Mitos omega-3

En la entrada anterior me referí al DHA, un ácido graso del grupo omega-3. Contaba que hay investigadores que sostienen que su presencia o ausencia en la dieta puede tener efectos de gran importancia en la salud, incluida la salud mental. Sin embargo, algunas de las ideas a las que aludía en la entrada anterior han sido cuestionadas por otros especialistas. De hecho, según los críticos, hay mínimas evidencias o son escasos los datos que apoyan la idea de que los ácidos grasos omega-3 tengan los efectos beneficiosos que les han sido atribuidos. El número del 15 de mayo de New Scientist hace un interesante repaso de esta cuestión y valora cada uno de los denominados “mitos omega-3”. Presentaré a continuación un resumen muy escueto de lo que publica Sanjida O’Connell en ese artículo, ciñéndome además, a los elementos a los que aludí en la entrada anterior.

Empezaré por la supuesta relación entre ingestión (escasa) de ácidos grasos omega-3 y (mayor) incidencia del desorden de hiperactividad por déficit de atención, los críticos sostienen que hay demasiadas incosistencias entre estudios como para poder concluir algo con la debida certeza. Por otro lado, tampoco parece haber evidencias de que en los paises con dietas ricas en ácidos grasos omega-3 sea menor la incidencia de enfermedades mentales, como la esquizofrenia o el desorden bipolar.

En relación con la comisión de actos violentos, sin embargo, no se discute que exista una correlación negativa entre consumo de ácidos grasos omega-3 en un país y el número de asesinatos que se cometen en ese país. Lo que se cuestiona es que exista una relación causa-efecto entre ambas variables, ya que no hay suficiente evidencia de tal. Podría tratarse de una correlación espúrea.

También se cuestiona que la ingestión de suplementos de aceites de pescado (ricos en ácidos grasos omega-3) estimule la actividad intelectual o mejore las capacidades cognitivas. Los críticos afirman que no hay suficiente evidencia como para identificar efecto alguno. En este punto, no obstante, hay que precisar que debe diferenciarse la posible existencia de un efecto como el señalado, de las consecuencias que se derivan de consumir una dieta pobre en ácidos grasos omega-3. La crítica se dirige al posible efecto de los suplementos, crítica lógica dada la tendencia de las empresas de alimentación a publicitar los supuestos efectos “milagro” de ciertos suplementos dietéticos que añaden a sus productos. Sin embargo, nada se señala en relación con la otra cuestión, la de las consecuencias que se derivan de ingerir una dieta pobre en determinados ácidos grasos esenciales. Al fin y al cabo, se denominan esenciales porque, siendo necesarios, no los podemos sintetizar; por lo tanto, es lógico pensar que su ausencia en la dieta cause efectos perniciosos en la salud o en el rendimiento.

Así pues, hay cierta controversia en relación con estas cuestiones, aunque es preciso insistir en que debe distinguirse el posible efecto beneficioso de los suplementos dietéticos de las consecuencias que dietas carenciales o limitadas pueden tener. No debe minusvalorarse el hecho de que el tejido neuronal sea muy rico en estos ácidos grasos, aunque cabe suponer que los posibles efectos de la dieta sobre las funciones cognitivas han de ser más claros en las etapas en que se está  desarrollando el tejido encefálico.

Por último, también quiero destacar que estas críticas tampoco inciden en las cuestiones relativas a la evolución de la especie, terreno que es, de suyo, mucho más especulativo, aunque no menos apasionante.

Un pensamiento sobre “Mitos omega-3

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