Inteligencia emocional

¿Cómo se valoran nuestros jóvenes?

Por Rosalia Peña Sarmiento

"La juventud debe ejercitar  los derechos que ha de  realizar después y enseñar después" .  José Martí.

Si queremos preparar para la vida a nuestros adolescentes y jóvenes es útil escucharles, y sobre todo, conocer qué criterio tienen de sí mismos y de lo que les rodea. Percibir es uno de los procesos de la Inteligencia Emocional, la autovaloración y percepción de los demás, se relaciona con otros conceptos importantes, entre los que figura la autoestima.

Hace unos meses salió a la luz el libro. “Los jóvenes y la felicidad”, del catedrático Javier Elzo, texto sobre el que volveremos en próximos espacios, por aportar datos importantes para la reflexión de padres y maestros. El profesor Elzo, hace mención además, a estudios recientes sobre los jóvenes españoles que son bien interesantes. En la Investigación Jóvenes españoles 2005 de la Fundación Santa María ( muestra de jóvenes de ambos sexos entre los 18-25 años, en ciudades de Madrid, Sevilla y Barcelona), y referido a los rasgos que caracterizan a los jóvenes, las respuestas en orden de porcentaje son las siguientes: Consumistas( 59,8); Rebeldes ( 54,1); Pensando solo en el presente( 38,3); Independientes( 34,1); Egoístas( 31,0); Poco sentido del deber ( 26,7); Leales en amistad (25,5); Poco sentidos del sacrificio(24,8); Solidarios(22,5); Tolerantes( 20,3); Trabajadores(20,3); Generosos( 13,4); Maduros( 11,4).

  

Una lectura rápida de estas respuestas, y el propio Elzo lo comenta en su libro, nos demuestra que los jóvenes investigados se atribuyen más rasgos negativos que positivos. Como afirma Elzo, estamos ante una juventud que se valora poco, que tiene muy baja imagen de sí misma. ¿Cómo forman el autoconcepto nuestros jóvenes? ¿Qué estamos haciendo desde la familia, la escuela, la sociedad toda? ¿Enseñamos a valorar a nuestros hijos? ¿Ese autoconcepto tiene relación con opiniones de los adultos, con aquello que los medios de información nos trasmite con regularidad?

Desafortunadamente, las noticias desagradables corren a veces más rápido, llenan nuestros espacios. Tal vez tengamos que ser más objetivos, mirar también y dar como noticia, todo lo hermoso que se construye a diario. Enseñar a colocar en la balanza lo que acontece es también una necesidad, si no cómo pensar que será el futuro dirigido por los jóvenes de hoy. Yo sigo creyendo, desde mi experiencia educativa, que no hay que preocuparse tanto por la mala hierba, sino ocuparse en la semilla y su abono.

¿ Que opinas tú?

4 pensamientos sobre “¿Cómo se valoran nuestros jóvenes?

  1. Gotzon

    Hola Rosalía,

    al menos en lo que hace a las malas hierbas tienes más razón que un santo. A la mayoria le sonara la expresión me importa un bledo. El bledo, amaranto, es lo que antes se decía una mala hierba. Hoy sabemos que sus propiedades nutritivas doblan al maíz y al arroz, y triplican las del trigo etc.

    Está por ver que el futuro reclame surfistas con la cintura y ligereza de nuestros jóvenes, pero, bien mirado ¿podíamos interpretarlo también como la insatisfacción propia de quien tiene toda la vida por delante, y no termina de reconocerse en el papelón que les ha tocado en suerte?

  2. autora.

    Sí, Gotxon, cuando los educadores se dedican a buscar lo mejor que hay en cada semilla y facilitar su crecimiento,encuentran de seguro sentido y razones para su obra. Ya lo he comentadoe en otro artículo: etimológicamnete educar significa “sacar a la luz”. Todos tenemos un potencial y es deber de los educadores, entre los que también están los padres, ofrecer herramientas y facilitar su descubrimiento, y a eso me refería finalmente. La creencia que no hay nada más que hacer, que en los jóvenes de hoy prevalecen rasgos negativos no es beneficiosa en ningún sentido. Tal vez tengamos que revisar qué estamos haciendo desde la más temprana edad y relacionarlo con el resultado.
    Siguiendo tu pregunta, por lo general se aprecia más lo que se obtiene con cierto esfuerzo,que aquello que nos es dado y no se sabe de dónde viene ni cómo. Seguro que se encuentra mayor sentido en aquello de lo que se es copartícipe.

  3. Gotzon

    Talmente de acuerdo. Aquello a lo que uno se entrega con más curiosidad, esfuerzo, tiempo etc. De esta manera, se puede establecer algún tipo de relación con algo. Una historia cada vez más difícil por las prisas con las que vamos. De otro modo, como que somos impermeables, nos viene dado, nos resbala, y no nos aprovecha.

    Somos lo que hacemos,nuestros hábitos, y Kant ya nos dijo que lo primero y principal que aprenden los alumnos es a estar sentados en las aulas. Al revés de lo que pretenden las nuevas viejas pedagogías en la escuela o los nuevos sistemas de gestión en las empresas.

    Por eso me sorprende la naturalidad con la que les pedimos a los chavales tanta responsabilidad, tanta crítica y madurez, mientras les impedimos hacer nada en la familia, en la escuela, en su tiempo de ocio…se lo damos todo hecho.

    El caso de la reforma universitaria europea de Bolonia es paradigmático: todo para los alumnos, pero sin los alumnos, así que ahora mismo los estudiantes pasan de todo o proyectan en esta reforma todos sus demonios -de los alumnos-

    ¿Por cierto, sabiais que esta universidad pionera, en sus orígenes fue gestionada por los estudiantes? Pero esa es otra historia, y al profesorado tampoco le hacía mucha gracia por motivos diversos…

    Vuelvo al argumento principal, cuando el mensaje es contradictorio: lo que decimos, y lo que hacemos, la carne es débil, pecadora de natural, de manera que se inclina por lo más cómodo, por aquello de la supervivencia, el bienestar…La Ley del mínimo esfuerozo. Naturalmente.

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