La leyenda del Puente del Diablo

Al gato Llamp le gustan mucho las leyendas, especialmente en las que participan felinos, como esta leyenda del pueblo de Martorell (Barcelona), que es muy similar a otras leyendas de origen medieval.

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El Diable y la Velleta, protagonistas de la leyenda. Son “gigantes” de Martorell.

Hace muchos  años, incluso muchos siglos, vivía en el pueblo de Martorell una anciana que tenía que pasar el río Llobregat cada día para ir a buscar agua. La fuente estaba en la otra orilla. La anciana era ya muy mayor, le costaba saltar de piedra en piedra y, además, cuando el río bajaba con mucha agua, no podía atravesarlo.

Una mañana lluviosa, la anciana estaba junto a la orilla, mirando el río y pensando cómo cruzar sin mojarse.

– ¡Daría lo que fuera para que aquí hubiera un puente! – dijo en voz alta – ¡Diablos!

A su lado apareció de repente un hombre de aspecto elegante que le dio los buenos días con mucha educación.
– ¿Qué hace usted pasando el río de esta manera? Con mi gran poder, haré que no tenga que cruzarlo nunca más!

– ¿Cómo? –preguntó la anciana sorprendida.

– Te construiré el puente más bonito que jamás hayas visto…

– Construir un puente lleva mucho trabajo y mucho tiempo… Yo tengo que cruzar el puente cada día al amanecer.

– Lo construiré en una noche.

– ¿Seguro? –preguntó ella–.  Además, eso cuesta mucho dinero y el el pueblo somos muy pobres.

–¿Acaso dudas de mi palabra? –respondió el Diablo–. Mañana, cuando cante el gallo, tendrás tu puente. .. Y no os va a costar ni un real.

– ¿Sin pagar nada?

– Me conformo con quedarme con el alma del primero que cruce el puente.

La anciana, cansada de tener que cruzar el río cada día aceptó el trato. El diablo estuvo toda la noche trabajando con sus ayudantes y cuando los primeros rayos de sol despuntaban tras la Torre del Telégrafo el gran puente estaba acabado. El gallo cantó y la anciana contempló boquiabierta la bonita obra. El Diablo, escondido tras el arco del puente, en la otra orilla, esperó a que la anciana  pasara en busca del agua y así poder quedarse con su alma.

Pero las cosas no salieron como él esperaba.

La anciana abrió el cesto que llevaba colgando del brazo. De dentro salió un gato negro como el carbón, que asustado empezó a correr puente arriba.

Y así es, como desde ese día, la anciana y todo el mundo puede cruzar, sin miedo, el puente mientras el Diablo, dicen, sigue persiguiendo al gato para quedarse con su alma.

Fotos de Els Gegants de Martorell (página de Facebook)

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