Casarse con una prima quizás no fuese tan mala idea

Que los emparejamientos cosanguíneos pueden tener consecuencias muy negativas es cosa harto sabida. Y sin embargo, hay muchas zonas del planeta en las que, aún hoy, se dan altos grados de cosanguinidad. Ocurren, sobre todo, entre primos y también entre tíos y sobrinas. El grado de cosanguinidad es particularmente alto en las poblaciones de religión musulmana e hinduista de África y Asia. En Jordania, Kuwait y Arabia Saudí se dan porcentajes de matrimonios cosanguíneos superiores al 50%, mientras que los porcentajes más bajos, -de entre el 0% y el 9% se dan en Estados Unidos, Japón y Brasil.

El tabú del matrimonio entre hermanos es muy fuerte porque el grado de cosanguinidad que se deriva de ese emparejamiento es muy alto; ese tabú funciona mediante un mecanismo según el cual, personas que conviven desde su infancia quedan inhabilitadas de forma espontánea para emparejarse, ya que el atractivo sexual entre ellos se encuentra inhibido. Y en nuestra civilización, la Iglesia Católica impone limitaciones a los matrimonios entre primos carnales; requieren, de hecho, de una autorización especial para poderse casar.

Los emparejamientos cosanguíneos provocan lo que se denomina “depresión endogámica”, fenómeno ue consiste en la pérdida de adecuación (vigor, viabilidad, fecundidad…, o sea, “fitness” en lenguaje darwinista) que se deriva de la disminución de diversidad o variabilidad genética. Los emparejamientos cosanguíneos aumentan el grado de “homocigosidad” (perdón por el palabro); esto es, aumentan la probabilidad de que los genes sean homocigóticos, que son esos genes para los que las dos copias (alelos) que porta un individuo (la heredada de la madre y la heredada del padre) corresponden a la misma variedad. La homocigosidad alta es negativa porque aumenta la probabilidad de que los dos alelos que hereda un individuo sean defectuosos o responsables de alguna enfermedad o malfunción. Cuando ocurre eso, disminuye el grado de adecuación (“fitness”, de nuevo).

Un alto grado de cosanguinidad puede ser fruto del aislamiento y el confinamiento de grupos poblacionales relativamente pequeños en áreas geográficas limitadas. Pero también puede deberse a razones socioeconómicas. Hay quien opina que los matrimonios entre primos pueden verse favorecidos en grupos de población pobres, ya que puede ser una forma de evitar el pago de dotes o similares; también se ha propuesto que esos matrimonios sirven para que las propiedades familiares permanezcan en un mismo grupo familiar. Y aún hay otro tipo de interpretaciones.

Pero también hay quien opina que puede haber poderosas razones biológicas que favorezcan los emparejamientos cosanguíneos, y el análisis de los datos de la distribución de la cosanguniedad a lo largo y ancho del mundo apoyan ese punto de vista. El caso es que la cosanguinidad tiende a ser más alta en aquellos paises en los que, históricamente, ha habido una mayor incidencia de enfermedades infecciosas. La existencia de una fuerte correlación entre prevalencia de patógenos en el pasado y porcentaje de matrimonios cosanguíneos, sugiere que ambos fenómenos están ligados. Entre los patógenos y los huéspedes se establece una especie de carrera evolutiva cuyo marco es local. En zonas geográficas relativamente restringidas se producen adaptaciones específicas en el sistema inmune de las personas que las habitan y que les otorgan inmunidad frente a los patógenos locales. Los matrimonios entre familiares próximos puede que tengan las consecuencias negativas que antes se ha dicho, pero también protegen a la descendencia de los efectos que se derivarían de un emparejamiento con personas muy diferentes genéticamente y, por ello, con un sistema inmune, quizás, algo diferente e incapaz de hacer frente de manera eficaz a los patógenos locales.

En esencia, este es un argumento similar a otro que se discutió aquí en relación con el grado de parentesco de los cónyuges que había proporcionado un mayor nivel de adecuación (“fitness”) en la población islandesa. Señalaba en aquella ocasión que la ausencia total de parentesco podía tener consecuencias negativas ya que podía fragmentar complejos de genes coadaptados, esto es, grupos de genes que habían evolucionado conjuntamente y cuyo efecto resultaba óptimo, -en términos de “fitness”-, en la medida en que se transmitían de manera conjunta. El fenómeno al que me refiero ahora tendría una base similar, ya que las características del sistema inmune de los hijos pueden ser muy diferentes del de uno o ambos progenitores y devenir “maladaptado” en lo relativo a su capacidad para combatir con éxito a los patógenos propios de la localidad en que se encuentra y en la que habitaba el padre o la madre.

Un último aspecto a considerar es el relativo a las consecuencias que se derivan de la gran movilidad que tiene hoy la población mundial en lo que a este fenómeno se refiere. Esa movilidad pone en contacto a personas con genomas muy diferentes, genomas que son el resultado, también, de las presiones selectivas que han actuado en función de los patógenos prevalentes en cada zona. Pero al viajar, esas personas se van a encontrar con otros patógenos. A modo de ejemplo, valga lo que ocurrió con los americanos que no habían tenido ningún contacto con la gripe. Ese es un caso quizás extremo, pero ilustra muy bien las consecuencias que quiero poner de manifiesto y que, hoy por hoy, afectan de hecho a todo el planeta.

Fuente: Ashley D. Hoben, Abraham P. Buunk, Corey L. Fincher, Randy Thornhill, Mark Schaller (2011): “On the Adaptive Origins and Maladaptive Consequences of Human Inbreeding: Parasite Prevalence, Immune Functioning, and Consanguineous Marriage” Evolutionary Psychology 8(4): 658-676

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