Hambre, mortalidad y fecundidad

Centeno

Centeno

Las poblaciones animales, en mayor o menor medida, se ven afectadas por las variaciones en la disponibilidad de alimento. Las variables demográficas de las que depende la “adecuación” (fitness en sentido evolutivo), como son la mortalidad y la fecundidad, experimentan cambios dependientes de ese factor. Y la especie humana, en principio, no tiene por qué ser una excepción. Ocurre, sin embargo, que ese tipo de relaciones no se manifiestan en las sociedades industriales contemporáneas porque están muy amortiguadas frente a tales cambios.

En Finlandia han analizado las variaciones interanuales en la tasa de mortalidad y la fecundidad en poblaciones humanas preindustriales utilizando una metodología “longitudinal”. Gracias a que las parroquias guardan registros de nacimientos, matrimonios y defunciones, ha sido posible trazar trayectorias “longitudinales”, esto es, trayectorias de personas y linajes a lo largo de un periodo de tiempo prolongado. Además, los registros permiten asignar a cada persona un nivel socioeconómico, pues en ellos figuran sus profesiones o medios de vida. Esto es, se ha seguido la pista a todas las personas que han vivido en 10 parroquias finlandesas del año 1750 en adelante y se ha estudiado la relación entre las tasas de mortalidad y fecundidad, por un lado, y la disponibilidad de alimento, por el otro, a partir de las cosechas de centeno y cebada que se obtuvieron en esas diez aldeas entre los años 1800 y 1874. Las parroquias estaban asentadas en una zona agrícola, en la que la gente trabajadora obtenía un 60% de la energía del centeno, y un 20% de patatas y de cebada, esta última transformada en cerveza. La magnitud de la cosecha se ha expresado en esta investigación mediante un indicador, que es la cantidad de grano recogida expresada como el múltiplo de la cantidad de cereal sembrado. Los datos de fecundidad y mortalidad de un año se asociaron con los de cosecha del año anterior, y a partir de esas asociaciones, han tratado de encontrar relaciones funcionales utilizando técnicas estadísticas de regresión múltiple.

Variación de las cosechas de centeno (línea negra) y cebada (línea gris), expresada como múltiplos de la cantidad sembrada

Variación de las cosechas de centeno (línea negra) y cebada (línea gris), expresada como múltiplos de la cantidad sembrada

En lo que a la mortalidad se refiere, los individuos de más edad, personas en edad post-reproductiva, fueron los que experimentaron una mayor tasa de mortalidad como consecuencia de las malas cosechas de cereal. Y también las personas de clase social más baja. Pero esos efectos eran débiles; tal es así que, en términos generales, las cosechas no ejercieron efectos significativos sobre la mortalidad. Los factores causantes de mortalidad en tiempos preindustriales eran, principalmente, las enfermedades infecciosas, como viruela, tifus, fiebres tifoideas y gripe, y al parecer no hay relación entre las variaciones de las cosechas y la dinámica de esas enfermedades. En el caso de los individuos post-reproductivos las cosas son algo diferentes; según los registros, la principal causa de muerte era la “vejez” (un 28% se moría de viejo) y la mitad morían por “agotamiento”, fiebre tifoidea, neumonía y “edema“. En niños no había relación entre cosechas y tasa de mortalidad, pero ésta era de suyo muy alta en ese grupo de edad; casi la mitad (el 46%) de los nacidos moría antes de superar los 15 años. Y de esos, casi seis de cada diez morían debido a enfermedades epidémicas (viruela, gripe, shigelosis, candidiasis y tos ferina), cuyas dinámicas apenas guardaban relación con las de las cosechas de cereal. Por otro lado, la cantidad y calidad de la leche de las madres es poco dependiente del clima, el trabajo, las infecciones o el ayuno. Incluso madres malnutridas eran capaces de proporcionar a sus hijos suficiente leche como para que ese no fuera el factor de mortalidad infantil más importante. Hay que tener en cuenta que una parte importante de la leche, sobre todo los ácidos grasos, proceden de los depósitos de grasa que se han podido acumular tiempo atrás. Solo las madres de extracción social más humilde se veían afectadas por las malas cosechas de centeno.

Superficies de respuesta: variación de la mortalidad en función de la edad y la magnitud de la cosecha. La mortalidad infantil es alta e independiente de la cosecha; la de las personas mayores sí depende de la cosecha. Estas superficies se obtienen a partir de las ecuaciones obtenidas mediante regresión múltiple.

Superficies de respuesta: variación de la mortalidad en función de la edad y la magnitud de la cosecha. La mortalidad infantil es alta e independiente de la cosecha; la de las personas mayores sí depende de la cosecha. Estas superficies se obtienen a partir de las ecuaciones obtenidas mediante regresión múltiple.

En términos generales, se puede decir que la mayoría de la población resistía relativamente bien los periodos de hambruna, aunque los mayores y los más pobres sí experimentaban altas tasas de mortalidad en los años malos (la figura lo representa de forma muy clara). La conclusión que cabe extraer, por lo tanto, es que las poblaciones preindustriales estudiadas en este trabajo, y quizás otras poblaciones similares, se encontraban bien pertrechadas fisiológica y culturalmente, para afrontar las épocas de vacas flacas. Expresado en otros términos, las poblaciones tenían el tamaño adecuado para subsistir en las condiciones propias de la zona, también cuando esas condiciones eran coyunturalmente desfavorables. El recurso a fuentes alternativas de alimento, la posibilidad de almacenar algunos productos y la estabilidad en la capacidad materna para proporcionar leche a sus hijos de menor edad contribuían a amortiguar los efectos de las malas cosechas. Sin embargo, las enfermedades infecciosas causaban verdaderos estragos, sobre todo, como ya se ha dicho, entre los niños, aunque la incidencia de esas enfermedades no guardaba relación con las cosechas.

Pueblo irlandés despoblado por la gran hambruna

Lo anterior no implica que en todas las poblaciones humanas preindustriales las cosas hubieran de ser iguales, ni que variaciones de mayor magnitud en la abundancia de alimento no causasen efectos notorios en la mortalidad y la fecundidad. Por ejemplo, la hambruna finlandesa de 1696-1697 redujo la población en un tercio, y la irlandesa de 1846-1851, por el colapso de la patata, provocó aproximadamente 860.000 muertos. Pero este trabajo ilustra que cuando las malas  cosechas no se prolongan en varios años seguidos de forma catastrófica, ese no es el factor demográfico principal. La tasa de mortalidad de las poblaciones estudiadas en este trabajo era de 2’53% anual, y la mayoría de los que morían eran niños. En definitiva, eran las enfermedades infecciosas y no las hambrunas los principales factores causantes de mortalidad. Y en ese sentido, podemos recordar la anotación de hace unas semanas en la que conté que la gente ya no muere por culpa de las causas por las que moría antes. Para que luego digan que cada vez se vive peor.

Fuente: Adam D. Hayward, Jari Holopainen, Jenni E. Pettay y Virpi Lummaa (2012): “Food and fitness: associations between crop yields and life-history traits in a longitudinally monitored pre-industrial human population” Proc. R. Soc. B 279: 4165-4173 (doi:10.1098/rspb.2012.1190)

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