¿De qué edad queremos que sea nuestra pareja?

En una pareja, si sus miembros son de edades distintas, lo normal es que el hombre sea mayor que la mujer. Además, a los hombres suelen gustar mujeres más jóvenes. Y no son infrecuentes los casos de hombres que se divorcian y que vuelven a emparejarse con una mujer más joven que su pareja anterior. No es extraño, por otra parte, que en la denominada “prensa rosa” aparezcan hombres “famosos” que se emparejan con mujeres mucho más jóvenes que ellos.

Esos patrones de emparejamiento han recibido dos interpretaciones alternativas. En perspectiva evolutiva, se han considerado característicos de estrategias reproductivas dispares en hombres y mujeres; dispares, pero coherentes y complementarias. Se supone que los hombres prefieren emparejarse con mujeres jóvenes porque las jóvenes tienen mayor valor reproductivo, esto es, disponen de más años fértiles por delante, por lo que están en condiciones de procrear en más ocasiones. Las mujeres, por su parte, no desdeñan emparejarse con hombres de más edad, porque normalmente, son los que se encuentran en mejores condiciones para asegurar el futuro de la prole. Ha de entenderse que estas preferencias no operan de modo consciente, sino que forman parte de nuestra naturaleza y han sido adquiridas en el curso de nuestra evolución, por haber sido seleccionadas, frente a otras alternativas, precisamente porque habrían proporcionado mayores niveles de adecuación o éxito (fitness) en términos evolutivos.

Según interpretaciones alternativas al punto de vista adaptacionista, las preferencias por parejas de más o menos edad obedecería a factores socioculturales, motivaciones económicas o normas arbitrarias. Por ello, bien podrían variar a lo largo del tiempo y diferir de unas culturas a otras. La verdad es que en los últimos años no ha sido raro encontrar en esa “prensa rosa” ejemplos de mujeres “famosas” que se emparejen con hombres mucho más jóvenes que ellas. Hay quien opina que estas situaciones son tan “normales” o “naturales” como las que he comentado más arriba y que, de hecho, una vez que empiezan a aparecer en medios de comunicación de masas parejas formadas por mujeres de bastante más edad que la parte masculina, esos casos pueden actuar como referencias sociales o catalizadores que provoquen que también las mujeres manifiesten preferencia por emparejarse con hombres más jóvenes que ellas. Y lo cierto es que durante las últimas décadas, ha aumentado el porcentaje de parejas en las que la mujer es mayor que el hombre, aunque se trata de porcentajes todavía muy bajos.

En un estudio reciente se ha analizado este asunto a partir de la información proporcionada por personas que buscan pareja a través de sitios web en los que se especifica la edad del anunciante y el intervalo de edades en el que han de encontrarse los candidatos potenciales para formar la pareja. El estudio se ha realizado en 14 países de culturas distintas.

En los hombres, la edad mínima preferida en la mujer es, sistemáticamente, menor que la propia y la diferencia aumenta conforme aumenta la edad de quien busca pareja. Así, para un varón de 25 años la edad mínima de la pareja femenina sería de 18’7 años (en promedio entre países), para uno de 35 sería de 22’3, y para uno de 45 sería de 26’3. La diferencia aumenta mucho con la edad del hombre. Con la edad máxima preferida por los varones ocurre, como veremos, algo curioso: un joven de 25 años aceptaría una mujer de hasta 30’3 años de edad; uno de 35 años la aceptaría de 37’3 año y uno de 45 años, de 41’9. Esto es, se produce un fuerte estrechamiento del intervalo de edades máximas preferidas. A los efectos, es como si hubiera un techo de edad femenina que los hombres que buscan pareja no quieren sobrepasar.

En las mujeres las cosas son muy distintas, pues prefieren emparejarse con hombres cuya edad mínima sea similar o algo inferior a la propia, y cuya edad máxima sea bastante más alta. A las mujeres de 25 años les gustaría emparejarse con hombres cuya edad fuese, como mínimo, de 25’6 años, y de 37’5 años como máximo. Las de 35 años prefieren hombres entre 33’6 y 47’2 años de edad. Y las de 45 años los prefieren entre 41’2 y 55’7 años de edad.

Los autores del trabajo opinan que estos datos apoyan la visión adaptacionista y no dan demasiado crédito a otro tipo de interpretaciones. A mí me parece lógico, pero también creo que los factores económicos y culturales pueden introducir variaciones, aunque no demasiado acusadas, en el esquema general.

Fuente: Michael J. Dunn, Stacey Brinton y Lara Clark (2010): “Universal sex differences in online advertisers age preferences: comparing data from 14 cultures and 2 religious groups” Evolution and Human Behavior 31: 383–393

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