Inteligencia emocional

La Razón elevada y el Marcador somático

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Por Jon Berastegi:

Imáginese el lector como propietario de una gran empresa, seguramente bajo la influencia de la razón elevada, es decir, de la concepción del sentido común, opinará que la lógica formal le ofrecerá la mejor solución posible ante cualquier problema que pueda ocurrir.

Ante esta perspectiva, es decir bajo el influjo de la concepción racionalista, se sostiene que para obtener los mejores resultados deben dejarse fuera las emociones. En otras palabras, el procedimiento racional debe desembarazarse de la pasión.

El proceso de la razón elevada, se lleva a cabo mediante la separación de los distinos supuestos para la toma de decisión, efectuando un análisis de coste/ beneficio de cada uno de los mismos. Por ejemplo, usted como propietario de una gran empresa, considera las consecuencias de cada opción en diferentes puntos del futuro previsto y sopesa las pérdidas y las ganancias que las mismas puedan acarrear.

  

Ahora bien, si la racionalidad es la única estrategia de la que disponen, en el mejor de los casos, vuestra decisión al mando de una gran empresa, tomará un tiempo excesivamente largo (debido al análisis de los supuestos) o incluso la toma de la decisión no se llevaría a cabo por la demora en el tiempo, ya que las comparaciones entre las consultas del debe y el haber pueden ser infinitas.

De esta manera, si el cálculo puramente racional es como opera vuestra mente, podríais elegir de manera incorrecta y vivir para lamentar el error, o simplemente dejarías de intentarlo debido a la frustración.

Para subsanar ese posible error utilizamos otra estrategia llamada el marcador somático. Es decir, antes de aplicar ningún análisis de coste/ beneficio a los supuestos y antes de razonar hacia la solución del problema, el marcador somático funciona como una señal de alarma automática que dice: atención al peligro que se avecina si eliges la opción que conduce a este resultado.

 

Esta alerta viene de la percepción de la persona de un cambio en su cuerpo que porduce un sentimiento agradable o desagradable en las entrañas, según la expectativa del resultado, positivo o negativo.

Esta señal automática nos protege de pérdidas futuras, y nos permite elegir a partir de un número menor de alternativas, lo que nos permite ganar tiempo en la toma de decisiones.

Lo que es indiscutible es que el marcador somático no es suficiente para la normal toma de decisiones en los seres humanos porque a continuación del mismo tendrá lugar un proceso de razonamiento y selección final. Pero a su vez, es también indiscutible que los marcadores somáticos aumentan la precisión y la eficiencia del proceso de decisión.

Estos marcadores somáticos, son un caso de sentimientos generados a partir de emociones secundarias, es decir de las emociones conectadas mediante aprendizajes y experiencias que nos permiten predecir futuros resultados de determinados supuestos.

En resumen querido lector encargado de una gran empresa, la razón elevada no será una buena acompañante en su toma de decisiones debido a que el número de supuestos a examen es inmenso en su día a día. Por ello debe recurrir al marcador somático el cual le proporcionará una detección automática de los componentes del supuesto que tienen más probabilidades de ser relevantes.

Para la mejora de su toma de decisiones, gerente de una gran empresa, debe desarrollar su inteligencia emocional, ya que de esa manera, la eficacia del marcador somático aumentará.

¿Querido lector, está usted preparado para dirigir una gran empresa?

(ANTONIO DAMASIO; El error de Descartes; 2001; Ed. Crítica; Barcelona; Pág 196-205)

Un pensamiento sobre “La Razón elevada y el Marcador somático

  1. Rogelio

    Estimado Jon.

    No puedo por menos que estar de acuerdo contigo sobre la Teoría del Marcador Somático de Damasio. Sin embargo, la aplicación que propones hacer de ella me parece un poco fundamentalista en el ámbito de la IE.

    A mi modo de ver, el paradigma que propone la IE es la unión de razón y emoción y no la sustitución de la primera por la segunda. Dentro de las organizaciones, bien sean grandes o pequeñas, el manejo inteligente de la información, de los datos, previsiones y estadísticas se hace indispensable para su planificación y gestión y más en estos tiempos de caos e incertidumbre que vivimos. Lo que sí se hace necesario es la incorporación de la parte emocional, y en concreto, de nuestro marcador somático o, lo que es lo mismo, de nuestra intuición, para incorporarla a nuestros procesos racionales de toma de decisiones.

    Unir razón y emoción es lo que necesitan nuestras empresas y lo que necesitamos hacer en nuestras vidas, pero no seamos “talibanes” de la teoría de la Inteligencia Emocional y desaprovechemos lo más propio que tenemos como especie: nuestra alta y refinada capacidad de discernimiento, nuestra razón.

    Un saludo y gracias por permitirnos compartir contigo tus reflexiones.

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