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Precios baratos, una necesidad; y el comparativo de aceite de oliva virgen de la OCU

Nunca las cifras, tomadas así en general, resultaron tan aciagas incluso a quienes no se nos dan mal del todo. Crece sin control el desempleo, el PIB sigue con la marcha atrás puesta, la inflación imparable convierte en aún menores unos sueldos que llevan años a la baja, suben sin parar los impuestos, aumenta sin dar signos de moderación la deuda pública,se multiplican los EREs y cierres de empresas, los desahucios son ya casi “de la casa” (se ejecutan unos ocho de media al día, solo en Euskadi)…, cuesta horrores encontrar números que despierten un poco de esperanza.

Los hemos visto en dos empresas de distribución, Dia y Mercadona que, en plena crisis, incluso sumergidas en la específica del sector (dato de ayer: las ventas del comercio minorista a precios constantes -eliminado el efecto de la inflación- bajaron en septiembre un 12,6% con respecto al mismo mes de 2011, tras la entrada en vigor de la subida del IVA, en tanto que el empleo en el sector retrocedió un 1,2%), no solo sobreviven a la debacle sino que crean empleo y ganan dinero. Tanto una como otra tienen una cosa en común, que han priorizado en su marketing mix un elemento siempre importante, ahora esencial: el precio. Venden barato, menos caro que su competencia o, al menos, así lo piensan los consumidores, porque ese es su posicionamiento en la distribución alimentaria. Aún recordamos cuando Mercadona hace unos tres años, dio un insólito y quizá antipático golpe de autoridad al retirar de sus baldas cientos de productos de marcas líder y dejar (salvo contadas excepciones) solo los artículos de su marca blanca. Muchos dudamos de la viabilidad de una estrategia -más radical que innovadora- que ahorraba costes y era coherente en la búsqueda de sinergias favorables a su reconocida marca de distribuidor, pero que les enfrentaba a poderosas multinacionales del mundo de productos de gran consumo. Y que podía disgustar profundamente a los consumidores más fieles a sus marcas favoritas en ciertos productos; algunos especialistas incluso pronosticaron que la iniciativa estaba abocada al fracaso. Pero de fracaso, a la vista está, nada de nada; al revés. Yo no lo tenía muy claro, lo reconozco, porque tiro mucho de marcas blancas, una vez contrastada la calidad del género, pero…. La gente quiere (en distribución alimentaria, y cada vez en más sectores, hora es de que las empresas se vayan percatando) una buena -y, en algunos casos, basta con suficiente- calidad al precio más bajo posible, y cada vez va a ser más así. Poco ha tardado el grupo francés Leclerc en contrataatacar: ha lanzado hoy una web (buscaelmasbarato.com) que compara los precios de productos de otras empresas con los que vende en sus siete centros de Madrid. Y asegura que sus artículos son los más baratos (los de Mercadona, dice, son un 12,3% más caros que los suyos; y los de Carrefour un 11,5%). Lo comprobaremos y al final el consumidor decidirá, pero no está mal que las grandes cadenas compitan tan descarnada y abiertamente en precio: lo necesitamos de veras. Sólo unas pocas marcas pueden lograr que el cliente habitual de un super o hiper deje de frecuentarlo porque no tiene su producto. El ejemplo de Mercadona está ahí.

Otro tema: la publicación este pasado miércoles de los resultados del último análisis comparativo de OCU, que denuncia que de 40 marcas de aceite de oliva virgen (34 “extra” y el resto, solo “virgen”) estudiadas, tal y como leemos en la web de EITB “Nueve de ellas (…) cometen fraude y engañan al consumidor al vender un aceite etiquetado como “extra” cuando sólo es “virgen”. Además, dos de estas marcas carecen de proceso de refinado por lo que no son aptas para el consumo (si bien no entrañan riesgo para la salud)“ ha provocado la virulenta reacción de fuentes del sector y quejas de algunas marcas, algunas (incluídas las populares marcas blancas de algunas cadenas de distribución) de mucho prestigio y bien conocidas por los consumidores vascos.

Es este un tema recurrente en nuestra actualidad informativa (recordemos el caso del fraude en algunas marcas de leche entera UHT, en el que, por cierto, los tribunales han dado razón en primera instancia a la OCU y desestimado la demanda multimillonaria de la asociación más representativa del sector lácteo) que, a buen seguro, causa incertidumbre y preocupación no solo en los sectores y marcas afectados sino también en los propios consumidores, que no saben a qué carta quedarse. ¿Quién tiene razón? ¿Adolecerá, efectivamente, la marca de leche, aceite o cualquier otro producto que consumo cada día, de ese defecto de calidad o seguridad que denuncia la asociación de consumidores tras realizar su análisis comparativo? ¿Me estará engañando esa marca, o será la asociación de consumidores -por el motivo que sea, quizá para darse publicidad o por intereses aún menos confesables- quien distorsiona la realidad y perjudica gratuitamente a las marcas que quedan mal en el examen?

Lo primero que cabe matizar respecto de este análisis en concreto es una doble realidad: por un lado, que los datos provienen –fundamentalmente, que no solo- de una cata; todo lo oficial, rigurosa y representativa que se quiera (la de aceite es una de las más normativizadas, exigentes y con protocolos específicos para ese producto; como lo son las del vino o el queso), pero una cata (o análisis sensorial) no deja de ser una prueba en la que se suman resultados subjetivos, las apreciaciones que hacen los catadores –personas, no máquinas que miden objetivamente datos químicos y físicos) de las características organolépticas (sabor, color, olor, textura, olor…) de un producto. Simplificando, por mucho que unos cualificadísimos catadores concluyan que un aceite (o un vino) no tiene la calidad organoléptica requerida por la normativa que regula su elaboración y propiedades, si yo lo compro a menudo y a mí me convence, me gusta tanto o más que otros que quedan mejor en el análisis, poco me importa, yo a lo mío (es, por cierto, lo que ha ocurrido con la marca que compro, para mi disgusto). Porque hablamos de sabor, olor, color, etc y en eso cada tiene sus preferencias y sus gustos. Y, en segundo lugar, cabe subrayar que este análisis de aceite de oliva virgen extra deja bien sentado que este déficit de calidad en absoluto afecta a la higiene del producto o a lo que en general podríamos denominar calidad sanitaria. Matices, ambos, esenciales para hacer una interpretación correcta del análisis y sus resultados. Tengo en mis manos la revista de OCU del próximo mes de noviembre, que publica este comparativo. Y su espíritu queda bien claro, ya que insiste en este último aspecto. Es un fraude “solo” económico, en la medida que algunos aceites se arrogan en sus etiquetas una calidad “Virgen Extra” que su producto no alcanza, al no cumplir los requisitos (fundamentalmente, de cata, ya que es con este método analítico como está fijado que ha de determinarse) que para esa denominación comercial establece la norma. Los aceites, lo dice la OCU “ fueron sometidos a una batería de análisis químicos y a un análisis organoléptico, siguiendo los métodos analíticos oficiales que contempla la normativa vigente. La principal conclusión es que la gran mayoría de marcas cumple con la legislación y que 9 marcas engañan al consumidor vendiendo un aceite etiquetado como “extra” cuando resulta ser simplemente “virgen”. Se trata, por tanto, de un engaño económico, ya que se vende al consumidor aceite de menor calidad. Los resultados obtenidos muestran un claro engaño al consumidor porque se le vende un aceite de menor calidad a la que se indica en la etiqueta. Para la tranquilidad de todos los consumidores, OCU manifiesta que, en el caso de los 9 aceites etiquetados incorrectamente, no se trata de un problema de seguridad, sino un engaño al bolsillo. El precio medio del litro de aceite de oliva virgen ronda los 2,38 €, mientras que el litro del virgen extra es casi de un euro más. El análisis también detectó que uno de los aceites vendidos como aceite de oliva virgen extra y otro de los vendidos como aceite de oliva virgen son, en realidad, aceites de oliva lampante y por tanto no son aptos para la venta sin el proceso previo de refinado. A pesar de los problemas detectados, hay productos de muy buena calidad a precios razonables. “En el aceite, como en muchos otros productos, un precio elevado no siempre es indicativo de calidad”. La OCU ha puesto en conocimiento de las autoridades competentes los resultados de este análisis para que determinen si se ha cometido alguna infracción y, si procede, sancionen a aquellas marcas que puedan estar engañando al consumidor y perjudicando a un sector muy importante para la economía española. Además, en el ánimo de la OCU está el colaborar con la patronal aceitera para solventar y evitar que aceites mal etiquetados lleguen a los hogares de los consumidores. Por ello, ha invitado a la patronal a un encuentro cuyo principal propósito es trabajar en un objetivo común: ofrecer un aceite de calidad y excluir del mercado a aquellos que defraudan la confianza del consumidor y no juegan limpio con el resto de fabricantes.” Creo que quedan bien claras las cosas, ¿no les parece?

Las marcas/empresas/sectores que salen malparados de uno de estos análisis comparativos diseñados y realizados por uno o varios laboratorios acreditados –en este caso, también paneles de cata-, de referencia en el sector, y pagado y publicado por una asociación de consumidores acaban repitiendo una serie de patrones de conducta:

1) Objeciones a la honradez y neutralidad de las asociaciones de consumidores, que atenderían a oscuros y desconocidos intereses de las asociaciones, que en sus estudios comparativos benefician a unos y perjudican a otros, pero no basados en argumentos técnico-científicos honrados y demostrables, sino por razones de interés propio y muy poco honorables (acuerdos secretos con ciertas firmas, las que se beneficiaría, por ejemplo).

2) Objeciones legales/normativas/jurídicas: ¿quién es una asociación de consumidores para entrometerse en la realidad de un sector económico y señalar quiénes son los buenos y quiénes son los malos? Y de hacerlo ¿por qué no se hacen las tomas de muestras y los propios análisis ante notario?

3) Objeciones metodológicas: no se respetan los protocolos de la metodología oficial de los análisis de calidad del producto, comenzando por la toma de muestras (¿cómo puede criticarse la calidad de un producto y una marca analizando solo una muestra cuando en el mercado hay en ese mismo momento centenares de miles en las estanterías?) y por el propio desarrollo de la prueba (determinación de los ítems a medir y comparar, modo en que se relacionan unos y otros datos para llegar a las conclusiones, respeto a lo que dice la normativa en cada paso del análisis, acreditaciones de los laboratorios por los organismos normalizadores…; las casusas motivo de crítica pueden ser muchas, pero el caso es que los análisis (por reducir costes, por simplificar procesos y ahorrar tiempo y dinero…, no se hacen como debieran hacerse, sobre todo teniendo en cuenta la enorme repercusión que frecuentemente adquieren los resultados de los análisis en los medios de comunicación

4) Objeciones a la interpretación de los resultados del análisis, ya técnicas ya de traslación al lenguaje periodístico, en exceso divulgativo y simplificador de realidades complejas, que no respetaría los preceptos y matices técnico-científicos.

5) Quejas por las consecuencias que puede acarrear la difusión de los resultados del análisis, dañando gravemente la imagen o perjudicando las ventas de una marca o de un sector. Como también analizan marcas “blancas” o de distribuidor, hete aquí que en cada análisis quedan bien, mal o todo lo contrario también las grandes empresas de distribución, con lo que la afectación es aún mayor.

Saben algunos de ustedes que quien firma ha dirigido durante muchos años la única revista que junto a OCU publicaba análisis comparativos en este país. Y también están informados de mis excelentes relaciones con quienes dirigen desde hace más de 25 años la OCU (asociación con más de 300.000 afiliados, que pagan su cuota, y no barata, precisamente) basadas en que durante tan largo periodo hemos compartido (además de las críticas a nuestra labor de defensa de los derechos e intereses de los consumidores, que no otra cosa es un comparativo dcomo este de aceite, o lo fue en su momento el programa “Consumidores”, de ETB2-) la obsesión por el rigor técnico en el trabajo, la imparcialidad en las interpretaciones de los resultados y la moderación y el sentido de la medida como pauta comunicativa a la hora de dar a conocer las conclusiones de nuestros estudios; sin que ello impidiera, por supuesto, la búsqueda de expresiones y titulares rotundos y claros, cuando la ocasión lo requería. Como esta, sí. Lo que les quiero decir es que, en mi modesta opinión, las marcas que han salido malparadas en este análisis de aceite deberían quejarse menos y ponerse cuanto antes manos a la obra para mejorar la calidad de su producto, un artículo natural muy sensible y de la máxima calidad cuyo proceso de elaboración hay que vigilar al detalle, porque la normativa que establece sus parámetros de calidad, es muy exigente. En cualquier país que no sea España es tarea imposible encontrar un aceite de oliva virgen extra por menos de 8 o 10 euros el litro, y aquí tenemos algunos bien sabrosos en oferta en los supermercados por 2,5 ó 3 euros. No hay que dramatizar, en muchos casos ha podido ser (suele ocurrir) pura mala suerte del productor, pero al consumidor hay que darle (siempre, y no solo la mayoría de las veces) la calidad prometida (en la etiqueta del producto, en la publicidad de ofertas del establecimiento…), y cierto que puede haber sido solo una botella o un lote el de calidad insuficiente y que al productor afectado le tocó la china de que fuera esa muestra la analizada y que deviene muy oneroso castigo para la marca afectada, pero no es menos verdad que la labor de una asociación de consumidores es precisamente esa, mantener tensa la cuerda, en nombre del cliente, del consumidor, y dar algún que otro disgusto para que se cumplan las normas de calidad y seguridad en los productos y servicios y no se relajen ni productores, ni vendedores ni la Administración que los controla. Y resulta asimismo diáfano que las normativas de calidad de los productos no se fijan para que la mayoría de los productos concernidos la cumplan o lo hagan con la mayoría de los requisitos, sino para que lo hagan todos y cada uno de ellos en todas y cada una de las características descritas. Lo que quizá habría que replantearse es si la normativa no es en este caso demasiado estricta, por exigente en exceso, en ciertos productos de alimentación. No lo digo por decir, es una idea que llevo muchos años rumiando, al cotejar los resultados análiticos de ciertos alimentos, y al preguntarme por qué en productos de gran consumo el Extra (calidad objetiva y parametrizable de producto; nada tiene que ver con el concepto delicatessen) es casi imposible de conseguir normalizadamente con los costes que el mercado admite. Es una soga al cuello de los productores que quizá habría que replantearse. Porque lo primero que ha de ser una norma es realista, debe poder cumplirse. Y también cabría reflexionar si es lógico que un producto de élite, en su propio concepto –es prácticamente el mejor de los aceites- y en lo culinario, como un aceite de oliva virgen Extra puede costar 2,50 euros el litro.

¿Y la música?

Esta siendo este un año de reapariciones de grandes figuras con discos estupendos (el soul de Bobby Womack, el country-rock de Neil Young, el folk rock de autor de Bill Fay, así citados de memoria), y el último del que tenemos noticia es el de DONALD FAGEN, exlíder de Steeley Dan, banda de referencia del negociado de la música más trabajada y exquisita de los 70s, ubicada entre los márgenes del jazz y el rock y con sabrosas concesiones al funk, al rhythm and blues y, por supuesto, al pop. Nos viene este mes de octubre Donald Fagen con “Sunken Condos”, su cuarto disco en solitario, dato que teniendo en cuenta que el primero lo grabó ya sin la banda hace 30 años, no permite tildarle de prolífico, precisamente. El disco está teniendo buena acogida en su país, EEUU, y la verdad es que escuchando este single, titulado “I’m Not the Same Without You” y anclado en esa estética atemporal de la música orquestal y grande en el buen sentido de la expresión, se entiende perfectamente el porqué.

Ni humor, ni paciencia

La crisis sigue (sí, en pleno octubre) llenando las playas (el ocio activo más barato, salvo que se caiga en la tentación del helado) y vacía los cines, que cobran ya 8 euros por ver una peli si bien aumenta el número de días con descuento: nos han cobrado en una misma semana, en días laborables, 4, 6 y 8 horas por una peli a la misma hora (diez o diez y media de la noche) en las mismas multi-salas. La verdad es que cuesta levantarse cada mañana, al menos si pones la radio para desayunar y no dejas de estar en contacto con las noticias a lo largo del día, como es el caso. Hoy nos fue peor que ayer, pero mejor que mañana, y la cadena -que más parece una condena- no parece tener fin. El FMI acaba de asegurar que en 2013 no remitirá la recesión en España, con lo cual podemos aventurar que crecerá aún más el desempleo y que seguiremos sumidos en plena tormenta perfecta de crisis devoradora, implacable. Tampoco ayuda (el IBEX ha vuelto a bajar hoy, y mucho, en torno al 2%) la indecisión del Gobierno central sobre si pedir o no el rescate, a pesar de que hay casi unanimidad entre los expertos, que animan a que se solicite de una vez por todas la ayuda a los países ricos de la UE y podamos comprobar no solo si baja la prima de riesgo y el Estado, y la Administración en general, puede financiarse a precios no suicidas, sino también si fluye el crédito (asequible) para empresas y particulares y la economía puede comenzar a recuperarse y el empleo a dejar atrás esos guarismos dramáticos.

Aquí, en nuestras modestas economías domésticas, la impresión es que todo este esfuerzo que se nos exige a los ciudadanos, y que estamos pagando porque no nos queda otra, no pretende otro objetivo que transferir directamente dinero de la cuenta corriente de los afortunados que tenemos ingresos regulares, a los bancos y cajas que pecaron de avaricia e ineficacia en la gestión en la época de la burbuja inmobiliaria para que a su vez estos puedan pagar sus deudas a los bancos e inversores internacionales que les confiaron en su momento el dinero que ellos prestaron a promotoras y particulares. Y nosotros, en medio y pagando el pato. Pero de verdad: 2,3 millones de niños viven en España por debajo del umbral de la pobreza, 80.000 más que hace un año, debido al impacto de la crisis económica, según datos facilitados hoy por UNICEF. No es extraño que al ser preguntados por la situación económica del país, el 88% de los españoles la considere “mala” o “muy mala”, y que el paro sea considerado el mayor problema por el 82% de la población. Y la clase política es el tercer problema para los españoles , tras el paro y la economía. Entonces, ¿quién nos va sacar de esta? Estamos que fumamos en pipa, pero en breve tampoco vamos a poder: el gasto en tabaco creció en 2011 en España un 6,65%, hasta 201 euros por persona, lo que supone el segundo mayor incremento a nivel europeo. Como tampoco vamos a poder morirnos en paz: la reciente subida del IVA ha golpeado especialmente a los servicios funerarios, que han visto crecer su impuesto del 8% al 21%. Al respecto, la OCU nos avisa: algunas compañías de seguros están intentando trasladar esta subida a las primas de los seguros de decesos a pesar de que no pueden hacerlo hasta el vencimiento de la póliza: “no te despistes y no permitas que te hagan pagar de más”, nos dicen, y tomamos nota.

Si eres funcionario, llevas varios años con el sueldo congelado cuando no disminuido con algún zarpazo ocasional. Menos dinero para hacer frente a los gastos, que no hacen sino crecer

, porque, para más perjuicio, siempre hemos pensado que el IPC no da un dato cierto, ya que la vida (el super, la ropa y el calzado, el material escolar, el bus y el metro, el ibuprofeno aunque sea genérico, los impuestos, el café o la cerveza en el bar…) suben más de lo que revela este indicador. Y si eres autónomo, acabas de recibir otro hachazo. Me lo decía un amigo ayer: “a la empresa a la que facturo la mayor parte de mi trabajo ni me atrevo a hablarle de que necesito subirle la tarifa mensual que cobro por el servicio prestado, pero el Gobierno Rajoy me ha obligado a incrementar el IVA del 18 al 21% en mi factura, y el IRPF del 15 al 21%; conclusión: de un día a otro, cobro 100 euros menos al mes, así por la cara, para pagar el rescate a las cajas y bancos que han dejado un agujero negro que tenemos que pagar solidariamente todos.”

Y si eres consumidor, que lo somos todos, tenemos cada vez menos dinero, más gastos y menos humor.

No nos podemos permitir comprar electrodomésticos nuevos (se ha sabido hoy: ha disminuido su venta un 16% respecto al primer semestre del año anterior), con lo que hemos de tirar con los que tenemos y cuidarlos casi como si fueran nuestros hijos para no vernos urgidos a llamar a servicios técnicos para que reparen sus siempre inoportunas averías. El otro día vino uno de estos profesionales a ver qué ocurría con la lavadora de casa, que perdía agua. Me levantó, por menos de tres cuartos de hora de muy calmado trabajo y sin que pudiera apreciar signo alguno de apuro en su cara, 57 euros con el IVA del ya vigente 21% incluido, Sí, casi diez mil pesetas de las de antes. Recuerdo que indicaba la factura 19 euros en concepto de desplazamiento, por lo que una sencilla cuenta revela que la hora de trabajo del técnico salía a ¡36 euros+ IVA!, lo que significa 43,56 euros que paga el usuario; para los veteranos, 7.250 pesetas la hora. Si esto es lo que cobra un operario con cualificación (es un suponer) de FP, ¿cuánto cobra por hora de trabajo neto (sin contar desplazmientos, quiero decir) un abogado, un arquitecto, un profesor universitario o un dentista? Podemos recordar que el sueldo medio en España es, con el prorrateo de las pagas extraordinarias, de 1.345 euros mensuales, según la última Encuesta de Estructura Salarial hecha pública recientemente por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Es decir, unos 45 euros al día. Algo no funciona en este país. Volviendo al terruño, Expobodas recibió el pasado fin de semana en el BEC un 16% menos de visitantes que el año pasado, y a nadie debe sorprender el dato: ¿quién tiene humor hoy para casarse?
A algunos nos falta incluso la paciencia para soportar cosas como las dichas el domingo por un influyente asesor del gobierno alemán en un programa de esa cada vez menos soportable tele comercial en prime time, que aseguró que en nuestro país aún no nos hemos hemos hecho a la idea de que estamos inmersos en una gran crisis y de que hemos vivido muy por encima de nuestras posibilidades. Este plural es el que más fastidia. La mayoría de las personas que conozco no exageró en el gasto ni incurrió en compromisos impagables durante esos supuestos años de fastos y créditos baratos y fáciles. Lo que ha fastidiado, y en el peor de los casos hundido, las economías de los hogares es el paro, y no el desplifarro. No pueden decir lo mismo el Gobierno central, los Ayuntamientos, las Diputaciones, muchas empresas, y, sobre todo, algunas (que no todas: ahí está Kutxabank, sobresaliente en solvencia;y Caja Laboral, también a salvo) cajas y bancos, que nos metieron en este agujero del que nadie sabe cuánto tardaremos en salir.

¿Y la música?

Va, para variar y aportar un poco de vitalidad y optimismo, una de fresco pop juvenil. La banda se llama Teen, es de Brooklyn e íntegramente femenina, sus canciones no son precisamente originales ni emocionantes (una apreciable revista web especializada las ha definido como “un catálogo dream-pop de corte convencional con ocasionales virajes hacia la psicodelia, en un discreto álbum de debut, In limbo”), pero tienen arranque y ritmo suficientes para combatir esta languidez, cuando no directamente tristeza de las que resulta casi imposible evadirse, siquiera temporalmente. Aquí las tenemos. ¿Son tan mediocres? No lo creo, a mí me gustan. Y el vídeo, mola también.

Elijamos bien el super: podemos ahorrar más de mil euros a año

Tras unos días de aparente calma, se apoderan de este miércoles 26 de setiembre el miedo y la desazón que suceden a la cascada de malas noticias de estas últimas horas. Hagamos recuento: lo más inmediato y novedoso, la huelga general convocada para hoy –y, al parecer, seguida por buena parte de los trabajadores- por lo que se conoce como mayoría sindical vasca (toda, menos UGT y CCOO, aproximadamente), con los ya habituales e insidiosos problemas de este legítimo y comprensible pero muy mejorable -en las formas y en el fondo- ejercicio reivindicativo y de queja: piquetes -informativos, sí, pero de los otros también-, y tensiones con la policía y entre ciudadanos, servicios mínimos que generan perjuicios e incomodidades. Pero rivalizando por el marchamo de palpitante actualidad, tenemos el descalabro que desde buena mañana están registrando la Bolsa española (baja el Ibex más del 3,5%) y la prima de riesgo, que sube más del 8%, superando los 450 puntos. Y todo ello viene precedido de lo ocurrido ayer y anteayer, con incidentes graves y -todo apunta a- abusos policiales en la manifestación que pretendía asediar (no sabemos si solo simbólicamente o algo más, y no es baladí la diferencia) el Congreso de los Diputados y cuestionar la vigencia y legitimidad de la representación política de una de las instituciones esenciales de nuestra democracia. Mal asunto, proponer mudanza general en época de zozobra. En lo político, el órdago catalán con el anuncio de elecciones anticipadas tampoco aporta tranquilidad ni optimismo a la crítica situación española; y lo mismo puede decirse de la imagen que (¿somos, definitivamente, la Grecia del año pasado?) de nosotros están trasmitiendo y conformando medios de trascendencia internacional como el New York Times, que ayer, con esa portada -que recordaremos muchos años- con la foto a gran tamaño de un necesitado de Girona hurgando en un contenedor de basuras enfatizada con el titular “España: Austeridad y hambre” añade leña al fuego al empeorar en el exterior la percepción de cómo estamos afrontando nuestros acuciantes problemas.

Cuesta disociar las cosas y lo más normal es que caigamos en el desaliento y la resignación. Sigue subiendo el paro y con él el número de familias en situación insostenible, y continúan y se profundizan los recortes sociales (Euskadi, de momento, se salva de lo más cruento del tijeretazo), la recesión económica no parece querer ceder y quien quiere no puede invertir en su empresa (ya para poder continuar la actividad y, entre otras cosas, no despedir empleados; ya para abrir nuevas líneas de negocio) porque el sistema financiero no da créditos salvo a quien no los necesita; y además, y con razón, crece el descontento social. Y las contadas noticias positivas (solo recordamos dos: moderada y, casi seguro, coyuntural y engañosa bajada de la tarifa eléctrica; anuncio del Gobierno central de que las pensiones no solo no se congelarán sino que subirán lo mismo que el coste de vida), vienen acompañadas de otras pésimas nuevas que las tapan.

En estas, y remando contra corriente, las asociaciones de consumidores siguen trabajando y aportando

información e incluso éxitos a sus socios y a los ciudadanos en general. FACUA pide a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) que abra una investigación a Facebook por la posible publicación de mensajes privados de sus usuarios, en el último fiasco de este icono de las redes sociales en Internet. Y la OCU gana un importante juicio a Iberia, denunciada por cláusulas abusivas que ahora se declaran nulas y que deberá eliminar de sus contratos, entre otras una en la que Iberia indicaba que en caso de necesidad podrá hacerse sustituir por otra compañía aérea, y otra por la cual Iberia (y casi todas las aerolíneas) cancela el billete de vuelta cuando el pasajero no ha usado el de ida: el juez dice que esta medida “carece de justificación razonable”. ADICAE, por su parte, sigue litigando en defensa de los consumidores engañados por las entidades financieras que les ofrecieron participaciones preferentes en empresas sin explicarles que (por eso la rentabilidad era tan alta) si las cartas venían mal dadas podían perder parte de su inversión, al ir ligado el valor de venta de sus títulos a los resultados de las empresas que los pusieron en el mercado financiero. Y no hace falta decir cómo van las empresas en nuestro país.

Por cierto, acaba de llegar a mi ordenador la encuesta de precios de supermercados que anualmente hace OCU desde 1988, poco después de que quien firma se pusiera a trabajar en esto de informar al consumidor, y sus conclusiones tampoco contribuyen precisamente a insuflar ánimos u optimismo a la tristeza y preocupación del ambiente. Aquí van algunas. Aclaremos que este informe, que comprueba el nivel de precios de 1.194 establecimientos en 65 ciudades de toda España y 12 supermercados on line, consta de dos cestas de alimentos básicos y productos de higiene y droguería. La primera, la “Cesta Tipo”, incluye productos de marcas líderes y productos frescos; la segunda, la “Cesta Económica” recoge los productos más baratos del establecimiento, normalmente marcas blancas. No diremos aquí nombres de marcas, los tenéis aquí, pero sí contaremos las principales conclusiones: 1) Por ciudades, las más baratas teniendo en cuenta las dos cestas tipo son Córdoba, Vigo, Granada, Murcia, Pontevedra, Madrid Este, Palencia y La Coruña. Y las más caras son Bilbao, San Sebastián, Pamplona y las ciudades canarias. Por comunidades autónomas, las más caras son País Vasco, Canarias y Navarra. Y las más baratas, Murcia, Galicia, Extremadura, Andalucía y la Rioja. La conclusión más importante, por más útil, es la siguiente: en algunas ciudades, como Bilbao, elegir el super más barato puede suponer para una familia media más de 2.300 euros de ahorro al año. Preguntémonos, entonces, dónde estamos haciendo la compra, no sea que estemos derrochando el dinero. Porque, no lo olvidemos, hablamos de cestas compuestas por productos de idéntica o similar calidad. Purito precio, por tanto. La tercera conclusión es decepcionante: los precios en las principales cadenas han subido, aunque de forma moderada y dispar: los precios de la cesta económica sufrieron un oneroso incremento del 3,6%, mientras que en la cesta tipo se quedó en el 1%. A juicio de la OCU esta subida se debe al mayor encarecimiento de los productos de marca blanca frente a los de fabricante. Mala noticia, desde luego, que los productos más económicos sean los que más suben de precio. Otro tanto puede decirse del hecho de que un sondeo de este informe revela que la mayoría de cadenas de alimentación ha añadido la subida del IVA a sus precios. La conclusión que podemos hacer es doble y bien sencilla: por una parte, y como era bien sabido, continuamos, los consumidores, pagando la crisis. Y, por otra, aunque todos tengamos nuestras costumbres y preferencias, quizá tenemos que cuestionarnos si el super o hiper en el que compramos habitualmente es realmente competitivo en precio, o estamos, sin darnos cuenta, tirando el dinero. Más de mil euros de ahorro posible al año, solo por elegir las tiendas más baratas. Merece la pena reflexiónar un poco, y sondear los precios. Es bien sencillo, hagamos la misma compra (o muy parecida, porque no todos los supermercados tienen las mismas marcas, y además, cada una tiene su propia marca blanca) y comparemos, que tiempo habrá de sopesar (por algo vamos cada día a comprar a donde vamos, no somos tontos) y decidir. Lo que está claro es que todos, incluso quienes tienen trabajo y recursos económicos en cantidad suficiente, debemos velar por gastar lo justo, y por tomar decisiones acertadas en materia de consumo. Hoy más que nunca.

¿Y la música?

Sonidos de querencia ochentera, con esa emblemática línea de bajos percutiendo con elegancia, negrura y pulsión rockera, con esos ritmos funkies de discoteca moderniqui, tan oscuros y bailables, y todo dentro de un estilo canalla chic que vira con naturalidad al post-punk y que destila toneladas de tensión soterrada y silencios estruendosos. Neo techno minimal, denominan a estos sonidos los críticos más a la page. Con su voz, tratada digitalmente hasta conseguir su aparente deshumanización, los factura Matthew Dear, compositor y productor tejano residente hasta hace poco en la industrial Detroit pero ya afincado en la acogedora y siempre emergente Nueva York. Es el video oficial de “Her Fantasy”, el tema que abre su nuevo y sabroso disco “Beams”. Tremendo.

Draghi, tarifa de la luz y las preferentes

“Una imagen vale más que mil palabras”, sí, puede servirnos cuando se trata de describir un sobrecogedor paisaje o los efectos devastadores de la guerra; pero en economía, unas pocas palabras no solo valen más que mi imágenes sino que crean infinidad de ellas, y contrapuestas, las de la euforia y las del pánico.

Lo estamos comprobando con

las dos frases de Draghi en los últimos días. Dijo hace justo una semana que haría “lo suficiente” para salvar el euro

y al de pocos minutos subió la Bolsa un 5% y bajó la prima de riesgo 100 puntos. Hoy, el mismo dirigente financiero de la UE nos ha cortado las alas y amargado el verano, al dejar sentado que “el BCE solo comprará deuda española si el Gobierno pide ayuda”, lo que en castellano corriente significa que si no hay rescate en toda regla –y la humillación y sometimiento como país que representa aceptarlo- el banco central europeo no comprará deuda soberana española e italiana. Draghi ha mirado para otro lado y ha derivado las compras de deuda al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). Para que el fondo de rescate actúe es imprescindible que los países soliciten la ayuda a cambio de “condiciones específicas”; sí, traduzcamos: aceptar recortes y más recortes y una aún mayor intromisión en la política económica española.

Efecto de las nuevas frasecitas de hoy de Draghi: la Bolsa ha bajando más de un 5% y la prima de riesgo ha iniciado con vigor la escalada que la sitúa por encima de los 600 puntos básicos (hemos partido el día de unos 525 puntos), que ponen en jaque el futuro de la economía española. O sea, que la alegría del jueves pasado ha tornado, con un ramillete de frases pronunciadas por la misma persona, en depresión, tristeza e incluso miedo. Y lo peor es la decepción que ha causado en los mercados esta respuesta tan esperada del BCE. Que, resulta evidente, ha atendido a las presiones de la poderosa y segurola Alemania y desoído la apremiante súplica de sus socios español e italiano. De todos modos, me pregunto por qué dio esperanzas de una actuación decisiva e inmediata del BCE el pasado jueves para una semana después decepcionar a todos, incluidos los mercados. Nos lo temíamos porque el jefe (Weidmann) del banco central alemán (Bundesbank) ya venía advirtiendo esta semana de que su peso en el BCE era superior al de los bancos centrales de los demás países miembros de la UE. Que ellos mandan mucho más, vamos. Lo hemos visto hoy, bien clarito.

Una cosa, espero, habremos aprendido: hay que endeudarse menos.

El que debe demasiado acaba convirtiéndose en juguete en manos de los acreedores, lo que a la larga le conduce, indefectiblemente, a perder su autonomía, su autoestima y, lo que es aún peor, a no poder disponer de su futuro. No sé si con los políticos que tenemos -en nuestro país y en la UE-, la situación española tiene remedio, pero sí me quedo con una certeza: haré todo lo posible por no pedir créditos que puedan hipotecar mi futuro y el de mi familia. Hay que saber parar la espiral del gasto y del consumo. Porque no quiero a ningún vecino de la comunidad (por mucho que sea mejor gestor que yo) imponiéndome, pistola en mano, cómo tengo que gestionar mi familia y disponer de mis presupuestos, qué puedo y qué no puedo hacer, cómo y en qué tengo que ahorrar y en qué puedo gastar y en qué no, si jamón cocido o serrano, o si mis hijos pueden o no estudiar carrera universitaria. Sin libertad de decisión y de acción, ¿qué es el ser humano, qué son los países, y qué es la democracia? Porque, además, la sospecha de que el vecino mandón va a aprovechar la circunstancia para sacar tajada no nos la quita nadie. No hace falta recordar que mantener esta coyuntura (lo está haciendo Alemania, al impedir el cambio) supone que ellos se siguen financiando al 0% mientras España lo hace al 7%.

En plena cascada de buenas noticias, nos enteramos -por la OCU, que ha hecho las cuentas y lo ha calculado, que no por el Gobierno- de que nos van a sablear –de aquí a diciembre-
entre 50 y 90 euros extra de recargo por hogar en el recibo de la luz
, por si no fuera suficiente con la subida de las tarifas, que fue de un 7% en abril y de otro 4% en julio. Otro notición para encarar con optimismo el futuro y las vacaciones de agosto, quien las tenga.

Abordemos, siquiera de modo sencillo, el problemón de las preferentes, que parece avanzar un poco en favor de los consumidores afectados.

Que timados, estafados, confundidos a propósito o sin intención de los bancarios (no será fácil probar cómo debe calificarse el hecho en cada caso), lo que queda claro es que, tal y como denunciaron muchos ahorradores, empleados de varias cajas de ahorros en situación crítica e incluso a punto de ser intervenidas consigueron la firma de decenas de miles de contratos de estas preferentes haciendo creer -¡a sus clientes de toda la vida!, tiene lo suyo la desvergüenza- que las participaciones preferentes emitidas por la caja eran una inversión equivalente a un depósito a plazo fijo, el producto financiero más conocido y común –por su seguridad y modesta pero asegurada rentabilidad-, solo que con un interés un poco mayor, por lo que les merecía la pena contratarlo y cambiar de producto financiero para sus ahorros. Obviaron explicar a sus clientes, a pesar de que por ley estaban obligados a hacerlo, las características –muy peculiares- de este producto financiero. Y actuaron así porque, de haber conocido de qué se trataba –en realidad, no es tan difícil de explicar ni de entender-, muy pocos de estos modestos ahorradores hubiera aceptado adquirir las preferentes.
Las preferentes son inversiones que se caracterizan por su escasa liquidez (no hay seguridad de venta de las participaciones: es posible que en el mercado no haya compradores y el inversor no pueda, en un momento concreto, convertir en dinero sus participaciones) y por su alta rentabilidad, superior a la de otras inversiones de mayor liquidez. La rentabilidad de las preferentes suele ser alta, pero no fija, ya que está vinculada a los beneficios de la empresa, que es quien establece cuánto va a pagar por las preferentes a sus inversosres en cada ejercicio. Con las preferentes, uno se liga a la empresa más que con las acciones de Bolsa; dicho de otra forma, tiene que estar muy convencido de la solvencia y del éxito de la empresa; si no, mejor no invertir en este producto. Pero es un producto financiero más, no hay por qué demonizarlo. Ello no obsta para que sea una auténtica locura que una familia de economía modesta invierta todos sus ahorros en preferentes. Por demasiado riesgo, sobre todo en una coyuntura económica tan poco segura para casi todas las empresas como la que generada por esta gravísima y duradera crisis. Y el empleado bancario que lo aconseja está cometiendo una absoluta desconsideración con su cliente, además de incurrir en delito si no informa -siguiendo las muy concretas pautas establecidas por ley- de las características de este producto. El problema será discernir en qué casos ha habido engaño a los clientes y en cuáles fueron debidamente informados por los empleados y los inversores eligieron comprarlas porque les pareció una oferta rentable e interesante. Y no será cosa fácil, porque los contratos están firmados, con su letra grande y pequeña, y difícilmente admitirán las entidades que mintieron u ocultaron partes significativas de la información a sus clientes. La resolución del caso es compleja, porque las soluciones que proponen cajas y bancos concernidos por el problema no convencen a nadie. Varias asociaciones de consumidores e incluso representantes institucionales han pedido tutela estatal a los ahorradores timados con estas preferentes, pero no son pocas las voces de ciudadanos leídas en Internet que se niegan a que el Estado se haga cargo de los errores cometidos por inversores que buscaban alta rentabilidad y la encontraron en productos poco seguros, o incluso que fueron engañados por los empleados de sus cajas de ahorro, y en ese caso seria responsabildiad que debería asumir el agujero esas cajas de ahorro, y no el conjunto de la sociedad.
Casos como Afinsa, Rumasa, etc. no han pasado en balde, dejan huella, y deberíamos haber aprendido de ellos, pero no hay manera. Por su parte, Adicae (Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros) ha pedido que los afectados por “la estafa” de las preferentes tengan una resolución institucional para que no estén “condenados a esperar” los dictámentes judiciales “durante años”, y matiza que la solución debería partir del acuerdo entre las entidades que emitieron las preferentes, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Hace poco más de dos meses, pudimos leer en los diarios que somos un país de analfabetos financieros y que las dos entidades públicas de control recién citadas pidieron al Gobierno que la educación financiera formara parte del currículo escolar. Sin duda, sería conveniente, pero de momento hay una generación perdida en este peculiar ámbito del saber, por lo que cabe pedir a los clientes menos versados en asuntos financieros que hagan gala de infinitas dosis de prudencia a la hora de invertir y que incluso acudan a asesores de confianza. Y a los empleados bancarios -además de la honradez y la decencia que cabe esperar en cualquier profesional-, hay que exigirles no solo el cumplimiento estricto de lo que estipula ley en esta actividad comercial, sino un esfuerzo adicional para explicar al detalle las caracterísitcas de los productos financieros que ofrecen a su clientes.

Desde luego, la imagen de la profesión bancaria ha quedado gravemente dañada por la actuación de unos cuantos directores y empleados irresponsables, que cometieron delito y que, por ello, deben ser juzgados y, en su caso, condenados. Y las empresas que engañaron a sus clientes deben pedir públicas y privadas disculpas, asumir su responsabilidad del tipo que fuere, devolver el dinero logrado de modo fraudulento y comprometerse en que nunca vuelva a ocurrir episodios tan lamentables como este. Si un banco o caja engaña y roba a sus clientes de toda la vida, tenemos un mundo insoportable. Habrá que arreglarlo.

¿Y la música?

Prefab Sprout, o los felices años 80.

Una oportunidad para cambiar (a mejor)

La mayoría de quienes tenemos la suerte de no haber perdido aún el puesto de trabajo, ganamos menos dinero que hace dos o tres años, con lo cual nuestra pérdida de poder adquisitivo es obvia, ya que la economía -aun deprimida, como está actualmente- siempre tiende a la inflación: la I de IPC es por “Incremento”; no es una “E” de Evolución, y por algo es ello.

Tener menos dinero para comprar cosas que, además, son más caras que antes no es bueno para nuestras cuentas domésticas ni para la marcha del país, porque impide el ahorro y, aún más importante, retira del consumo pasta que el sistema (la panadería, la tienda de ropa, el bar, los electricistas, las empresas de viajes, los supermercados…, incluso Hacienda) necesita cual alimento básico para sobrevivir, para poner freno a la espiral de destrucción de empleo y de recesión económica.

Así estábamos, con cinco millones de parados en España (y con Euskadi dejando de ser la excepción y apuntándose cifras de paro que comienzan también a ser dramáticas), intentando no naufragar del todo como país en medio de esta infernal tormenta, cuando llega la ola perfecta que da al traste con las escuetas maniobras de supervivencia. No de otra manera puede denominarse el drástico paquete de medidas impuesto estos días por el Gobierno central y “recomendado” por Bruselas como contraprestación por el crédito de rescate de una banca que en dos años ha tirado por la borda la imagen de eficiencia profesional (un poco usureros, pero -al menos- bueno en lo suyo, pensábamos) que le costó más de un siglo consolidar.

La percepción en la ciudadanía es muy negativa, ha calado profundamente, y con razón, la sensación de que son las clases media y baja (el 90% de la población, la gente de economía común) quienes soportan todo el peso de la crisis, cuando no fueron precisamente las que se beneficiaron de la época boyante, si es que la hubo alguna vez.

Subir el IVA a la mayoría de productos y servicios, y quitar una paga extra a los funcionarios son dos medidas radicales, ya en su mero enunciado pero sobre todo por los millones de personas que ven reducida, y de modo notable, su capacidad adquisitiva. Por no hablar de la rebaja de las prestaciones de desempleo, que sufren otro cruento mordisco económico, se dice que para incentivar así la búsqueda de empleo. ¡Como si lo hubiera!

Todo va a convertirse en más caro (sube, y notablemente, el IVA en la mayoría de productos y servicios, incluso en los esenciales), y millones de funcionarios van a ver menguados su ingresos con esa grosera extripación de una paga extra que siempre ha servido para tapar agujeros o darse alguna pequeña alegría. Sumar tres pp (puntos porcentuales) al Iva general (era del 18% y pasa al 21%) y dos pp el reducido (pasa del 8% al 10%) supone que en el primer caso que lo que nos costaba 118 euros saldrá a 121 euros, y en el segundo que lo que suponía 108 euros costará 110 euros. OCU ha cifrado en 415 euros al año de media el importe en cada familia de esta subida impositiva, pero otras organizaciones han llegado, en sus cálculos, a costes aún mayores: la CEACCU denunció ayer que supondrá unos 600 euros al año por familia. Y la cosa puede empeorar. No son pocos los expertos en temas de fiscalidad que apuntan la posibilidad de que, a nada que la recaudación no mejore lo deseado o que Bruselas siga insistiendo en sus pretensiones, el superreducido del 4% se aplique a una lista mucho menor de la actual de productos y servicios, tenidos hasta ahora como “de primera necesidad” y que el resto pasen a engrosar el capítulo de los del 10% del reducido. Hablamos del IVA de la compra de vivienda habitual, diarios, revistas, libros, álbumes, mapas, cuadernos de dibujo y objetos de material escolar. Incluso se estudia elevar el tipo de prótesis, prótesis e implantes internos para personas con minusvalía.

La economía es una pseudociencia, casi esoterismo (los gurús predicen, solo algunos aciertan, lo hacen solo parcialmente y nunca son los mismos) pero, sin embargo, está gobernando nuestras vidas. Los mercados dirigen no solo la deuda soberana y su prima de riesgo, sino también nuestro presente y futuro. Pueder ser que (mal gobernados por los políticos, y animados por una parte infecta de la banca, que actuó de modo codicioso e irreponsable), nos comportamos estos últimos años infundadamente crédulos y optimistas, siendo así que gastamos (familias, empresas, ayuntamientos y gobiernos) lo que no teníamos, con la resultante de que nos endeudamos por encima de lo sensato. Y ahora vienen los acreedores, que -es connatural a su existencia-, quieren cobrar y, en el fondo es lo mismo, asegurarse de que algún día podrán hacerlo. Nos diseñan los planes de actuación, nos sacan los colores, y nos tenemos que callar, y comer el orgullo de un país que comenzaba a sentirse importante y pecó de mentalidad de nuevo rico, sin serlo.

Vamos a sufrir mucho, sobre todo lo harán los parados de larga duración y las capas más desfavorecidas de la sociedad, pero tenemos que aprovechar la lección para plantearnos qué tipo de sociedad y qué tipo de economía tenemos y hacia dónde debemos dirigirnos. Porque así, de no corregir el rumbo, vamos directamente al desastre, y porque a los jóvenes hay que darles la posibilidad de tejer su propio futuro. Lo que comienza por ofrecerles expectativas reales de conseguir un empleo.

Tenemos que reflotar la economía para evitar que empeore aún más la situación, y atender en todo lo posible a los millones de personas que carecen de medios para subistir. Y hacer las dos cosas a la vez. Nos va la vida en ello. Tenemos que diseñar una economía más competitiva y eficiente, más ágil y moderna, y dotarnos de una Administración pública viable, que garantice los grandes capítulos del Estado de Bienestar, anime la economía y no gaste un euro más de lo imprescindible. ¿Podremos hacerlo?

¿Y la música?

Pues después del conciertazo que dieron ayer en el BBK Live (la vida continúa, era el comentario general, no te puedes dejar vencer por la coyuntura, quien pueda permitírselo tiene que hacer gasto y seguir adelante) tenía que ser la de The Cure. El video es de un coincierto de hace cuatro años. Ayer sonó incluso mejor. Enorme Smith, qué canciones, qué voz. Menos mal que nos queda el pop, amigos.

Subida del IVA: más de 800 euros al año por familia

La semana anterior ya pronosticábamos en este blog que iba a subir el IVA, porque el Gobierno iba a necesitar aumentar, y rápidamente, sus ingresos una vez comprobado que con la reducción de gastos que -a medio plazo- logran los diversos recortes implantados y los aún por aplicar, no iba a ser suficiente para reducir siquiera hasta niveles soportables el déficit público que nos avergüenza ante el mundo. Seguirán los recortes del gasto (casi se ve inevitable, también, un buen mordisco a los salarios de los funcionarios, en una herida que ya sangraba de agresiones anteriores), porque estamos contra las cuerdas.
He leído esta misma mañana que la temida eliminación de la desgravación fiscal por la adquisición de vivienda habitual no es tan probable que la decida el Gobierno, más que nada porque ya casi nadie compra vivienda nueva, y porque la normativa sólo afectaría a los próximos adquirentes, no a quiernes ya estamos hipotecados.

A lo que íbamos. La OCU se ha tomado al (laborioso) trabajo de calcular cuánto puede suponer para los ciudadanos la subida del IVA que el Gobierno acabará por implantar. Aclaro que parten de un supuesto que, sí, quizá es el peor de los imaginables: que desaparecen los tipos reducido (8%) y superreducido (4%), y se acaba aplicando el tipo general del 18% a los productos que antes se beneficiaban de los tipos reducidos. Y con otro matiz: que dicha subida la repercutieran íntegramente a los consumidores por parte de los comerciantes. Una vez descritos tan relevantes rasgos del supuesto de OCU, pasemos al dato. Y, lo que me temía, es un auténtico zarpazo a nuestra economía, que para quienes peor lo están pasando en esta crisis puede representar una puntilla casi letal. ¿Cuánto va a costar a las familias la subida del IVA que planea el Gobierno? Pues de media, agárrense, 877 euros euros al año por familia. Parten mis amigos de OCU de la última encuesta sobre presupuestos familiares elaborada por el INE (gasto medio por hogar en 2010: 29.782 euros). Esta encuesta desagrega el gasto en diferentes grupos, asignando a cada concepto de gasto el tipo de IVA que le corresponde. Es así como han podido calcular en OCU de una manera objetiva el efecto de la subida para el consumidor. En 2010, con ocasión de la anterior subida del IVA, hicieron el mismo cálculo. En dicha ocasión calcularon un coste medio de subida de 288,54 euros. La eliminación de los tipos reducido y superreducido “multiplica por tres el impacto de la anterior subida, agravado en este caso porque dicho impacto recaerá esencialmente en productos de alimentación, gasto del que no es posible prescindir”.
Buena nos espera, amigos.

¿Y la música?

Lo nuevo de FIONA APPLE

El IVA y la electricidad subirán; otro mito alimentario cuestionado; y el mejor smartphone

¿Subirá el Iva?

Apuesten a que sí, que a Hacienda la vemos venir y que hay mucho G-20 y mucho FMI y Eurogrupo presionando para que se reduzca el déficit fiscal español, que lo tenemos engordado a punto de explosión letal. Esto quiere decir, además de la subida del IVA, eliminación de la desgravación por vivienda, reducción de los salarios de funcionarios… un planazo, vamos.

El IVA general del 18% subiría al 20%, lo que supone una subida, de golpe, del 11% de buena parte del coste de la vida. Un coche nuevo, por ejemplo, valdrá entre 400 y 700 euros más y el precio de los usados (se gravan con menos impuestos) será más competitivo: una banderilla más para un enfermo crónico, el sector del automóvil, necesitado de transfusiones que lo revitalicen y no de infecciones oportunistas como esta de la subida del IVA que empeoren su precario estado de salud. Han sido los primeros en quejarse preventivamente. Les han seguido los fabricantes de cerveza, que dicen que si sube el IVA peligran miles de puestos trabajo en las fábricas de la bebida veraniega por excelencia, y lo mismo pasaría en la hostelería, principal destinatario (más del 80% de las ventas, al parecer) del consumo de tan entrañable producto. Las cervecitas en el bar de abajo es casi lo último de lo que nos quitamos (aún no somos alemanes; no sé cuánto tiempo más nos lo permitirán) pero el precio de la caña (pongan aquí un cafelito los abstemios, o los que son más de vino) es un símbolo de la economía, lo último que un hostelero se atreve a subir de precio. Pero si no actualiza el precio de la caña (y el del resto de artículos) y traslada el incremento a sus clientes, se come él la subida, lo que en plena crisis de rentabilidad de estos negocios (y de todos), sitúa al empresario en un dilema nada sencillo de resolver. ¿mitad paga el hostelero y la otra mitad el consumidor? Por no hablar del sector turístico, que verá que su oferta de ocio cuesta al extranjero un poco más, con lo que los viajes a España pueden desviarse a otros dentinso más competitivos en precio. Ya veremos, pero casi seguro que el total de la subida acabaremos, antes o después, pagándolo los consumidores. La razón de la inminente subida del IVA, la hemos adelantado y ya lo sabemos todos, no en vano nos estamos convirtiendo a fuerza de prima de riesgo y de IBEX casi en expertos en finanzas. Subir el IVA es la medida más sencilla (y más difícil de tomar, por su impopularidad, en términos políticos; de ahí que haya sido casi la última) de que el Estado –presionado desde el exterior, más que famélico, a punto de quebrar de inanición y necesitado de socorro como nunca en la historia reciente- aumente sus ingresos rápidamente y reduzca un poco ese déficit público desbocado que nos desacredita ante los acreedores. Y todo ello, sin depender de una actividad empresarial que no levanta cabeza tan necesitada como está de créditos que el mercado financiero no quiere/puede ofrecer y de alguna expectativa positiva que levante el ánimo inversor, ni de los ierrepeefes de unos trabajadores cuyo número decrece sin freno desde hace años. Pegas a esta medida: todas. Encarece la vida de los ciudadanos en unos momentos críticos para la economía de millones de compatriotas, frena y desanima al consumo casi automáticamente, decrece la economía en general, puede reducir el ingreso de divisas procedentes del sector salvavidas de nuestra precaria economía, el turismo… Malos tiempos para la lírica, ya lo decía la canción. 1984, Golpes Bajos, qué tiempos aquellos, qué estética, qué confusiones, qué ilusiones…

¿Y la electricidad?

También subirá, pronto; y lo hará otra vez de modo obsceno en lo cuantitativo: se habla de que en julio se encarecerá la factura, de media, más de un 3,5%: Inaceptable, tras las subidas ya acusadas estos últimos meses. Se quejan las empresas eléctricas de que su producto no es caro en sí: el problema sería el apoyo político (subvenciones públicas, para entendernos) que reciben en nuestro país las energías renovables, superior al de otros países de la UE. Pero, ¿no se había reducido drásticamente este apoyo a las energías limpias? Leo, al respecto, que el Gobierno estudia nuevos recortes a las renovables precisamente para controlar el desmadre en que se está convirtiendo la puesta al día del precio de la electricidad; ahora bien, la patronal del sector de las renovables se queja y dice estar “ya a al límite”. Complicada tarea la de tomar ciertas decisiones políticas, desde luego.

¿Hay que volver a antenizar nuestros tejados?

Pues sí, ya nos podemos hacer a la idea de un nuevo gasto casi inevitable. Vamos a volver a pagar por la segunda estructuración de los canales de TDT; la primera fue la del apagón analógico. Los antenistas, supongo, encantados, con trabajo a mansalva; y nosotros, (aún más) cabreados: un nuevo gasto cuando lo que necesitamos es ingresos y no más desembolsos que apenas aportan nada. Saldrá la broma por unos 500 euros a cada comunidad de vecinos, aunque a algunas les pueda suponer hasta 2.000 euros. O sea que unas decenas de euros ya le podemos asignar a la broma. La causa del nuevo cambio es que los canales de TDT, todos ellos, cambian de frecuencia con el fin de que el espacio entre los canales que ahora ocupan el espacio del 61 al 69 los pueda utilizar la telefonía de cuarta generación. Problemas, disputas entre sectores, y sucesos tecnológicos de todo tipo para esta nueva adaptación, los hay a decenas; mientras, al común de los terrestres nos suena a chino esta jerga y la situación se complica más al entrar en liza el Gobierno, Industria en concreto, y el Tratado de la UE que prohíbe las ayudas públicas para sufragar algo que se nos antoja de sentido común: la emisión simultánea en el canal nuevo y el viejo mientras vamos resintonizando el dial. Además, el Gobierno quiere que los seis operadores privados que lograron un “canal múltiple” de cobertura nacional, con 4 diales cada uno, se las arreglen ahora en cinco canales múltiples y compartan otro u otros dos para las emisiones en alta definición. Aquí tenemos al otro actor de la comedia. De momento, los operadores de TV privados, los del 5 y el 3 que se han hecho con casi todo el pastel, se han negado a renunciar a sus canales propios. Un buen jaleo, sí. Y, al otro lado, el satélite (sistema de distribución de señales de TV apenas implantado en nuestro país, a pesar de su orografía tan particular y exigente) pide paso, ante la implantación de la TDT. En Alemania los grandes operadores de TDT emiten sus 14 canales en HD mediante satélite, canales que cuentan con dos millones de abonados. No sé, con los alemanes y británicos siempre me da la impresión de que nos llevan la delantera; pero no por más listos, sino por más aplicados, rigurosos, eficientes; y menos litigiosos, insensatos y lentos. La verdad es que a veces piensa uno que, en realidad, aquí ninguna innovación tecnológica funciona del todo bien. Tarda mucho en implantarse (pensemos en el ADSL o los servicios de banca por Internet) y te has de conformar con un nivel de implementación flojo, coherente con esa histórica filia por la chapuza y lo inacabado que lastra la imagen de país, término hoy de moda. Irrumpen nuevos adelantos tecnológicos que se venden como impecables portadoras de maravillosas ventajas para el usuario, pero ocurre que, pasado un poco de tiempo, las ventajas no son tan relevantes, el sistema adolece de graves y molestois fallos y las adecuaciones a los requerimientos coyunturales exigen de cambios permanentes que acaba teniendo que hacer, y pagar, el usuario. Carísimo e ineficaz todo; como el propio país, sí.

Otro mito sobre la comida, a punto de caer

A efectos de obesidad, podría importar tanto o más cuándo se come que qué o cuánto se come. Increíble, pero cierto. Según un estudio realizado en EEUU con ratones y publicado en la revista ‘Cell Metabolism’, establecer unos horarios fijos para alimentarse y respetar los tiempos de no ingesta es fundamental para prevenir la obesidad y mantener el peso a raya. Tanto los ratones que tomaron una dieta alta en grasas como los que comieron una dieta normal estuvieron igualmente protegidos de la obesidad siempre que la ingesta la realizaran en un horario restringido. En comparación con los que comieron sin control horario, los roedores que siguieron la pauta horaria establecida mostraron mejoras en sus ritmos metabólicos y funcionales, ganaron menos peso y sufrieron menos niveles de inflamación, un marcador relacionado con la resistencia a la insulina. El responsable del estudio, Satchidananda Panda, del Instituto de Estudios Biológicos, asegura que “el foco, hasta hora, ha estado puesto en lo que comen las personas, pero no hemos recogido datos sobre cuándo comen“. Lo que demuestra el estudio, según este especialista es que “mantener un ritmo de comidas de ocho horas frente a comer cuando tú quieras es mejor y genera cambios relevantes, como una reducción en los niveles de insulina, lo que supone una protección frente a la aparición de diabetes. Se piensa que este patrón óptimo, como el hecho de tomar una dieta mediterránea, aporta ventajas y evita la aparición de enfermedades cardiovasculares”. En resumen, que la aleatoriedad, comer cuando apetece o se puede (que es lo que en realidad tendemos a hacer), favorece la obesidad; e incluso, dicen algunos especialistas, no habría bases científicas sólidas para afirmar que es más saludable repartir la ingesta diaria en cinco comidas que en las tres de toda la vida.
Los autores del estudio reconocen, eso sí, las virtudes de la dieta mediterránea, que tanto peligro corre por la crisis económica, los cambios de estilo de vida (¿cuándo fue la última vez que nos preparamos en casa unas lentejas o unos garbanzos con berza?) y por el auge de la comida preparada y el fast food.
Otro mito que se cae, el de muchas comiditas en lugar de solo tres más copiosas, pero también una constatación de esas tautológicas que se confirma: las cosas son como son por algo. Queda claro que seguir los dictados que nos imponen, por un lado, el apetito y por otro, nuestro ritmo de vida, favorece la obesidad. Y que para hacer frente a esta epidemia sanitaria tan de nuestro tiempo y modus vivendi debemos actuar con proactividad y decisión casi militante; lo contrario de dejarse llevar por las circunstancias, para entendernos. Y mantener una disciplina. Es muy exigente el plan, y poco atractivo: por eso estamos cada vez más gorditos. Estética y salud, el preciado objetivo. Esfuerzo, sacrificio, rigor y constancia, el medio. Difícil, pero merece la pena, incluso en plena crisis, ¿no les parece? Comer menos sale más barato; consolémonos con eso, de momento.

El mejor smartphone del mercado, a fecha de hoy

Y ya termino. No tenemos la economía personal para gastos de este calado, pero seguro que alguien por ahí está pensando en ponerse al día de una vez y pillarse un smartphone. Para ellos, y para los más curiosos, esta es una información muy interesante. Y 100% fiable: la fuente es la OCU. Los técnicos de la asociación de consumidores de referencia en España han llegado a la conclusión de que el nuevo smartphone de Samsung, el Galaxy SIII, que llegó a las tiendas a finales del pasado mayo es la mejor opción del mercado; es mejor, en concreto, que su predecesor, el Samsung Galaxy SII, que el iPhone 4S y que el Motorola Razr. Un detalle curioso: hasta ahora el mejor calificado en los exámenes comparativos de OCU no era el sublimado iPhone, sino el Razr de Motorola. Las características mejor valoradas de este Samsung Galaxy SIII. Lo que más destaca en este móvil de última generación: la gran pantalla táctil (4,8”), con “sobresaliente” calidad de imagen (resolución de 720×1280 píxeles), su ajustado peso, la cámara de 8 megapíxele que permite fotos de calidad comparable al “iPhone 4S, y la batería (2100mAh) que dura cinco horas navegando por Internet, dos más que el iPhone. Pero es en el software en lo que más destaca: con la última versión de Android, Ice Cream 4.0, a la que se suma la “bonita y práctica” (lo dice la OCU) interfaz TouchWiz Nature UX. Y viene con una larga lista de comandos que se ejecuta mediante gestos en la pantalla: puedes, por ejemplo, hacer una captura de la pantalla con sólo deslizar la mano sobre la pantalla de un lado a otro. Y se puede silenciar una llamada o la música del teléfono dando la vuelta al teléfono y poniéndolo boca abajo sobre la mesa. O, si se está leyendo un SMS, puede llamarse a la persona que lo envió con tan solo acercar el teléfono a la oreja.
Por último, aporta innovaciones como Smart Stay: cuando se está leyendo una página, un sensor en la cámara frontal determina que los ojos están centrados en la pantalla y controla los ajustes del brillo de manera que la pantalla no se bloquea automáticamente pasado un tiempo, sino que seguirá encendida mientras el usuario la esté mirando.

¿Y la música?

Norah Jones, a pesar de ser como ideal y cuasiperfecta, siempre me ha gustado, como me ha pirrado desde niño la coliflor con mayonesa; no es gran cosa, pero me encanta y define mi (poco refinado) gusto. Y en este último disco, la voz y las canciones de Norah, más maduras, armadas y estilizadas, me gustan tanto o más que nunca.

¿Es la banca de todos? ¿Y qué enseñan en las escuelas de negocios y las universidades?

¿La banca es de todos? Lo pregunto porque sus excesos y desgobiernos los pagaremos a escote, vía comisiones y vía inyecciones de dinero público. Lo que temíamos (pero esperábamos y casi ansíabamos) ocurrió este sábado. Nos intervinieron. Sí, sí, porque si alguien te presta –no para caprichos, sino para que pongas orden en tu economía y puedas sobrevivir y hacer frente a los pagos de una deuda que te ahoga-, una cantidad de dinero que multiplica por mil lo que tienes en la cuenta corriente, estás atrapado y de por vida. Devolver ese dinero será tu pesadilla; y tu acreedor, el dueño de tus movimientos. Mejor mentalizarse. No sabemos si habrá más ajustes en el gasto público y con ello se reducirá aún más el papel corrector dela desigualdad que debe desempeñar el Estado, si subirá el IVA y se encarecerán aún más los precios o si se retocará la reforma laboral y habrá todavía más despidos, pero los presagios no son alentadores, no.

Parece que el riesgo al corralito, al desastre absoluto, desaparece, y no fuimos pocos quienes respiramos tranquilos este sábado tarde al enterarnos. En mi caso, en Markina tomando algo con los amigos de toda la vida tras la comida anual de cuadrilla. El comentario general fue de resignación pero no del todo negativo. Un mal necesario.

Pero, además de la decepción del día después operativo en la Bolsa (-0,5% este lunes, una amarga y desagradable sorpresa, tras haber llegado a subir casi el 6% durante las primeras horas de la jornada) y de que la prima de riesgo no solo no haya bajado sino ha escalado hasta un vertiginoso 520, hay dos cosas que me preocupan mucho a medio plazo. Me explico.

Una, que curar el envenenamiento inmobiliario (sanear me parece término demasiado optimista) del sistema financiero español sólo garantiza que la quiebra no se va a producir esta semana ni la siguiente. El problema es que para salir del agujero negro necesitamos mucho más que eso. La ayuda europea, la línea de crédito, el rescatillo o como prefiramos llamarlo, es el salvavidas que impide la muerte inminente, pero la costa se encuentra a decenas de millas, y no nos quedan fuerzas para nadar, ni agua ni alimento para aguantar. Yendo al grano, necesitamos crecimiento económico sostenido, que los agentes capaces de hacerlo puedan crear empleo. No podemos seguir con estas cifras pre-revolucionarias de desempleados, con millones de personas sumidas en la pobreza, con más millones aún de familias agobiadas y sin expectativas claras de futuro; todas, además, navegando en este mar de problemas en la peor de las coyunturas, con un Estado del Bienestar claro candidato a perder su noble denominación. Para ir generando actividad económica, los empresarios grandes y pequeños, los autónomos, requieren financiación, que se le preste dinero a un precio razonable y sin exigir imposibles. Para pagar las deudas más acuciantes y no verse obligados a despedir o, peor aún, a cerrar el negocio; o, en el mejor de los casos, para poner en marcha nuevos proyectos. Es decir, que este rescate europeo, que nos compromete a todos –no nos engañen, ya lo hicieron antes- debe revertir, y mejor pronto que tarde, en el conjunto de la sociedad, en, como se dice ahora, la economía real. Que está hecha unos zorros, con su problema histórico de falta de productividad/competitividad y de inadaptación al nuevo entorno tecnológico; un marrón que tendremos que comenzar a abordar también algún año de estos. Tememos que ese dineral prestado por la UE se destine en exclusiva a limpiar las excrecencias de la banca peor gestionada, la que antes ocultó y ahora luce, por imperiosa necesidad, sus vergonzosos números rojos. Una banca que hiede (se hablará del caso Bankia, lo verán) a pura estafa, y que (al tiempo, y tendrá lo suyo constatarlo), competirá -con dinero público y, por ello, de modo desleal- con la banca saneada, que fue gestionada sin tanto despropósito en los tiempos de euforia y que ahora se ve metida en el mismo saco de las entidades irresponsables y/o corruptas. Y algún día tendremos que plantearnos qué se enseña en las universidades y en las escuelas de negocios que nutren de profesionales al mundo de la política y las finanzas. Porque ética en el trabajo, rigor técnico y honorabilidad en la toma de decisiones, o compromiso personal con la sociedad cuyo bienestar deben procurar deben ser las marías, visto cómo actúan muchos de estos mandamases. ¡Menuda tropa de dirigentes que tenemos, cuánto chorizo irresponsable!. Leamos los editoriales de la prensa extranjera, es un ejercicio doloroso pero muy saludable, para irnos enterando. El Guardian británico dicelos españoles, que sufren la tasa de paro más alta de la UE, deberán responder por la deuda contraída con esta ayuda. Y pagar el rescate de unas cajas de ahorros gestionadas por directivos incompetentes y sus amiguetes“.

Y dos, me temo que aunque pueda discutirse si los ciudadanos vamos a pagar (es decir, el Estado español) esta “línea de crédito” de hasta cien mil millones de euros (en letra parece menos, ¿no?), porque el FROB que los va a gestionar con los bancos y cajas solicitantes de ayuda no deja ser del Estado y, que se sepa, el Estado somos todos y el dinero de todos, hay algo que les aseguro va a a ocurrir. El saneamiento del negocio bancario, es decir, la corrección de los errores cometidos estos últimos años de excesos, despropósitos y, me atrevo a decir, robos en algunos casos, lo vamos a pagar, si no a escote, casi, los usuarios bancarios, es decir, todos nosotros. Porque, para pagar la monumental deuda contraída, cajas y bancos van a tener que poner en rentabilidad sus negocios. Y, como nada hace pensar que de pronto les dé por volver a conceder créditos a empresas y particulares al ritmo normal de antes de la crisis, ¿de dónde van a lograr tanto beneficio como necesitan obtener? A las medidas higiénicas inevitables -y en ciertos casos dramáticas- que ya podemos dar por descontadas (eliminar gastos superfluos, despedir a un buen número de trabajadores, reducir el desmesurado número de oficinas….), le va a suceder un fenómeno que no por ya detectado por casi todos nosotros, duele menos: el encarecimiento abusivo de unas comisiones bancarias que -muchas de ellas antes gratuitas-, ya se habían puesto a precios desconocidos. Según todos los analistas, el crédito tardará meses, si no años, en florecer; entonces, ¿de dónde lograrán bancos y cajas esos beneficios que tanto necesitan? Pues de ahí, de sangrar, poco a poco e intentando que no se note demasiado, nuestras cuentas corrientes, no lo duden. Es lo que más sencillo les resulta, subir las comisiones, y como nos tienen atrapados, somos presa fácil. Algo habrá que hacer para evitar el saqueo, seguiremos con este asunto.

Para terminar, y por no dejarlo en un punto tan deprimente, dos noticias pequeñas pero significativas en pleno fragor de la batalla financiera.

El 27% de los clientes de entidades financieras españolas sopesan cambiar de entidad bancaria por no considerar a su banco o caja “una entidad solvente”, según un estudio reciente de Nielsen España. Es un paso, a ver si nos ponemos de una vez las pilas, que ya es hora. El banco es una tienda más. Y la fidelidad, tal y como se plantea por las entidades en su publicidad, un cuento chino, que además nos sale muy caro. Deme bueno y barato, tanto servicio como producto, y me tendrá como cliente; si no, olvídese de mí.

2) La crisis impulsa un proyecto innovador: los préstamos p2p, entre personas, sin recurrir a bancos o cajas. No sé si es viable a estas alturas pero al menos tiene buena pinta, siquiera como presión a un sistema que no respeta a sus clientes. “Egoísmo bancario” dice un editorial de la revista financiera de la OCU, que denuncia no solo la pésima gestión que ha caracterizado a muchos bancos, y sobre todo, cajas de ahorros estos últimos años, sobreexponiéndose al ladrillo y concediendo créditos a tutiplén, infravalorando los riesgos. Pone el dedo en la llaga la OCU, al apuntar al “egocentrismo” que ha llevado a bancos y cajas a cometer el grave error de mirarse demasiado al ombligo y “olvidarse del cliente”. Pues eso.

¿Y qué música puede resarcirnos un poco de tanta zozobra?

Pues, forzosamente, un video que aporte tranquilidad y perspectiva, mediante, por supuesto, música hermosa, inspiradora y emocionante. A ver si os gusta, es una de mis bandas favoritas, los nórdicos Kings of Convenience, que nos regalaron (fue gratis) un maravilloso concierto hace dos o tres años en el escenario verde de La Zurriola con motivo del festi jazz de cada verano.

Alimentarse bien, ¿tarea de héroes?

Me pregunto yo:

Si la comida basura (me refiero a la fast food y a la comida procesada de los supermercados), es cada vez más sabrosa (la industria alimentaria sabe lo que se hace), más accesible (nos tienta sin desmayo, está por todos lados; cuesta evitarla), más barata (las hamburguesas y pizzas deben ser lo único que no encarece) y más publicitada (vean la tele)

Si las frutas y verduras frescas, paradigma de la alimentación saludable, son cada vez cada vez más insípidas y menos apetecibles, como revelaba ayer mismo un informe de OCU, con cata masiva de frutas y verduras de decenas de puntos de venta de cuatro grandes ciudades (ninguna vasca, error mayúsculo.)

Si nosotros, los consumidores, somos cada vez más comodones y, con la que está cayendo por todos lados, nos encontramos menos motivados para cualquier cosa que suponga un esfuerzo (hacer la compra y ordenar el género en casa, cocinar.., uffff, mucha faena) que no reporte gran satisfacción o, al menos, je, genere ingresos….

Si cada día que pasa tenemos menos dinero disponible para hacer frente a la faena diaria del sobrevivir, y está más que demostrado que la cesta de la compra con los alimentos que componen la dieta saludable y equilibrada (y que todos identificamos perfectamente; no hay excusa, amigos) sale bastante más cara que la comida sabrosota, rica en grasas, sal, azúcares, aditivos espesantes, saborizantes, aromatizantes….

¿Cómo demonios vamos a alimentarnos bien y mantener un buen estado de salud, si ese propósito tan loable lo tiene todo, pero absolutamente todo, en contra?

Somos humanos, por Dios. ¡Pero si incluso el 90%, por lo menos, de los comestibles menos aconsejables para el consumo cotidiano (ponga ud. el que quiera de sus preferidos) son los que mejor nos saben y más satisfacen a nuestro paladar, y por ende, los que más contruibuyen a generar esas micro-felicidades que hacen más viables las largas horas que trae consigo cada día!

En realidad, convengan conmigo, somos poco menos que unos héroes.

¿Y la música?

Pues ya que estamos, que no falte la épica, y saquemos el ánimo de donde sea, que seguro que algo nos quedaba por ahí. David Bowie, por siempre. Héroes siquiera por un día. ¿Este, quizá?

Sillas que no sujetan a los niños, gastamos menos en ropa, cajas que engañan a sus clientes, la Ota más cara…

Mañana publicaré una entrada sobre “Alegaciones nutricionales en los alimentos, ¿un engaño?”, pero hoy, a modo de aperitivo os acerco algunas noticias, reeelaboradas y un poco resumidas, que considero muy interesantes y que a menudo cuesta encontrar en los medios de comunicación.

Reparación de ordenadores: aceptable, pero con excepciones hirientes. OCU denuncia que algunos talleres de reparación de ordenadores portátiles en España han cobrado a sus técnicos hasta 138 euros por una reparación que consistía simplemente en conectar un cable. La investigación puso a prueba a 25 talleres de Barcelona, Madrid, Sevilla y Valencia, y a pesar de que se registraron varias irregularidades, los resultados fueron aceptables y mejores que los del anterior examen, realizado hace pocos años.

Niños inseguros en sus sillas de retención del automóvil. Una de cada cuatro sillitas de retención infantil para vehículos (27%) suspende en seguridad, protección de los niños y manejo, según un informe en el que ha participado el RACE, que informa de que durante 2010 fallecieron 53 niños como consecuencia de un accidente de tráfico, de los que casi el 70% eran ocupantes de un turismo o una furgoneta; de ellos, “la mitad no llevaba un sistema de retención adaptado a su talla y peso”. De los 33 modelos de sillitas analizados, 16 sistemas resultaron ‘satisfactorios’ y ninguno alcanzó la calificación de ‘muy satisfactorio’. Cinco de ellos se revelaron ‘muy insatisfactorios’, al presentar “importantes deficiencias” de seguridad y dos sillitas de retención se hicieron acreedoras a un ‘insatisfactorio’.

Fraude en anuncios de empleo. Facua advierte del “aumento de fraudes en anuncios de empleo que aprovechan la coyuntura de crisis económica y las cifras de paro para ofertar falsas oportunidades laborales”. Denunci esta asociación que ciertas ofertas de trabajo publicadas en prensa ofrecen puestos de trabajo donde se indican números de teléfonos que remiten a números de tarificación adicional como los ‘807’, de un coste por minuto de 1,20 euros desde red fija y 1,57 euros por minuto desde dispositivos móviles. Facua destaca que el modo en que este número es ofrecido a los usuarios pretende evitar que el usuario se percate de que está llamando a un ‘807’.

Tirar de fondo de armario, medida anti-crisis. Gastamos un 40% menos en ropa que hace cinco años, y un 5% menos que el año anterior. Cada hogar español gastó una media de 1.130 euros en ropa, complementos y artículos textiles para el hogar en 2011, lo que supone un descenso del 5% respecto al año anterior (1.190 euros) y del 40% en los cinco últimos años (1.881 euros en 2006), según informe encargado por la patronal Acotex. Ligada a esta noticia, hemos podido leer otra, que comparte sentido: el gasto de una boda en España disminuye en 2012 por quinto año consecutivo, con una media de 13.190 euros por boda, un 8% menos que en 2011, según un estudio de FUCI para una boda con unos cien comensales.

En Euskadi todo es más caro, también aparcar. Las calles vascas tienen la OTA más cara de todo el país. Una exhaustiva investigación de OCU acaba de demostrar lo que quienes nos desplazamos a menudo en coche ya presumíamos: aparcar en las calles de las capitales vascas cuesta más que casi en cualquier otra ciudad española. Además, Vitoria lidera el ranking de las que han experimentado mayores subidas de tarifas: desde 2006, ha encarecido su sistema de aparcamiento regulado en superficie un 209%, un disparatado récord, cuando la siguiente ciudad que más las subió fueValencia, con un 47%. En Bilbao subieron un 15% y en Donosti, un 20%.

Ciudadanos engañados, en plena crisis, por entidades financieras de las que eran clientes. Adicae ha denunciado que las cajas de ahorros han utilizado a sus clientes para “tapar agujeros” mediante la colocación de acciones y participaciones preferentes. La asociación de consumidores especializada en temas financieros aseguró que Bankia, Caixabank y Banca Cívica “han encerrado los ahorros de toda la vida de miles de familias con el único objetivo de reforzar su capital”. El presidente de Adicae, Manuel Pardos, calificó de “engaño masivo” la colocación de acciones de los grupos de cajas fusionadas para convertirse en bancos, porque se centró en clientes y depositantes especializados, desconocedores de este tipo de mercados y a los que se convenció recurriendo a “información tendenciosa y engañosa y con políticas comerciales muy agresivas”. Estimó que unos dos millones de familias tienen su dinero atrapado en las acciones de estos tres grupos, que han perdido buena parte de su valor bursátil desde que empezaron a cotizar.

¿Y la canción?

“Boy With A Coin”, un temazo encuadrable en uno de mis palos predilectos, el folk-pop; en este caso, se trata del norteamericano Iron and Wine en su disco The Shepherd’s Dog, publicado en 2007. La estructura e identidad estilística de la canción es folkie, y el sonido muy lo-fi (en plan casi doméstico, vamos), pero los arreglos y la instrumentación del disco que la contiene ya superan esos vallados y nos trasladan a una experimentación que bebe del rock, el pop, la psicodelia, lo étnico, en fin, una rareza y una gozada.

Y para que comprobéis cuánto de folkie y de extraordinario artista es el amigo Sam Bean, que así se llama en la vida corriente, os dejo con este video en directo, de canciones pertenecientes su último y fantástico disco, Kiss Each Other Clean, del año pasado. Es un tubito largo, pero carece de un solo segundo de desperdicio. Tómate tu tiempo y sabrás lo que es bueno.