Inteligencia emocional

Todo tiempo pasado fue anterior*

* N. del A. El título está tomado de una de las célebres frases de Les Luthiers.

Érase una vez un país lejano en el que las personas, antes de comunicar que habían tomado una decisión, que habían hecho una elección, que asumían un compromiso, que hacían un juramento o unos votos, promesas… se tomaban un tiempo para reflexionar en soledad sobre el paso que iban a dar, como los caballeros medievales durante toda la noche precedente a su toma de armas. Esta fase reflexiva, fruto de una más o menos larga preparación previa, culminaba con un acto público en el que la persona implicada verbalizaba para sí y ante testigos cuál sería su proceder de entonces en adelante: daba su palabra y, en principio, para siempre.

En 1999 Zygmunt Bauman nos hizo caer en la cuenta de que nuestra era – la occidental capitalista-, iniciada tras la Revolución Francesa – aunque él adelanta su génesis a 1755 – ha evolucionado del racionalismo inicial, técnico-industrial después, sólido, a la modernidad líquida, y que ahora vivimos en una sociedad líquida y profesamos un amor líquido. Nuestra realidad se ha instalado en la precariedad, la provisionalidad, el cambio continuo, la experimentación constante de nuevas sensaciones, el meapetecismo, el nada es para siempre:

Hoy la mayor preocupación de nuestra vida social e individual es cómo prevenir que las cosas se queden fijas, que sean tan sólidas que no puedan cambiar en el futuro. No creemos que haya soluciones definitivas y no sólo eso: no nos gustan. Por ejemplo: la crisis que tienen muchos hombres al cumplir 40 años. Les paraliza el miedo de que las cosas ya no sean como antes. Y lo que más miedo les causa es tener una identidad aferrada a ellos. Un traje que no te puedes quitar. Estamos acostumbrados a un tiempo veloz, seguros de que las cosas no van a durar mucho, de que van a aparecer nuevas oportunidades que van a devaluar las existentes. Y sucede en todos los aspectos de la vida. Con los objetos materiales y con las relaciones con la gente. Y con la propia relación que tenemos con nosotros mismos, cómo nos evaluamos, qué imagen tenemos de nuestra persona, qué ambición permitimos que nos guíe. Todo cambia de un momento a otro, somos conscientes de que somos cambiables y por lo tanto tenemos miedo de fijar nada para siempre.

Bauman reconoce, además, que la traslación de este modus vivendi al sector empresarial y productivo incide directamente en la percepción que las nuevas generaciones que consiguen acceder al mundo laboral tienen de ser un estorbo o, y más grave si cabe, de ser totalmente prescindibles.

Para quienes las nieves del tiempo platearon ya sus sienes, y son padres/madres de familia o educadores/as que han crecido, aprendido y han intentado vivir con mayor o menor éxito este valor de la palabra dada y quieren transmitirlo a sus descendientes o discentes, no resulta fácil el empeño. La modernidad baumaniana ya tiene raíces muy profundas y quienes han crecido en ella no conciben, ni pueden entender, otra cosa. Podría, en principio, hacer añorar tiempos pasados, pero quizás la mejor respuesta de la veteranía sería ponerla en práctica y exponerla con sencillez, honradez y humildad. Y aunque el olvido, que todo destruye / haya matado mi vieja ilusión / guardo escondida una esperanza humilde / que es toda la fortuna de mi corazón.

Volver – Carlos Gardel
https://youtu.be/d9r6AAyEsis

Bibliografía de referencia
Barranco, Justo (2017, 9 de enero) Pero, ¿qué es la modernidad líquida? La Vanguardia, Cultura, Barcelona. Recuperado de: https://www.lavanguardia.com/cultura/20170109/413213624617/modernidad-liquida-zygmunt-bauman.html

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