Ese mono desnudo… y sudoroso

La piel humana además de estar desprovista de pelo casi en su totalidad, está plagada de glándulas sudoríparas ecrinas. Según Nina G. Jablonski, ambas características están ligadas, y tienen que ver con una serie de cambios que experimentó nuestro linaje hace cerca de tres millones de años. Me he ocupado de cuestiones relativas a la piel humana en más de una ocasión (¿Por qué está desnudo el chimpancé desnudo?¿Condicionaron las altas temperaturas la desnudez humana?Pieles oscuras y pieles clarasEse mono desnudo…y en ocasiones pálido), y vuelvo ahora a ella, porque quiero comentar algo que publicó Jablonski en Investigación y Ciencia hace casi un año.

Los mamíferos y las aves son homeotermos, esto es, regulan su temperatura corporal. Cuando necesitan disipar calor, uno de los mecanismos para hacerlo consiste en evaporar un líquido en una superficie corporal. Ese procedimiento de refrigeración es, de hecho, el único posible cuando la temperatura corporal es inferior a la ambiental y es muy útil cuando el organismo, por las razones que fuese, necesita disipar calor de forma intensa. La mayoría de los mamíferos y todas las aves recurren a evaporar líquido que se encuentra en superficies respiratorias, y utilizan el jadeo para renovar el aire en contacto con esas superficies y facilitar esa disipación.

Pero los seres humanos no recurrimos al jadeo. Sudamos. Y son las glándulas sudoríparas ecrinas las responsables de producir y liberar ese sudor. La razón por la que, según Jablonski, sudamos, es que en un momento de nuestro pasado, hace cerca de 3 M años, el clima se enfrió, y las zonas en las que se encontraban los homínidos que eran nuestros ancestros, se hizo más seca de lo que era anteriormente. A partir de ese momento, el medio en el que se encontraban aquellos seres humanos pasó de ser un bosque o selva a ser algo más parecido a una sabana. Pasaron de recoger el alimento de los árboles sin necesidad de realizar desplazamientos de cierta entidad, a tener que recorrer distancias crecientes en su busca. Y además, aquellos seres humanos empezaron a comer carne, y la carne “se mueve”. Los seres humanos se convirtieron en cazadores, y para cazar había que andar y correr.

Es por eso por lo que somos muy buenos corredores de largas distancias; gastamos relativamente poco de esa forma (ver la entrada ¿Andando o corriendo?), pero como corremos durante distancias tan largas, es mucho el calor que generamos de esa forma y ese calor debe ser disipado para poder mantener la temperatura corporal, y sobre todo la cerebral, constante. La evaporación del sudor es el mecanismo que nos permite estar corriendo durante mucho tiempo. Pero el caso es que para que la sudoración y consiguiente evaporación surtan los efectos debidos, el pelaje denso constituye un obstáculo muy serio. Y esa es la razón por la que perdimos el pelo, salvo en la cabeza, las axilas y la zona genital (aunque de estas zonas no me voy a ocupar ahora). Al parecer, la pérdida del pelo y el aumento en la densidad de glándulas sudoríparas ecrinas se produjo hace, al menos 1’6 M años, más de un millón de años después de que se iniciase el cambio en el modo de vida. Y por la misma época, o algo después, se oscureció la piel, de manera que el color oscuro pudiera proporcionar protección una vez que se había producido la pérdida del pelaje.

La autora atribuye a la pérdida de pelo la adquisición de otros rasgos, esos de los que podría decirse que “nos hicieron más humanos”, pero a mí me parece demasiado suponer.

Fuente: Nina G. Jablonski (2010): “Origen de la piel desnuda” Investigación y Ciencia, aril, pp.: 22-29.

Nina Jablonski habla sobre el color de la piel humana

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