¿Cómo preferimos que sea nuestra pareja?

En general, a la hora de valorar las características que deseamos que tenga nuestra pareja, damos más importancia a algunos rasgos de carácter que a atributos tradicionalmente considerados valiosos, tales como inteligencia, atractivo físico o salud. Esta conclusión se basa en un estudio realizado con cerca de 10.000 personas petenecientes a 37 culturas diferentes del mundo.

En el estudio en cuestión se han utilizado dos herramientas para establecer esas preferencias. Una es la valoración que hacen las personas encuestadas de un conjunto de rasgos, y para la cual, cada rasgo podía ser valorado entre 0 (irrelevante) y 3 (imprescindible). Y la otra es el orden que ocupan otros rasgos (algunos coinciden con los anteriores) en las preferencias de los encuestados.

A continuación he incluido los resultados obtenidos en el estudio; se presentan las medias y, entre paréntesis, las desviaciones estándar. Para quienes no estén familiarizados con la estadística, conviene aclarar que la desviación estándar es una medida que indica el grado de dispersión o variabilidad de los datos originales con los que se calcula la media. Así, una desviación estándar baja quiere decir que unos encuestados y otros otorgan puntuaciones muy similares en sus valoraciones, y si es alta, indica lo contrario, que había grandes diferencias entre las valoraciones otorgadas.

Rasgos que se valoran en la pareja


Atracción mutua, amor: 2’84 (0’41)

Estabilidad emocional, madurez: 2’58 (0’57)

Seriedad, fiabilidad: 2’51 (0’61)

Carácter agradable: 2’48 (0’63)

Educación, inteligencia: 2’35 (0’66)

Buena salud: 2’31 (0’69)

Sociabilidad: 2’21 (0’70)

Gusto por el hogar y por los niños: 2’17 (0’84)

Ambición, laboriosidad: 2’00 (0’78)

Refinamiento, pulcritud: 1’99 (0’75)

Buena apariencia: 1’69 (0’74)

Similar nivel formativo: 1’67 (0’88)

Buena ama de casa/cocinera: 1’54 (0’80)

Buenas perspectivas financieras: 1’46 (0’83)

Estatus social favorable: 1’31 (0’85)

Similares creencias religiosas: 1’11 (1’02)

Similares opiniones políticas: 0’97 (0’92)

Castidad: 0’93 (0’90)

(Los entrevistados podían puntuar de acuerdo con la siguiente escala: 3 = indispensable, 2=importante, 1=deseable pero no muy importante, 0=irrelevante)

Orden de preferencia de determinadas características para la pareja


Carácter amable y comprensivo: 2’63 (2’14)

Inteligencia: 4’12 (2’32)

Personalidad “excitante”: 4’85 (2’88)

Salud: 5’51 (2’55)

De trato fácil: 6’31 (2’90)

Atractivo físico: 6’44 (2’79)

Artístico y creativo: 7’16 (3’02)

Quiere hijos: 7’86 (2’86)

Buena ama de casa: 8’26 (2’60)

Capacidad para ganar dinero: 8’89 (2’56)

Titulado universitario: 9’10 (2’65)

Buena herencia: 9’48 (2’62)

Religioso: 10’33 (3’22)

(Dado que es un orden de preferencia y hay 13 características, a la más preferida se le otorga el valor 1 y a la menos, el valor 13).

Como he señalado al comienzo, se valoran más rasgos de carácter como la amabilidad, la madurez, la estabilidad emocional, etc, que otras características, como la inteligencia, la salud o el atractivo físico. Se considera que estas tres características han sido sometidas a fuertes presiones selectivas pues inciden directamente en el grado de adecuación (fitness) de los individuos y, por ende, en su valor reproductivo. En principio, al tratarse de caracteres “deseables”, la preferencia por ellos no debiera ser demasiado variable, ya que lo lógico es que todas las personas les den similar (y alto) valor. Por contraste, no es esperable que la preferencia por los rasgos de carácter sea alta y similar para el conjunto de los individuos encuestados, ya que lo más lógico es pensar que el valor de esos rasgos depende de las condiciones ambientales, por lo que un rasgo que es muy útil bajo determinadas condiciones, puede no serlo en absoluto bajo condiciones diferentes.

Sin embargo, este estudio muestra que no ocurre eso o, al menos, que no ocurre para determinados rasgos. Esos rasgos (atracción mutua, estabilidad emocional, madurez, seriedad, fiabilidad; carácter comprensivo y agradable) no solo son los preferidos, sino que lo son, además, de modo muy uniforme, como indica el hecho de que muestren, en general, menores desviaciones estándar.

No es en absoluto casual que esos rasgos preferidos de forma muy homogénea resulten necesarios, -e incluso imprescindibles-, para la convivencia en relaciones de larga duración y en las que los dos miembros de la pareja deben cooperar. La crianza de la prole depende de manera crítica de la cooperación entre los miembros de la pareja, y la cooperación necesita confianza, honradez, estabilidad emocional y a todo ello ayuda la amabilidad y la buena disposición.

Así pues, los resultados obtenidos en este estudio permiten concluir que si bien los rasgos que indican una buena condición (inteligencia, salud, atractivo físico) están bien valorados, hay otros, relativos a la personalidad, que lo están incluso en mayor medida. Y no debiera resultar sorprendente que hayan sido también sometidos a fuertes presiones selectivas, pues en una relación de pareja pueden resultar determinantes para garantizar su éxito reproductivo.

Fuente: Emily A. Stone, Todd K. Shackelford, David M. Buss (2012): “Is variability in mate choice similar for intelligence and personality traits? Testing a hypothesis about the evolutionary genetics of personality” Intelligence 40: 33-37.

6 pensamientos sobre “¿Cómo preferimos que sea nuestra pareja?

  1. Jeibros

    No estoy muy de acuerdo con este tipo de estudios. Me explico: yo digo que las osas se juntan con los osos, las vacas con los toros, y puestos ácidos, los zorros con las zorras. Es decir, si alguien liga en la discoteca normalmente, encontrará a alguien que también lo haga en ese ambiente. Y si ligas en el trabajo, lo harás con alguien así. Si alguien que no liga en una discoteca, liga con otra persona más bien casera, en mi opinión en la mayoría de los casos eso dura una semana como mucho.

    Por lo tanto, creo que la afinidad de características es importante. No en vano, cada vez conozco más parejas de universitari@s, o más parejas de personas de mismo oficio o que trabajan en el mismo entorno.

    Esto de ligar a mí me recuerda al juego de las sillas: se van ocupando y hay que quedarse con una. Por lo tanto, ahí también es donde entra el oportunismo y ver la vulnerabilidad de la presa, relegando un poco las afinidades de personalidad.

    Por lo tanto, creo que estos estudios no son muy extrapolables y según en qué sociedades, como la vasca, caso extremo, no funcionan muy bien! Por lo menos a edades jóvenes.

    1. Juan Ignacio Pérez Iglesias Autor

      ¡Ojo! Una cosa es lo que preferimos y otra lo que realmente hacemos. Tienes razón: se hace lo que se puede, por supuesto. Pero aquí se supone que se habla de lo que preferimos o decimos preferir. Te confieso que a mí no me ha resultado nada raro lo que dice preferir la gente.

  2. san

    Justamente el año pasado, hicimos un pequeño trabajo para Psicologia de la sexualidad, que trataba sobre este tema ( a menor escala logicamente) Los resultados fueron sorprendentes.

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