La vida en bloqueo

Queridos todos,

El otro día llegué al aeropuerto de La Paz desde Sucre dispuesta a coger un taxi y llegar a la oficina. En la salida del aeropuerto había seis cholitas (mujeres aymaras) sentadas en el suelo impidiendo el paso. Era día de bloqueo. Bastante sigilosa, caminé, sorteé las barreras, di más vueltas de lo normal y conseguí escabullirme de la protesta.

Esto podría ser una divertida anécdota más en mi vida boliviana de no ser por la cotidianeidad con que se repite y por los estragos que una le causa. Y es que cuando no es El Alto, es La Paz y cuando no,  Los Yungas o el Departamento de Potosí. Y cuando no es el colectivo de transportes quien protesta, es el de los mineros o el de salud o el que sea. El caso es que los bolivianos y los adoptados vivimos en eterno bloqueo.

Uno de los más curiosos que yo he vivido ocurrió en Oruro, a 3 horitas de La Paz. Volvíamos de un viaje de trabajo y no podíamos pasar por la carretera principal porque los habitantes del pueblo que atravesábamos, protestaban sin parar. El motivo, increíble. El alcalde de la localidad había sido detenido por tráfico de drogas y los vecinos mostraban su descontento porque el hombre tenía ganadas  la estima y el afecto de sus vecinos. Decidimos esquivar los paros atravesando caminos comunales. Cuando estábamos a punto de lograrlo, entre 10 y 12 comunarios cabreados decidieron que la nuestra no había sido una buena idea. Corrían poseídos hacía nuestro coche. Nosotros, asustados, dimos la vuelta en plan rally para despistarlos y, tras dar mil y un rodeos, lo logramos.

Otros de los bloqueos más molestos que he vivido ocurrió durante la visita de mi hermano, el gran Bertuco y de su chica, María la Bandida. Tenían planeado y pagado un viaje a Coroico, gran paraíso, por cierto. El bloqueo les llevó a cancelarlo. Lo cambiaron por otro destino, el Lago Titicaca. De nuevo, a causa de los paros, tuvieron que obviarlo.

Y es que la vida en bloqueo es lo que tiene: una capacidad pasmosa de hacer que una cambie de planes, de hecho, motiva que nunca puedas planear. La vida en bloqueo hace que a veces no se pueda ir a trabajar, que no haya transporte para llegar a ninguna parte, que la ciudad se vuelva un caótico caos del que te quieres escapar. La vida en bloqueo te encierra, pero de verdad. La vida en bloqueo hace que a veces me frustre, me enfade un poco, me empute.

En fin, es lo que hay, que diría mi amiga Guirles.  Paciencia.

Buen día y mucha suerte a todos.

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