Inteligencia emocional

Con los brazos abiertos

Por Igor Fernández

Esta semana es algo recurrente, y aún a riesgo de contribuir a lo que es para algunos un pequeño y paulatino suplicio, quiero escribir hoy unas líneas sobre la vuelta al trabajo. Estreses, depresiones y síndromes de todo tipo, como si la falta de bálsamo provocara una enfermedad que transforma nuestra piel en lona gris, nuestro mirar en un pozo de melancolía y nos hace arrastrar nuestro cuerpo sin vida- porque claro, la vida sin playa o esperas en un aeropuerto, no es vida- por pasillos y calles llenas de gente con la misma dolencia. El panorama es desolador, la vuelta a la rutina es uno de los estresores definidos como tal y casi la anticipación de lo que vamos a encontrarnos a nuestro retorno hace que un nudo se nos retuerza en la boca del estómago.

  

El regreso a la rutina, la vuelta al trabajo y al cole, la lluvia otoñal, el coche por la mañana, el despertador… Todos los estímulos que nos recuerdan que las ansiadas vacaciones allá por Julio, han terminado, se convierten en sí mismos en penosos recordatorios de un interminable periplo que durará meses y cuyo único sentido es conseguir que termine, a ser posible en otro periodo vacacional.

No pretendo frivolizar con estos comentarios, sin duda hay situaciones laborales concretas que merecen un pequeño duelo al final del verano, sin embargo, creer que nuestra rutina, elegida paso a paso a lo largo de la vida, es una pérdida de tiempo o incluso algo que ha de “sufrirse” no deja de ser un autorrechazo de los que tambalean al más pintado. Esta mañana, un personaje radiofónico matutino hacía referencia a la necesidad de reconciliarse con lo cotidiano, con las pequeñas satisfacciones que le dan volumen a lo que nunca ha sido una existencia plana, ni siquiera antes del verano. Por eso, desde este espacio, que no deja de ser laboral en cierto modo también para mí, me gustaría animar a quienquiera que esté leyendo estas letras escritas al regreso, a revisar honestamente la tan denodada “rutina” y retarle a que encuentre y disfrute de todo lo que al regreso le espera con los brazos abiertos. Bienvenidos. ¿quién os espera?

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