Bienvenida al estilo polonés

Cada vez que estoy haciendo la compra en el supermercado tengo la sensación que me están robando con una sonrisa “danesa”. Aunque, poco a poco me vaya acostumbrando a los altos precios daneses, es una sensación que creo nunca va a desaparecer. Todavía me acuerdo cuando la gente me comentaba que el pescado, y sobre todo el salmón, sería muy barato porque es un país con mucha costa y además muy cercano a Noruega. ¡Pues no! El pescado aquí es manjar de dioses, pero como la carne, el chocolate o una simple botella de Coca Cola. Por lo que visto el panorama hay que buscar soluciones para comer decentemente, aunque solo sea por un fin de semana. ¿Cuál fue esa solución? ¡Viajar de turismo gastronómico a Polonia! Suena raro, pero unos amigos y yo cogimos la mochila, un avión y nos plantamos en Cracovia.

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Centro de Cracovia

El comienzo del viaje fue un tanto peculiar; bajar del avión y acabar en una comisaria en menos de 50 minutos de reloj. El problema empezó cuando después de comprar el billete para llegar al centro de la ciudad se nos olvido validarlo dentro del autobús. A todo esto, no había ninguna señal que indicara que había que hacerlo. De repente tres revisores nos piden nuestros tickets y tarjetas de estudiantes. Al de un rato, de manera poco, por no decir nada, amable nos multan simplemente por no haber sellado el ticket. No teníamos ni un zloty para pagarles por lo que nos “acompañaron” a un cajero. Todo era muy raro por lo que decidimos pedirles una hoja de reclamación que claramente no tenían; por lo que después de insultos varios acabamos en una comisaria pidiendo ayuda; aunque finalmente se convirtió en todo lo contrario. Ahora que lo cuento incluso me hace gracia; pero la bienvenida al estilo Polonés no fue muy buena.

Aunque las primeras horas en Cracovia no fueran muy agradables, el resto del viaje fue muy interesante. Aprovechamos para ver la ciudad y probar algún que otro plato típico, como las sopas, los Pierogi o las tartas y dulces (¡increibles!). Uno puede comer un menú con entrante, plato principal y postre por unos tres o cuatro euros. Es realmente barato y más comparándolo con un país como Dinamarca. Los bares de leche o “bar mleczny” son restaurantes de comida rápida tradicional polaca. En estos establecimientos podemos comer por menos de un euro el plato. Otro de los atractivos turísticos es el precio del alcohol. Podemos comprar una botella de un licor medianamente bueno por menos de dos euros. Nosotros también quisimos probar la manera que tienen los polacos de beber y salir por la noche, por lo que participamos en un “Pub Crawl”, una ruta por varios pubs y discotecas del centro de Cracovia. Fue una noche interesante, pero como bien dice el refrán: “¡Noches alegres, Mañanas tristes!”.

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Restaurante polaco en el barrio judío

Pero no solo tuvimos la oportunidad de comer y beber, también conocimos un poco la cultura judía, gracias a un pequeño paseo que dimos por el barrio judío. Personalmente me pareció curioso lo poco cuidado que estaba todo, exceptuando los edificios religiosos. Había edificios de apartamentos totalmente ruinosos en pleno centro, pero las catedrales e iglesias tenían siempre un aspecto increíble. Me pareció que el cristianismo esta muy presente en Cracovia y tiene mucha importancia dentro de la cultura del país.

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Puerta de entrada a Auschwitz II – Birkenau

Pero lo que realmente me impactó y llamó la atención de este viaje fueron los campos de concentración nazi, Auschwitz I y Auschwitz II – Birkenau. No solo por la carga histórica del lugar, sino porque es totalmente diferente leerlo en un libro de texto o verlo con tus propios ojos. Tuvimos la posibilidad de visitar, junto a una guía, los dos campos y sus instalaciones y la visita fue muy emocionante. La visita a las celdas de un metro cuadrado donde encerraban a 4 personas, los crematorios que usaban para quemar los cuerpos o los barracones donde vivían cientos y cientos de judíos fue realmente escalofriante. Familias judías de toda Europa llegaban a Auschwitz con la intención de encontrar una vida mejor, pero la mayoría de ellos acababan muertos o realizando trabajos forzados; la mayoría no sobrevivía más de un mes en las condiciones de estos campos de concentración. En mi opinión es una parada obligada al visitar Polonia.

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Retratos de los prisioneros en Auschwitz

Me ha resultado muy interesante visitar Polonia, sobre todo por la visita a Auschwitz. Es un país que poco a poco se va modernizando pero que aún arrastra la sombra del comunismo. Además, recomiendo probar la comida típica polaca y la cocina judía; es una opción muy económica pero realmente sabrosa. Pero llega diciembre y con ello los exámenes y los ensayos. Por una pequeña temporada me voy a tener que olvidar de viajar y centrarme en los estudios; como bien diría mi ama, ya he tenido suficiente. Supongo que el próximo avión que cogeré será para volver a casa, como el turrón, por Navidad. Toca reponer las pilas para la segunda mitad de mi año de Erasmus en Aarhus (Dinamarca).

“Kto nie pamieta historii skazany jest na jej ponowne prezezycie”
– George Santayana

2 pensamientos sobre “Bienvenida al estilo polonés

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