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Bernanke, Draghi, alimentos ecológicos, tasa cero al volante, refrescos…

(Ben Bernanke -presidente de la Reserva Federal, equivalente en EEUU al BCE liderado por el enigmático Mario Draghi– ha demostrado a la UE y sus dirigentes, para regocijo de los mercados europeos y de la Bolsa española -subre más de un 3% en este momento-, que sí se atreve a inyectar dinero público a espuertas -“dinero gratis”, ha llegado a decir-para fomentar la economía y el empleo. A pesar de que la inflación preocupe a todos, el desempleo y la intestabilidad financiera son aún más nocivos para el conjunto de la sociedad, parece querer decirnos Bernanke. Quizá no lo sean para los bancos y para ciertos postulados ideológicos, pero sí lo son -lo estamos comprobando día a día- para la gente y para la situación económica de los países con problemas. A ver si aprendemos un poco. Hoy, en oportuna entrevista mañanera en Radio Euskadi al filósofo Daniel Innerarity, este pensador decía que aunque California tiene más deuda pública que España o Italia, no es apetecible para los especuladores, que pasan de intentar sacar tajada de sus problemas financieros, ya que saben que EEUU, si es necesario, va a defender con beligerancia cualquier ataque a este y a cualesquiera otros estados nroteamericanos, porque cuenta con una única política fiscal y monetaria que le permite este tipo de actuación, rápida y contundente, frente a los agresores; a diferencia de lo que ocurre con la UE, con demasiados países improtantes que carecen de espíritu de unidad, que están en el proyecto europeo más para sacar provecho que para otra cosa, y que si no se ponen de acuerdo en nada relevante, mucho menos lo harán en temas esenciales como estos de la economía y las finanzas).

Estos últimos días se ha hablado de temas que nos interesan mucho a los consumidores. Veamoa algunos:

Los alimentos ecológicos (siempre bastante más caros) no son más saludables ni más nutritivos para quienes los consumen que los producidos de modo convencional

, con pesticidas, herbicidas, abonos “artificiales”, etc. Tanto OCU como Consumer , como otras fuentes, como Journal of the Science of Food and Agricultura en sus análisis de laboratorio e investigaciones llegaron a conclusiones similares en repetidas ocasiones estos últimos años, pero poco o nada influyeron en el estado de las cosas (aunque casi nadie compra alimentos ecológicos precisamente pro estas razones y porque tampoco aportan gran cosa en lo organoléptico, léase sabor, color, textura, etc), gozan de un prestigio social casi intocable). Quizá el macroestudio de la Universidad de Stanford publicado recientemente por Annals of Internal Medicine haga reflexionar a más de uno. Así lo espero. Me parece discutible incluso que la agricultura ecológica proteja más el medio ambiente (otro día hablaremos de ello, es un tema complejo y con muchas aristas) o constituya una solución al sector rural, pero está más que probado que no es más saludable para el consumidor y que no alimenta más ni mejor que la agricultura normal.

La libre competencia entre las empresas y profesionales que ofrecen productos y servicios a los consumidores es imprescindible para que los precios tiendan a ajustarse y para que el sistema económico funcione correctamente.

Cuanto antes se limiten, e incluso acaben, los privilegios o restricciones de la competencia en sectores como farmacias, gasolineras, electricidad, gas y en profesiones liberales como abogados, notarios, arquitectos etc, mejor para nosotros. El Gobierno dice que las gasolineras compiten muy poco en precio y que ello hace que los carburantes en España sean comparativamente muy caros respecto a otros países, y es más que cierto. ¡Pero como lo van a hacer, si es la propia Administración la que ha tolerado e incluso propugnado que montar una estación de servicio nueva sea más difícil que que te den hoy un crédito sin avales “reales”!

Tasa cero de alcohol al volante, la DGT la ve con buenos ojos.

Hay países que han establecido normativamente la tasa cero para conductores profesionales (en España, es de 0,15 mg/l. de aire, cuando la de los no profesionales es de 0,25 g/.), pero también otros que admiten hasta 0,4 g/l. La principal pregunta sería: ¿está realmente demostrado que una persona que ha tomado un zurito o un vaso de vino con un pincho, o dos vasos de vino en la comida o cena está en condiciones inadecuadas para conducir? Procede hacerse la pregunta porque beber un poco (a diferencia de furmar, que ni lo uno ni lo otro) forma parte de nuestro estilo de vida y nuestra cultura y no es nocivo para la salud, y porque esta medida tendría una grave repercusión en sectores importantes de nuestra maltrecha economía, porque pude resultar muy impopular y, lo más importante, restringe demasiado la libertad de los ciudadanos, y no está muy claro que reducir al máximo la cantidad de alcohol admitida disuada a los alcohólicos y en general bebedores frecuentes; probablemente, solo fastidie a personas que consumen cantidades moderadas de bebidas de baja graduación Quizá lo que habría que hacer sería, manteniendo las tasas actualmente admitidas (ya bastante severas) extremar el control policial en las carreteras, aumentar hasta donde sea necesario las sanciones a quienes las incumplan, e invertir más y mejor en campañas de concienciación: al volante, alcohol cero. Porque poner una multa a quien ha bebido una caña o un vaso de vino comiendo o cenando roza lo ridículo. ¿No es más sensato penalizar más y controlar mejor a quien realmente bebe realmente tanto como para poner en peligro su seguridad y la de los demás?

¿Deben pagar los niños y adolescentes que hacen uso del comedor escolar pero en lugar de comer el menú del cole llevan el tupper de casa?

Es en el contexto actual de dramática crisis, que ha arruinado la economía de miles de familias vascas, y en las coordenadas reales del coste que supone el servicio del comedor escolar donde debemos situar el debate. Porque este del comedor escolar es uno de los contados gastos onerosos que aún pueden recortar y evitarse las familias. Hay que reducir gastos como sea, y este es un modo más. En ciertas autonomías españolas, las federaciones de asociaciones de padres y madres de alumnos (AMPA) cifran entre un 15% y un 20% las familias que han prescindido del servicio de comedor por motivos económicos. El comedor escolar está siempre subvencionado, no hay ningún alumno que pague el 100% del gasto que representa al centro; otra cosa es que hay también becas de comedor para las familias con menores posibilidades económicas. Comer en el colegio supone al centro (en este caso, a la Educación pública, al presupuesto del Estado o de la Comunidad Autónoma) gastos muy distintos del coste de la propia comida que ingieren los alumnos. Los más importantes: cuidadores (hacen falta muchos, y es por ello el coste específico más relevante) para que los niños se lo coman todo y no alboroten demasiado, el personal que sirve las comidas, los empleados que cada día limpian las instalaciones y, por último, todo ese apartado de gastos de reparación, mantenimiento, electricidad, agua, productos de limpieza, etc. Queda claro, por tanto, que en el coste final de la comida que se sirve en los centros escolares hay apartados ajenos al coste de la elaboración y, en su caso del transporte de la comida. Por tanto, parece lógico que si quienes hacen uso del servicio completo de comedor deben pagar (parte o todo) el gasto que supone el servicio a la Administración pública, lo hagan también quienes hacen un uso solo parcial (ya que se llevan la comida de casa) del servicio. Pero, teniendo en cuenta que quienes den este paso es porque tienen dificultades económicas, ¿no es socialmente más justo aceptar que no paguen nada o que lo hagan con un cantidad mínima, solo testimonial? Parece lo más lógico, pero ya hay alguna comunidad autónoma que (con las arcas públicas en precariedad casi absoluta, suponemos) propone que se pague 3 euros por niño con tupper. Así, de entrada, asemeja -a todas luces- un exceso. ¿No podría la solución ser que paguen, por ejemplo, 1 euro por niño y día?

Nueva York prohíbe el refresco XXL, al vetar la venta de bebidas azucaradas de casi medio litro (son 0,464 litros) en cines, estadios, restaurantes e incluso carritos callejeros.

La prohibición no afecta a supermercados. Cada año unos 5000 neoyorkinos mueren debido a la obesidad, auténtica epidemia en EEUU. Una medida polémica, que casi dos terceras partes de los neoyorkinos desaprueban. ¿En qué medida deben los administradores de la cosa pública inmiscuirse en la vida de la gente y en la actividad de los mercados? Espinosa pregunta, que obnviamente no admite una respuesta única.

Dejémoslo con un poco de música, que nos anime la entrada en el finde.

Calexico, un tema (“Para”), de su nuevo disco “Algiers”.