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Cambia tu seguro de coche

(antes de comenzar con el post de hoy, sugeriros dos informaciones muy interesantes que acabo de leer ahora mismo. Una, de CONSUMER, que nos da pistas para desentrañar el galimatías de los resultados de los análisis de sangre; y otro, de OCU, que ha analizado en laboratorio el IPad-3, la nueva tableta de Apple, que se pone hoy a la venta en nuestro país tras el éxito descomunal de ventas en todo el mundo en su primera semana en el mercado. Concluyen los técnicos de OCU que no es para tanto, que el IPad3 aporta ventajas interesantes (mayor definición de imagen, mejor visualización de páginas web, mejora de la cámara de fotos y vídeo) pero no definitivas, ya que el IPad2 ya era bueno en todo eso y el IPad3 requiere más memoria, consume más batería y la red de velocidad 4G con la que permite operar no está aún implantada en España. Y al problema del calentamiento de esta nueva tableta del que tanto se ha hablado estos días, informan en OCU de que sí se calienta un poco más que el IPad2 (llega a 40 grados de temperatura frente a los 30 del modelo anterior), pero que es un problema de escasa relevancia tanto en términos de comodidad como de riesgo para el usuario. La duración de la batería, por último, sigue siendo parecida a la del IPad2, unas 10 horas. En resumen, que casi recomiendan comprar su antecesor, el IPad2 , un producto satisfactorio y más barato (cuesta unos 400 euros) que este nuevo, por el que hay que pagar desde 479 hasta 799 euros, según modelos. La info completa, aquí ).

Al lío: la lucha de precios en los seguros de coche está conduciendo a algunas compañías de seguros (¿os suena Axa?) a abandonar el “ramo automóviles”. Buena señal. Eso quiere decir que están compitiendo en lo importante, en el precio, y que la pelea va en serio. La crisis económica tiene también (pocos) efectos menos negativos. Lo percibimos a la hora de contratar servicios, como los seguros sanitarios privados o los seguros de coches, que protagonizan hoy esta bitácora. Porque la calidad y cobertura de prácticamente todos los seguros es suficiente, incluso satisfactoria, por mucho que las pólizas sean distintas y aun cuando, precisamente por ello, merezca la pena comparar en la amplia oferta disponible y elegir lo que más nos convenga. El seguro del coche es uno de los contados productos de compra obligatoria. Tan seguro como la finitud de nuestra vida o que pagaremos impuestos, es que tendremos que contratar una póliza de seguro para el coche; caso de que lo tengamos y queramos usarlo, claro. Ahora bien, ese seguro obligatorio del que no podemos escapar apenas cubre los daños que nuestra impericia, imprudencia o, sin más, mala suerte al volante, cause en terceros. Naturalmente, es la póliza más básica y la más barata que nos ofrece cualquier compañía. Desde 2008, el riesgo cubierto por esta póliza obligatoria ha aumentado mucho (llega hasta 70 millones de euros por daños personales y hasta 15 millones de euros por daños materiales), homologándonos con los estándares europeos e, inevitablemente, encareciendo el seguro. Claro que cuesta pagar más, pero es un cambio positivo: protege mejor al usuario, porque las consecuencias económicas de un accidente pueden ser absolutamente ruinosas para quien ya sufre ese castigo moral de saberse responsable de un hecho que ha causado víctimas o grandes daños materiales. Pensemos que la cobertura económica del seguro obligatorio actual es unas 200 veces superior a la del anterior, a todas luces insuficiente. Y no olvidemos que la póliza obligatoria no cubre daño propios, del usuario ni de su coche, ya que es un seguro “a terceros”. De todo hay entre los usuarios, pero lo más habitual es que contratemos seguros a todo riesgo con o sin franquicia, si el coche es nuevo, porque un siniestro total significaría casi la ruina; o “a terceros ampliado”, con coberturas como robo del coche, asistencia en viaje y rotura de lunas, o incluso defensa jurídica, que muchos consideramos ya casi imprescindibles.
En Euskadi tenemos uno de los mayores índices de siniestralidad de todo el país (¿será todo por la intrincada orografía o habrá algo más?), lo que explica en parte que contratemos más seguros a todo riesgo que la media nacional. Otra razón: a mayores nivel de renta, más segurolas nos volvemos, y menos nos gustan los imprevistos y los riesgos; son cosas de la naturaleza humana: quien tiene, quiere conservar. En consecuencia, más pólizas de seguros contratamos (coche, vida, hogar, responsabilidad civil, viaje, e incluso para esquiar o hacer deporte de riesgo) y con coberturas más amplias. Leía el otro día en una revista especializada que una luz roja de emergencia se ha encendido en el seguro del automóvil, debido a que el sector ha dejado de ganar dinero con la venta de pólizas y sobrevive a duras penas apoyado en otros ramos del negocio, y en rendimientos financieros del dinero del usuario, que paga el importe de la póliza antes de que la empresa lo utilice para pagar los daños.

Pero, recapitulando, lo importante, para nosotros, es:

1) Dar con el tipo de seguro que nos conviene, y reflexionar a fondo sobre qué coberturas nos interesa contratar, entrando al detalle. Esta es quizá la decisión más importante, saber qué seguro necesitamos, queremos y podemos permitirnos contratar. No es lo mismo, si somos veteranos conductores que si acabamos de estrenar el carné; tampoco lo es que no sepamos lo que es causar un accidente que tener un historial vergonzoso de siniestros. Y, ya en lo referente a la póliza, es bien distinto lo que cuesta un a todo riesgo con y sin franquicia; ysiguiendo en el a todo riesgo, lo que habremos de pagar por uno con franquicia de 300 euros y otro de 700 euros. Y difiere mucho, asimismo, asegurar un coche para un conductor veterano que hacerlo para su hijo o hija, jóvenes e inexpertos; o un coche nuevo y uno de segunda mano; o una berlina de lujo y un utilitario; y para un coche que usamos a diario y para uno que movemos de pascuas a ramos; o para el coche familiar con el que hacemos frecuentes y largos viajes que para ese trasto viejo al que apenas damos un uso esporádico. Hay que pensar un rato, calibrar las cosas y decidir en consonancia. Y lleva su tiempo, sí, pero merece la pena.

2) Y, una vez sabido qué tipo de seguro queremos, llegamos al segundo paso: dar con la compañía que nos ofrece, en esa modalidad elegida y con esas coberturas que hemos fijado como óptimas, la mejor relación calidad-precio. A nosotros, como conductores concretos y con un automóvil determinado (no olvidemos que aseguramos el riesgo de causar daños con nuestro coche pero -si no es a terceros-, también nuestro vehículo), porque una póliza perfecta para nuestro vecino puede resultar poco ventajosa para nosotros. Cada compañía de seguros tiene sus propias estrategias comerciales y decide a qué tipo de cliente quiere captar preferentemente y, por tanto, ofrecerle las mejores condiciones.

3) Y si esa compañía no es la nuestra (que no lo será, apostad por ello), tengámoslo claro, la decisión acertada es cambiar de empresa; no pasa nada. Lo de la fidelidad comercial es un cuento chino, una filfa. Si realmente nos aprecian tanto, traslademos a nuestra compañía los precios y coberturas que nos ha ofrecido la aseguradora que estamos tanteando y que los mejore, si puede y si quiere. La posibilidad de ahorro es muy grande, llega a varios cientos de euros al año entre pólizas con coberturas similares. Seguro que ya lo sabes, pero para comparar como es debido debemos fijarnos, con todo detalle, en de qué modo cubren lo que sigue: daños propios en caso de siniestro (incluido robo), asistencia en viaje cuando sufrimos un problema, responsabilidad civil voluntaria, defensa penal en caso de ser necesaria y reclamación de daños. Y preguntemos cómo aplican la cláusula bonus-malus, que premia o castiga al asegurado en la prima del año siguiente según los siniestros que declare, porque cada compañía tiene su librillo.

En Consumidores, el programa televisivo (ETB-2) que ocupó mis desvelos estos dos últimos años, mostramos bien a las claras hasta qué punto es cierto lo que acabo de plantear. Es perfectamente posible evitar el gasto inútil (y recurrente, cada año nos cobran la póliza) que representa pagar más de lo necesario por un servicio que no es mejor que el que nos puede ofrecer otra empresa. Os dejo un par de casos muy comunes, nada forzados, y sin marcas, para no despistar. Y porque hay aseguradoras muy convenientes para unos perfiles y nada ventajosas para otras. O sea que no os puedo quitar el trabajo, lo siento.

Caso 1: Para una mujer de 30 años con 12 de experiencia como conductora, con un coche nuevo pequeño/mediano y que no ha tenido accidentes, en la compañía X le costaría 392 euros al año una póliza a todo riesgo con franquicia de 200 euros. Mientras que en la compañía Y, un seguro idéntico en lo fundamental le saldría a esta misma usuaria 612 euros al año, es decir, 220 euros más.

Caso 2: Hombre de 40 años y con 15 de carné. Su coche es viejo y su siniestralidad media, ha sufrido algún que otro accidente. Pues bien, con una aseguradora la póliza a terceros ampliada le supondría 454 euros al año; con otra, debería pagar por una póliza similar 678 euros, o lo que es lo mismo, 224 euros más.

Teniendo en cuenta que las dos más baratas en estos dos casos son empresas tan reconocidas, fiables y consolidadas en el sector como las dos más caras, la conclusión solo puede ser una: no podemos dejar de preguntarnos si tenemos asegurado el coche de la manera más adecuada (el tipo de póliza) y en la compañía más competitiva para nuestro perfil de conductores y nuestro coche. Es muy difícil ahorrar más de 200 euros al año con una sola decisión y que además cuesta poco adoptar. Tomémonos nuestro tiempo, pero tengamos en cuenta que algunas compañías exigen un preaviso de dos meses antes de anular la póliza en vigor. No estamos para tirar el dinero, me parece a mí.

¿Y la música?

Pues como estas últimas semanas la programación de conciertos en las ciudades vascas es muy de mi agrado, cosa poco común, os dejo con una banda británica que toca hoy, viernes, en San Sebastián. Tindersticks facturan un pop-rock sublime, exuberante en arreglos y detalles orquestales pero en absoluto superficial, pretencioso o grandilocuente; epítome de la elegancia no elitista, pleno de jondura y tendente a la introspección, pero no a esa que conduce a la tristeza sino a la que potencia la inspiración y la autoestima. Hacen la música perfecta para, por ejemplo, ennoblecer y dignificar el rutinario y antiestimulante viaje findesemanal al hipermercado. No en vano Tindersticks llevan más de una década disfrutando del status de banda de culto de moda permanente. Seguro que encandilan a los asistentes; Stuart Staples, su indiscutible líder (una de las voces más hermosas, magnéticas y personales del planeta pop), es de lo más hipnótico que se pueda ver sobre un escenario. Y no sabe lo que es dar un mal concierto, a mí nunca me ha fallado, al menos, y los he visto muchas veces. Os dejo con “Medicine” una canción del disco nuevo que vienen a presentar.