De madrugada

CONSIGNA DEL GATO LLAMP:

→ Parte de esta situación y escribe tu historia, con tu tono y estilo. Elige un narrador (en primera persona o tercera). Elige un género. 

“El reloj de la mesilla marca las 3.40. No sabe qué está haciendo levantado: no necesita aliviar la vejiga; aparentemente no le perturba un sueño, tampoco un elemento del día anterior ni el estado del mundo. Se dirige hacia la más cercana de las tres ventanas del dormitorio.

consignas

“Toda consigna oculta un secreto”, dice Silvia Adela Kohan en el libro  Consignas para un escritor (Grafein Ediciones)

 

 

“Una consigna es una fórmula breve que incita a la producción de un texto. Siempre tiene algo de valla y algo de trampolín, algo de punto de partida y algo de llegada. “

3 pensamientos sobre “De madrugada

  1. Llum Saumell Autor

    ALCANZARLA

    Se despereza entero. Se estira, abre los dedos todo lo que puede, arquea un poco la espalda. Entonces se levanta, con sigilo, de puntillas para no hacer ruido, pero yo estoy despierta y veo cómo se acerca a la ventana abierta. Se asoma, como hace otras veces. Parece que rumie lanzarse a la noche, alcanzar la luna, tan blanca, tan brillantes y tan llena esta noche. Pero no quiere esa luna de madrugada: lo que desea es saltar a la ventana de enfrente, la de Paula. Se pasa horas mirando a su ventana, observándola. ¡Le encantaría apoyar la cabeza en su regazo! Pero tiene que conformarse con el mío… Es un salto demasiado grande y él es miedoso. No lo hará nunca.

    El reloj marca las 3 y 45. Me acurruco en la cama mientras él se acomoda en el alféizar. Maúlla. Bostezo.

  2. Miguel Ángel

    El reloj de la mesilla marca las 3.40. No sabe qué está haciendo levantado: no necesita aliviar la vejiga; aparentemente no le perturba un sueño, tampoco un elemento del día anterior ni el estado del mundo. Se dirige hacia la más cercana de las tres ventanas del dormitorio. Por el camino tropieza con la maleta que está tirada en el suelo enmoquetado de la habitación del hotel. Todavía tiene pegada la etiqueta del vuelo en el asa. Aparta la cortina, se sienta en una silla para frotarse los dedos del pie tras el golpe e intenta escudriñar por la ventana. Lo hace con precaución, a cierta distancia de la ventana, procurando no ser visto desde la calle. El maldito “jet-lag” le genera una extraña sensación de serena irrealidad. Es falsa y él lo sabe. Dentro de unas horas, cuando el chófer pase a recogerle, comenzará el trabajo que ha venido a realizar. La serenidad huirá y será algo que él tendrá que esforzarse por mantener. El entorno y las circunstancias de su trabajo harán que la irrealidad le siga acompañando. El ruido y el desorden de la ciudad tampoco ayudarán. Pero él es un profesional, se dice a sí mismo. Debe ejecutar, certificar y regresar. Cueste lo que cueste. Tarde lo que tarde. O quizá no. Con el paso de los años empieza a sentirse cansado, desmotivado. Por la ventana advierte como pasan veloces algunos carros de policía y comienzan a circular las primeras busetas. El excesivo ruido de los frenos de una de ellas le coge absorto en este pensamiento. Se está planteando si le sigue valiendo cualquier coste o cualquier plazo. Como buen profesional debería apartar esas ideas de su cabeza y concentrarse en su objetivo. Le espera un nuevo vuelo hasta una remota ciudad, donde la sordidez se multiplicará y será aún más difícil mantener la calma. Sin embargo, se acomoda en la silla. No sabe por qué, pero necesita más de la extraña sensación de tranquilidad. Deja pasar el rato observando por la ventana cómo la oscuridad se va tornando luz grisácea. Los pájaros comienzan a cantar. Son más ruidosos que los de su casa. Se gira y mira nuevamente el reloj de la mesilla. Las 4.00. La ciudad comenzará en breve a ofrecer su espectáculo de contrastes, trancones, ruidos y humos. Hasta las 7.00 no está citado el chófer. Nadie avisará desde la recepción del hotel. Así lo ha acordado telefónicamente y sabe que no fallará. Cuantas menos personas estén enteradas mejor. Vestirse o desayunar le parecen tareas que pueden esperar. Tiene tiempo también para preparar su ropa, su disfraz, su mimetización. Dejó preparado en la parte de arriba de la maleta la ropa para el primer día. Igualmente tiene preparado el “morral”. Desde hace tiempo siempre lleva en la maleta una mochila donde guardará lo básico y sus “herramientas” de trabajo. Un maletín, como le gusta llevar a él cuando trabaja en Europa, llamaría la atención. Vuelve a sus pensamientos y se sorprende de que esta madrugada de “jet lag” le ha traído a la cabeza la sombra de duda. No se siente perturbado. Se conoce. Hacía tiempo que sabía que su coraza de objetividad, de ejecutor práctico, estaba impidiendo que aflorasen. Pero las venía intuyendo. Hasta cuándo y a qué precio está dispuesto a continuar con su “ejercicio” profesional. Quizá, un vulgar, feo y grisáceo amanecer en Bogotá no sea el lugar más inspirador, ni el más adecuado para llegar a conclusiones, pero decide dedicar un tiempo a sus pensamientos.

    1. Llum Saumell Autor

      Me gusta mucho. Me alegra que hayas hecho “la consigna”; creo que trasmites mucho.
      ¿Qué son las busetas?¿Autobuses urbanos?

      “Los pájaros comienzan a cantar. Son más ruidosos que los de su casa”: una punzada de nostalgia o simple constatación. Dejas espacio al lector para que lo decida.

      “Cuantas menos personas estén enteradas mejor”: esto intriga, mucho. 🙂

      Gracias por estar ahí. Lejos, pero nos une la “magia” de internet, este blog del “susurro…” (y otras cosas que tú y yo sabemos, pero que no se las voy a contar al gato)

      Un abrazo.

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