La corrección política de los imbéciles inteligentes

En el artículo anterior expuse la idea, desarrollada, por Bruce G. Charlton, según la cual, las personas muy inteligentes pueden ser verdaderos imbéciles cuando han de desenvolverse en asuntos cotidianos y en las relaciones sociales. Pero su hipótesis deriva en otras consecuencias más controvertidas, por no calificarlas directamente de provocadoras. Se trata de la relación que establece entre el fenómeno de los “imbéciles inteligentes” y lo que él denomina “corrección política”.

Según Charlton, la concentración de individuos de gran inteligencia general puede conducir, en determinados entornos, a la generación de ideas absolutamente erróneas. Veamos la secuencia de razonamientos que sigue. Por el hecho de ser meritocráticas, en las sociedades modernas los individuos muy inteligentes suelen concentrarse en ciertos entornos sociales, académicos y profesionales. Se produce un alto grado de “estratificación cognitiva”, fenómeno que consiste en la configuración de capas sociales que están delimitadas por la inteligencia de sus integrantes.

En las capas formadas por personas de alto cociente de inteligencia (IQ) los comportamientos característicos de ese tipo de personas se amplifican. Una razón de esa amplificación es que en esos entornos esos comportamientos no encuentran réplica. Y otra razón tiene que ver con un fenómeno que se denomina “anuncio de inteligencia”. En este contexto, el término “anuncio” se refiere al conjunto de señales o rasgos percibibles por los demás que se exhiben con el objeto de indicar, principalmente a parejas potenciales, que se es poseedor de alguna característica deseable. En este caso se trata de “anuncios de inteligencia” porque en entornos en los que se valora la inteligencia, lo que ha de exhibirse son rasgos que indiquen que se posee tal atributo. En ocasiones se trata de indicadores objetivos, -como rango académico, curriculum, pertenencia a tal o cual institución-, pero también puede tratarse de ideas originales, rasgos estéticos singulares, gustos musicales sofisticados, u otros.

Pues bien, según Charlton, es ese tipo de “anuncio de inteligencia” el que ha conducido en nuestras sociedades a que las ideas acerca de los fenómenos sociales producidas o desarrolladas por las personas más inteligentes sean ideas sistemáticamente equivocadas. Y se refiere, muy en especial, a lo que él denomina “corrección política”, denominación que asigna a una línea de pensamiento compuesto por ideas falsas o absurdas que han llegado ser asumidas por la élite intelectual dominante y han invadido el discurso académico, político y social. Esas ideas habrían sido desarrolladas porque constituyen verdaderos “anuncios de inteligencia”, ya que son muestra de una actitud de búsqueda de novedad muy valorada en su entorno, y en tanto que tales anuncios, se han ido alejando progresivamente del sentido común. Así, mientras que el estereotipado profesor excéntrico de ciencias duras o naturales es un científico brillante, pero puede ser un completo imbécil acerca de casi todo lo demás, el científico social o profesor de humanidades no solo sería imbécil acerca de casi todo lo demás, sino que también lo sería en su trabajo profesional.

El científico de alto nivel ha de obtener respuestas o soluciones a problemas de muy difícil resolución, y necesita para ello de razonamiento abstracto. Por eso, el científico natural es más competente en su trabajo que una persona media y no necesita mostrar una actitud permanente de búsqueda de novedades. Pero encontrar respuestas a problemas relativos al comportamiento social humano es algo que se ha hecho de manera satisfactoria en numerosas ocasiones y para lo que hemos desarrollado mecanismos psicológicos muy adecuados. En esas condiciones es muy difícil superar al sentido común ya que prácticamente todos tenemos un buen nivel de comprensión de motivaciones, incentivos y factores disuasorios, así como de las relaciones causa-efecto básicas que funcionan en las relaciones sociales. Dado que ese conocimiento propio del sentido común está tan extendido, el “anuncio de inteligencia” tiende a producir algo sistemáticamente diferente del sentido común, algo nuevo y necesariamente contraintuitivo y por lo tanto erróneo, ya que contradice el resultado de la actuación de mecanismos psicológicos que han demostrado funcionar correctamente en nuestra historia como especie.

La conclusión, según Charlton es que en las ciencias sociales hay un incentivo profesional muy fuerte para estar equivocado, o sea, para ser imbécil. Por eso, cuanto más sentido común requiera una materia, más probable será que los especialistas en tal materia sean imbéciles, pues más necesidad experimentarán de distiguirse del común de los mortales con ideas muy diferentes y, por lo tanto, muy alejadas de las que el sentido común dicta.

Charlton sostiene que las consecuencias de la estratificación cognitiva y del “anuncio de inteligencia”, han sido tan nefastos que habrían arruinado campos enteros en el mundo de las artes y de las humanidades. Y sus efectos en lo relativo a las políticas públicas habrían sido simplemente desastrosos. En palabras textuales: “Durante las pasadas cuatro décadas el deshonesto discurso de mundo de fantasía de la corrección política no-biológica ha llegado a dominar el mundo intelectual de todos los países desarrollados, de manera que ideas erróneas y ridículas no solamente han llegado a ser mayoritarias, sino que también son obligatorias.” Aunque en su texto no es muy explícito al respecto, he deducido que se está refiriendo a una corriente de pensamiento que tiene, por un lado, aversión a aceptar que la naturaleza y el comportamiento humanos tengan base biológica alguna y que, por el otro, considera que rasgos genuinamente biológicos, como el sexo, por ejemplo, no son más que constructos sociales. Se trata de ideas, de evidentes raices posmodernistas, muy promocionadas en las últimas décadas por la denominada “izquierda académica”. Charlton se queja de que esas ideas han condicionado, de forma muy negativa, también políticas públicas.

Charlton sostiene que la corriente de pensamiento dominante no es solo una más entre otras corrientes que compiten en la arena intelectual, sino que ha sido impuesta tanto intelectual como moralmente con tal entusiasmo, que ha excluído completamente el resto de alternativas. Según él, cualquier persona normal e inteligente que se atreviese a poner en cuestión cualquiera de las falsedades de los imbéciles inteligentes no solo sería denunciado como bobo, sino que también sería acusado de ser un malvado. Y ese proceder estaría motivado por la necesidad de impedir a toda costa el contraste de la corrección política con el sentido común, pues dicho contraste sería fatal para la corrección política, dado lo absurdo de sus postulados. Esto es, para ser neutralizado, el sentido común habría de ser estigmatizado.

¡Ahí es nada! 😉

Fuente: Bruce G. Charlton (2009): “Clever sillies: Why high IQ people tend to be deficient in common sense” Medical Hypothesis 73: 867-870

Un punto de vista diferente sobre este mismo fenómeno puede encontrarse en esta referencia: Michael A. Woodley (2010): “Are high-IQ individuals deficient in common sense? A critical ezamination of the “clever sillies” hypothesis” Intelligence 38: 471-480.

18 pensamientos sobre “La corrección política de los imbéciles inteligentes

  1. Jorge

    Me parece un circunloquio extremadamente tortuoso.

    Si lo he comprendido bien, el autor piensa que el [su] sentido común [se] lo da la biología, y que todos aquellos que no comparten su forma de pensar no sólo se oponen a la biología, sino que además son imbéciles.

    Creo que esto no tiene nada que ver con el humanismo.

    Un saludo,
    JORGE

    1. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

      Es una manera de interpretarlo, pero le recomiendo que acuda a la referencia original. Quizás yo no he sido capaz de transmitir lo que sostiene el Dr. Bruce Charlton.
      Saludos

  2. Itzi Hache

    Si las primeras cuatro décadas del siglo XX contemplaron el surgimiento de las grandes dictaduras basadas en falacias sostenidas por una élite intelectual, no es menos cierto que la dictadura intelectual a la que nos hemos visto sometidos por la “corrección política” nos ha llevado a un pensamiento unívoco y castrador.

  3. Pingback: La corrección política de los imb...

  4. Sergio

    Peliagudo. Un propósito esencial de las ciencias sociales (campo que conozco) es el tratar de comprender los fenómenos sociales en profundidad y analizándolos de forma rigurosa. Son numerosos los casos de fenómenos y relaciones que aparentan poder ser explicados por el sentido común (vivimos en el ambiente que estudiamos y podemos dar por supuesto muchas cosas) y cuyas relaciones distan mucho de hacerlo en realidad cuando se estudian de forma pormenorizada.

    Peligroso porque legitima un estudio superficial de los procesos sociales, que no se aleje de lo que dicta el sentido común en vez de procurar un análisis riguroso, sistemático y que recurra a la necesaria interacción entre teoría y datos empíricos.

    Pero interesante cuanto menos.

  5. Ihintza

    ¿Cómo puede considerarse lo “políticamente correcto” (es decir, lo asumido, lo tópico, lo convencional y bienqueda) un “anuncio de inteligencia”, con lo que ello conlleva de llamar la atención, distinguirse del resto,? No lo pillo.

  6. beppe

    se da ahora la paradoja que el contenido del artículo se convierte en si mismo en un “anuncio de inteligencia” al proponer una nueva teoría “excéntrica”

  7. Urbek

    Como se ha dicho más arriba, este circunloquio no es más que una torticera justificación del discurso reaccionario que mistifica esa cosa llamada “el sentido común” y que en realidad no es más que la máscara políticamente correcta (aquí sí, con en su significado original) del pensamiento hegemónico en su proyecto normalizador de los dogmas ontológicos, sociales y morales que lo constituyen y mantienen en pie. Ese sentido común es lo que hacía que las gentes considerasen natural el origen divino del rey, el esclavismo, el trabajo infantil, el machismo, la discriminación de los discapacitados, la homofobia, etc., etc., etc.

  8. AT

    ¿¿Interesante?? Lo único interesante me parece que, de creer a este hombre, la izquierda (vale, la “izquierda académica”, de la otra no dice nada) debe tener un IQ más alto.
    Cosa que, por otro lado, es de sentido común.

    … ese sentido común que tanto echa de menos.
    (En cuanto a la corrección política, no sé de qué me habla.)

  9. Luis

    Lo primero habría que cuestionar, y mucho, eso de que el “posmodernismo” sea la corriente de pensamiento dominante entre las ciencias sociales. Esta claro que lo fue, pero ha día de hoy yo leo más artículos criticándolo que alabandolo. Algunos autores (Foucault, Butler) sí que siguen siendo citados, pero los que fueron más representativos (o famosos) de esta corriente sólo se les cita para ponerlos a caldo, léase Irigaray, Lacan o Derrida. Y en un 99% de las veces con razón.

    Pero para mí lo peor es cómo trabajas con el concepto de “sentido común”. De entrada no das una definición sobre la que te bases, que sería esencial porque no es un concepto que todo el mundo entienda igual, y después lo identificas no sé si como algo universal, que ya sería bastante erróneo, o incluso como biológico, lo que sería un horror acientífico.

    No me he leído el texto de Charlton y no sé si los trae, pero me gustaría ver algún dato que apoyara esas hipótesis. O sea, básicamente estas haciendo lo mismo por lo que se les critica a los posmodernos. Por ejemplo, donde están los efectos desastrosos de las políticas públicas. O demuestra que la mayoría de profesores de ciencias sociales hacen mal su trabajo (así, a brochazo gordo)

  10. pacotraver

    Después de leer los comentarios he llegado a la conclusion de que ese Charlton tiiene razón. Por cierto que esa misma idea ya habia sido defendida por Jose Ingenieros, a través de la siguiente sentencia: en un congreso de genios (lease expertos) no se esucharian mas que necedades.

  11. Carlos

    Una nueva adaptación del genial cuento de Hans Christian Andersen, ” El traje nuevo del Emperador”. Ya que tengo tantos estudios en ciencia sociales (economía en mi caso) voy a decir que estamos en un “Periodo transitorio de desaceleración del crecimiento provocado por variables exógenas”, en lugar de decir que estamos hasta el cuello de mierda debido a la corrupción política, bancaria y de todas las instituciones en general. Ya que tengo tantos estudios al menos habrá que amortizarlos haciéndome el pedante para que el populacho actúe como los súbditos del Emperador.

  12. Xanti

    El personal de administración y servicios de las universidades somos testigos de excepción de la existencia de esos “imbéciles inteligentes”, y del perjuicio que provocan en el funcionamiento de los centros universitarios.

    1. (Imbécil?) Inteligente

      El personal de imbéciles e inteligentes de las universidades somos testigos de excepción de la existencia de esos “imbéciles inteligentes” que forman parte del personal de administración y servicios de las universidades, de su nefasto hábito de vivir en un mundo en el polo opuesto del sentido común, y del perjuicio que provocan en el funcionamiento de los centros universitarios.

  13. Pingback: IMBÉCILES INTELIGENTES | Esther Zorrozua

  14. José Luis Nava

    Un punto de vista interesante y con el cual concuerdo totalmente, yo he llegado a conclusiones similares por otras vias: la tendencia de sociologos y filosofos a cconsiderar la naturaleza humana como resultado exclusivo de la mente y cuyass manifestaciones son arbitrarias en cada cultura y cada grupo, pero despreciando en absoluto los factores biologicos, ecologicos y los complejos mecanismos psicologicos, ambientales y energeticos que rigen los sistemas humanos les hace desarrollar explicaciones e interpretaciones que no contrastan con los datos observados, y que pueden estar muy alejados de una teoría congruente, para evitarlo prefieren decir que cada quien tiene su realidad y que la anormalidad no existe, porque ¿quien es normal?, sin atender a la definición estadistica del término… lamentablemente muchas de estas ideas han sido adoptadas por la sociedad como verdades al grado que quien las cuestione es visto como retrograda o antisocial.

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