El experimento mormón

Familia polígama mormona de final del siglo XIX

Los mormones protagonizaron, a lo largo del siglo XIX, un curioso experimento. Ellos no lo sabían, como tampoco lo sabían los legisladores que tomaron la decisión de prohibir la poligamia. Pero lo cierto es que la abolición de la poligamia en pleno siglo XIX en Norteamérica ha permitido que a comienzos del siglo XXI se hayan podido testar, en la especie humana, algunas predicciones teóricas relativas a la selección sexual y al modo en que esta modalidad de selección se ve afectada por el tipo de emparejamiento reproductor, monógamo o polígamo.

La selección sexual es ese mecanismo evolutivo cuyo motor es la elección de pareja reproductiva y, más en concreto, la elección de pareja en la que la preferencia por unos u otros rasgos juega un importante papel. La selección sexual es muy poderosa y actúa muy rápidamente. Si los hombres escogen como pareja mujeres rubias de forma sistemática, en pocas generaciones habrá más mujeres rubias, pues éstas tendrán mayor éxito reproductivo. Si las mujeres prefieren, sistemáticamente también, hombres musculosos, en pocas generaciones los hombres serán más musculosos, pues los que no lo son tendrán más dificultades para encontrar pareja. En uno y otro caso, ese mercado de la pareja reproductiva acaba seleccionando los individuos que exhiben en mayor grado los rasgos deseados. Hay quien opina, por ejemplo, que la piel clara es el resultado de un proceso de selección sexual; y según algunos especialistas, es la selección sexual la que ha conducido a que las mujeres más deseadas por los hombres (al menos en los países occidentales) tengan las caderas más anchas que la cintura. Por otro lado, los rasgos elegidos suelen ser, además, indicadores de buenas características generales. Un ejemplo ciertamente conspicuo de selección sexual es el pavo real y su prominente y vistosa cola. Sólo individuos sanos y fuertes se pueden permitir el lujo de acarrear y mantener en perfectas condiciones una protuberancia tan aparatosa. Esa es, seguramente, la razón por la que las hembras los prefieren y por lo que esas colas han acabado siendo un rasgo sometido a selección.

De acuerdo con predicciones teóricas que han sido confirmadas en comparaciones entre diferentes taxones (especies y grupos de especies), la selección sexual es mucho más poderosa en especies polígamas que en especies monógamas. Cuando varios machos compiten entre sí por emparejarse con las hembras de un grupo y un único macho es el que se empareja, ese macho ha de ser el que cuente con los rasgos que prefieren las hembras; no los rasgos que prefiere una u otra hembra, sino los que prefieren la mayoría o todas ellas. Bajo esas condiciones, sólo ese macho tendrá descendencia, por lo que sus rasgos serán los que se perpetuarán en mayor grado y sus portadores serán los que tengan, a su vez, mayor éxito reproductivo. Esa combinación entre poliginia y selección sexual genera, además, un gran dimorfismo sexual.  Esto es, hace que machos y hembras sean muy diferentes unos de otros. Piensese en el pavo real o en los gorilas, por ejemplo.

Los miembros de la “Iglesia de los santos del último día”, más conocidos como mormones, permitieron la poliginia durante buena parte del siglo XIX. De los años para los que se cuenta con información, 1833 fue en el que se alcanzó un mayor porcentaje de varones casados que lo estaban con más de una esposa. Llegaron a ser casi un 18% de todos los hombres casados en el estado de Utah (EEUU). A lo largo del siglo XIX la presión social provocó que disminuyera rápidamente ese porcentaje, hasta que en 1862 se aprobó la “Morrill Anti-Bigamy Act” que prohibió la poligamia en todo el territorio de los EEUU. En 1878 el Tribunal Supremo confirmó la prohibición frente a un recurso en su defensa que esgrimía la libertad religiosa como razón, y en 1890 fue la propia Iglesia Mormona la que dictó el denominado “Woodruff Manifesto” por el que declaró prohibida la poliginia en el seno de su propia comunidad.

El acceso a la base de datos demográficos de los mormones ha permitido contar con los relativos a las cohortes nacidas entre 1830 y 1894. En total la muestra con la que han contado los investigadores que han analizado estos datos comprende los 72.812 padres y 75.366 madres nacidas en ese periodo, así como los 322.551 hijos y 307.754 hijas que esos padres y madres tuvieron. Y esos datos han permitido estudiar de qué manera afectó a la selección sexual la transición de la poliginia a la monogamia en esa comunidad. Los datos son muy valiosos porque el tamaño muestral es enorme y porque, además, es el primer caso conocido en que se produce una transición tan rápida en una misma especie entre dos sistemas de emparejamiento, por lo que la comparación entre una y otra situación no supone que haya que descontar, además, el efecto de otro tipo de factores (de tipo cultural, por ejemplo), como ocurre cuando se comparan grupos étnicos o culturales muy distantes.

Joseph Smith, fundador de la Iglesia de los santos del último día

El análisis concluye que, efectivamente, la selección sexual se debilitó notablemente al producirse el cambio en el sistema de emparejamiento. A comienzo del siglo XIX, había una gran variabilidad en el éxito de emparejamiento y éxito reproductivo de los hombres mormones. Una alta variabilidad indica que unos hombres tienen mucho éxito (de emparejamiento y reproductivo) y otros muy poco; por lo tanto, a comienzo de siglo unos pocos hombres tenían más esposas y más hijos que los demás. Los varones polígamos tenían más hijos por dos razones: por un lado tenían una mayor tasa reproductiva (más hijos por unidad de tiempo), y por el otro, tenían hijos durante un periodo más largo de tiempo. Está claro que esos hombres con más éxito son los que poseían las características que los hacían más deseables para las mujeres con las que casaban, por lo que eran esas características las que tendían a seleccionarse en los hombres de la población.

Pero a la vez que los hombres polígamos tenían más éxito reproductor, ocurría lo contrario con las mujeres que compartían pareja masculina. Estas tenían un menor éxito reproductivo que las mujeres que no compartían marido. De hecho, el estudio constata que existe una relación negativa entre el éxito reproductor femenino y el éxito de emparejamiento masculino, o, expresado en otros términos, que la poliginia conlleva costes de “adecuación” o “éxito” (“fitness”) para las mujeres.

Familia polígama mormona del siglo XIX

El cambio en el sistema de emparejamiento modificó de manera notable esos parámetros. Así, la variabilidad en el éxito de emparejamiento y éxito reproductivo de los hombres mormones descendió de forma importante a lo largo del siglo hasta igualar a los valores femeninos. Se atenuaron  las diferencias entre varones puesto que ninguno tenía la oportunidad de emparejarse con más de una mujer. Y así, la situación se igualó con la de las mujeres. El descenso en la variabilidad del éxito de emparejamiento masculino redujo el potencial para que se produjese selección sexual en un 60% aproximadamente.

Los resultados de este trabajo tienen implicaciones de mucho interés en lo relativo a las razones por las que la especie humana es mayoritariamente monógama (al menos, socialmente monógama). La poliginia, tal y como la practicaban los mormones o la practican nuestros primos los gorilas, por ejemplo, es muy ventajosa para los machos más poderosos, pero a cambio, es incompatible con la cooperación entre machos dentro de un mismo grupo. Por eso, cuando los machos de un grupo imponen la monogamia al resto, se interpreta esa imposición como un mecanismo para reducir la cometencia interna y fortalecer al grupo en sus relaciones con otros grupos. Y dado lo costoso que resulta para los miembros más poderosos e influyentes de un grupo el renunciar a poder tener más de una mujer, deben de ser muy importantes las ventajas que se derivan de esa renuncia para el grupo en su conjunto, pues de lo contrario, hubieran sido los grupos humanos polígamos los que habrían perdurado con el tiempo.

Nota: Ambrosio García Leal, en su “La conjura de los machos” (Colección Metatemas en Tusquets; 2005) desarrolla con brillantez estas nociones en un contexto más amplio y explica las presiones selectivas que habrían actuado para que la especie humana haya acabado siendo “monógama imperfecta”.

Fuente: Jacob A. Moorad, Daniel E.L. Promislow, Ken R. Smith y Michael J. Wade (2011): “Mating system change reduces the strength of sexual selection in an American frontier population of the 19th century”. Evolution and Human Behavior 32: 147–155

3 pensamientos sobre “El experimento mormón

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  2. Galder Gonzalez

    No estoy del todo seguro en que la población mundial sea culturalmente monógama, aunque si lo sea en la práctica.

    Enumerando:
    – La población musulmana puede adoptar la poligamia en muchísimos países, y son más de 1.000.000.000 de musulmanes.
    – Los chinos tienen una especie de poligamia forzosa en caso de muerte en la que tienen que adoptar a la esposa del hermano. Aunque ya muchos sean hijos únicos, culturalmente esto sigue existiendo. Son otros 1.250.000.000.
    – Entre los cristianos solo son los mormones los que siguen en unos 30.000 siendo polígamos. Es un número pequeño, pero culturalmente tiene un significado más grande: muchas secciones fundamentalistas dentro de los mormones ven culturalmente aceptable esta práctica.
    – En India existen multitud de grupos que históricamente han practicado la poligamia, y estaba bien vista entre los hindúes hasta hace no mucho. Además los musulmanes se pueden casar libremente con muchas mujeres en este pais (no así los hindúes).
    – También es legal y habitual la poliginia en muchos lugares de Africa, practicamente todo el Centro e incluso Sudáfrica está bien visto.
    – En el Tibet y el Hindu Kush tambmién es normal en muchos grupos.
    – Y aunqeu no sean muy numerosos también es normal en muchos grupos indígenas, algunos grandes, como los Nahuatl.

    Vamos, que sumando, llegamos a que culturalmente puede que sean más que los monógamos.

    1. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

      Tienes mucha razón en lo que dices, Galder. Pero ten en cuenta una cosa: del mismo modo que la monogamia social esconde cierto grado de poligamia biológica (sobre todo poliginia), también ocurre que donde se tolera la poligamia, en la práctica solo una minoría la practica (por razones económicas). Pero es cierto lo que dices. Mira esta entrada: https://blogs.eitb.eus/cienciayhumanismo/2010/03/09/mas-bien-monogamos/ lo escribí hace un año y demuestra que, efectivamente, hombres y mujeres no han contribuido en la misma medida a nuestro acervo genético.

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