La educación alarga la vida

La educación recibida parece influir en la probabilidad de morir a partir de edades intermedias. Esa es la conclusión obtenida por unos investigadores suecos tras analizar los datos de mortalidad de 1,2 millones de compatriotas pertenecientes a un conjunto de clases de edad que se vieron afectadas por una reforma educativa hecha en su país.

En efecto, entre los años 1949 y 1962, las autoridades suecas fueron implantando una reforma que, entre otras cosas, se tradujo en un alargamiento de un año en la escolarización obligatoria. El caso es que la reforma se implantó a lo largo de bastantes años, y fue parcial; unos municipios se vieron afectados y otros no. De esa forma se realizó lo que puede considerarse un experimento gigante, ya que al poder identificarse las personas afectadas, ha podido hacerse un seguimiento y evaluar diferentes aspectos de su trayectoria vital posterior.

Como es normal, la mayoría (71%) de la gente se moría después de los 40 años, y en los intervalos de edad considerados (hasta los 65 años), morían menos mujeres que hombres. Por otro lado, y como es lógico, las diferencias de mortalidad entre las personas que habían permanecido un año más en la escuela y las que no, solo se produjeron a partir de esas edades intermedias, cuando los factores causantes de muerte acentúan sus efectos, no antes.

Fueron varias las causas de muerte que incidieron de modo diferente en los dos grupos de personas, el de los que permanecieron más tiempo en el sistema educativo y el de los que no. Una de esas causas es el cáncer, con carácter general, y el de pulmón y vías respiratorias, en especial; y además, el efecto fue más marcado en las mujeres. En lo relativo a enfermedades cardiovasculares, las mujeres escolarizadas un año menos tuvieron más riesgo de morir por isquemia cardiaca, pero ese efecto no se produjo en hombres. Y en lo que a causas externas se refiere, las personas que permanecieron un año menos en el sistema educativo, -especialmente los hombres-, sufrieron una mayor incidencia de las mismas, sobre todo por culpa de los accidentes, aunque los suicidios también les afectaron en mayor medida.

Demarcaciones municipales en Suecia

No es esta la primera ocasión en que se pone de manifiesto una relación entre nivel formativo y mortalidad, pero sí es la primera en que se ha podido aislar el efecto del nivel educativo del de otras variables que normalmente varían a la vez que aquella. De hecho, es perfectamente lógico que el entorno familiar, la habilidad cognitiva y otros factores hayan podido ser las causas últimas del efecto, observado en otros estudios, del nivel educativo sobre la salud y la mortalidad. Al fin y al cabo, si esas posibles causas inciden, a la vez, sobre el nivel educativo y sobre la salud, las observaciones realizadas en otros estudios bien podían haberse debido a aquellas. Y de hecho, lo más probable es que ejerzan algún efecto. Pero lo que ha permitido este estudio es identificar una relación causal directa e independiente de las anteriores.

A la hora de analizar el modo en que la educación afecta a la salud y a la mortalidad es importante tener en cuenta que el aumento de un año en la duración del periodo de escolaridad obligatoria elevó la probabilidad de que los jóvenes accedieran a niveles de estudios postobligatorios, con lo que el nivel formativo finalmente alcanzado fue, en promedio, mayor en los afectados por la reforma.

En estudios anteriores se había comprobado que los individuos afectados por la reforma, además de alcanzar un mayor nivel educativo, también se beneficiaron a lo largo de sus vidas laborales de mejores salarios y manifestaron disfrutar de mejor estado de salud. Por otro lado, el tipo de enfermedades que resultaron ser causa de mortalidad diferencial en este estudio parecen apuntar, en gran medida al menos, a los efectos del tabaquismo y la ingestión excesiva de alcohol. Esto es, todo apunta a que el mayor nivel formativo pudo haber incidido de forma positiva en un menor consumo de esas sustancias de reconocidos efectos deletéreos, y gracias a ese menor consumo, la mortalidad a partir de edades de riesgo, también se redujo.

Hace unas semanas vimos aquí la importancia que tiene la educación o, más en concreto, la duración del periodo formativo, sobre el cociente de inteligencia. Ahora hemos visto que también la salud y la probabilidad de morir por determinadas enfermedades o por accidente se ven afectadas por el factor educativo. En definitiva, la educación no solo proporciona una vida mejor, también ayuda a que sea más larga.

Fuente: A. C. J. Lager y J. Torssander (2012): “Causal effect of education on mortality in a quasi-experiment on 1.2 million Swedes” Proceedings of the National Academy of Sciences 109 (22): 8461-8466

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