Los peligros de la paternidad tardía

Molécula de ADN

El número de nuevas mutaciones en el genoma de una persona es mayor conforme aumenta la edad que tenía el padre de esa persona cuando fue concebida. Además, el número de mutaciones de origen paterno es muy superior al de mutaciones de origen materno.

Esas son las principales conclusiones de un reciente estudio en el que se ha secuenciado el genoma y determinado el número de mutaciones de novo a 219 individuos, pertenecientes a 78 grupos familiares islandeses.

La tasa media de mutación de novo paterna es de 1,203 x 10-28 por nucleótido y por generación. Eso supone que por cada año que pasa, se acumulan dos nuevas mutaciones procedentes del genoma paterno o, lo que es lo mismo, se duplican cada 16,5 años. Expresado de otro modo: mientras un padre de 20 años de edad transmite a su hijo, en promedio, unas 25 nuevas mutaciones, uno de 40 años, alrededor de 65. Sin embargo, las madres transmiten unas 15 mutaciones, con independencia de la edad que tengan al dar a luz, porque en su caso esa cifra no aumenta con el tiempo.

Que se vayan acumulando mutaciones conforme aumenta la edad del padre es lógico ya que, como es sabido, en mamíferos, los espermatozoides se producen de manera constante, lo que significa que las células germinales experimentan muchas divisiones a lo largo de una vida. El caso de las madres es diferente, puesto que los ovocitos no se reproducen activamente durante la etapa reproductora de la vida.

El fenómeno del aumento de las mutaciones de origen paterno conforme aumenta la edad del progenitor tiene, por otra parte, consecuencias importantes. Un 10% de las mutaciones son perjudiciales, lo que significa que un recién nacido tiene, en promedio, seis nuevas mutaciones perjudiciales y, aunque los efectos de la mayoría de ellas son leves, en conjunto pueden llegar a tener un impacto sustancial sobre la salud. Dado que esas mutaciones aumentan con la edad del padre, del mismo modo aumentará la incidencia de enfermedades motivadas por ellas. Al parecer, ciertas enfermedades que se derivan de un mal funcionamiento del encéfalo, tales como autismo, esquizofrenia, dislexia e inteligencia reducida, son especialmente susceptibles al efecto de la edad del padre en el momento de la concepción. Y no es de extrañar que sean los desórdenes mentales los que se vean más afectados por ese efecto, dado que el encéfalo es el órgano en el que más genes se expresan; es, por ello, el órgano más afectado por las mutaciones.

En sociedades en las que, como la nuestra, se han producido intensas transiciones demográficas, los varones se reproducen a edades bastante más tardías que en épocas anteriores. Por ello, a tenor de los datos presentados aquí, parece lógico que esa transición provoque que nazcan muchas más personas que hace 50 años con una mayor carga de mutaciones. Y si, como he señalado antes, esas mutaciones afectan en mayor medida al encéfalo, es esperable que las transiciones demográficas den lugar a un aumento de la incidencia de desórdenes mentales del tipo de los citados antes.

Hay especialistas que sostienen que, por ejemplo, la mayor incidencia y prevalencia del autismo que se ha registrado en las últimas décadas podría tratarse de un fenómeno solo aparente, motivado por un mejor diagnóstico de los casos. Sin embargo, a la vista del gran impacto que ejerce la edad paterna sobre el número de mutaciones y sus potenciales efectos sobre el funcionamiento del cerebro, el aumento de la incidencia del autismo y otros desórdenes mentales, podría muy bien deberse, al menos en parte, al retraso en la edad reproductiva, con la consiguiente acumulación de mutaciones en los recién nacidos.

Este tema es de una gran importancia biológica, puesto que se refiere a aspectos nucleares de la genética y biología de poblaciones humanas. Pero además del interés intrínseco, tiene una evidente componente práctica, ya que el conocimiento íntimo de estas cuestiones puede ayudar a resolver problemas que tienen gran importancia ahora y la pueden tener aún mayor en el futuro.

Fuentes:

A. Kondrashov (2012): “The rate of human mutation” Nature 488: 467-468

A. Kong, M. L. Frigge, G. Masson, S. Besenbacher, P. Sulem, G. Magnusson, S. A. Gudjonsson, A. Sigurdsson, A. Jonasdottir, A. Jonasdottir, W. S. W. Wong, G. Sigurdsson, G. B. Walters, S. Steinberg, H. Helgason, G. Thorleifsson, D. F. Gudbjartsson, A. Helgason, O. Th. Magnusson, U. Thorsteinsdottir & K. Stefansson (2012): “Rate of de novo mutations and the importance of father’s age to disease risk” Nature 488: 471-475

7 pensamientos sobre “Los peligros de la paternidad tardía

  1. Roberto

    Un estudio basado en una población tan pequeña como 219 individuos y, además, islandeses, teniendo por ello muy poca mezcla étnica debido a la endogamia existente durante siglos, difícilmente puede ser representativo a nivel mundial. Puede ser interesante a nivel islandés, pero nada más.

  2. Pedro J.

    Este comentario en Scientific American es relevante

    Mark Daly, a geneticist at Massachusetts General Hospital in Boston who studies autism, says that increasing paternal age is unlikely to account for all of the rise in autism prevalence. He notes that autism is highly heritable, but that most cases are not caused by a single new mutation — so there must be predisposing factors that are inherited from parents but are distinct from the new mutations occurring in sperm. Historical evidence suggests that older fathers are unlikely to augur a genetic meltdown. Throughout the seventeenth and eighteenth centuries, Icelandic men fathered children at much higher ages than they do today, averaging between 34 and 38.

    http://www.scientificamerican.com/article.cfm?id=older-fathers-pass-on-mor

  3. Alfoogle

    Es sabido hace muchos años que las alteraciones en la herencia que se transmite a los hijos aumentan con la edad de los padres. En el caso del padre la tasa de mutación, según el artículo de Nature 488:471 (2012), es de 1,2 x 10e-8 (no 1,2 x 10e-28 mendionado en esta entrada). Con la frecuencia que indica este blog, se daría una mutación por cada 3,4 x 10e10 generaciones, lo que sería imposible de detectar. Con la frecuencia que da el artículo la probabilidad es, aproximadamente de un gen con una alteración de un nucleótido cada 2,4 personas, lo que sí es preocupante.
    Pero no olviden que la edad de la mujer también afecta a la herencia que transmiten, en este caso, fundamentalmente, a alteraciones cromosómicas que son siempre tremendamente graves.

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