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Carmen Lomana es pija, pero no tonta

Aunque no es vasca, el hecho de que hubiera vivido durante muchos años en Gipuzkoa, me permitía incluirla en la lista de “entrevistables”, así que decidí intentar hacer una entrevista a Carmen Lomana. Pasé horas buscando en Internet, tratando de localizar un mail, un teléfono, el nombre de su agente… Finalmente encontré la referencia de una agencia de management, redacté un mail y se lo envié. Sólo contenía cinco preguntas relativas a los años que Carmen Lomana vivió en San Sebastián (una compañera me dijo luego que vivía en una urbanización que pertenece a Hondarribia). Dos días después me contestaron que ellos no representaban a Carmen Lomana. Mi gozo en un pozo.

Carmen Lomana

Carmen Lomana

Seguí investigando en la red y hasta encontré un post de la propia Carmen en un debate sobre la boda de su sobrina. Por fin, probé a escribir a una publicación de la que ella es colaboradora. Ellos debieron reenviar mi correo y un día recibí una llamada de Telecinco diciendo que habían leído las preguntas y que siendo solamente relativas a esa parcela de su vida, ellos no tenían inconveniente en que me contestará, siempre y cuando, su agente lo viera bien. Me imagino que si hubiera sido algo para la tele, no hubiera podido, como me sucedió con Jorge Fernández, por temas de exclusividad en los contratos. Me facilitaron el móvil de su agente y comencé a llamarle. Me costó más de una semana que me cogiera y por fin lo conseguí. El hombre fue bastante seco, le expliqué lo que quería y me dijo que se lo enviara por correo electrónico y que ya verían.

No obtuve respuesta, pero… Justo supe que venía a Bilbao a presentar su libro. Estupendo. Cuando los famosos tienen algo que vender siempre es fácil que te concedan una entrevista. Llamé a Nieves, de Espasa, y pude concertar una entrevista aprovechando que Carmen venía a la sede de Eitb, a Radio Euskadi.

Carmen Lomana

Carmen Lomana

Pocas veces me han preguntado tanto por un/a entrevistado/a. Os cuento. Carmen me pareció muy pija, no lo voy a negar. Habla sin mover ni un músculo de la cara. Pero al margen de eso, me resultó simpática y, sobre todo, muy educada y atenta. El trato fue muy amable a pesar de que estaba saturada de entrevistas y de que no había dormido mucho. Yo veo que la gente confunde los términos; que una persona sea pija no quiere decir que sea tonta y creo que Carmen Lomana no es tonta, es más, es bastante culta y, probablemente (eso no se adivina en una entrevista) bastante inteligente. Conmigo fue muy agradable, incluso cuando todavía no sabía quien era, porque Nieves estaba hablando con Félix Linares y todavía no nos había presentado.

Al margen de eso, tiene un tipazo de muerte, con 62 años debe usar la talla 34, y un pelazo impresionante. Seguro que se cuida un montón. Llevaba una maleta gigante y un guardatrajes que dejó en recepción. A más de una nos gustaría haber visto el vestido que guardaba…

Otra cosa, ¿por qué le da rabia a la gente que se levante a las 9:00 y lea los periódicos en la cama mientras desayuna? ¡A mi lo que me da, es envidia!

Toti Martínez de Lezea y su casa de cuento

La entrevista a Toti Martínez de Lezea fue una de las más agradables. Tal y como lo escribí en el propio artículo, me sorprendió que ella misma me contestara el teléfono y enseguida se prestara a la entrevista. Cuando le comenté que me acercaría hasta Larrabetzu, donde ella vive, para hacerla, me invitó a su casa. Fue gracioso cómo me explicó cuál era: “Es como la casa de Hansel y Grettel, pero en vez de golosinas tiene plantas”. Y realmente es inconfundible. Me encantó la casa. Después de haber escrito sobre ella mucha gente me preguntó si no tenía fotos. Lo siento, no tengo, sólo las que veis aquí. Le pregunté a Toti qué le parecía si la mostrábamos en un vídeo, pero no le apetecía. Una pena.

El jardín de Toti Martínez de Lezea

El jardín de Toti Martínez de Lezea

Por fuera se ve una fachada pequeñita con una puertita y una buganvilla. Por dentro, nada más entrar nos encontramos de frente con un gran espacio lleno de libros, artesanía y objetos originales de todo tipo, desde la cabeza de goma-espuma de un león hasta una colección de figuras de mujeres de barro esmaltado realizadas por la madre de Toti. A la derecha está la cocina, separada de la sala por un fuego de leña. A la izquierda, el cuarto donde Toti trabaja, lleno de libros.

La sala tiene dos alturas. La zona de la izquierda baja un par de peldaños y allí está colocado el sofá. En el extremo de la estancia se encuentra la salida al jardín y, junto a ella, unas escaleras llevan a las habitaciones.

Nada más salir al jardín , hay un porche con un balancín y una gran placa que reza “Itxaropena Plaza”. Y es que Toti se llama Esperanza, en euskera, Itxaropena. Un enorme muro de bambú separa el porche del jardín que sería la envidia de cualquier amante de las plantas. Cayendo en el tópico, he de decir que la vegetación es exuberante. En algunas zonas, la “selva” ha sido cortada y sustituida por plantas de todo tipo. Un espacio está reservado como huerta y en ella, el marido de Toti trabaja junto a un amigo biólogo para sacar todo el partido a las verduras que cultivan de forma ecológicas. También ha elaborado una compostera y hacen su propio compost.

Toti Martínez de Lezea en la entrada a su jardín

Toti Martínez de Lezea en la entrada a su jardín

Toti me habló de su madre nonagenaria, que en su juventud fue campeona de natación e incluso se mostró una foto de sus padres, de jóvenes, corriendo en bañador por la playa de Barcelona, a donde se habían trasladado para una competición. Después de oir a Toti y de ver los esmaltes realizados por su madre, no me cabe duda de que es una mujer excepcional.

También el marido de Toti me pareció poco convencional. Ingeniero retirado, luce una larga barba gris y dedica las horas a trabajar en el jardín. Se mostró encantado de hablar de sus plantas y me dio la impresión de que está habituado a ver a desconocidos en su casa. Me resultó un hombre muy cercano.

Mientras hacía la entrevista, sonó en Skype en el ordenador de Toti. Era su hija que llamaba desde China. Le dijo que estaba en una entrevista y quedaron en hablar más tarde. Me explicó que, aunque su hija, yerno y nieta viven en Beijing, hablan todos los días gracias al Skype. Me enseñó un álbum de fotos que había hecho con fotos de su nieta, a la que “conozco” porque es la protagonista de los libros infantiles de la serie Nur. Realmente el ilustrador clava los personajes.

Antes de marcharme, Toti me regaló dos libros suyos y me los dedicó. También me invitó a volver cuando quisiera, con mi familia. Estoy segura de que tiene que ser muy interesante pasar un día con ellos.