José Pablo Arriaga. Las aventuras y desventuras de un escultor itinerante por África.

José Pablo Arriaga, escultor y diseñador de muebles expone en Lekeitio, en la isla de Garraitz, 14 obras que están inspiradas en el mismo número de países que visito en su periplo africano, más una dedicada a Euskal Herria situada en el puerto de Lekeitio, lugar en donde partió a vela rumbo a los costas africanas. Las esculturas están realizadas en madera africana de iroco, quemadas en víspera de San Juan, lo que le da una textura muy particular. La exposición y el libro-catalogo de gran formato que se ha publicado llevan el titulo de “Therese” en homenaje a la niña que José Pablo conoció navegando por el río Congo y falleciera en el trayecto. Se pueden ver hasta el 23 de octubre 2008.

  

José Pablo Arriaga estuvo en La Casa de la Palabra el 24 de junio presentándonos la exposición “Therese”, 14 esculturas fruto de los siete meses que vivió África al limite de sus posibilidades físicas y materiales. Os ofrezco el texto que he escrito para el libro catalogo de esta exposición enclavada en un marco tan especial como la isla de Lekeitio.

A José Pablo Arriaga le atrae de sobremanera aventurarse en lo desconocido. Es superior a él investigar más allá de las fronteras, romper los limites, tanto en el arte como en los viajes que le inspiran. En el verano de 2000 en piragua realizo la novedosa ruta: Londres – París – Lekeitio. Remo durante 43 días en solitario y sin ayuda exterior. El 31 de julio de 2004 en el velero “Markina” partió del puerto de Lekeitio rumbo a circunnavegar el continente africano. Su intención era mezclarse con los nativos e impregnarse de su arte, artesanía y vida cotidiana. José Pablo no sabia hasta que punto iba a conseguir su objetivo.

Naufrago en frente de Dakar. En lugar de desanimarse y volver a casa en busca de consuelo, celebro el naufragio con los pescadores que le rescataron. A partir de ahí se suceden aventuras a cada minuto. Sin apenas dinero, tendrá que superar enfermedades, varios asaltos, corruptos controles de la policía y el ejercito. En todo tipo de transportes, después de siete meses y visitar quince países llego sano y salvo al Cabo de Buena Esperanza, el punto más al sur del continente.

José Pablo Arriaga debiera escribir un libro con sus peripecias africanas ya que su viaje fue una autentica novela de aventuras. De momento podemos apreciar las esculturas inspiradas en aquellos siete meses vividos al limite en el trópico.

José Pablo Arriaga soltó amarras del muelle de Lekeitio. Se subió a bordo del velero al que llamo “Markina”. Una embarcación de siete metros y medio de eslora preparada tan solo para costear. Partía impulsado por el viento y por el fuerte espíritu de su único tripulante al que le sobraba energía e imaginación. Su intención era bordear toda África por motivos artísticos y humanitarios.

Desde el principio fue una pelea contra los elementos. De Canarias a Cabo Verde se partieron tres timones. Experto escultor en madera José Pablo reconstruía los desperfectos sobre la marcha. En la costa de Mauritania se le estropeo el motor y el barco quedo a la deriva. Le agarro un gran borrasca proveniente del desierto.

Todos los peligros marinos terminaron cuando el lunes 20 de septiembre de 2004 naufrago a las 3 de la madrugada frente a Dakar, la capital de Senegal. En lugar de hundirse moralmente José Pablo celebro una gran fiesta con los pescadores que le rescataron. En honor a ellos realizo una escultura con la orza.

Una vez en tierra no pararon las desventuras. El poco dinero que tenia se lo robaron, se quedo si pasaporte y para colmo cogió malaria. A pesar de los pesares, el escultor de Markina con una voluntad de hierro prosiguió sus andanzas africanas.

Después de un mes en Senegal tomo un tren a Bamako. Navego por el río Níger, camino por el País Dogon. Paso a Burkina Fasso, Benin y en autobús continuo por Nigeria hasta Camerún. Visito el Chad y la Republica Centro Africana. Cada paso de frontera, cada control era una victoria. Llego un momento en el que estaba tan adaptado al terreno que José Pablo se consideraba un africano más.

Navego por el rió Congo y el Kasai afluente de este, en donde no habían visto nunca a un hombre blanco. Durante tres semanas se deslizo por aguas selváticas. En el transcurso de las mismas le tomaron por espía, por las duras condiciones se murió una niña, Therese, a la que le construyo un féretro, esculpió un pez típico del río y un hechicero se lo quiso apropiar.

Llego a poblados tan apartados que le llamaban “Jesús” pues solo conocían a los blancos en los grabados que representaban a Jesucristo.

Tuve la oportunidad de entrevistar en ruta en varias ocasiones a José Pablo Arriaga en el programa Levando Anclas de Radio Euskadi. En cada una de las conexiones no salía de mi asombro por lo que nos contaba. La primera fue poco antes de salir de Lekeitio, todavía con las manos manchadas por los últimos retoques de la puesta apunto. Más tarde celebrando el naufragio en Dakar. En noviembre se comunicaba desde Bangui en Republica Centro Africana. El 6 de enero de2005 desde Kananga en Republica Democrática del Congo. Sobre su hombro posaba un mono al que bautizo como “África”. Estaba en un lugar sin electricidad, era noche cerrada y no podía leer unas notas que quería transmitir. La línea telefónica se colgaba a menudo. Al otro lado del teléfono yo sudaba de los nervios, parecía que también estaba en el trópico.

José Pablo Arriaga nos comunico los olores de África según los países, las múltiples sensaciones que recogía todos los días, describió los increíbles insectos con los que se topaba.

El resto del viaje fue relativamente más tranquilo. Paso por Zambia, en Namibia visito el Parque Nacional de Tosha, nos decía que fue lo más bonito que hasta entonces había conocido, para terminar en Ciudad del Cabo y pegándose un baño en el Cabo de Buena Esperanza en donde se juntan dos océanos, el Atlántico y el Indico.

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