Gasolineras: por fin, reacciona el Gobierno

El Gobierno Rajoy liberalizará las gasolineras y facilitará las aperturas para logran que bajen los precios. Centros comerciales y polígonos industriales podrán contar con más surtidores. El Ejecutivo prohíbe que el proveedor de combustible haga recomendaciones de precios a las estaciones de servicio”.

Es un resumen de los titulares que acabo de leer en la prensa digital.

Bien, he aquí, al fin, una buena noticia económico/política para los consumidores: esta mañana, el Ministerio de Industria ha anunciado la puesta en marcha de una “agresiva” reforma del mercado de hidrocarburos con el objetivo de que “exista mayor competencia entre los operadores y, como consecuencia, se moderen los precios de gasolinas y gasóleos”.
La economía española adolece de muchos problemas endémicos, que por conocidos y de permanente actualidad no enunciaremos, pero hay uno en el que llevo años insistiendo y al que no prestamos, los ciudadanos, la atención que merece. ¿Por qué nos alarmamos tanto y clamamos al cielo cuando se descubre que, más que probablemente por un error indeseado de fabricación (y sé de lo que hablo, creánme), algunas hamburguesas de vacuno contienen carne de caballo en cantidades ínfimas, irrelevantes tanto en su repercusión nutritiva y sanitaria como en la de precio del producto y, sin embargo, apenas damos importancia a sentencias de jueces españoles o comunitarios que condenan a sanciones multimillonarias –ocurre varias veces cada año- a empresas del mismo sector) por acordar precios y encarecer ilegalmente los productos y servicios, es decir, por violar las leyes vigentes de defensa de la competencia?

Desde este blog lo hemos dicho muchas veces: una competencia tensa y permanente, incluso despiadada, entre las empresas de cada sector para ofrecer al consumidor los mejores precios representan la mejor garantía de la buena salud de la economía (la nuestra es poco competitiva y aún menos productiva, es un hecho sabido y compartido por todos los especialistas) y de unos precios ajustados, que los consumidores necesitamos siempre, más aún en época de crisis, como al de estos últimos cinco años. No hablamos de tirar los precios a costa de la calidad o de la seguridad, no, sino de que las empresas investiguen, mejoren y se esfuercen hasta lo imposible por ofrecer la mejor relación calidad-precio que puedan al mercado, a sus consumidores y usuarios. Eso garantizaría su pervivencia y la pujanza de la economía. Trabajar más y mejor por menos dinero es lo que se nos exige a los trabajadores; precios más ajustados y mejor calidad es lo que demandamos los consumidores, en justa contrapartida. Si los costes de producción disminuyen, deberían también hacerlo los precios de productos y servicios, ¿no?

Los acuerdos entre empresas para no competir entre ellas en ciertos asuntos (los formatos, los productos, las ubicaciones…, en fin, las posibilidades son infinitas) o, lo más importante y común, para mantener intocable cierto nivel de precios (y garantizar suculentos márgenes, impropios de la crisis que estamos viviendo) son el veneno del libre mercado. Por ello, debemos exigir a los gobernantes que refuercen la vigilancia para evitar este fraude y criticar a las empresas a las que pillan cometiendo el delito y esta desconsideración con sus clientes.

¿Cómo es posible que los carburantes sean cada día más caros y estemos superando continuamente máximos históricos, tras dos años de recesión en nuestro país y un contexto planetario de depresión económica, y por tanto, mucha menor demanda del producto? ¿Y por qué los precios son tan parecidos entre las diversas estaciones de servicio (exceptuando las de algunos hipermercados, y poco más), cuando la composición del pvp de de los carburantes es tan compleja y deja tanto margen para actuar a las empresas?

Todo, pero todo, huele a poca o nula competencia entre las contadas empresas distribuidoras que teóricamente compiten en el mercado. Y nuestros políticos, sabiéndolo, han tardado décadas en intervenir, a pesar que el precio de los carburantes es estratégico para el conjunto de la economía, y sin son caros tiran hacia arriba de los precios de muchos sectores, desde el primario hasta los industriales y de servicios. Lo dice la Comisión Nacional de la Energía (CNE): “existe una estrategia de fijación de precios común” para la gasolina y el gasóleo y advierte que “en enero los precios antes de impuestos de ambos combustibles recortaron diferencias con respecto a otros socios de la UE, hasta situarse en posiciones elevadas. Además, tanto para la gasolina como para el gasóleo, el precio mínimo de enero se registró el día 7 y el máximo el 31, lo que indica que hay “una estrategia de fijación de precios común para los dos carburantes, con independencia de la evolución del mercado internacional”. Más claro, agua. El problema es que esto lleva siendo así décadas. O ahondando más en la herida, que nuestros gobernantes, de izquierdas y de derechas, lo han sabido siempre. Y lo han tolerado, bien porque demostrar acuerdos anti-competencia entre empresas del mismo sector es tarea difícil, bien porque les da un poco de pudor meterles mano porque son una magnífica y recurrente fuente de ingresos, vía impuestos, para el erario público.

Las medidas que propone el Gobierno suenan bien, otra cosa es la medida en que se regulen, se apliquen y se persiga y castigue al infractor. . Y, sobre todo, que sirvan para que haya más competencia y se reduzcan los precios los carburantes. Y a ver si cuando se acabe con las gasolineras, se comienza con otros muchos sectores en los que el hedor del acuerdo de precios, por mucha liberalización teórica que haya habido en algunos casos, apesta desde hace también demasiados años.

L

a despedida musical la ponemos hoy con

“I´m not talking” una canción pop entrañable, alegre y muy bonita, cuyo autor es el canadiense AC Newman. Pertenece el tema a su disco del año pasado “Shut down the streets!”, con el que regresó, tres años después, a su carrera en solitario. Porque Allan Carl Newman tiene otra cara artística, la de miembro fundador y líder del el prestigioso y nada prolífico supergrupo The Phornographers, en cuya nómina hay otras luminarias, como la cantante Neko Case o el cantautor indie Destroyer, que también firmó un gran disco el año pasado. “Shut down the streets!” es el tercer larga duración de AC Newman, y seguramente, el mejor de todos ellos, porque rescata ese pop modestamente ornamentado pero repleto de bellas melodías que tanto nos gusta, vehiculadas por una voz que suena sincera y fresca y con detalles casi folkies que nos remiten al campo y la vida sencilla.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *