Inteligencia emocional

Ni inteligencia, ni artificial

 

El pasado 26 de octubre Deusto Forum organizó una sugerente sesión, con el título “Los retos éticos ante la Inteligencia Artificial”, que contó con la Dra. Gemma Galdon Clavell, directora ejecutiva de Eticas Research & Consulting (consultoría especializada en auditoría de algoritmos), como ponente, y el Dr. Pedro M. Sasia, responsable de transferencia del Centro de Ética Aplicada de la Universidad de Deusto, como moderador. Paso a compartir las principales ideas de la sesión.

El acto comenzó con unas palabras del Rector, Juan José Etxeberria Sagastume S.J. que sirvieron para contextualizar el evento: “En estos tiempos, es difícil pensar en un espacio social, una institución o incluso una persona para quien los efectos de la irrupción de lo que ya todos denominamos coloquialmente Inteligencia Artificial no sean relevantes. Privacidad, libertad, igualdad, consentimiento, algoritmos, datos… la ética y la técnica se miran de frente una vez más, como lo han venido haciendo a lo largo de toda la historia de la Humanidad, pero en esta ocasión con diferentes e importantes matices que surgen de la profundidad, velocidad, alcance y contenidos de este fenómeno. Empresas, gobiernos, sociedad civil… todos experimentamos cada vez con más claridad esta realidad, y las Universidades no somos, ni mucho menos, una excepción” (para leer texto íntegro, Universidad de Deusto, 2023a)

Es muy interesante la trayectoria de Gemma. De formación es Doctora en Historia. Lleva 15 años dirigiendo equipos técnicos. Su bagaje y conocimientos aportan valor a la hora de buscar soluciones a posibles riesgos. Hacen auditorías a quienes desarrollan los algoritmos (auditorías internas) y también trabajan con la sociedad civil (auditoría inversa). Su trabajo es explorar posibilidades para desarrollar una Inteligencia Artificial (IA) responsable, “construir los cinturones de seguridad de la IA”. Durante siglos hemos sabido proteger a la humanidad de la innovación. Por eso es importante entender bien cómo funciona.

El nombre de Inteligencia Artificial lleva a confusión social. No es ni lo uno ni lo otro. La idea que siempre hay que tener presente es que para la IA la ‘normalidad’ es muy importante. La IA recoge grandes bases de datos y los procesa buscando ‘patrones de normalidad’ que intenta reproducir. Pensemos qué hay detrás de un GPS. Se procesan datos del pasado, qué ruta han elegido la mayoría de personas y recomienda ese. Entiende que el trayecto óptimo es el más transitado. Algo similar ocurre con las recomendaciones que nos hacen empresas como Netflix empresas como Netflix o semejantes tras analizar lo que han visto después las personas que han estado viendo la misma película o serie que nosotras/os y nos hacen una sugerencia. La IA está entrenada para dejar fuera a quienes han hecho algo diferente. La buena noticia es que la IA se puede entrenar, se pueden añadir normas a la lógica que utiliza; se pueden cambiar los patrones de diseño de los algoritmos.

¿Por qué es importante tener en cuenta la ética?

Los algoritmos trabajan con información privada, lo que a veces se desprecia, o no se tiene suficientemente en cuenta desde ámbitos técnicos.

Los resultados de la IA se reintroducen en el sistema, con lo cual se eliminan las formas/opciones diferentes (outsiders), se reproducen los sesgos. En el ámbito del entretenimiento no es grave que me recomienden algo que no me gusta, lo dejo de ver y ya está. Sin embargo, hay ámbitos de alto riesgo. Pensemos, por ejemplo, en nuestra relación con los bancos. Todas las personas tenemos asignado un riesgo a nuestro perfil. Las mujeres tienen entre 10 y 20 veces menos servicios bancarios, con lo que disminuyen sus posibilidades de acceder a créditos, por ejemplo. Otro ejemplo muy evidente es la selección de CVs (hace tiempo que el primer filtro lo hace la IA) que se realiza atendiendo a la información de quienes están trabajando y tienen un buen desempeño. En una auditoría de algoritmo en una empresa de EE.UU. vieron que el algoritmo privilegiaba a quienes jugaban Lacrosse, eran de una determinada zona o habían ido a universidades muy concretas. “¿Serían esos los criterios con los que elegiríamos a una nueva incorporación para la empresa?

Es peligroso tomar decisiones sobre temas complejos en función de un algoritmo. [Hizo alusión al libro Armas de destrucción matemática de Cathy O’Neil, en el que se cuentan muchos casos]. Puso como ejemplo la auditoría que hicieron en un hospital sobre el triaje en emergencias. Vieron que las decisiones se estaban tomando con base en los datos financieros (según el coste del tratamiento) y no médicos (gravedad de la persona atendida). Cómo entrenamos el algoritmo determina qué problema estamos solucionando. Muchas veces se reproducen discriminaciones no deseadas. Si nuestro algoritmo contiene errores tomará peores decisiones que sin IA. Existen, según su experiencia y lo que han detectado, hasta 15 momentos de error (al introducir datos, al introducir variables, etc.). Si los errores se trasladan a ámbitos sensibles es una tragedia.

Un espacio de preocupación es incorporar a los outsiders (quienes están fuera del radar, de la ‘normalidad’). Gemma explicó que ella misma lo es. Su madre la tuvo con 14 años. Sus abuelos eran refugiados de la Guerra Civil. Si un algoritmo le hubiera asignado riesgo nadie habría creído en ella, no se le habría permitido “jugar”. Algo parecido le pasó a Rafa Nadal hace dos años en la Copa América. Las casas de apuestas le daban un 4% de probabilidad de éxito, pero ganó.

Los retos de la IA no son problemas técnicos con soluciones técnicas. Los retos del presente y del futuro son sociotécnicos, las experiencias humanas son muy complejas.

Me gustaría terminar con unas palabras de Noam Chomsky, Ian Roberts y Jeffrey Watumull [el resaltado es mío] (Chomsky et al., 2023):

“Aquí, el ChatGPT demuestra algo parecido a la banalidad del mal: plagio, apatía y omisión. Resume los argumentos estándar de la materia mediante una especie de superautocompletado, se niega a tomar partido en nada, alega no solo ignorancia sino falta de inteligencia y, en última instancia, ofrece una defensa de “solo cumplía órdenes”, trasladando la responsabilidad a sus creadores.

En resumen, el ChatGPT y sus hermanos son constitutivamente incapaces de equilibrar la creatividad con la responsabilidad. O bien sobredimensionan (produciendo tanto verdades como falsedades, respaldando decisiones éticas y no éticas por igual) o bien minimizan (al mostrar falta de compromiso con cualquier decisión e indiferencia ante las consecuencias). Dada la amoralidad, falsa ciencia e incompetencia lingüística de estos sistemas, solo podemos reír o llorar ante su popularidad”.

Nota – Están disponibles los siguientes vídeos:

  • Conferencia íntegra y espacio de preguntas (pinchar aquí)
  • Entrevista realizada por Peru Sasia. Reflexiones sobre la innovación tecnológica y la urgencia de desarrollar un sistema regulatorio y de prácticas responsables de las empresas (pinchar aquí)
  • Entrevista a Gemma Galdon Clavell realizada por Lorena Fernández Álvarez, Directora de Comunicación Digital de la Universidad de Deusto. Reflexiones sobre el impacto social de los sistemas algorítmicos, la reproducción de los sesgos de la sociedad en los procesos de la Inteligencia Artificial (pinchar aquí)

Referencias

El Poder de la escucha

A principios de noviembre asistí a un taller que me cautivó por el título, “El Poder de la escucha”. Además, conocía al ponente, Eugenio Ibarzabal, y eso también lo hacía atractivo. Mis expectativas fueron superadas. Compartiré aquí las principales ideas.

Hoy en día la comunicación se considera una herramienta instrumental básica. Esta herramienta implica aprender a escuchar, aprender a hablar y aprender a escribir. La escucha es un previo sin el cual difícilmente se pueden desarrollar las demás. Existen muchos cursos de oratoria, hablar bien se considera importante. Escuchar se ve como algo de segundo nivel… Y es fundamental.

Las enseñanzas impartidas por Eugenio parten de su propia vida y experiencia: “Escuchar me ha cambiado la vida”, reconociendo que a veces es una ‘pelmada’ y que también es necesario protegerse. El punto de partida del taller fue una invitación a echar la vista atrás y recordar cuándo me he sentido escuchado, escuchada; en quién pienso si tengo que compartir algún tema importante… Seguramente será una persona callada, que sonríe, que no aconseja… Otra premisa importante: nos hablaba para que cada persona asistente mejorara su escucha, lo que no quiere decir que la demás personas te vayan a escuchar a ti. Lo que tenemos que tener siempre presente, y tenemos que hacérselo notar, es que la protagonista, la importante, es la otra persona.

¿Por dónde empiezo? (especialmente si es a alguien o un tema difícil). Hay que empezar por elegir bien el lugar. Lo mejor es salir del escenario habitual, del lugar en el que transcurre nuestra relación. Es importante conocer el espacio en el que nos vamos a encontrar. Hay que tener en cuenta que tenemos que contar con el tiempo suficiente (dos grandes dificultades para la escucha son la falta de tiempo y el ego, sobre esto volveremos). ¿Cómo convoco a la persona? Lo mejor es que la otra persona ‘colabore’ en la convocatoria, que sea una convocatoria ‘conjunta’. “¿Podríamos hablar en algún momento?” es muy diferente de “Tú y yo tenemos que hablar”. Otras frases podrían ser: “Tenemos un tema, me gustaría saber qué piensas”, “Me interesas, me interesa saber lo que piensas”.  Eugenio compartió una imagen muy potente para él: do personas en un coche, mirando la carretera, sin prisa… parece que tienen el mismo objetivo. Hay que intentar no dar mucha solemnidad a la cita, que forme parte de una normalidad, así se rebajan el miedo y la tensión.

¿Cómo me preparo? La mejor forma es visualizando el encuentro. Es una técnica muy utilizada por deportistas de élite. Me vino a la mente una entrevista fantástica a Enhamed Enhamed, un medallista paraolímpico, que utiliza esta técnica.  Podemos visualizar la conversación, cómo me siento, cómo permanezco en silencio, etc. De esta forma se viven las dificultades anticipadamente. Lo peor que nos puede pasar es tener miedo al miedo. “¡Vívelo, pruébate sin riesgo!”, nos decía Eugenio. Personalmente es una técnica que utilizo y recomiendo. Recuerdo especialmente el día anterior a la defensa de mi tesis doctoral en la que repasé la presentación y ‘viví’ por anticipado el evento… ¡Una experiencia muy recomendable!

¿Cómo empiezo el proceso de escucha? Conviene no ir directamente al grano, empezar por una pregunta general. Un tema relativamente amable es preguntar por la familia. No te has metido en el tema, pero sí en la otra persona. Lo único que pretendes es generar confianza, o superar la desconfianza inicial. A la otra persona le tiene que quedar claro que no le vas a hacer daño y que te interesa. Funciona bien mimetizarse, acompasarse, con la otra persona. Si se mueve un poco, yo también. Si cambia de posición, yo también. [Mensaje: estoy pendiente de lo que me dices, me acomodo]. Tema de la respiración: Puedes llevar una reunión según cómo respires. Se puede conseguir que dos personas respiren acompasadamente. En un momento dado una pregunta que da buenos resultados es: “¿Y tú qué tal estás?”. Seguramente se dará un silencio, levantará a mirada, la dirigirá a la izquierda, puede que resuma alguna información que te ha dado antes. Con esto lo que se trata es de borrar esquemas previos. A lo largo del proceso es importante repetir, contrastar, confirmar, pero no discutir.  [Mensaje: Lo que estás contando me interesa y quiero entenderlo bien; disculpamos los errores, pero no que se aprovechen los malentendidos]. Vamos invirtiendo en confianza, se trata de crear un entorno seguro [Mensaje: tranquilo/tranquila, nadie te va a hacer daño]; es mucho más que guardar confidencialidad. Puede que la persona repita varias veces la misma idea (normalmente si la persona está abrumada o preocupada se puede liar, entremezclar cosas, etc.). Quien escucha puede ayudar a desbrozar, lo que puede ser un gran apoyo. Tú tes vas aclarando y a la otra persona le puede dar luz.

¿Qué pasa con el ego? [Ya hemos dicho que es uno de los enemigos de la escucha]. Va a haber ocasiones en las que el ego te va a estallar, vas a querer intervenir, puedes tener la tentación de interrumpir (y no para contrastar o confirmar). Cada uno tiene que desarrollar su propio mecanismo para no intervenir. Eugenio se dice a sí mismo, a modo de jaculatoria: “¡Cállate!”. Hay quien se agarra a la silla, o aprieta los pies… La escucha no va de dar soluciones. Una muestra de una buena escucha es que se generan silencios.

¿Y si la otra persona nos pide opinión? Darla a partir de los datos, los valore y las palabras de la otra persona. Puedes darte tiempo para responder [si dices que le vas a dar una opinión se la tienes que dar]. Pueden ayudar frases como: “No sé qué decirte. Lo único que se me ocurre es lo que no haría [y dices qué]”, “Me llama la atención… [y utilizas sus palabras]”. Como estás fuera de la situación tienes otra perspectiva y puedes ayudar a la persona a dar importancia a cosas que no veía.

La importancia de hacer buenas preguntas. “Todos tenemos un límite de intimidad que no queremos sobrepasar. Hay un fondo que no queremos desvelar, un fondo que, sin embargo, explica buena parte del origen del problema y, en ocasiones, también cómo podríamos encaminarnos hacia una posible solución. Si en ese momento haces a quien está escuchando esa pregunta bien formulada y clave, la persona que ha llevado el proceso conforme hemos señalado, inevitablemente, lo quiera o no, dará el paso y contestará, desvelando lo que no tenía, hasta ese momento, la menor intención de desvelar. Ésa es, al menos, mi experiencia” (Ibarzabal, 2022: 162).

NOTA- Estas enseñanzas se pueden utilizar para lo bueno y para lo malo. Aquí se ofrecen como pautas para escuchar mejor, para comprender a la otra persona, para romper preconceptos.

Os invito a conocer al marido de la inglesa que vivía en la casa del danés (Para ver vídeo, Gestion2000Editorial, 2022)…

“Porque escuchar nos da la posibilidad de abrirnos, de olvidarnos de nosotros mismos, de empezar nuevas vidas, de conocer otros parajes, otras profesiones, otras historias, otros platos de cocina, atrapar realidades en lugar de vientos, aprovechar todo eso que tenemos delante y que ha estado a punto de pasar ante nosotros sin que disfrutemos de ello.

Es vida que se nos ofrece para que la vivamos. Basta con pararse y escuchar.

Y puede ocurrir a cada momento” (Ibarzabal, 2022: 186).

Referencias

  • Aranzazu Echaniz Barrondo (2019, 5 noviembre). Extracto Visualización Enhamed Enhamed [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=kxV1Kdq5X3s
  • Gestion2000Editorial (2022, 11 mayo). El marido de la inglesa que vivía en casa del danés – Eugenio Ibarzabal [archivo de vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=9IXWn3RjlSA
  • Ibarzabal, Eugenio (2022). El marido de la inglesa que vivía en la casa del danés. Una historia sobre el poder de la escucha. Barcelona: Gestión 2000.

 

 

Un libro blanco para acoger

He ido a dar un paseo por el monte Avril, en las cercanías de Bilbao, un otoñal domingo de noviembre.  Admiraba los árboles, que en otoño son una maravilla.  He podido contemplar cada árbol, cada uno es distinto: su altura, las características de sus ramas, la posición de sus hojas, incluso la forma de perderlas.

Mientras caminaba, me cayó al pecho, cerca al corazón, una hoja marrón. Un árbol que perdía una hoja, un árbol que me regalaba una hoja.

Mientras paseaba y contemplaba ese paisaje, me venían a la mente una serie de personas cercanas: hombres y mujeres cercanas, cada una con su nombre y su historia, que me regalan continuamente sus hojas al igual que aquel árbol. Personas que comparten conmigo sus vidas, sus lágrimas, sus alegrías, sus sueños, su dolor, su amor y me lo envían directamente a mi pecho: a mi corazón.

En febrero de este año, escribí una entrada en este blog sobre la necesidad de detenerme y escuchar, responder, detenerme ante el otro y escucharle a fondo (Restrepo, 2023). Sin embargo, cada vez más, soy consciente de que el mundo, y con ello digo las personas que lo habitamos, aunque creemos escuchar, hacemos más hincapié en la necesidad de ser escuchadas, y creo, que esta necesidad, la suplimos escuchándonos principalmente a nosotros mismos, a nosotras mismas.

Después de escuchar la entrevista a Pablo D´Ors sobre el “arte de perdonar” (El secreto a la felicidad, 2023), me preguntaba ¿Y yo dónde estoy? ¿Sé recibir esos dones que me hacen estas personas? ¿Sé acoger la narración de las demás personas o me quedo con mi propio relato?

Todas las personas tenemos nuestro propio relato, nuestra realidad, nuestra historia, nuestra vivencia, nuestra percepción.  Y ello nos lleva a elaborar juicios.  Y aunque queramos estar abiertos a las demás personas sin juicios, abiertas a su relato, a su historia, a sus vivencias, a su percepción, a sus sentimientos, lo cierto es que tenemos un filtro que colorea la narración de la otra persona según nuestro pozo personal.

No tengo una varita mágica para proponer, ya muchas personas y muchas corrientes lo han hecho. Pero mi reflexión, tras la escucha de la mencionada entrevista a Pablo D’Ors, me orientaba a dos puntos importantes:

Reconocer que tengo un filtro, reconocer mi carencia: eso implica humildad. No siempre somos un libro en blanco donde la otra persona pueda escribir, donde la otra persona pueda depositar lo que vive, lo que siente, lo que es. Pablo D’Ors , afirma “que lo primero que tenemos que hacer es permitir que el otro sea quien es, que no ha llegado donde está por casualidad, y muchas veces queremos que el otro sea como nosotros queremos y eso no es amor”.

Reconocer esta realidad, es un primer paso, que nos ayuda a reconocer sobre todo si pensamos que vivimos en una sociedad competitiva, donde el prestigio, el conocimiento, el reconocimiento, el éxito son los valores que nos rigen, con los que hemos sido educados, y con los que educamos a nuestras hijas e hijos.  A veces saber decir “no lo sé”, “tienes razón”, “explícamelo de nuevo”, puede ser un primer paso para una escucha auténtica, para una acogida auténtica.

Buscar silencio: vivimos en una sociedad de ruido interior y exterior que nos impide conectar con nosotros y nuestra esencia y con las demás personas. Hoy mientras paseaba por el monte, la ausencia de silencio externo, me llevó inicialmente a mucho ruido interior, pensamientos que iban y venían; poco a poco, fue llegando también el silencio interior: concentrarme sólo en la respiración, en los pasos, en el ruido del viento jugando con las hojas.

El silencio interior ayuda a acoger a la otra persona, así como es, con sus dolores y alegrías, con su sonrisa y su llanto, y sobre todo, sin juzgarle.

Estas dos reflexiones, estos dos pensamientos, me sirven para saber que aún me queda mucho por aprender, que tengo que ser un espejo para la persona que tengo en frente. Que muchas veces carezco de empatía, que no siempre soy asertivo, y que no siempre escucho, incluso a veces ni oigo [1]¸ que no siempre he perdonado.

Seguramente lo que hoy he querido compartir en este blog, lo habrán escrito grandes sabios, desde hace ya muchos años.  Para mí, simplemente es mi experiencia de hoy y con humildad quiero compartirla. Es mi reto personal, y sólo quería compartirlo.

Referencias

[1] Existe una diferencia entre escuchar y oír.  La RAE presenta las siguientes definiciones:    Oír: percibir por el oído [un sonido] o lo que [alguien] dice. Escuchar: prestar atención a lo que se oye. En líneas generales, el acto de escuchar, está orientado a interesarse por la otra persona, a compartir sus sentimientos y a entender lo que vive.

 

Sin inclusión no hay equipo

¿Por qué unos equipos funcionan y otros no? ¿Por qué un equipo de gente inteligente puede funcionar tan torpemente? Si algo es bueno ¿El doble no debiera ser mucho mejor?

El omnipresente Google, también ha caído en la tentación de estas preguntas y ha dedicado tiempo y esfuerzo al “por qué unos equipos tropiezan donde otros cogen carrerilla”. En 2012, se embarcó en el Proyecto Aristóteles. Y encontró que la seguridad psicológica (además de comunicación, confianza, distribución de tareas, y entender bien cuál es el objetivo final) es la clave de bóveda.

Nokia aprendió la lección en sus propias carnes: perdiendo su posición de liderazgo. ¿Por qué? Quedó atrapada en una “telaraña tejida por miedos”: los de la alta dirección hacia la competencia y frente al accionariado. Miedos que se traducían en presión hacia los mandos medios. Y “under pressure” éstos últimos temían a sus superiores e iguales de forma que no compartían información negativa. Bajo presión, lo prudente es racionar la sinceridad profesional. Así que el miedo venció en la carrera por el Smartphone.

Timothy R. Clark en su libro “Las 4 etapas de la seguridad psicológica: el camino de la innovación a través de la inclusión” llega a la misma conclusión. En su opinión, “la seguridad psicológica es una condición en la que te sientes incluido, seguro para aprender, seguro para contribuir y seguro para desafiar el statu quo, todo ello sin miedo a ser avergonzado, marginado o castigado”.

Permiso y respeto son los ejes donde se ubica la seguridad psicológica. En su defecto, paternalismo y explotación –dos caras, una misma moneda- son su resultado.

Si no te dan permiso te acabas recluyendo en tu zona de alcanfor. Ahí, no hay error. Te mece, te acuna, y como en la “parábola de la rana hervida” mientras la temperatura va subiendo, te sientes calentito. Cuando te das cuenta, estás en el punto de cocción. Acabas “hervido”.

Por otro lado, la explotación entra por la puerta cuando el respeto salta por la ventana. Cuando alguien confunde al equipo con una ferretería poblada de fusibles tan necesarios como intercambiables, les exprime todo su jugo sin apreciar el valor de cada persona. Sin valorar su singularidad. Entonces el equipo acaba “fundido”.

Nadie es un don nadie. Así que ni hervido ni fundido. Sea cual sea el problema, la solución está en el equipo. Sin seguridad psicológica, no hay equipo posible.

Mientras esto escribo leo que seis de cada siete personas en el mundo sufren sentimientos de inseguridad. Lo dice el Programa de naciones unidas para el desarrollo (PNUD).

Sin inclusión no hay equipo posible.

Al aire libre con vistas al mar

Imagen de hosny salah en Pixabay

Al noroeste, 50 km de costa mediterránea con uso acotado a 6 millas náuticas (unos 11 km) y fuertemente vigilada por la armada vecina. Desde diciembre de 2021, además de las preexistentes vallas, alambradas y torres de vigilancia, el resto del territorio queda delimitado por 65 km de un muro de hormigón, hierro y acero que recorre por completo el perímetro de una franja de tierra de 41 kilómetros de largo y entre 6 y 12 de ancho, con una superficie de 365 km², y una población que no llega a los dos millones y medio de habitantes. Cada placa del muro tiene una altura de 26 metros. Veinte enterrados para prevenir incursiones subterráneas, y seis sobre el suelo, para evitar saltos, y que además cuenta con sensores de movimiento, cámaras, radares y armas accionadas por control remoto. Junto a todo este control perimétrico, desde 2007 se ha impuesto un férreo bloqueo en los suministros de electricidad, gas, agua, alimentos, medicinas y combustible que desde el 7 de octubre han quedado cerrados completamente.

El perímetro amurallado, además de adentrarse en el mar 400 m tanto en el borde sur como el norte, cuenta con ocho pasos fronterizos, todos bajo el mismo control: siete con Israel, de los que sólo dos están operativos, ahora cerrados, y uno con Egipto, el único que se ha abierto para dejar pasar una mínima parte de la ayuda humanitaria necesaria para la población gazatí. Estos pasos son las únicas vías (terrestres) de entrada y salida del territorio.

El aeropuerto internacional inaugurado en 1998 fue bombardeado en 2001 y, por si alguien pensaba que quedaba algo que pudiera usarse, recibió una segunda lluvia de misiles en 2012.

Hablamos de la Franja de Gaza. Una auténtica cárcel al aire libre con vistas al mar.

Imagen de 2427999 en Pixabay

El pasado 7 de octubre, desde ella, grupos armados de Hamás, con el lanzamiento de cohetes y el despliegue de combatientes, atacaron por sorpresa varios enclaves del sur de Israel asesinando deliberadamente a más de 1.400 personas, en su mayoría civiles, hiriendo a unas 3.300 y llevándose a más de 200 rehenes civiles y prisioneros militares.

A este acto, Israel respondió declarando la guerra a los militantes de Hamás el día 8, autorizando “acciones militares significativas” contra ellos. Desde entonces, a consecuencia de los bombardeos israelíes, según algunas fuentes, hasta hoy han fallecido más de cinco mil personas, de las que el 40% son niñas y niños, el 22% mujeres y personas ancianas y más de 15.000 han resultado heridas.

Mientras las tropas israelíes se preparan para una inminente incursión por tierra por el norte de la Franja, un millón de personas gazatíes desplazadas, huyendo hacia el sur, se enfrentan a una dificilísima situación de supervivencia.

Hago mías, una vez más, las palabras del pasado 8 de octubre de Margaret Karram, presidenta del Movimiento de los Focolares, nacida en Haifa, Israel, en el seno de una familia árabe-palestina y católica:

“No hay palabras para expresar el infinito dolor que siento en el corazón por las poblaciones de Israel y Palestina; por los muertos, los heridos, los rehenes, los desaparecidos y sus familias, que el último y gravísimo estallido de violencia ha causado en mi tierra.

 

Con profunda fe, junto a todo el Movimiento de los Focolares, me uno al llamamiento del Papa Francisco, al del Patriarcado Latino de Jerusalén, a las palabras de paz de los líderes de las distintas Iglesias cristianas y de los líderes de las Religiones –en particular de la región israelí-palestina–  para pedir que se detengan las armas y que se comprenda que, como ha dicho el Papa Francisco en el Ángelus de hoy, «el terrorismo y la guerra no conducen a ninguna solución, sino que toda guerra es una derrota…».

 

En la oración al Dios de la Paz y la Justicia, me uno también a aquellos que en todo el mundo ofrecen oraciones, sufrimientos y acciones, para que la paz triunfe sobre el odio y el terror. Mi especial agradecimiento a quienes me han escrito desde lugares de conflicto, como Ucrania, expresando su ofrecimiento y cercanía a pesar de la trágica situación en la que viven desde hace más de un año.

 

Esforcémonos por construir un mundo fraterno y hagamos todo lo posible para que estos pueblos y todos los que se encuentran en las mismas situaciones de inestabilidad y violencia encuentren el camino del respeto a los derechos humanos, donde la justicia, el diálogo y la reconciliación son las herramientas indispensables para construir la paz”.

There must be another way / Tiene que haber otro camino

https://www.facebook.com/AchinoamNini/posts/pfbid0do6kkaTzY9exdYkBWNtBqWaUPcv77bZwwo9nA6gyUREfkKoupyGymKyUHPWnp9g8l?mibextid=zDhOQc

Noa

En 2009, mi bella hermana Mira Awad y yo representamos a Israel en el festival de Eurovisión. Hicimos historia. Nunca antes Israel había estado representada por una judía israelí y una palestina israelí.  Nunca antes se había cantado en árabe en Eurovisión, y mucho menos junto al hebreo.

Escribí la canción en inglés con la colaboración de Gil Dor, que también la tradujo al hebreo, y Mira añadió la letra en árabe, y nos embarcamos en este fascinante viaje.

Esta canción sigue siendo dolorosamente relevante, hoy más que nunca. De hecho, apenas puedo cantarla o incluso PENSAR en ella sin llorar.

El nuevo, bello y conmovedor arreglo, que transforma la canción en una balada, fue realizado hábilmente por el corazón de Gil ♥️.

Os la regalamos a todos, para que la escuchéis, para que la grabéis en vuestros corazones como hicimos, y hacemos, cada día, en los nuestros.

“Cuando lloro, lloro por las dos.
Tiene que haber otro camino”.

https://youtu.be/bBTQFOkFZw8?si=XDlpp4L4A6ukN6bD

 

There Must Be Another Way
There must be another
Must be another wayYour eyes, sister
Say all that my heart desires
So far, we’ve gone
A long way, a very difficult way, hand in hand

And the tears fall, pour in vain
A pain with no name
We wait
Only for the next day to come

There must be another way
There must be another way

Your eyes say
A day will come and all fear will disappear
In your eyes a determination
That there is a possibility
To carry on the way
As long as it may take

For there is no single address for sorrow
I call out to the plains
To the stubborn heavens

There must be another way
There must be another way
There must be another
Must be another way

We will go a long way
A very difficult way
Together to the light
Your eyes say
All fear will disappear

And when I cry, I cry for both of us
My pain has no name
And when I cry, I cry
To the merciless sky and say
There must be another way

And the tears fall, pour in vain
A pain with no name
We wait
Only for the day to come

There must be another way
There must be another way
There must be another
Must be another way

Debe haber otro camino
Debe haber otra
Debe haber otro caminoTus ojos, hermana
Dicen todo lo que mi corazón desea
Hasta ahora, hemos ido
Un largo camino, un camino muy difícil, de la mano

Y las lágrimas caen, se derraman en vano
Un dolor sin nombre
Esperamos
Sólo a que llegue el día siguiente

Debe haber otro camino
Debe haber otro camino

Tus ojos dicen
Un día llegará y todo el miedo desaparecerá
En tus ojos una determinación
Que hay una posibilidad
De seguir el camino
Todo el tiempo que sea necesario

Porque no hay una sola dirección para el dolor
Llamo a las llanuras
A los cielos obstinados

Debe haber otro camino
Debe haber otro camino
Debe haber otro
Debe haber otro camino

Recorreremos un largo camino
Un camino muy difícil
Juntos hacia la luz
Tus ojos dicen
Todo el miedo desaparecerá

Y cuando lloro, lloro por las dos
Mi dolor no tiene nombre
Y cuando lloro, lloro
Al cielo despiadado y digo
Debe haber otro camino

Y las lágrimas caen, se derraman en vano
Un dolor sin nombre
Esperamos
Sólo a que llegue el día

Debe haber otro camino
Debe haber otro camino
Debe haber otra
Debe haber otra manera

Referencias
Karram, Margaret (2023, 8 de octubre). Redescubrir el camino del respeto de los derechos humanos a través del diálogo y la reconciliación. Recuperado de https://www.focolare.org/es/2023/10/08/italiano-margaret-karram-ritrovare-la-strada-del-rispetto-dei-diritti-umani-attraverso-dialogo-e-riconciliazione/

Pita, Antonio (2023, 16 de octubre). Gaza, con un millón de desplazados, se enfrenta a un desastre humano. Recuperado de https://elpais.com/internacional/2023-10-16/gaza-con-un-millon-de-desplazados-se-enfrenta-a-un-desastre-humanitario.html

 

 

Sobre la fe en el ser humano y emociones que se contagian

Me tengo por una persona vitalmente optimista, con una fe profunda en el ser humano. Sin embargo, a veces siento unas sacudidas internas que me hacen cuestionarme si todo será una invención; si no será un ejercicio vano de voluntad alimentar esa fe. Además, últimamente he notado que si alguna persona muy cercana se muestra desalentada, desganada o desesperanzada se me contagian con más facilidad esas emociones. Punset (2019) explica que estamos programados para imitarnos porque eso puede salvarnos; pero las emociones desagradables también son contagiosas y hay que ponerles límite, evitarlas, porque nos pueden llevar al fondo del pozo.

La verdad es que el contexto no ayuda mucho. Las noticias de las guerras, las muertes por violencia de género, las de personas migrantes que sólo buscan una oportunidad… Existe mucho sufrimiento que podría evitarse haciendo un esfuerzo de diálogo, de entendimiento, de empatía… En definitiva, si intentáramos tener una mirada humana profunda hacia las personas y las situaciones, más allá de las creencias y los intereses. Recientemente tenía un diálogo muy interesante con mi alumnado de 1º de Relaciones Internacionales sobre este tema y un alumno me preguntó si no creía que todo lo que hacía el ser humano era por interés. Es muy difícil responder a esta pregunta. Lo que es evidente es que el ser humano es capaz de realizar las acciones más sublimes y también de las más atroces.

Dándole vueltas a cómo evitar el pesimismo y el contagio de emociones desagradables he llegado a la conclusión de que hay dos vías excepcionales para conseguirlo. La primera de ellas es trabajar la interioridad, la conexión con lo más profundo, con la fuente de sentido. Como señala Rovetto (2021): “Vivir en la ermita interior, en el corazón espiritual (…) es una capacidad de darse cuenta de los distintos hechos que convergen en un mismo suceso y a la vez, mantener una cierta distancia de ellos. Se abre un espacio disponible que permite respirar en todo sentido y no ser avasallados por las reacciones que se produzcan en el medio, en la mente y en el cuerpo (…) Y esto debido a que la mente no es la herramienta adecuada para orientar nuestra vida. Si ponemos al mando a «la loca de la casa» nos encontramos con vidas plagadas de sufrimiento e inconsistencia”.

La segunda vía, que es complementaria, sería deshacernos de capas que hemos ido poniéndonos a medida que hemos ido transitando al mundo adulto: creencias, prejuicios, mandatos de género, ideología, intereses, etc. Se trataría de recuperar la mirada limpia del niño, de la niña, que nos habita y que ve más allá de las mencionadas capas y es capaz de empatizar con el ser humano que tiene enfrente sin filtros que distorsionan.

Para terminar, me sumo a los versos de El Jose:

Que alguien me diga dónde estoy

Por saber si no me he equivocado de planeta

Que alguien me diga quién soy yo

Nunca estoy seguro al despertarme de la siesta

Que alguien me diga que me ve

Para comprobar que aún no me han comido las sombras

Que alguien me diga que me cree

(…)

Quiero ser un niño ya no quiero ser mayor

Referencias

Las emociones son conducta

Llevamos muchos años debatiendo, escribiendo y leyendo sobre el mundo emocional. Ciertamente a los moradores del este blog siempre nos ha resultado un tema estimulante, de gran importancia. Pero no lo es menos que lo hemos intentado hacer desde una perspectiva científica, seria, basada en los resultados de la investigación. Tal vez por ello el post de hoy sea adentrarse en las profundidades de la Psicología, con el objetivo de aclarar algunas cuestiones que nos deben permitir tener un acercamiento más científico a las emociones.

¿Qué importancia tiene determinar la relación entre los conceptos de emoción y conducta? Seguramente lo primero es dilucidar si estamos hablando de fenómenos distintos o de aspectos diferentes del mismo evento. Lo segundo está relacionado con las implicaciones en la investigación y en la evolución del conocimiento. Y lo tercero tiene que ver con tener base para desterrar prácticas poco eficaces, o incluso perjudiciales, en el campo de la aplicación del trabajo emocional.

Si seguimos algunas definiciones del concepto emoción a través de algunos autores nos encontraremos diferentes modos de relacionarlos con el de conducta pero sin aclarar el fondo de la cuestión. Algunos ejemplos:

  • “Las emociones son reacciones psicofisiológicas a situaciones significativas que involucran cambios en la atención, la memoria, el juicio y la conducta.” – Richard S. Lazarus
  • “Una emoción es una respuesta compleja al ambiente, que incluye una preparación fisiológica, una expresión conductual y una experiencia subjetiva.” – Paul Ekman
  • “La inteligencia emocional implica la habilidad de percibir con precisión, valorar y expresar emociones; la habilidad de acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad de comprender emociones y el conocimiento emocional, y la habilidad de regular emociones para promover el crecimiento emocional e intelectual.” – Peter Salovey y John D. Mayer

 

¿Qué encontramos en las definiciones de conducta? Desde la perspectiva de B.F.Skinner “la conducta es cualquier acción observable y medible realizada por un organismo, que puede ser registrada, analizada y estudiada científicamente”. Encontramos también que, para los interconductistas (Kantor y Ribes, por ejemplo), la conducta sería más bien interacción entre el individuo y su entorno. En el fondo subyace un debate sobre si la conducta hace referencia tan solo a la parte observable del comportamiento o no. Sinceramente creo que la interpretación sobre que la conducta solo hace referencia a lo “visible” se superó hace décadas con la publicación del libro “Conducta verbal” por parte del propio Skinner.

Estamos ante algunas de las principales dificultades que ha enfrentado en su evolución la Psicología como área del conocimiento con un objeto de estudio propio. Cuando queremos responder cual es éste nos encontramos propuestas circulares, basadas en argumentaciones sobre la esencia del ser humano, en definitiva, dualistas. No puedo dejar de recomendar la lectura de “¿Qué es conducta?” del profesor Esteve Freixa i Baqué. El no puede explicarlo mejor cuando nos hace responder a la pregunta de si morimos porque somos mortales. La pregunta destaca la importancia de las propiedades relacionales con respecto de las esenciales en el habla. Hay un dualismo instalado en la sociedad que nos hace entender que hay causas invisibles, esenciales, que explican los síntomas o hechos visibles. Claramente debemos analizar y explicar para poder predecir, lo demás no es científicol. “Ser mortal” no constituye en absoluto la causa de la muerte de los hombres, sino la simple constatación de que todos los hombre mueren. Sencillamente, llamamos “mortales” a los seres que mueren, y en ningún caso la simple denominación de un fenómeno puede ser transformada en su causa. Si substituimos en la frase “los hombres mueren porque son mortales” la palabra “mortales” por su definición, obtenemos la perogrullada siguiente: “los hombres mueren porque son seres que mueren”.

Observar las emociones como explicación de la conducta vuelve a traer el problema de la causalidad en vez de la interacción. ¿Corremos porque tenemos miedo? ¿Tenemos miedo porque corremos? Solo un buen análisis funcional de la relación entre variables del campo interconductual puede responder a esa pregunta.

La emociones en sí mismas no tienen un funcionamiento independiente de otros aspectos de la conducta humana y, de hecho, interactúan con ellos. De ese modo conducta no solo es el comportamiento motor observable, sino los procesos de pensamiento (conducta verbal) y emocionales vinculados con los conjuntos de estímulo con los que nos relacionamos en cada momento como individuos. Por eso se habla de la conducta como campo de interacción y se han desarrollado herramientas como el análisis funcional de la conducta para describir las relaciones entre las variables que interactúan en el campo interconductual.

 

Tal vez también podríamos preguntarnos por qué con tanta frecuencia nos quedamos con las respuestas más fáciles en vez de aquellas que están más sólidamente respaldadas por la comunidad científica. Tal vez de ese modo evitaremos revictimizar a las personas que sufren a través de la culpabilidad cuando se les explica erróneamente que lo que les sucede es porque “son así”, o “son demasiado emocionales”.

Inicio de curso: Ilusión y motivación

En estas semanas, muchas personas estamos volviendo de las vacaciones; algunos nos hemos ido a lugares más lejanos, otros han estado más cerca, pero en líneas generales, la mayoría de las personas hemos podido desconectar y cambiar por unos días o por unas semanas las actividades habituales del resto del año.

Empezamos nuevo curso. Y un nuevo curso, significa, en muchos casos, empezar nuevos proyectos, bien sea personales, o bien se trate de proyectos que empiezan personas cercanas y queridas: hijos, hijas, amistades, etc.  En septiembre, muchas de nuestras cuentas en Facebook, Instagram, Whatsapp están llenas de fotos, frases, vídeos que marcan el momento en que nosotros o un ser querido empieza un nuevo proyecto: estudios, trabajos, casa nueva, etc.

Ayer, mientras compartía el día con un amigo, hablábamos de la importancia de los nuevos proyectos, de estar motivados para hacer algo.  Le contaba mi experiencia reciente y mis planes de futuro y la palabra que me venía a la mente recurrentemente era “ilusión”, terminé una de mis frases diciéndole: “pues sí, estoy ilusionado, muy ilusionado”. Luego hablamos de personas cercanas que empiezan la Universidad, nuevos estudios y la palabra y detectábamos la importancia que tiene ponerse una meta y “enamorarse de ella”.

Ilusión, metas, nuevos proyectos, sueños.  El primer paso no es luchar para conseguirlos.  Creo que el primer paso es tenerlos; tener ilusión por algo, tener metas, tener proyectos, sueños.   Tener la motivación para ello. Una vez que nuestro ser esté orientado en este sentido, el camino será más fácil de recorrer: los obstáculos, las dificultades grandes o pequeñas, se verán como etapas del camino a la meta donde se quiere llegar.

Recientemente mi hijo me dijo que quería ser socio del Athletic, pero que no tenía el dinero y que era caro y no sabía qué hacer.  Mi respuesta fueron unas preguntas: ¿te hace ilusión? ¿es tu sueño? “Sí aita, sí”, entonces hazlo le dije, hazte socio, yo te lo presto y ya me lo pagarás con pequeños trabajos que hagas… A mí, personalmente, no me importa si es socio de un equipo o de otro (aquí pido disculpas a los hinchas del Athletic), me importa que me hijo, de 16 años, tenga una meta, y se esfuerce por conseguirla.

Recientemente leí en un artículo que “la autoestima, la motivación y la inteligencia emocional tienen una importancia prioritaria en la consolidación del proyecto de vida de una persona” (Lomelí-Parga et al., 2016).  En el estudio, se habían tenido en cuenta otros aspectos pero estos tres fueron los que más destacaron.

En resumen, empezamos el curso 2023-2024, nuevos retos, nuevas realidades, nuevos proyectos:  tomémoslos como posibilidades de crecimiento, de mejora.

Yo tengo claros mis proyectos para este curso, para estos próximos años. ¿Te animas a formular también tú los tuyos?

Referencias

Lomelí-Parga, A. M., López-Padilla, M. G., & Valenzuela-González, J. R.  (2016). Autoestima, motivación e inteligencia emocional: Tres factores influyentes en el diseño exitoso de un proyecto de vida de jóvenes estudiantes de educación media. Revista Electrónica Educare, 20(2), 1-22. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=194144435005

Tu capacidad y derecho a aburrirte …

Dice mi amigo Luis que ya no nos aburrimos como antes. Y estoy muy de acuerdo. Esos momentos dedicados al arte y la ciencia de no hacer nada, a ver la vida pasar, están condenados a extinguirse. 

Y es que no gozan de buena prensa en esta sociedad tan “happy_crática” donde “divertirse” “sé feliz” … se han convertido en nuevos mandamientos. Una nueva condena. Y si la obsesión por el tiempo nos hizo esclavos del reloj (tic tac tic tac) aburrirse hoy está proscrito. Así que “amuermarse” es una actitud rebelde. ¡Muy punk! 

Y, según abandonamos los momentos de “muermo” perdemos la capacidad de aburrirnos. Se extingue y desaparece de nuestro repertorio comportamental. Como la curiosidad: o se cultiva o se seca.

Y con esta merma, también perdemos capacidades adaptativas. Porque ese “cansancio del ánimo provocado por la falta de estímulo” aviva la autorreflexión, la creatividad y la “red neural por defecto” que conduce a un mejor funcionamiento cerebral.

Así que reivindico el derecho a aburrirse. Y reclamo su papel como origen y motor de la historia. Lo siento por Marx (“la lucha de clases”). Y por Juan el Evangelista (“en el principio era el Verbo”). 

Así lo describía Kierkegaard en un inspirador relato: Los dioses estaban aburridos; por eso crearon seres humanos. A Adán, a Eva, y -sucesivamente- al resto. Para Soren, fue el aburrimiento quien pobló el mundo.

No andaban descaminados los ochenteros Kaka de Luxe. Del aburrimiento nació su canción “Pero me aburro”. y -a partir de ahí- mi mente empieza a girarComo vinilo sobre el plato. 

Porque “hace falta estar aburridísimo para ponerse a pensar”. Santiago Alba Rico. También para ponerse a leer y escribir. 

Incluso este aburrido post.

A vueltas con la IA en la tarea docente

Acabo de leer estas palabra de la filósofa Anna Pagès que conectan a la perfección con un tema sobre el que llevo un tiempo dando vueltas en mi cabeza, la Inteligencia Artificial (IA) en la tarea docente: “El discurso, lo que uno piensa, es progresivo, no es inmediato, y necesitas tiempo y espacio para crecer. (…) Necesitamos que vuelvan el lápiz y la hoja en blanco a las aulas. Sin excluir la tecnología, por supuesto. Pero los estudiantes necesitan exponerse al vacío. Hay que crear esos vacíos, abrir huecos en los que poder escucharse a uno mismo” (Fernández, 2023).

Este curso en la universidad hemos vivido una verdadera convulsión por la irrupción de la IA. Un tema de conversación habitual entre el profesorado ha sido la utilización de la IA entre el alumnado. También ha habido quienes se han adelantado y han utilizado la IA en sus actividades de clase para mostrar al alumnado para qué puede servir y para qué no. La IA ha llegado para quedarse y lo que más abruma, a mí al menos, es la velocidad a la que avanza y se desarrolla. Está claro que los y las docentes nos tenemos que poner al día y revisar nuestras metodologías, pero no quiero seguir por ahí. Quiero compartir las experiencias que he tenido en una de las asignaturas que imparto, Ética cívica y profesional (mi favorita, por cierto).

En esta asignatura el examen final supone un 30% de la calificación, las actividades de clase un 20%, un trabajo en equipo 10% y hay dos tareas individuales que están pensadas para que el alumnado vaya reflexionando y forjando su criterio ético: un ensayo que supone el 10% de la calificación y un diario de aprendizaje que supone el 30% restante. Ha habido cuatro alumnos a los que he puesto un cero en la calificación por el uso de la IA: tres de ellos en el ensayo y uno tanto en el ensayo como en el diario de aprendizaje. A todos ellos les convoqué a la revisión.

Llega el primer alumno y tiene lugar, más o menos, esta conversación:

  • (Yo) Buenos días X, ¿por qué has tenido un 0 en el ensayo y en la calificación final?
  • (Alumno) No sé. Lo habré hecho mal…
  • (Yo) La razón es que has usado IA
  • (Alumno) ¡Hombre…! ¡No…! ¿Cómo voy a hacerlo en Ética?
  • (Yo) ¡Hasta aquí! [Le explico la gravedad del tema y las implicaciones si le abriera un expediente] Vuelve a hacer la tarea, envíamela y ven el día de la extraordinaria para presentármela y comentarla.
  • (Alumno) Vale [no hubo la más mínima resistencia]

A continuación entran otros dos alumnos, quienes forman una especie de “pack” porque siempre están juntos. La conversación varía ligeramente:

  • (Yo) Pasad, ¿por qué habéis tenido un 0 en el ensayo y en la calificación final?
  • (Alumnos) Porque hemos usado ChatGPT
  • (Yo) [Les explico la gravedad del tema y las implicaciones si les abriera un expediente] Volved a hacer la tarea, enviádmela y venid el día de la extraordinaria para presentármela y comentarla.

Con el cuarto alumno la conversación fue similar. El problema vino el día de la convocatoria extraordinaria. Los demás habían defendido ya su trabajo y fue suficiente para que aprobaran. Nada más entrar, le pongo encima de la mesa el trabajo que me había enviado (en la foto se puede ver un extracto) y se sucede esta conversación:

  • (Yo) ¿Qué explicación puede haber para este sombreado en todo el trabajo? Yo solo le encuentro una, que has hecho copia/pega.
  • (Alumno) ¡Sí! Pero esta vez he entendido lo que copiaba…
  • (Yo) Fuera de mi despacho. Nos vemos el curso que viene. Os insistí en lo que significaba defraudar y lo vuelves a hacer… Además en la asignatura de Ética… Y en un trabajo en el que te estoy pidiendo que expliques los principios éticos con los que actúas y si deberían incluirse en el Código Deontológico de la profesión a la que te vas a dedicar…
  • (Alumno) Déjame explicarme… ¿Hay algo que pueda hacer para aprobar la asignatura?
  • (Yo) No. Has perdido todas las oportunidades de este curso.

Tengo que reconocer que me enfadé… mucho… Sentí la profunda rabia que genera la indignación por el ataque a unos principios arraigados y que pivotan sobre el concepto de justicia. ¿Cómo se puede presentar un trabajo, una supuesta reflexión, en la que dices que el primero de tus principios es la honestidad y estás cometiendo un fraude? ¿Cómo podría dar por alcanzadas las competencias de la asignatura cuando se utiliza el engaño? ¿Qué habrá entendido este alumno de la asignatura? (Hay que decir que este alumno había asistido muy poco a clase, y por lo tanto se había perdido los debates y reflexiones que en ellas hacíamos).

El día que tenía que cerrar el acta de la convocatoria extraordinaria recibí el siguiente correo:No sé qué opinara quien está leyendo estas líneas. Ciertamente, es un correo muy correcto, muy adecuado… Pero, en mi opinión, está escrito por un adulto (un padre, una madre, un tío, una tía…) que no es él. Viendo el desarrollo de los hechos tengo seria dudas de que pudiera llegar a esa reflexión en unos pocos días. El próximo curso voy a seguir una estrategia diferente con él. Voy a ir fijando tutorías en las que iremos comentado los contenidos de la asignatura y en los que vaya presentándome sus reflexiones… Parafraseando las palabras de Anna Pagès con las que abría esta entrada… Voy a darle tiempo y a acompañarle para que vaya creando su propio pensamiento sobre lo que es un buen ejercicio de la profesión, sobre cuáles son los principios desde los que actuar.

Referencias

 

 

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