Inteligencia emocional

De las palabras a los hechos

Por Igor Frenández

"Nosotros no somos como edificios a los que se pueda añadir piedras desde Chema Madozfuera, sino como árboles que sacan de su propia savia el siguiente nudo de su tallo, la capa superior de su follaje."  Máximas y Pensamientos, Marcel Proust.  Extraído de En Busca del Tiempo Perdido.

“¿Estamos haciendo terapia o qué? A veces no es fácil de saber.” Me gustaría emplear unas líneas para poner sobre la mesa (virtual, claro) una duda, que surge a menudo para quien trabaja en el desarrollo de la Inteligencia Emocional en diferentes contextos. Cuando hablamos de desarrollar nuestra Inteligencia Emocional, hablamos principalmente de nuestra desarrollar nuestra capacidad para Percibir, comprender y regular las emociones, o en otras palabras (no exactamente sinónimas), desarrollar nuestras Competencias Emocionales.

La más importante de las ideas de Goleman, tal y como la expresaba en su libro “Inteligencia Emocional” es que las competencias emocionales pueden aprenderse; todas las personas pueden aprender inteligencia emocional; así pues, todos podemos llegar a ser inteligentes emocionales y felices.

  

Sin embargo, este aprendizaje, sólo en un pequeño porcentaje tiene que ver con la adquisición de conocimientos. Para ser más precisos, hablamos de una adquisición de competencias.
Quizá para aclarar a lo que nos referimos, nos sirvan como ejemplo aquellas capacidades que tenemos incorporadas a nosotros y que nos ayudan a funcionar en la vida cotidiana y a disfrutar de ella, como conducir, cocinar o hablar un idioma. Estas competencias, como puede imaginarse fácilmente, incluyen no sólo un saber, sino también un saber hacer y un saber ser.

Una competencia es un conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para realizar actividades diversas con un cierto nivel de calidad y eficacia. En concreto, cuando hablamos de competencias emocionales, nos referimos a un conjunto de habilidades que permiten comprender, expresar y regular de forma adecuada los fenómenos emocionales.

No se trata de incorporar, como ya hemos comentado, simplemente conocimientos, sino de adquirir el compromiso de crecimiento que sólo nosotros mismos podemos adquirir. Del mismo modo que después de las clases para aprender un idioma, debemos poner a prueba y depurar ese conocimiento en diferentes contextos, situaciones, con personas de distintas procedencias; y no es sino a través de estos esfuerzos, como podemos desarrollar completamente una competencia.

Con esta reflexión, mi pretensión no es otra que llevar la atención a que, quizá no sea suficiente hablar sobre Inteligencia Emocional, emociones, y otros conceptos de semejante ralea, igual, para empezar a cambiar la forma en la que nos relacionamos con los demás, no es sólo necesario adquirir conocimientos, sino adquirir el riesgo que supone acercarnos a los demás y a nosotros mismos de otra manera.

Me gustaría saber lo que pensáis los visitantes a este espacio, sobre los cambios, necesarios para vosotros, en vuestra experiencia, para avanzar en el crecimiento y cambiar la relación con los demás, cuando esa haya sido la elección.

¿Qué aspectos han de cambiar?

 

2 pensamientos sobre “De las palabras a los hechos

  1. Josetxo

    Nada es lo que parece.Al igual que el árbol de los ¿10? variados y magníficos frutos que Jon nos ha plantado en otro espacio,el árbol de Proust,bien traído.¿Viene a decir que nacemos dotados de la suficiente inteligencia para el éxito de aquello que pretendamos,siempre y cuando cumplamos con la condición de que hagamos uso real de nuestra inteligencia?
    En cuanto a Coleman ¿acaso no hace sino complementar lo anterior mediante el hecho de mostrarnos que la facultad de hacer uso de nuestra inteligencia es volitiva?¿que podemos acceder a ella por la vía de las emociones?.Si es así tambien se acepta.Ahora bien,¿es razonable pensar que con unicamente su explicitación una idea puede acceder al éxito?.Coleman sabía que para que triunfe y se propague una idea que conlleva un paso evolutivo jamás debe de ser explicitada,y la lanzó cuidadosamente envuelta en un producto de marketing.Un pseudoconcepto que cuando es utilizado procura un discurso reiterativo,farragoso e ininteligible…
    Por lo demás y en respuesta a tu pregunta final,a través de los años he ido perdiendo muchos de mis temores.He aprendido a reírme de mis errores,a aceptar de buen grado los reproches de los humildes y a despreciar el halago de los prepotentes así como tambien he comprendido que por muy razonable que pueda parecerme aquello que pienso,no tiene por qué ser necesariamente cierto.Como ves,muy poco.
    Rogándoos me disculpeis la extensión,con todo el cariño.saludos.

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