¿Qué prefieres, una cara hermosa o un cuerpo atractivo?

Al parecer, la respuesta a esas preguntas es que depende de para qué, al menos en el caso de los varones. Los hombres heterosexuales no valoramos los mismos rasgos físicos femeninos cuando se trata de un ligue ocasional y cuando se trata de una relación estable a largo plazo. En la elección de pareja para un “affaire” ocasional el criterio pricipal es la anatomía corporal femenina. Sin embargo, los rasgos faciales son los que más valoramos cuando la elección se refiere a la pareja estable, con la que nos pretendemos comprometer de forma “indefinida”. Las mujeres heterosexuales, sin embargo, no diferencian y se fijan en la cara masculina como criterio pricipal. ¡Ojo! Hablo de valoraciones relativas: ¿qué se valora más? Porque en ambos casos se tienen en cuenta todos los elementos de la anatomía de la otra parte.

Estas preferencias, que pueden parecer arbitrarias, no lo son según un grupo de investigadores que han estudiado esta cuestión. La interpretación que hacen esos investigadores se basa en el supuesto de que el atractivo físico es un indicador de salud y de valor reproductivo. El valor reproductivo, por su parte, tiene dos componentes, el valor actual y el valor residual[1]. El actual depende de la fertilidad presente, mientras que el residual depende, ante todo de la edad y de la salud. No todas las personas son igualmente fértiles y, además, hay claves visuales que informan de ello. Por otro lado, cuanto más joven es un individuo mayor es su valor reproductivo residual, aunque esto es aun más claro en el caso de las mujeres.

La fertilidad de los varones desciende relativamente poco con la edad, mucho menos que la de las mujeres. Por esa razón, aunque las posibilidades reales de tener descendencia bajan en ambos sexos con la edad, ese descenso es mucho más acusado en las mujeres. Por otro lado, los indicadores de salud y de potencial reproductor (de fertilidad, en este caso) de los varones no difieren en su significado si son faciales o corporales y en ambos casos tienen un origen causal común, el relativo a los efectos de la testosterona. Esta hormona tiene un efecto muy pronunciado en la fertilidad masculina y además, incide directamente en un buen número de rasgos anatómicos, tanto faciales (mandíbula ancha, por ejemplo), como corporales (mayor masa muscular y por lo tanto, vigor físico).

En las mujeres hay claves visuales faciales y corporales que se solapan, o dicho de otra forma, que ofrecen la misma información, como ocurre en el caso de los hombres. Pero además, también hay indicadores faciales y corporales que proporcionan información diferente. La cara suele ofrecer más información sobre el valor reproductivo residual, mientras que el cuerpo la ofrece sobre la fertilidad o valor reproductivo actual[2].

Los rasgos faciales que indican mejor estado de salud y un mayor valor reproductivo residual son la homogeneidad de la piel, la ausencia de arrugas y pliegues, o rasgos neoténicos, como los ojos grandes, por ejemplo. Cuando una mujer se aproxima a la menopausia y, por lo tanto, va perdiendo valor reproductivo residual de forma rápida, el balance entre andrógenos y estrógenos se inclina a favor de los primeros, y la cara va adquiriendo rasgos más masculinos. Los andrógenos inciden, por ejemplo, en el grosor de los labios: se hacen más finos con la edad.

Por otro lado, el rasgo físico femenino que ofrece una información más completa acerca de la fertilidad de una mujer es el valor del índice cintura:cadera (WHR), cuyo óptimo es 0’66. Las mujeres con un valor alto de ese índice suelen tener más dificultades para concebir. Y además, como ya hemos visto aquí en otras ocasiones, un bajo valor del índice cintura:cadera da cuenta de condiciones fisiológicas adecuadas para mantener el embarazo y la lactancia, pues los depósitos de grasas poliinsaturadas de nalgas, muslos y caderas son los que garantizan un adecuado desarrollo neurocognitivo del feto y del bebé.

Cabe interpretar las preferencias de unos y otras a la luz de estos elementos. Las mujeres no hacen diferencias entre rasgos faciales rasgos corporales, porque en ambos casos los preferidos informan acerca de la fertilidad y salud general del varón. Esa inespecificidad es compatible con el hecho de que la fertilidad no disminuya demasiado con la edad en los varones. [En relación con las preferencias femeninas, puede consultarse esta entrada]

Los hombres, sin embargo, sí diferenciamos. La preferencia de los hombres por parejas jóvenes y sanas para una relación estable de larga duración se debe a que las mujeres jóvenes y sanas son las que tienen un mayor valor reproductivo residual, y eso es lo que maximiza su propio valor reproductivo. Esa condición se refleja, sobre todo, en rasgos faciales. Sin embargo, si de lo que se trata es de un emparejamiento ocasional, el valor reproductivo residual carece de valor; lo que importa es el valor reproductivo actual o fertilidad, y esa condición viene indicada por claves corporales; entre esas claves el índice cintura:cadera es la que informa con mayor fiabilidad de la fertilidad y la capacidad para llevar a término un embarazo y criar a un retoño. [En relación con este asunto, puede consultarse esta entrada]

Durante casi todo el siglo pasado, cuestiones como las tratadas aquí no recibieron atención ninguna, pero en las últimas décadas se ha desarrollado numerosas investigaciones sobre el valor y significado del atractivo y sus indicadores en términos evolutivos. La idea básica de la que parten estos estudios es que en hombres y mujeres se han desarollado comportamientos y preferencias que maximizan su valor reproductivo total, pues esa es la condición para el éxito en términos evolutivos. Hay quien sostiene que todo esto es alambicado y muy especulativo, y es posible que así sea. Pero creo que merece la pena tenerlo en consideración y someter a contraste las hipótesis que genera este planteamiento.

Acabo citando a un clásico. En “The descent of man, and selection in relation to sex”, Darwin (1871) se refirió a la importancia del atractivo físico, en concreto al de las mujeres, en los siguientes términos: “In civilized life man is largely, but by no means exclusively, influenced in the choice of his wife by external appearance” (p. 738).

Fuente: Jaime C. Confer, Carin Perilloux & David M. Buss (2010): “More than just a pretty face: men’s priority shifts toward bodily attractiveness in short-term versus long-term mating contexts” Evolution and Human Behavior 31: 348–353


[1] En el artículo donde publican los resultados de la investigación utilizan términos diferentes a estos; al valor reproductivo actual lo denominan fertilidad y al residual lo denominan valor reproductivo, sin otro adjetivo.

[2] El valor reproductivo residual es máximo a los 17 años, mientras que el valor reproductivo actual lo es a los 24 años.

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