En el nombre de las notas

Una de las grandes aportaciones del monje benedictino Guido d’Arezzo (991-1050) es el nombre de las notas. Para facilitar su lectura y aprendizaje, propuso un juego de palabras.GuidodArezzo

El erudito monje bautizó los seis primeros sonidos (o notas) de la escala que se empleaba en esa época con la primera sílaba de cada verso de la estrofa inicial de un himno. Se trata de un poema litúrgico dedicado a San Juan Bautista.

ix

Ut queant laxis

Resona refibris

Mira gestorum

Fa mulitu orumSolve polluti

Abii reatum

Sancte Ioannes.

(Para que puedan cantar libremente tus siervos las maravillas de tus actos, elimina toda mancha de culpa de sus sucios labios. San Juan).

La primera sílaba de cada “hemistiquio” o verso corresponde a las notas: ut, re, mi, fa, sol y la. En el siglo XVII se cambió “ut” por do por razones fonéticas, pero en Francia siguen empleando “ut”.

El nombre de la séptima nota, SI, se añadió un par de siglos más tarde uniendo las primeras letras de Sant Juan (Sancte Ionnes)

Hasta entonces se empleaba la denominada notación de Boecio, que asociaba las siete primeras letras del alfabeto latino a las siete notas. Las notas se llamaban A, B, C, D, E, F y G, tal como aún hoy se hace en algunos países sajones.

D’Arezzo implantó también el tetragrama, que derivó en el actual pentagrama.

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