesto, los que no se parecen en nada tampoco tienen nada en común y, por lo tanto, no son candidatos para formar una buena amistad”. Ni muy parecidas ni muy diferentes… así son las buenas amigas.

Como señala el conocido psicólogo Robin Dunbar, la amistades entre hombres y mujeres son diferentes: “Se diferencian principalmente en cuanto a la intensidad de sus relaciones. Las amistades entre mujeres suelen ser mucho más intensas emocionalmente, lo que las hace más diádicas (dos personas que terminan vinculándose muy estrechamente). (…) Para las mujeres es más importante quién eres como persona y no qué eres. (…) Los hombres no hablan tanto de emociones, suelen relacionarse en torno a actividades, a diferencia de las mujeres que expresan sentimientos. Por eso las mujeres suelen tener amistades de mayor calidad. (…) Los hombres crean lazos de amistad a través de la risa, mientras las mujeres lo hacen en torno a conversaciones y emociones”.

Para terminar el estribillo de una canción, Amiga, de una artista que me hace vibrar con sus canciones, Rozalén:

“Amiga mía

Qué suerte tenerte

Los amores van y vienen

Pero lo nuestro es para siempre

Amiga mía

Qué bonito es quererte

Aunque cambie todo en este mundo

Brindaremos hasta la muerte”

Brindo por mis amigas, aquí, ahora y siempre… ¡Por vosotras! ¡Gracias por lo compartido, lo vivido y lo que está por vivir!

 Referencias

 

 

ME PERDONO

 

Perdonadme, pero hay cosas que sólo puedo expresar con poesía

 

Monte del Perdón.

 

ME PERDONO

Me perdono

por callarme el dolor del trueno

para evitar la tormenta.

 

Me perdono

por descartar mi intuición de luna

y desdeñar mi sabiduría.

 

Me perdono

por esconder mi fuerza

para pertenecer a la manada.

 

Me perdono

por esquivar la buganvilla de la ternura.

 

Me perdono

por silenciar lo que yo necesitaba

hasta dejar sorda mi alma.

 

Me perdono

por ocultar mi fragilidad inteligente.

 

Me perdono

por los te quieros que disfracé y enterré.

 

Me perdono

por la autoexigencia que fusila mi espiritu

esclavizandome a la perfeccion imposible.

 

Me perdono

por ese Tribunal de la Inquisición

que llevo dentro que me condena,

sin ser oída, ni juicio justo.

 

Me perdono

sin pena, ni penitencia, ni castigo.

Sencillamente, me perdono.

 

Cristina Zurita.

¡Huyamos de Mediocristan!

Me recuerda Spotify que Biznaga con su “rock de combate” ha sido uno de los “sitios de mi recreo” en 2023. Mientras tarareo uno de sus temas “Mediocridad y confort” “Una industria para cada emoción. A cada audiencia, su ficción. El entretenimiento es inagotable. ¡Cuánta felicidad y sopor!” mi mente de mono salta de rama en rama hasta alcanzar nuestra última lectura de la tertulia emocional: “Esquivar la mediocridad” de Xabier Marcet. Un gustazo.

Más allá de unas “notas sobre management” Marcet esboza un verdadero manifiesto de resistencia frente a la propagación de la mismidad, la vulgaridad y la ramplonería.  Una declaración de hostilidades a mediocristán, territorio que transpira resentimiento, habitado por gentes siempre disgustadas por los tiempos que les ha tocado vivir. Donde la queja y la excusa crecen y se multiplican. Demasiada naftalina.

Y ¿Cómo huir de la mediocridad y de mediocristán? ¿Cuál es la receta?

Al igual que la caridad, también la receta comienza por uno mismo. Es una decisión personal. Comienza por lo que haces en los próximos cinco minutos. Aquí y ahora. Cuando pones rumbo a excelentistán, remoto lugar aún inexplorado.

“La mediocridad está hecha de elecciones”. Y su mejor antídoto es la autenticidad. Sin tonterías. Sortear el “ni fu ni fa”. Sin autocomplacencia ni arrogancia interior. La excelencia es un acto moral. Más que hacer las cosas bien es hacer las cosas correctas. (Peter Drucker).

“La autenticidad es la nueva core compence diferencial”. El núcleo duro de las habilidades blandas. Que nos ayuda a superar el ego.

“Y el nuevo papel de los líderes es entender que una de sus misiones es luchar contra la autocomplacencia y la arrogancia. ¿Quién quiere colaborar con sabelotodo instalados en la gloria del pasado?” Humildad.

El bisiesto 2024 no está escrito. Tampoco sus 366 días. Están por inaugurar. Así que comencemos hoy el relato que nos llevará donde queremos estar mañana. En tus próximos 5 minutos. En tu metro cuadrado.

Así que, insensatos. ¡Huyamos de mediocristán!

(*) Imagen creada con AI (https://openai.com/dall-e-2)

Acompañar y cuidar en la despedida

Hace ya treinta años unos amigos me regalaron un libro que abrió en mí una ventana a un tema que, a pesar de su universalidad e inevitabilidad, en nuestra cultura no es muy popular, la muerte. El libro era La muerte un amanecer, de Elisabeth Kübler-Ross (ahí comenzó mi pasión por las mariposas). Desde ese momento ha habido muchas más lecturas sobre el tema y he vivido, y sufrido, varias muertes muy cercanas. En mi experiencia cada muerte recuerda las anteriores, pero también prepara para las que están por venir, incluida la propia.

Voy a recoger y comentar aquí algunas de las ideas de la última lectura realizada, Hacia una cultura paliativa, del Dr. Jacinto Bátiz, un reconocido experto en cuidados paliativos a quien siempre merece la pena leer y escuchar.

La muerte es la otra cara de la vida. No hay vida sin muerte, aunque cueste aceptarlo. “Es necesario que incorporemos la muerte a la vida y dejar de considerar la medicina como algo que consiste sólo en evitar que la gente muera. La sociedad trata de ignorar la muerte; la juzga como un fracaso y procura postergarla cada vez más, asumiendo como un triunfo la cultura de los trasplantes y la sustitución de tejidos y órganos por nuevos tejidos o prótesis artificiales” (Bátiz, 2022: 26) ¿Qué se podría hacer para incorporar la muerte a la vida? Desarrollar una “cultura paliativa que esté basada en la compasión y en el acompañamiento a la persona que sufre. (…) La compasión requiere sentir empatía hacia el dolor del otro, ponernos en su mismo nivel y comprender su problema, como si fuéramos nosotros los que lo tuviéramos. (…) Lo esencial en el proceso de acompañar es no dejar solo a quien no desea estar solo. Cuando se ha perdido la esperanza de que la enfermedad que se padece vaya a ser curada, es de suma importancia que quien la sufre sepa que está siendo cuidado por otros para aliviar su sufrimiento” (Bátiz, 2022: 27). En una ocasión escuché una definición de compasión, como empatía en acción, que me resultó muy clarificadora.

En la filosofía de los cuidados paliativos hay unos principios básicos para cuidar a quienes están en el final de su vida (Bátiz, 2022: 33-39): “1) La muerte es una etapa de la vida. Para la medicina paliativa, el fracaso no radica en la muerte, sino en la presencia de sufrimientos inútiles que podrían haberse aliviado. 2) Siempre hay algo que hacer. Con una continua atención al mínimo detalle siempre es posible aliviar el sufrimiento de un enfermo moribundo. 3) El paciente es el principal protagonista. La etapa terminal de una enfermedad representa para el enfermo una experiencia única e individual. 4) La familia es coprotagonista. Es necesaria una gran dedicación para el apoyo durante el duelo anticipado, el asesoramiento técnico, el refuerzo positivo de la labor realizada y la resolución de conflictos. La atención en el duelo forma parte de la práctica asistencial de la medicina paliativa. La labor realizada con los familiares tiene la importancia adicional de prevenir el sufrimiento futuro y de extender a la sociedad la filosofía de los cuidados paliativos. 5) El trabajo debe hacerse en equipo [personal de enfermería, personal auxiliar, personal de limpieza, trabajador(a) social, sacerdote o agente pastoral, personal médico y voluntarios/as]”.

Ante la cercanía de la muerte sufre la persona completa, por lo que hay que procurar alivio tanto biológico como biográfico. Genera sufrimiento unos síntomas mal controlados, la sensación de dependencia, el no sentirse querido, la soledad no deseada, los asuntos pendientes, etc. “Cuando alguien sufre, lo que más desea es que sus seres queridos estén junto a él, no sentirse solo, y que los profesionales no le abandonemos, que le escuchemos y que estemos disponibles cuando nos necesite para poder aliviar sus síntomas molestos hasta el extremo que sea necesario. Hemos de hacerle sentir que está acompañado y atendido. También nos tenemos que preocupar de su familia que, sin duda, sufre ante el sufrimiento de su ser querido” (Bátiz, 2022: 50).

Acompañar es cuidar. En ocasiones quienes acompañan a quien está sufriendo manifiestan que no se sienten útiles. “Pero siempre les decimos que la compañía es un gran medicamento, que para administrarlo no hace falta estar graduado por ninguna universidad; cualquier persona puede administrarlo y que siempre tengan en cuenta que el enfermo a quien acompañan necesita ser cuidado y que acompañar también es cuidar” (Bátiz, 2022: 51). Recomendaciones para quienes acompañan: sentarse cerca, coger de la mano, acariciar, mirar, sonreír, mantener algún tipo de comunicación, etc.

Para terminar hago mío el que el Dr. Bátiz (2022: 77-83) indica que sería su “documento de voluntades anticipadas, al menos en su contenido”. Yo también quiero que me cuiden así:

  1. “Que me traten como un ser humano hasta el momento de mi muerte. Que no sólo me contemplen como una estructura biológica, sino que además tengan en cuenta mi dimensión emocional, social y espiritual”.
  2. “Que me permitan expresar mis propios sentimientos y emociones sobre mi forma de enfocar la muerte”.
  3. “Que me permitan participar en las decisiones que incumban a mis cuidados. Quien me voy a morir seré yo y quien estoy sufriendo soy yo” (autonomía compartida).
  4. “Que no me dejen morir solo, abandonado por mis seres queridos y por los profesionales”.
  5. “Que mis preguntas sean respondidas con sinceridad, que no me engañen”.
  6. “Que respeten mi individualidad y no me juzguen por mis decisiones, aunque sean contrarias a quienes me atienden”.
  7. “Que me cuiden personas solícitas, sensibles y entendidas”.
  8. “Quien me cuide al final de la vida lo haga como le gustaría que le cuidaran a él cuando llegue su momento”.
  9. “Que no precipiten deliberadamente mi muerte, pero que tampoco prolonguen innecesariamente mi agonía, sino que me cuiden para no sufrir mientras llegue mi muerte”.
  10. “Que atiendan a mis seres queridos después de mi muerte para aliviar su pena”.

Recientemente he vivido la muerte de una gran amiga, una hermana, Lumi. La ausencia duele, pero estoy convencida de que, como dice el Dr. Bátiz (2022: 60), “con la muerte termina una vida, pero no una relación”. Durante el proceso de su enfermedad me he enfrentado cara a cara con la realidad de que la muerte ya no es algo que pasa a personas mayores, sino una realidad que comienza a acechar muy cerca. Empiezan a faltar ya no solo mis mayores sino las personas que he elegido para hacer mi camino. He sido más consciente que nunca de que acompañar, y se puede hacer de diferentes formas, es cuidar. Y que hacerlo es un privilegio. La muerte es una gran escuela de vida.

Referencias

 

Las amistades leales

Las amistades leales

Me estoy haciendo viejo (y hora saldrán mil voces bienintencionadas diciendo que noooo, que esto/estamos fenomenal, que no diga eso, que estoy estupendo “para la edad que tengo” y no sé cuantas exclamaciones más…) ya que mayor soy hace tiempo. Y en este tránsito, no menor, de sentirte mayor a ir entrando en la senectud, vuelve a mi cabeza una cuestión central en mi  vida, aunque algunas personas lo consideren un lugar común: la amistad. Un sustantivo que en este momento veo imprescindible que le acompañe un adjetivo fundamental: leal.

Que la amistad es importante no es algo nuevo, más si cabe para aquellas personas que no hemos formado una familia al uso y que nos hemos apoyado en ella para vivir y sobrevivir y que hecho de ellos y de ellas, de nuestros amigos y amigas nuestro linaje. Tampoco es nueva la importancia que hoy en día le está dando la ciencia como elemento central de nuestra salud física y mental. El Estudio sobre desarrollo adulto  que está siendo realizado en  Harvard y que fue popularizado en 2015 por una charla TED que ofreció Robert Waldinger, actual y cuarto director del estudio es una muestra de ello. En este proyecto de investigación destacan dos conclusiones: la importancia las relaciones y la calidad de estas para tener una buena vida ,con lo que me permito extrapolar que las amistades leales nos permiten vivir más y mejor.

Esta reflexión que acabo de hacer tiene su referencia en una vivencia personal que ha tenido su último capítulo, que no su capítulo final, este fin de semana. Un grupo de personas, diverso y complejo, con una amistad longeva se juntaban después de meses sin estar juntas. Durante ese tiempo había surgido y  desarrollado un conflicto delicado que había comprometido, de forma diferente en cuanto a implicación e intensidad, las relaciones interpersonales de sus integrantes. La jornada fue todo un éxito que se debió fundamentalmente a la generosidad de sus miembros, a su amistad, a su lealtad. Leer más

Es el contexto, amigo!!!!

Contexto natural.

Dicen que el mundo en el que vivimos está cambiando a un ritmo vertiginoso y puede ser cierto. Me disponía a prepararme para la cita con este espacio y no se me ha ocurrido otra cosa que preguntar a mis hijos por temas sobre los que poder escribir. La verdad es que no me han hecho mucho caso, por lo que tampoco han entrado en el juego que les proponía. Pero, en cambio, esa conversación si me ha inspirado el tema que voy a desarrollar basada en los efectos de algunas diferencias generacionales que observo. Más concretamente el de la adaptación a los cambios que estamos viviendo, aunque seguramente pudiera servir para cualquier momento histórico en el que se hayan experimentado variaciones importantes que afectaran a los usos y costumbres. Quería haberlo titulado algo así como “emociones para futuros cambiantes” pero me ha parecido mucho mejor un enigmático, “es el contexto, amigo, es el contexto…”

 

¿CAMBIAMOS O NOS CAMBIAN?

 

Lo primero sobre lo que me gustaría llamar la atención es algo que observo que pasa desapercibido para mucha de la gente con la que hablo. A todos nos preocupan los avances, la velocidad a la que se imponen, los problemas que ocasionan, así como las prácticas saludables que estamos perdiendo. Pero poca gente repara en que la clave es cómo nos ajustamos a los cambios. Es decir, entender la importancia de los procesos de adaptación o desajuste a una realidad que está en constante evolución. De hecho, los que peinamos canas observamos con cierta sorpresa (cuando no con indisimulado malestar) aquellas novedades que alteran, que modifican nuestro contexto y que nos obligan a adaptarnos (aun cuando no tenemos muchas ganas de hacerlo). Por contra los más jóvenes o bien no perciben ese “esfuerzo” o lo abrazan con entusiasmo las más de las veces.

Pero realmente no estoy respondiendo al título del apartado. Hay un juego detrás de todos estos movimientos. Un juego que consiste en que mientras el contexto cambia, las personas lo hacemos o no y por tanto nos ajustamos o no a las nuevas características de la realidad. Es decir, que cambiamos (a veces un poco más o un poco menos, un poco más rápido o un poco más lento) mientras nos cambian, mientras la realidad sigue su curso. Es el contexto amigos…

 

EL CONTEXTO EN 2023

 

Hablemos de contextos, del actual, en el que nos encontramos en pleno 2023. ¿Cuales diríais que son las principales características de los tiempos que vivimos? Seguramente habrá muchos tipos de respuestas diferentes a esta pregunta porque cada persona percibe la realidad que le rodea de un modo individual por mucho que pueda parecerse a cómo lo hacen los demás. Esta interacción entre cada uno de nosotros y lo que le rodea puede servir para definir el concepto contexto. Yo hablaré del que percibo yo, con todas las limitaciones que mis condiciones me impongan. Es importante entender que esto nos pasa a todos, por eso es especialmente importante escuchar cómo lo perciben los demás y aprender de ello.

El espacio de este artículo no me permite extenderme mucho pero indicaré a continuación algunas de las realidades cambiantes que me resultan especialmente importantes para definir el contexto actual, así como los esfuerzos que partes de la sociedad tenemos/tienen que hacer para adaptarse:

  • Relaciones fluidas. Para mi el mayor impacto lo está teniendo en las generaciones mayores que se sienten especialmente vulnerables y desatendidas por sus familiares. La cultura de los cuidados ha cambiado, así como la importancia de los vínculos (al menos con respecto de generaciones anteriores). También lo observo en las amistades, en las relaciones sentimentales, así como en el activismo o en el compromiso social.
  • Tecnologización. La tecnología está completamente instalada en nuestras vidas. Lo vemos en nuestras compras, en las relaciones, en la información a la que accedemos a través de las redes sociales. Una realidad que facilita muchos procesos, acerca personas pero que discrimina a aquellos con dificultades para manejarse con aparatos y códigos de estas nuevas herramientas de nuestra realidad.
  • Valores. En este caso no es solo una cuestión de cambios en los valores a los que abrazamos las personas, sino a la importancia que parecen estar perdiendo en general. Supongo que el descenso del respeto mutuo me duele especialmente en un contexto de mayor polarización y de poca escucha.

 

FUTUROS CERCANOS.

 

¿Y hace dónde vamos? Si no es real aun, ¿cual va a ser el impacto del desarrollo de la inteligencia artificial, o del progresivo alargamiento de la longevidad humana (¿llegaremos a la inmortalidad?)?, ¿qué va a suceder con el cambio climático, con la sustitución de las energías fósiles, con los nuevos equilibrios del mundo?, ¿cómo vamos a educar a los más pequeños, de qué modo vamos a asegurar calidad de vida para nuestros mayores, de qué modo aseguraremos una sociedad con igualdad de oportunidades para todos?

La cuestión es que todo depende del contexto, más bien de nuestra relación con la realidad que nos rodee, es decir, de nuestra conducta. Nuevas situaciones nos obligarán a adoptar nuevos hábitos, nuevos aprendizajes, nuevas adaptaciones. Las emociones nos indicarán, como señales que son, nuestro grado de adecuación ante las nuevas realidades. Algunas personas lo harán con facilidad, otras no, incluso habrá quienes no lo consigan. Desde mi punto de vista la educación va a ser clave en este reto colectivo, una que nos prepare para tener una relación con nuestro entorno lo más elegida por nosotros, una que nos dote de herramientas personales (aquí entra la inteligencia emocional) para ser nosotros quienes decidamos los cambios que queramos adoptar para ajustarnos o no a las nuevas realidades que vengan.

Es el contexto, amigos, pero cuidado que está siempre en construcción. Y en ello tenemos aun mucho que decir cada uno de los seres humanos.

Ni inteligencia, ni artificial

 

El pasado 26 de octubre Deusto Forum organizó una sugerente sesión, con el título “Los retos éticos ante la Inteligencia Artificial”, que contó con la Dra. Gemma Galdon Clavell, directora ejecutiva de Eticas Research & Consulting (consultoría especializada en auditoría de algoritmos), como ponente, y el Dr. Pedro M. Sasia, responsable de transferencia del Centro de Ética Aplicada de la Universidad de Deusto, como moderador. Paso a compartir las principales ideas de la sesión.

El acto comenzó con unas palabras del Rector, Juan José Etxeberria Sagastume S.J. que sirvieron para contextualizar el evento: “En estos tiempos, es difícil pensar en un espacio social, una institución o incluso una persona para quien los efectos de la irrupción de lo que ya todos denominamos coloquialmente Inteligencia Artificial no sean relevantes. Privacidad, libertad, igualdad, consentimiento, algoritmos, datos… la ética y la técnica se miran de frente una vez más, como lo han venido haciendo a lo largo de toda la historia de la Humanidad, pero en esta ocasión con diferentes e importantes matices que surgen de la profundidad, velocidad, alcance y contenidos de este fenómeno. Empresas, gobiernos, sociedad civil… todos experimentamos cada vez con más claridad esta realidad, y las Universidades no somos, ni mucho menos, una excepción” (para leer texto íntegro, Universidad de Deusto, 2023a)

Es muy interesante la trayectoria de Gemma. De formación es Doctora en Historia. Lleva 15 años dirigiendo equipos técnicos. Su bagaje y conocimientos aportan valor a la hora de buscar soluciones a posibles riesgos. Hacen auditorías a quienes desarrollan los algoritmos (auditorías internas) y también trabajan con la sociedad civil (auditoría inversa). Su trabajo es explorar posibilidades para desarrollar una Inteligencia Artificial (IA) responsable, “construir los cinturones de seguridad de la IA”. Durante siglos hemos sabido proteger a la humanidad de la innovación. Por eso es importante entender bien cómo funciona.

El nombre de Inteligencia Artificial lleva a confusión social. No es ni lo uno ni lo otro. La idea que siempre hay que tener presente es que para la IA la ‘normalidad’ es muy importante. La IA recoge grandes bases de datos y los procesa buscando ‘patrones de normalidad’ que intenta reproducir. Pensemos qué hay detrás de un GPS. Se procesan datos del pasado, qué ruta han elegido la mayoría de personas y recomienda ese. Entiende que el trayecto óptimo es el más transitado. Algo similar ocurre con las recomendaciones que nos hacen empresas como Netflix empresas como Netflix o semejantes tras analizar lo que han visto después las personas que han estado viendo la misma película o serie que nosotras/os y nos hacen una sugerencia. La IA está entrenada para dejar fuera a quienes han hecho algo diferente. La buena noticia es que la IA se puede entrenar, se pueden añadir normas a la lógica que utiliza; se pueden cambiar los patrones de diseño de los algoritmos.

¿Por qué es importante tener en cuenta la ética?

Los algoritmos trabajan con información privada, lo que a veces se desprecia, o no se tiene suficientemente en cuenta desde ámbitos técnicos.

Los resultados de la IA se reintroducen en el sistema, con lo cual se eliminan las formas/opciones diferentes (outsiders), se reproducen los sesgos. En el ámbito del entretenimiento no es grave que me recomienden algo que no me gusta, lo dejo de ver y ya está. Sin embargo, hay ámbitos de alto riesgo. Pensemos, por ejemplo, en nuestra relación con los bancos. Todas las personas tenemos asignado un riesgo a nuestro perfil. Las mujeres tienen entre 10 y 20 veces menos servicios bancarios, con lo que disminuyen sus posibilidades de acceder a créditos, por ejemplo. Otro ejemplo muy evidente es la selección de CVs (hace tiempo que el primer filtro lo hace la IA) que se realiza atendiendo a la información de quienes están trabajando y tienen un buen desempeño. En una auditoría de algoritmo en una empresa de EE.UU. vieron que el algoritmo privilegiaba a quienes jugaban Lacrosse, eran de una determinada zona o habían ido a universidades muy concretas. “¿Serían esos los criterios con los que elegiríamos a una nueva incorporación para la empresa?

Es peligroso tomar decisiones sobre temas complejos en función de un algoritmo. [Hizo alusión al libro Armas de destrucción matemática de Cathy O’Neil, en el que se cuentan muchos casos]. Puso como ejemplo la auditoría que hicieron en un hospital sobre el triaje en emergencias. Vieron que las decisiones se estaban tomando con base en los datos financieros (según el coste del tratamiento) y no médicos (gravedad de la persona atendida). Cómo entrenamos el algoritmo determina qué problema estamos solucionando. Muchas veces se reproducen discriminaciones no deseadas. Si nuestro algoritmo contiene errores tomará peores decisiones que sin IA. Existen, según su experiencia y lo que han detectado, hasta 15 momentos de error (al introducir datos, al introducir variables, etc.). Si los errores se trasladan a ámbitos sensibles es una tragedia.

Un espacio de preocupación es incorporar a los outsiders (quienes están fuera del radar, de la ‘normalidad’). Gemma explicó que ella misma lo es. Su madre la tuvo con 14 años. Sus abuelos eran refugiados de la Guerra Civil. Si un algoritmo le hubiera asignado riesgo nadie habría creído en ella, no se le habría permitido “jugar”. Algo parecido le pasó a Rafa Nadal hace dos años en la Copa América. Las casas de apuestas le daban un 4% de probabilidad de éxito, pero ganó.

Los retos de la IA no son problemas técnicos con soluciones técnicas. Los retos del presente y del futuro son sociotécnicos, las experiencias humanas son muy complejas.

Me gustaría terminar con unas palabras de Noam Chomsky, Ian Roberts y Jeffrey Watumull [el resaltado es mío] (Chomsky et al., 2023):

“Aquí, el ChatGPT demuestra algo parecido a la banalidad del mal: plagio, apatía y omisión. Resume los argumentos estándar de la materia mediante una especie de superautocompletado, se niega a tomar partido en nada, alega no solo ignorancia sino falta de inteligencia y, en última instancia, ofrece una defensa de “solo cumplía órdenes”, trasladando la responsabilidad a sus creadores.

En resumen, el ChatGPT y sus hermanos son constitutivamente incapaces de equilibrar la creatividad con la responsabilidad. O bien sobredimensionan (produciendo tanto verdades como falsedades, respaldando decisiones éticas y no éticas por igual) o bien minimizan (al mostrar falta de compromiso con cualquier decisión e indiferencia ante las consecuencias). Dada la amoralidad, falsa ciencia e incompetencia lingüística de estos sistemas, solo podemos reír o llorar ante su popularidad”.

Nota – Están disponibles los siguientes vídeos:

  • Conferencia íntegra y espacio de preguntas (pinchar aquí)
  • Entrevista realizada por Peru Sasia. Reflexiones sobre la innovación tecnológica y la urgencia de desarrollar un sistema regulatorio y de prácticas responsables de las empresas (pinchar aquí)
  • Entrevista a Gemma Galdon Clavell realizada por Lorena Fernández Álvarez, Directora de Comunicación Digital de la Universidad de Deusto. Reflexiones sobre el impacto social de los sistemas algorítmicos, la reproducción de los sesgos de la sociedad en los procesos de la Inteligencia Artificial (pinchar aquí)

Referencias

El Poder de la escucha

A principios de noviembre asistí a un taller que me cautivó por el título, “El Poder de la escucha”. Además, conocía al ponente, Eugenio Ibarzabal, y eso también lo hacía atractivo. Mis expectativas fueron superadas. Compartiré aquí las principales ideas.

Hoy en día la comunicación se considera una herramienta instrumental básica. Esta herramienta implica aprender a escuchar, aprender a hablar y aprender a escribir. La escucha es un previo sin el cual difícilmente se pueden desarrollar las demás. Existen muchos cursos de oratoria, hablar bien se considera importante. Escuchar se ve como algo de segundo nivel… Y es fundamental.

Las enseñanzas impartidas por Eugenio parten de su propia vida y experiencia: “Escuchar me ha cambiado la vida”, reconociendo que a veces es una ‘pelmada’ y que también es necesario protegerse. El punto de partida del taller fue una invitación a echar la vista atrás y recordar cuándo me he sentido escuchado, escuchada; en quién pienso si tengo que compartir algún tema importante… Seguramente será una persona callada, que sonríe, que no aconseja… Otra premisa importante: nos hablaba para que cada persona asistente mejorara su escucha, lo que no quiere decir que la demás personas te vayan a escuchar a ti. Lo que tenemos que tener siempre presente, y tenemos que hacérselo notar, es que la protagonista, la importante, es la otra persona.

¿Por dónde empiezo? (especialmente si es a alguien o un tema difícil). Hay que empezar por elegir bien el lugar. Lo mejor es salir del escenario habitual, del lugar en el que transcurre nuestra relación. Es importante conocer el espacio en el que nos vamos a encontrar. Hay que tener en cuenta que tenemos que contar con el tiempo suficiente (dos grandes dificultades para la escucha son la falta de tiempo y el ego, sobre esto volveremos). ¿Cómo convoco a la persona? Lo mejor es que la otra persona ‘colabore’ en la convocatoria, que sea una convocatoria ‘conjunta’. “¿Podríamos hablar en algún momento?” es muy diferente de “Tú y yo tenemos que hablar”. Otras frases podrían ser: “Tenemos un tema, me gustaría saber qué piensas”, “Me interesas, me interesa saber lo que piensas”.  Eugenio compartió una imagen muy potente para él: do personas en un coche, mirando la carretera, sin prisa… parece que tienen el mismo objetivo. Hay que intentar no dar mucha solemnidad a la cita, que forme parte de una normalidad, así se rebajan el miedo y la tensión.

¿Cómo me preparo? La mejor forma es visualizando el encuentro. Es una técnica muy utilizada por deportistas de élite. Me vino a la mente una entrevista fantástica a Enhamed Enhamed, un medallista paraolímpico, que utiliza esta técnica.  Podemos visualizar la conversación, cómo me siento, cómo permanezco en silencio, etc. De esta forma se viven las dificultades anticipadamente. Lo peor que nos puede pasar es tener miedo al miedo. “¡Vívelo, pruébate sin riesgo!”, nos decía Eugenio. Personalmente es una técnica que utilizo y recomiendo. Recuerdo especialmente el día anterior a la defensa de mi tesis doctoral en la que repasé la presentación y ‘viví’ por anticipado el evento… ¡Una experiencia muy recomendable!

¿Cómo empiezo el proceso de escucha? Conviene no ir directamente al grano, empezar por una pregunta general. Un tema relativamente amable es preguntar por la familia. No te has metido en el tema, pero sí en la otra persona. Lo único que pretendes es generar confianza, o superar la desconfianza inicial. A la otra persona le tiene que quedar claro que no le vas a hacer daño y que te interesa. Funciona bien mimetizarse, acompasarse, con la otra persona. Si se mueve un poco, yo también. Si cambia de posición, yo también. [Mensaje: estoy pendiente de lo que me dices, me acomodo]. Tema de la respiración: Puedes llevar una reunión según cómo respires. Se puede conseguir que dos personas respiren acompasadamente. En un momento dado una pregunta que da buenos resultados es: “¿Y tú qué tal estás?”. Seguramente se dará un silencio, levantará a mirada, la dirigirá a la izquierda, puede que resuma alguna información que te ha dado antes. Con esto lo que se trata es de borrar esquemas previos. A lo largo del proceso es importante repetir, contrastar, confirmar, pero no discutir.  [Mensaje: Lo que estás contando me interesa y quiero entenderlo bien; disculpamos los errores, pero no que se aprovechen los malentendidos]. Vamos invirtiendo en confianza, se trata de crear un entorno seguro [Mensaje: tranquilo/tranquila, nadie te va a hacer daño]; es mucho más que guardar confidencialidad. Puede que la persona repita varias veces la misma idea (normalmente si la persona está abrumada o preocupada se puede liar, entremezclar cosas, etc.). Quien escucha puede ayudar a desbrozar, lo que puede ser un gran apoyo. Tú tes vas aclarando y a la otra persona le puede dar luz.

¿Qué pasa con el ego? [Ya hemos dicho que es uno de los enemigos de la escucha]. Va a haber ocasiones en las que el ego te va a estallar, vas a querer intervenir, puedes tener la tentación de interrumpir (y no para contrastar o confirmar). Cada uno tiene que desarrollar su propio mecanismo para no intervenir. Eugenio se dice a sí mismo, a modo de jaculatoria: “¡Cállate!”. Hay quien se agarra a la silla, o aprieta los pies… La escucha no va de dar soluciones. Una muestra de una buena escucha es que se generan silencios.

¿Y si la otra persona nos pide opinión? Darla a partir de los datos, los valore y las palabras de la otra persona. Puedes darte tiempo para responder [si dices que le vas a dar una opinión se la tienes que dar]. Pueden ayudar frases como: “No sé qué decirte. Lo único que se me ocurre es lo que no haría [y dices qué]”, “Me llama la atención… [y utilizas sus palabras]”. Como estás fuera de la situación tienes otra perspectiva y puedes ayudar a la persona a dar importancia a cosas que no veía.

La importancia de hacer buenas preguntas. “Todos tenemos un límite de intimidad que no queremos sobrepasar. Hay un fondo que no queremos desvelar, un fondo que, sin embargo, explica buena parte del origen del problema y, en ocasiones, también cómo podríamos encaminarnos hacia una posible solución. Si en ese momento haces a quien está escuchando esa pregunta bien formulada y clave, la persona que ha llevado el proceso conforme hemos señalado, inevitablemente, lo quiera o no, dará el paso y contestará, desvelando lo que no tenía, hasta ese momento, la menor intención de desvelar. Ésa es, al menos, mi experiencia” (Ibarzabal, 2022: 162).

NOTA- Estas enseñanzas se pueden utilizar para lo bueno y para lo malo. Aquí se ofrecen como pautas para escuchar mejor, para comprender a la otra persona, para romper preconceptos.

Os invito a conocer al marido de la inglesa que vivía en la casa del danés (Para ver vídeo, Gestion2000Editorial, 2022)…

“Porque escuchar nos da la posibilidad de abrirnos, de olvidarnos de nosotros mismos, de empezar nuevas vidas, de conocer otros parajes, otras profesiones, otras historias, otros platos de cocina, atrapar realidades en lugar de vientos, aprovechar todo eso que tenemos delante y que ha estado a punto de pasar ante nosotros sin que disfrutemos de ello.

Es vida que se nos ofrece para que la vivamos. Basta con pararse y escuchar.

Y puede ocurrir a cada momento” (Ibarzabal, 2022: 186).

Referencias

  • Aranzazu Echaniz Barrondo (2019, 5 noviembre). Extracto Visualización Enhamed Enhamed [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=kxV1Kdq5X3s
  • Gestion2000Editorial (2022, 11 mayo). El marido de la inglesa que vivía en casa del danés – Eugenio Ibarzabal [archivo de vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=9IXWn3RjlSA
  • Ibarzabal, Eugenio (2022). El marido de la inglesa que vivía en la casa del danés. Una historia sobre el poder de la escucha. Barcelona: Gestión 2000.

 

 

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