Inteligencia emocional

Ellas… las emociones

Por Rogelio Fernández

Mucho es lo que estamos hablando acerca de la Inteligencia Emocional y muy poco de las auténticas protagonistas de este constructo, después, cómo no, de las personas… las emociones.

Para ello, para conocer un poco mejor esta “etiqueta”, seguimos los consejos de Joseph LeDoux que decía que el enfoque adecuado de análisis de una funición psicológica [como es la emoción] es el que estudia en relación con su localización en el cerebro.

Como consecuencia de ese estudio sabemos que no existe una facultad específica de la emoción, sino que las diferentes clases de emociones tienen mecanismos neurológicos específicos.

También sabemos que, debido a nuestra constitución primaria, la de especie, como animales que somos, los mecanismos del cerebro encargados de las emociones se conservan prácticamente iguales a través de la historia evolutiva. Nuestra primera misión como especie es sobrevivir, conseguir alimento, cobijo y procrearnos así que estamos, en cierta forma, programados para realizar prioritariamente esas funciones. La conclusión es que las emociones pertenecen a los sistemas neurológicos encargados de nuestra supervivencia.

  

Por otro lado, recordar que las respuestas emocionales se producen generalmente inconscientemente. Esto significa que los sentimientos son una parte, y no siempre la más fiable, de la experiencia de una emoción, la experiencia consciente, lo que no quita para que el estudio de los sentimientos se utilice como instrumento para descubrir el mecanismo cerebral que los genera.

 

El siguiente punto a tratar es la mayor profundidad de las experiencias emocionales sobre las cognitivas. Una prueba de ello es que las emociones pueden desplazar el pensamiento, pero éste no es capaz de desplazar tan fácilmente a las emociones. Tenemos un único mecanismo para la consciencia por lo que este dato nos hace ver la gran importancia de las emociones para el ser humano.

Emociones que por otro lado aparecen sin que lo planeemos, sin que tengamos mucho control sobre ellas, sobre las reacciones emocionales que a veces pueden avasallar al pensamiento. Esto se debe porque las conexiones de los mecanismos emocionales con los cognitivos son más fuertes que los que comunican los cognitivos con los emocionales.

Finalmente, destacar que la mayoría de los desórdenes mentales suelen ser emocionales. Como dice LeDoux, las salud mental es producto de la higiene emocional, con lo que las emocione pueden tener consecuencias útiles o patológicas. Lo que es lo mismo, la salud física está relacionada con las salud emocional.

Como resumen podríamos decir que las emociones son funciones neurológicas del cerebro, independientes entre sí, íntimamente relacionadas con nuestra supervivencia como especie, que se producen inconscientemente, que tienen el poder de desplazar el pensamiento y que tienen una estrecha relación con la salud.

Como ven, las emociones son las gran desconocidas, pero poco a poco iremos conociéndolas un poco mejor, ya que su estudio y entendimiento resultan fascinantes y muy necesario para nuestro bienestar subjetivo. Pero tan importante como esto, es lo que ustedes ya saben sobre ellas o les gustaría saber… en definitiva es la respuesta a las siguientes preguntas:

¿Ustedes… qué saben sobre las emociones?
¿Qué les gustaría saber sobre ellas?

7 pensamientos sobre “Ellas… las emociones

  1. Dagoberto Trujillo Montilla

    Considerando todo lo expuesto, parece que ha llegado la hora de pasar a la acción…

    Iniciar el despliegue del ¿cómo hacerlo? O sea, de lo más difícil de todo lo concerniente a la emoción humana, es decir, su “educación” o alfabetización, su “aprendizaje” o entrenamiento – capacitación, con el objetivo de conseguir logros reales y efectivos además de concretos y demostrables a través de adecuación, regulación, modulación o adaptación de las fuerzas e impulsos propios de la dimensión emocional tanto personal (inteligencia emocional) como colectiva (inteligencia social) que se despliegan en todo el quehacer humano.

  2. Ängel Parra Moreno

    ¿Ustedes… qué saben sobre las emociones?
    ¿Qué les gustaría saber sobre ellas?

    La verdad es que estoy de acuerdo con el discurso global de tu artículo y sus reflexiones me parecen acertadas. Pero desde hace mucho tiempo bulle en mi cabeza una gran duda. El papel de la mente en la filosofía occidental y oriental ¿es el mismo? Ambas “culturas” ¿tienen una misma visión de la persona, de su fisiología y sus emociones? ¿Se entiende en ambas –lo mismo- por inteligencia emocional? Son interrogantes que seguirán en mis “sueños” y en mi realidad cotidiana, pero ahora quiero poner en común algunas reflexiones que espero nos ayuden a conocer mejor nuestras emociones y a ser cada día mejores personas.

    “Para el tantra, el hombre mismo es la enfermedad. No es que tu mente esté perturbada: más bien tu mente es la perturbación. No es que estés tenso por dentro, sino que más bien tú eres la tensión. Comprende claramente la distinción. Si la mente está enferma, entonces la enfermedad puede ser tratada, pero si la mente misma es la enfermedad, entonces esta enfermedad no puede ser tratada. Puede ser transcendida, pero no puede ser tratada. Eso marca la diferencia entre la psicología occidental y la psicología tántrica y yóguica oriental; esa es la diferencia entre el tantra y el yoga orientales, y la psicología occidental”.

    La psicología occidental piensa que la mente puede estar sana, que la mente tal cual es puede ser tratada y ayudada; porque para el pensamiento occidental no hay transcendencia, dado que no hay más allá de la mente. La transcendencia sólo es posible si hay algo más allá, de manera que puedas vivir en tu estado presente y avanzar aún más hacia delante. Pero si no hay más allá y la mente es el fin, entonces la transcendencia es imposible.

    Si piensas que eres únicamente un cuerpo, entonces no puede transcender tu cuerpo: porque, ¿quién transcenderá y a dónde transcenderás? Si eres simplemente el cuerpo, entonces no puedes ir más allá del cuerpo. Si puedes ir más allá del cuerpo, eso significa que no eres simplemente cuerpo, sino algo más. Ese “más” se vuelve la dimensión en la que entrar.

    De modo semejante, si eres únicamente la mente y nada más, entonces no es posible ninguna transcendencia. Entonces podemos tratar enfermedades individuales…Alguien está enfermo mentalmente. Podemos tratar la enfermedad. No tocaremos la mente, pero trataremos la enfermedad normalizaremos la mente. Y nadie pensará en si la misma mente normal está sana o no.

    La mente normal es simplemente una mente escéptica. Freud dice que tal como es todo el mundo, sólo podemos volver a la normalidad una mente enferma. Pero la pregunta de si todo el mundo está sano o no, puede ser planteada. Damos por sentado que la mente común está bien. De modo que siempre que alguien va más allá de la mente común, va a alguna otra parte, hay que traerlo de vuelta y reajustarlo. Así, la totalidad de la psicología occidental ha sido un esfuerzo encaminado al reajuste: un reajuste para dejar la mente en el ámbito de la mente corriente.

    En este sentido, hay pensadores –especialmente Geoffrey-, que dicen que el genio es una enfermedad, porque el genio es anormal. Si la normalidad es la salud, entonces el genio es una enfermedad. Un genio no es normal; en cierto sentido, está loco. Puede que su locura sea provechosa, así que le permitimos vivir.

    Un Einstein o un Van Gogh –poetas, pintores, científicos, místicos- están locos, pero su locura es permitida por dos razones: o su locura es inofensiva o su locura es utilitaria. Mediante su locura aportan algo que las mentes normales no pueden aportar. Como están locos se han ido a un extremo, y ven ciertas cosas que la mente normal no puede ver. Así que toleramos a estos locos; e incluso les damos el Premio Nóbel. Pero están enfermos.

    Si la normalidad es el criterio o el prototipo de la salud, entonces todo el mundo que no es normal está enfermo. Geoffrey dice que llegará un día en que trataremos a los científicos y a los poetas de la misma manera que tratamos a los locos; haremos que se reajusten al ámbito de la mente común. Esta actitud se debe a una hipótesis concreta de que la mente es el final y no hay nada más allá.

    Justo en el lado opuesto de esta actitud está el enfoque oriental: la mente misma es la enfermedad. Así que, que ya sea normal o anormal, nosotros sólo hacemos la distinción de “normalmente enferma” y “anormalmente enferma”. Un hombre normal está normalmente enfermo. No está tan enfermo que se pueda detectar; es simplemente común. Como todos los demás son como él, su enfermedad no puede ser detectada, incluso la persona, el psicoanalista que lo trata, es él mismo una persona normalmente enferma. La mente misma es la enfermedad para la cultura oriental.
    ¿Por qué? ¿Por qué decimos que la mente misma es la enfermedad? Tendremos que enfocarlo desde una dimensión diferente; entonces será fácil. Para nosotros, el cuerpo es muerte. De modo que no puedes crear un cuerpo perfectamente sano; de lo contrario, no morirá. Puedes crear un cierto equilibrio, pero el cuerpo como tal, como va a morir es propenso a estar enfermo. De modo que la salud sólo puede ser una cosa relativa. El cuerpo no puede estar perfectamente sano: no puede estarlo.

    Por eso la ciencia médica no tiene ningún estándar ni ninguna definición de lo que es la salud. Pueden definir enfermedades, pueden definir una enfermedad concreta, pero no pueden definir lo que es la salud. O como mucho sólo pueden definir negativamente que cuando una persona no está enferma, no está particularmente enferma, está sana. Pero la salud no puede ser definida, porque, en realidad, el cuerpo nunca puede estar realmente sano. En cada momento el cuerpo está sólo en equilibrio relativo, porque la muerte está avanzando con la vida; también estás muriendo. No estás simplemente vivo; simultáneamente estás muriéndote.

    Rogelio, probablemente, podamos afirmar que la mayoría de las enfermedades mentales suelen ser emocionales; que la salud mental es un producto de higiene emocional; que la salud física está relacionada con la salud emocional, que…,¿pero, entonces, por qué sabemos o creemos saber tan poco de ellas y de los llamados desórdenes mentales? ¿Por qué la investigación es tan compleja y tan lenta? ¿Por qué la emociones son las grandes desconocidas si afirmamos con rotundidad que los mecanismos del cerebro encargados de las emociones se conservan prácticamente iguales a través de la historia evoliva?

    Como ves, Rogelio, son muchas las dudas que tengo sobre las emociones; son muchas las dudas que me gustaría resolver; es mucho lo que me gustaría saber sobre ellas. Estoy contigo, poco a poco iré conociéndolas mucho mejor. No dudo que las aportaciones de las personas que trabajáis en este mundo, me lo vais a hacer más fácil. Gracias. ¡Hasta siempre!

  3. Ángel Parra Moreno

    ¿Ustedes… qué saben sobre las emociones?
    ¿Qué les gustaría saber sobre ellas?

    La verdad es que estoy de acuerdo con el discurso global de tu artículo y sus reflexiones me parecen acertadas. Pero desde hace mucho tiempo bulle en mi cabeza una gran duda. El papel de la mente en la filosofía occidental y oriental ¿es el mismo? Ambas “culturas” ¿tienen una misma visión de la persona, de su fisiología y sus emociones? ¿Se entiende en ambas –lo mismo- por inteligencia emocional? Son interrogantes que seguirán en mis “sueños” y en mi realidad cotidiana, pero ahora quiero poner en común algunas reflexiones que espero nos ayuden a conocer mejor nuestras emociones y a ser cada día mejores personas.

    “Para el tantra, el hombre mismo es la enfermedad. No es que tu mente esté perturbada: más bien tu mente es la perturbación. No es que estés tenso por dentro, sino que más bien tú eres la tensión. Comprende claramente la distinción. Si la mente está enferma, entonces la enfermedad puede ser tratada, pero si la mente misma es la enfermedad, entonces esta enfermedad no puede ser tratada. Puede ser transcendida, pero no puede ser tratada. Eso marca la diferencia entre la psicología occidental y la psicología tántrica y yóguica oriental; esa es la diferencia entre el tantra y el yoga orientales, y la psicología occidental”.

    La psicología occidental piensa que la mente puede estar sana, que la mente tal cual es puede ser tratada y ayudada; porque para el pensamiento occidental no hay transcendencia, dado que no hay más allá de la mente. La transcendencia sólo es posible si hay algo más allá, de manera que puedas vivir en tu estado presente y avanzar aún más hacia delante. Pero si no hay más allá y la mente es el fin, entonces la transcendencia es imposible.

    Si piensas que eres únicamente un cuerpo, entonces no puede transcender tu cuerpo: porque, ¿quién transcenderá y a dónde transcenderás? Si eres simplemente el cuerpo, entonces no puedes ir más allá del cuerpo. Si puedes ir más allá del cuerpo, eso significa que no eres simplemente cuerpo, sino algo más. Ese “más” se vuelve la dimensión en la que entrar.

    De modo semejante, si eres únicamente la mente y nada más, entonces no es posible ninguna transcendencia. Entonces podemos tratar enfermedades individuales…Alguien está enfermo mentalmente. Podemos tratar la enfermedad. No tocaremos la mente, pero trataremos la enfermedad normalizaremos la mente. Y nadie pensará en si la misma mente normal está sana o no.

    La mente normal es simplemente una mente escéptica. Freud dice que tal como es todo el mundo, sólo podemos volver a la normalidad una mente enferma. Pero la pregunta de si todo el mundo está sano o no, puede ser planteada. Damos por sentado que la mente común está bien. De modo que siempre que alguien va más allá de la mente común, va a alguna otra parte, hay que traerlo de vuelta y reajustarlo. Así, la totalidad de la psicología occidental ha sido un esfuerzo encaminado al reajuste: un reajuste para dejar la mente en el ámbito de la mente corriente.

    En este sentido, hay pensadores –especialmente Geoffrey-, que dicen que el genio es una enfermedad, porque el genio es anormal. Si la normalidad es la salud, entonces el genio es una enfermedad. Un genio no es normal; en cierto sentido, está loco. Puede que su locura sea provechosa, así que le permitimos vivir.

    Un Einstein o un Van Gogh –poetas, pintores, científicos, místicos- están locos, pero su locura es permitida por dos razones: o su locura es inofensiva o su locura es utilitaria. Mediante su locura aportan algo que las mentes normales no pueden aportar. Como están locos se han ido a un extremo, y ven ciertas cosas que la mente normal no puede ver. Así que toleramos a estos locos; e incluso les damos el Premio Nóbel. Pero están enfermos.

    Si la normalidad es el criterio o el prototipo de la salud, entonces todo el mundo que no es normal está enfermo. Geoffrey dice que llegará un día en que trataremos a los científicos y a los poetas de la misma manera que tratamos a los locos; haremos que se reajusten al ámbito de la mente común. Esta actitud se debe a una hipótesis concreta de que la mente es el final y no hay nada más allá.

    Justo en el lado opuesto de esta actitud está el enfoque oriental: la mente misma es la enfermedad. Así que, que ya sea normal o anormal, nosotros sólo hacemos la distinción de “normalmente enferma” y “anormalmente enferma”. Un hombre normal está normalmente enfermo. No está tan enfermo que se pueda detectar; es simplemente común. Como todos los demás son como él, su enfermedad no puede ser detectada, incluso la persona, el psicoanalista que lo trata, es él mismo una persona normalmente enferma. La mente misma es la enfermedad para la cultura oriental.
    ¿Por qué? ¿Por qué decimos que la mente misma es la enfermedad? Tendremos que enfocarlo desde una dimensión diferente; entonces será fácil. Para nosotros, el cuerpo es muerte. De modo que no puedes crear un cuerpo perfectamente sano; de lo contrario, no morirá. Puedes crear un cierto equilibrio, pero el cuerpo como tal, como va a morir es propenso a estar enfermo. De modo que la salud sólo puede ser una cosa relativa. El cuerpo no puede estar perfectamente sano: no puede estarlo.

    Por eso la ciencia médica no tiene ningún estándar ni ninguna definición de lo que es la salud. Pueden definir enfermedades, pueden definir una enfermedad concreta, pero no pueden definir lo que es la salud. O como mucho sólo pueden definir negativamente que cuando una persona no está enferma, no está particularmente enferma, está sana. Pero la salud no puede ser definida, porque, en realidad, el cuerpo nunca puede estar realmente sano. En cada momento el cuerpo está sólo en equilibrio relativo, porque la muerte está avanzando con la vida; también estás muriendo. No estás simplemente vivo; simultáneamente estás muriéndote.

    Rogelio, probablemente, podamos afirmar que la mayoría de las enfermedades mentales suelen ser emocionales; que la salud mental es un producto de higiene emocional; que la salud física está relacionada con la salud emocional, que…,¿pero, entonces, por qué sabemos o creemos saber tan poco de ellas y de los llamados desórdenes mentales? ¿Por qué la investigación es tan compleja y tan lenta? ¿Por qué la emociones son las grandes desconocidas si afirmamos con rotundidad que los mecanismos del cerebro encargados de las emociones se conservan prácticamente iguales a través de la historia evoliva?

    Como ves, Rogelio, son muchas las dudas que tengo sobre las emociones; son muchas las dudas que me gustaría resolver; es mucho lo que me gustaría saber sobre ellas. Estoy contigo, poco a poco iré conociéndolas mucho mejor. No dudo que las aportaciones de las personas que trabajáis en este mundo, me lo vais a hacer más fácil.Tengo la seguridad que este blog con todo lo que él conlleva, ma va a ayudar. Gracias.

  4. Barajas Hernández María Dolores Lizbeth

    Realmente la experiencia única de conocerme es atravez de conocer que es lo que realmente quiero decir con mis emociones pues puedo ocultar con doble intención 1)el que no me vuelvan a lastimar, 2)el no conocerme.
    Es una verdadera aventura y proesa el arriesgarte a conocerte y trabajar por moldear tu temperamento ya que no se puede quitar y sobretodo aceptarte con todo y tu pasado lo que dijiste y no dijiste o dejaste de decir.

  5. LIDIA MARINA

    Definitivamente,la union de ambos hemisferios en el cuerpo calloso del cerebro,hace que todo proceso mental este ligado a las emociones y la influncia de ambos hemisferios sobre la galndula hipfisis,que regula todas las glandulas y el sistema inmune,hace ue haya respuesta fisica positiva o neggativa a todo proceso emocional,
    esto lo aprendi en los seminarios del Dr. Erasmo Rocha Narvez medico psicoterapeuta director de mentepotente
    http://www.mentepotente.com

  6. anonimo ucv

    weno io pienso k aunk las emociones sean momentanias tien garn inpacto en experiencias que nos pasan y son muy importantes en nuestra vida sin emociones no hay vida almenos pa mi bueno bye cdt

  7. Esmeralda

    Me parece interesante el artículo, además pienso que las emociones son un regalo de DIos para experimentar diferentes situaciones en la vida, por supuesto que Dios mismo puede ayudarnos a controlarlas para no llevarlas a un extremo, como el temor en pánico, enojo, ira, amargura, depresión, etc.Los hombres de Dios como el profeta Elías experimentó un estado profundo de depresión al grado de desear morir, sin embargo Dios le ayudo a salir de esto.
    Bendiciones para todos.

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